1.200 millones para reconstruir Lorca del terremoto que sacudió España hace 15 años: «Pensé: ‘Aquí se acaba todo'»

La vida de toda la ciudadanía de Lorca cambió para siempre el 11 de mayo de 2011. Dos terremotos, el primero de 4.5 en la Escala de Richter, a las 17:05 horas de la tarde, y otro de 5.1, a las 18:47, a apenas un kilómetro de profundidad, sacudieron la ciudad, provocando nueve víctimas mortales y dejando más de 300 heridos.

 El 11 de mayo de 2011, dos terremotos de gran magnitud sumieron a Lorca en una tragedia que dejó nueve víctimas mortales y 300 heridos  

La vida de toda la ciudadanía de Lorca cambió para siempre el 11 de mayo de 2011. Dos terremotos, el primero de 4.5 en la Escala de Richter, a las 17:05 horas de la tarde, y otro de 5.1, a las 18:47, a apenas un kilómetro de profundidad, sacudieron la ciudad, provocando nueve víctimas mortales y dejando más de 300 heridos.

Había ocurrido uno de los episodios naturales más devastadores en la historia reciente de nuestro país y el terremoto más importante desde hace más de cuarenta años.

Aquella misma tarde, mientras se sucedían una multitud de réplicas, el Gobierno de España, presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, constituyó el Comité de Coordinación del Plan Sísmico Estatal para movilizar los medios y recursos de la Administración General del Estado, en apoyo al Plan Especial de Riesgo Sísmico de la Región.

Lo acontecido en esos pocos segundos había sido tan trágico e impactante que todo el mundo recuerda en Lorca dónde estaba cuando el suelo comenzó a temblar.

Tras la primera vibración, que había puesto a toda la ciudad en alerta, José Antonio, presidente de la Hermandad de Labradores Paso Azul, había acudido a comprobar si la Iglesia de San Francisco, sede religiosa de la Cofradía, había sufrido más daños de los aparentes -pues una parte de ella ya se encontraba en un estado de deterioro avanzado- cuando recibió una llamada en su teléfono móvil.

Los servicios técnicos del Ayuntamiento habían contactado con él para realizar una inspección del estado de la Iglesia, pero esta vez, el número era desconocido.

La voz era de un hombre, que le dijo: «José, sal de San Francisco porque va a haber otro terremoto». Inmediatamente, José Antonio desalojó a varios niños que aún se encontraban dentro del templo y cerró la puerta principal para dirigirse la Puerta del Carrerón, que da hacia otro vestíbulo, pero por el camino, el suelo volvió a temblar.

José Antonio se quedó parado. La sacudida fue tan grande que provocó que la cúpula se viniera abajo. «En ese momento me asusté. Pensé: ‘aquí se acaba todo'». «El ruido era ensordecedor. Había un eco tremendo».

«Me puse las manos en la cabeza para protegerme y cuando abrí los ojos no veía nada por la nube polvo que se había generado. Pero cuando recobré un poco el sentido y pude ver lo que había alrededor, sólo había cascotes de piedra. El suelo estaba lleno de escombros», comenta.

«A mí no me pasó nada. No sé si fue la fortuna, la suerte o un milagro», afirma José Antonio en una conversación con EL MUNDO, quien, a día de hoy, sigue sin saber quién realizó aquella llamada.

Segundos después, una señora mayor, que se encontraba dentro de la sacristía y que sabía que él estaba allí, le gritó: «‘¡José!, ¡José!, ¿estás bien?'». «No tuve ninguna herida, solamente tuve en los brazos algún arañazo», relata.

Una vez pasó todo, y con la ayuda de varios chicos jóvenes, José Antonio se dispuso a sacar las todas imágenes de allí que, milagrosamente, tampoco habían sufrido ningún daño. Las líneas telefónicas estaban inutilizables y la gente se había echado a la calle.

«Cuando salimos del templo para llevar las imágenes a la Casa del Paso (un edificio cercano), una chica que estaba allí me dijo: ‘Tu hija y tu mujer están en la Plaza de Colón y han preguntado por ti’. Entonces me quedé más tranquilo y pude ir a verlas después, porque estaban preocupadas», relata José Antonio.

Al día siguiente, 12 de mayo, y tras una noche llena de incertidumbre, gobernada por el caos y con todos los servicios de emergencia en las calles, el Gobierno de España declaró el nivel 2 de emergencia en la Región de Murcia y todos los operativos se pusieron en marcha.

