El mal viaje de Nora Cornell por una sobredosis de fentanilo: «Mi cuerpo no lo aguantó»

La primera española en competir en los Juegos de Invierno de Milano-Cortina es también la más joven de toda la delegación. Nora Cornell (Girona, 2005) se convertió en olímpica el pasado domingo en la clasificación del ‘big air’ de snowboard, la primera de las dos pruebas en las que tomará parte. Un sueño que no terminará de asimilar hasta que se coloque en la rampa y, al estilo de los célebres saltos de esquí de Año Nuevo, se deslice a toda velocidad ladera abajo con su tabla hasta despegar para ejecutar un único salto acrobático con el que deslumbrar a los jueces.Este domingo 16 de febrero (a partir de las 14:15 horas) repetirá en el slopestyle, la disciplina en la que mejor se desenvuelve. Allí volverá a desplegar sus trucos y sus saltos, pero dentro de un recorrido con rampas y obstáculos a los que hay que sacar el máximo partido posible. «Me gustan las dos pruebas», asegura Cornell a este periódico. «Pero considero que en el slopestyle puedo ser más creativa y tener un poco más de variedad. Me puedo expresar mejor».Cornell, como muchos otros ‘freestylers’, ve en lo que hace algo más que un deporte. Es una forma de vida que, en su caso, empezó relativamente tarde. Con seis años, lo que le llamaba la atención era el skate. «La verdad es que me gustaba mucho. Se me dio bien rápidamente y disfrutaba patinando». Eso fue antes de que su familia se trasladara por trabajo a la isla de Maui, en Hawái. De vuelta a España, con once años, sus padres alquilaron una casa en la Cerdanya para pasar el invierno. «Subíamos los fines de semana y ahí es cuando realmente empecé con el snowboard. Fue un poco flechazo, amor a primera vista». Tampoco dudó cuando tuvo que elegir entre los esquís y la tabla. «El primer día me intentaron poner esquís, pero yo venía del skate y del surf y dije que no, que quería ir de lado».Quién: Nora Cornell Qué: clasificación de snowboard Big Air Cuándo: Domingo, 8 de febrero. 19.20 horas Dónde: Livigno Snow ParkDesde entonces, su trayectoria avanza a un ritmo vertiginoso: del club de Girona a los campeonatos de Cataluña. Y del Nacional, a la Copa del Mundo. Asegura que apenas es consciente del camino recorrido hasta llegar a los Juegos. «Nunca fue una decisión de decir: ‘me quiero dedicar a esto’. Siempre fue algo superfluido. Por decirlo de alguna manera, pasó un tren y yo, sin darme cuenta, me monté. Y una vez que estás montada ya no hay quien te baje, ya no hay vuelta atrás».Estados Unidos, China, Suiza… se ha acostumbrado a viajar por todo el mundo con la maleta y la tabla a cuestas. Una vida nómada y ambulante que a veces se hace cuesta arriba. «Normalmente estamos tres semanas o un mes fuera. Más no, porque también hay que desconectar la mente. En casa pasamos dos o tres días y nos volvemos a ir. Cuesta ver a la familia, mantener las amistades… Estamos siempre pendientes del móvil y nunca echamos raíces en ningún sitio».Abrazar el miedoEl suyo no es un deporte sencillo. Cada entrenamiento, cada salto, conlleva un riesgo físico importante. Las caídas siempre están presentes. «Es muy importante abrazar el miedo. Es una emoción que siempre nos va a acompañar. Hay mucho riesgo y el margen de error es muy pequeño. Cada caída puede ser fatal. Al final aprendes a convivir con ello y a gestionarlo».Para superar ese miedo, dice, no hay más secreto que confiar en uno mismo, en el trabajo previo, y tirar hacia adelante. Unas veces sale bien, y otras no. Con veinte años recién cumplidos, Cornell ha perdido la cuenta de cuántas veces ha pasado por el hospital. Brazos, rodillas, tobillos, hombros… Ningún accidente, sin embargo, tan grave como el que sufrió al final de la temporada pasada. «Tuve una mala caída y quedé inconsciente. Cuando recuperé el conocimiento me quejaba mucho de la espalda. No podía aguantar el dolor. Pensaron que podía tener una vértebra fracturada y el protocolo es que el paciente no se mueva para evitar una parálisis. Para eso usan fentanilo. La primera dosis no me hizo efecto por la adrenalina y me administraron una segunda. Fue peor el remedio que la enfermedad. Mi cuerpo no lo aguantó y fue como una sobredosis. En el helicóptero me dieron cuidados intensivos y llegué al hospital controlada. Por suerte, se quedó en un susto».El diagnóstico final fue un neumotórax, una mano rota y una nueva