El suceso conmovió a todo el país. Se decretaron dos días de luto oficial en recuerdo de las víctimas y toda la población se volcó desde el primer minuto para ayudar, en la medida de sus posibilidades, a recuperar poco a poco la normalidad.

Los partidos políticos, que se encontraban en campaña electoral para las elecciones municipales, convocadas para el día 22 de mayo, paralizaron todos sus actos y muchos de sus dirigentes, como el entonces presidente del PP Mariano Rajoy, la ministra Carme Chacón o el líder de Izquierda Unida, Cayo Lara, se trasladaron a la ciudad para acompañar a las familias y visitar las zonas afectadas.

El Congreso de los Diputados, así como los Ayuntamientos, guardaron un minuto de silencio y los entonces príncipes de Asturias, Felipe VI y la reina Letizia presidieron, el día 13, la misa funeral que se celebró en el antiguo recinto de Santa Quiteria, hoy renombrado como Palacio de Ferias y Congresos Francisco Jódar, en honor al regidor que gestionó la catástrofe.

El mundo del deporte también mostró su solidaridad con las víctimas terremoto. El Real Madrid se ofreció de forma desinteresada a disputar un partido con una selección formada por jugadores de la Región de Murcia, siete días más tarde, que se disputó en la Nueva Condomina, que terminó con empate a dos y en el que todos los jugadores posaron con la pancarta ‘Todos somos Lorca’.

Transformación de una calle del barrio de La Viña (Lorca), 15 años después del terremoto
Transformación de una calle del barrio de La Viña (Lorca), 15 años después del terremotoAbel F. RosAraba Press

Porque sólo así, con la unión de todos los vecinos era posible salir de aquella situación. Los cajeros automáticos dejaron de funcionar y la Unidad Militar de Emergencias, junto con los bomberos y los servicios de rescate comenzaron a montar alojamientos de campaña para acordonar los edificios más peligrosos e iniciar las tareas de desescombro.

Además de La Viña, ‘zona cero’ del seísmo, el barrio de San Fernando fue uno de los más afectados por el impacto de los terremotos.

Fernando Roldán, entonces presidente de la Asociación de Vecinos y figura clave para entender el proceso de reconstrucción, explica a EL MUNDO cómo todas las viviendas quedaron completamente «dobladas» y que por tanto, la única solución posible era «tirarlas abajo y hacer otras nuevas».

Aquellos segundos de temblor fueron, para Fernando, «terribles». «Todas las casas comenzaron a moverse. Tuvimos que salir de allí lo antes posible». «Salimos como balas», apunta.

En una situación así, dice, «no puedes moverte». «Parece que puedes tirar para un lado, pero no puedes. Te tienes que agarrar a lo que puedas».

«Las lámparas se caían y estallaban en el suelo. Los vasos, los cristales…todo se caía y no podía hacer nada», añade con impotencia al recordar lo sucedido.

Fernando, con ayuda de otros vecinos, comenzó entonces a reunirse con todas las administraciones, sin hacer manifestaciones ni protestas, en busca del apoyo que necesitaban para poder reconstruir el barrio.

El objetivo sólo era uno, aunar el máximo número de esfuerzos para que el Gobierno regional y el Ayuntamiento aceptasen demoler todas las casas, que eran imposibles de sostener, y reconstruir todo desde cero.

«Era imposible meterte allí, porque otro terremoto los terminaba de tirar», señala.

Durante todo el proceso, las administraciones facilitaron ayudas para el pago del alquiler a los propietarios cuya vivienda fue destruida, demolida o desalojada para su rehabilitación y se recibieron ayudas directas, como las del consorcio de compensación de seguros u otras procedentes del Ayuntamiento o la Comunidad Autónoma que según afirma Fernando, fueron derivadas directamente a las empresas constructoras que estaban a cargo de aquella ingente tarea.

De esta forma, en «cinco o seis años», el barrio de San Fernando pudo ponerse en pie y reconstruirse con 232 nuevas viviendas de una mejor calidad y más modernas, aunque sí pidió que se mantuviera la misma altura de los edificios, con el fin de mantener la esencia.

El 26 de mayo de 2025 el Pleno Municipal aprobó por unanimidad dar el nombre de Fernando Roldán Soler al parque del barrio en reconocimiento de su trabajo y Lorca se encuentra plenamente reconstruida tras una inversión de más de 1.200 millones de euros.

Aun así, la excesiva burocracia a la hora de tramitar las ayudas a la reconstrucción provocó grandes retrasos que hicieron que muchas familias damnificadas tardasen años en recibir las últimas cantidades. En este sentido, el último pago pendiente por parte del Estado, transferido a las arcas autonómicas, se terminó de realizar en el mes de junio de 2024.

En el plano autonómico, según cifras que desveló el presidente regional, Fernando López Miras, de los 17.000 expedientes que han sido gestionados relativos a las ayudas del terremoto, sólo quedan cuatro sin hacerse efectivos, correspondientes a las ayudas del alquiler.

En dos ellos, ha detallado, ya se han podido solventar las deficiencias y se van a abonarán de «forma inmediata», mientras que los otros dos restantes aún arrastran problemas con la justificación de las ayudas.

Reconstrucción de un edificio que se derrumbó en el barrio de La Viña, la zona cero del terremoto de Lorca.
Reconstrucción de un edificio que se derrumbó en el barrio de La Viña, la zona cero del terremoto de Lorca.Abel F. RosAraba Press

Otro vecino que vivió de cerca el proceso de reconstrucción fue Juan Andrés, entonces presidente del Paso Blanco y funcionario municipal encargado de la logística y del servicio de estadística para el proceso electoral.

La cúpula de la Capilla del Rosario, sede de la Cofradía y situada a escasos minutos de distancia de su oficina, había quedado «cortada como una naranja» tras el primer minuto y, fruto del segundo, la cúpula, al no estar sujeta, se desplazó doce centímetros de su vertical original, quedando únicamente apoyada en los seis centímetros del muro originario del cimborrio.

Tras pasar toda la noche clausurada, ante el miedo de posibles saqueos -algo que no ocurrió debido al «continuo trasiego de fuerzas de orden público y de emergencias» que patrullaron por la ciudad aquella noche, Juan Andrés comenzó a tomar decisiones a la mañana siguiente, cuando ya tenía una empresa asignada a la capilla y podía iniciar su arreglo.

«Hubo una solidaridad impresionante. Nosotros, independientemente de la propia Cofradía, recibimos unas ayudas importantes tanto del Ayuntamiento, como de la Comunidad Autónoma -a través del Banco Europeo de Inversiones– que nos aportaron los fondos necesarios para poder reconstruirla», apunta

La ciudad se llenó de técnicos, arquitectos, ingenieros y aparejadores para ponerse a disposición de la administración para hacer evaluaciones», asegura.

Gracias a ello, el museo que estaba albergado en antigua Iglesia de Santo Domingo -que también tuvo que ser restaurada- pudo reabrir sus puertas el 29 de diciembre de ese mismo año y la Virgen de la Amargura regresó, esta vez al museo y no a la Capilla -con el fin de ser expuesta para devoción pública- el 29 de enero de 2012.

Los trabajos finales de Capilla del Rosario finalizaron el 7 de noviembre de 2013, momento en el que se bendijo la obra, y el 22 de diciembre de ese año, finalmente se pudo apear la cúpula. «Son fechas que no se me olvidan«, señala.

Porque, aunque haya pasado el tiempo y la vida haya seguido su curso, todavía resulta complicado y lastimoso remorar lo sucedido aquel día y en las jornadas posteriores. Imágenes muy dolorosas se acumulan rápidamente en la memoria de todos los lorquinos cuando notan alguna vibración y el corazón se sigue conmoviendo.

Con el recuerdo de las víctimas siempre en su memoria, hoy Lorca respira vida por sus cuatro costados y su ejemplo de superación, de unión, de solidaridad y de entrega siguen siendo un espejo para el mundo.

El antecedente más grave a lo sucedido en Lorca, según la lista de ‘Terremotos más importantes‘ del país publicada por el Instituto Geográfico Nacional, se remonta al 28 de febrero de 1969, cuando un terremoto de magnitud 7.9 , a 180 kilómetros del Cabo de San Vicente provocó la muerte de 19 personas.

Otro precedente que también fue de gran gravedad fue el terremoto sufrido en Arbolote (Granada) el 19 de abril de 1956. Un seísmo con una magnitud aproximada de 5.0 y que dejó un total de 11 fallecidos.

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