aversión a los calmantes. «Me desperté con muchos vómitos y una sensación horrible, como una resaca muy fuerte».MÁS INFORMACIÓN noticia No Dónde son los Juegos Olímpicos de Invierno 2026: pruebas y atletas españoles que compiten noticia Si Quim Salarich, abanderado español: «Soy un ansias y ya veo que voy a ir más rápido de lo que toca» noticia Si El segundo oro de España, más cerca que nuncaEn Milán no se plantea otro objetivo que planchar su ronda. Hacer el trabajo perfecto. Sin la presión de un resultado concreto, se lo jugará a todo o nada. Estos días ha tenido la oportunidad de charlar largo y tendido con Queralt Castellet , una de sus grandes referentes. El ejemplo perfecto de que una medalla olímpica no es un imposible. «Con ella veo que es algo que ya ha sucedido y me gustaría seguir esos pasos algún día. Si estar en los Juegos ya es un sueño, ganar una medalla es pasarse el juego. Ya lo he dicho en alguna ocasión. A Milán llego joven y con poca experiencia, pero para los siguientes pienso ir con todo».Von Allmen, primer campeón en alpinoEl suizo Franjo von Allmen se convirtió este sábado en el primer campeón olímpico de los Juegos al llevarse la victoria en el descenso, prueba reina del esquí alpino, en la mítica pista Stelvio de Bormio.Von Allmen, de 24 años y ya vigente campeón mundial de esta disciplina, superó en el podio a dos italianos, Giovanni Franzoni (plata, a 20 centésimas) y Dominik Paris (bronce, a 50 centésimas), mientras que el gran favorito, el suizo Marco Odermatt (a 70 centésimas) tuvo que conformarse con el cuarto lugar. La primera española en competir en los Juegos de Invierno de Milano-Cortina es también la más joven de toda la delegación. Nora Cornell (Girona, 2005) se convertió en olímpica el pasado domingo en la clasificación del ‘big air’ de snowboard, la primera de las dos pruebas en las que tomará parte. Un sueño que no terminará de asimilar hasta que se coloque en la rampa y, al estilo de los célebres saltos de esquí de Año Nuevo, se deslice a toda velocidad ladera abajo con su tabla hasta despegar para ejecutar un único salto acrobático con el que deslumbrar a los jueces.Este domingo 16 de febrero (a partir de las 14:15 horas) repetirá en el slopestyle, la disciplina en la que mejor se desenvuelve. Allí volverá a desplegar sus trucos y sus saltos, pero dentro de un recorrido con rampas y obstáculos a los que hay que sacar el máximo partido posible. «Me gustan las dos pruebas», asegura Cornell a este periódico. «Pero considero que en el slopestyle puedo ser más creativa y tener un poco más de variedad. Me puedo expresar mejor».Cornell, como muchos otros ‘freestylers’, ve en lo que hace algo más que un deporte. Es una forma de vida que, en su caso, empezó relativamente tarde. Con seis años, lo que le llamaba la atención era el skate. «La verdad es que me gustaba mucho. Se me dio bien rápidamente y disfrutaba patinando». Eso fue antes de que su familia se trasladara por trabajo a la isla de Maui, en Hawái. De vuelta a España, con once años, sus padres alquilaron una casa en la Cerdanya para pasar el invierno. «Subíamos los fines de semana y ahí es cuando realmente empecé con el snowboard. Fue un poco flechazo, amor a primera vista». Tampoco dudó cuando tuvo que elegir entre los esquís y la tabla. «El primer día me intentaron poner esquís, pero yo venía del skate y del surf y dije que no, que quería ir de lado».Quién: Nora Cornell Qué: clasificación de snowboard Big Air Cuándo: Domingo, 8 de febrero. 19.20 horas Dónde: Livigno Snow ParkDesde entonces, su trayectoria avanza a un ritmo vertiginoso: del club de Girona a los campeonatos de Cataluña. Y del Nacional, a la Copa del Mundo. Asegura que apenas es consciente del camino recorrido hasta llegar a los Juegos. «Nunca fue una decisión de decir: ‘me quiero dedicar a esto’. Siempre fue algo superfluido. Por decirlo de alguna manera, pasó un tren y yo, sin darme cuenta, me monté. Y una vez que estás montada ya no hay quien te baje, ya no hay vuelta atrás».Estados Unidos, China, Suiza… se ha acostumbrado a viajar por todo el mundo con la maleta y la tabla a cuestas. Una vida nómada y ambulante que a veces se hace cuesta arriba. «Normalmente estamos tres semanas o un mes fuera. Más no, porque también hay que desconectar la mente. En casa pasamos dos o tres días y nos volvemos a ir. Cuesta ver a la familia, mantener las amistades… Estamos siempre pendientes del móvil y nunca echamos raíces en ningún sitio».Abrazar el miedoEl suyo no es un deporte sencillo. Cada entrenamiento, cada salto, conlleva un riesgo físico importante. Las caídas siempre están presentes. «Es muy importante abrazar el miedo. Es una emoción que siempre nos va a acompañar. Hay mucho riesgo y el margen de error es muy pequeño. Cada caída puede ser fatal. Al final aprendes a convivir con ello y a gestionarlo».Para superar ese miedo, dice, no hay más secreto que confiar en uno mismo, en el trabajo previo, y tirar hacia adelante. Unas veces sale bien, y otras no. Con veinte años recién cumplidos, Cornell ha perdido la cuenta de cuántas veces ha pasado por el hospital. Brazos, rodillas, tobillos, hombros… Ningún accidente, sin embargo, tan grave como el que sufrió al final de la temporada pasada. «Tuve una mala caída y quedé inconsciente. Cuando recuperé el conocimiento me quejaba mucho de la espalda. No podía aguantar el dolor. Pensaron que podía tener una vértebra fracturada y el protocolo es que el paciente no se mueva para evitar una parálisis. Para eso usan fentanilo. La primera dosis no me hizo efecto por la adrenalina y me administraron una segunda. Fue peor el remedio que la enfermedad. Mi cuerpo no lo aguantó y fue como una sobredosis. En el helicóptero me dieron cuidados intensivos y llegué al hospital controlada. Por suerte, se quedó en un susto».El diagnóstico final fue un neumotórax, una mano rota y una nueva aversión a los calmantes. «Me desperté con muchos vómitos y una sensación horrible, como una resaca muy fuerte».MÁS INFORMACIÓN noticia No Dónde son los Juegos Olímpicos de Invierno 2026: pruebas y atletas españoles que compiten noticia Si Quim Salarich, abanderado español: «Soy un ansias y ya veo que voy a ir más rápido de lo que toca» noticia Si El segundo oro de España, más cerca que nuncaEn Milán no se plantea otro objetivo que planchar su ronda. Hacer el trabajo perfecto. Sin la presión de un resultado concreto, se lo jugará a todo o nada. Estos días ha tenido la oportunidad de charlar largo y tendido con Queralt Castellet , una de sus grandes referentes. El ejemplo perfecto de que una medalla olímpica no es un imposible. «Con ella veo que es algo que ya ha sucedido y me gustaría seguir esos pasos algún día. Si estar en los Juegos ya es un sueño, ganar una medalla es pasarse el juego. Ya lo he dicho en alguna ocasión. A Milán llego joven y con poca experiencia, pero para los siguientes pienso ir con todo».Von Allmen, primer campeón en alpinoEl suizo Franjo von Allmen se convirtió este sábado en el primer campeón olímpico de los Juegos al llevarse la victoria en el descenso, prueba reina del esquí alpino, en la mítica pista Stelvio de Bormio.Von Allmen, de 24 años y ya vigente campeón mundial de esta disciplina, superó en el podio a dos italianos, Giovanni Franzoni (plata, a 20 centésimas) y Dominik Paris (bronce, a 50 centésimas), mientras que el gran favorito, el suizo Marco Odermatt (a 70 centésimas) tuvo que conformarse con el cuarto lugar.  

La primera española en competir en los Juegos de Invierno de Milano-Cortina es también la más joven de toda la delegación. Nora Cornell (Girona, 2005) se convertió en olímpica el pasado domingo en la clasificación del ‘big air’ de snowboard, la primera de las … dos pruebas en las que tomará parte. Un sueño que no terminará de asimilar hasta que se coloque en la rampa y, al estilo de los célebres saltos de esquí de Año Nuevo, se deslice a toda velocidad ladera abajo con su tabla hasta despegar para ejecutar un único salto acrobático con el que deslumbrar a los jueces.

Este domingo 16 de febrero (a partir de las 14:15 horas) repetirá en el slopestyle, la disciplina en la que mejor se desenvuelve. Allí volverá a desplegar sus trucos y sus saltos, pero dentro de un recorrido con rampas y obstáculos a los que hay que sacar el máximo partido posible. «Me gustan las dos pruebas», asegura Cornell a este periódico. «Pero considero que en el slopestyle puedo ser más creativa y tener un poco más de variedad. Me puedo expresar mejor».

Cornell, como muchos otros ‘freestylers’, ve en lo que hace algo más que un deporte. Es una forma de vida que, en su caso, empezó relativamente tarde. Con seis años, lo que le llamaba la atención era el skate. «La verdad es que me gustaba mucho. Se me dio bien rápidamente y disfrutaba patinando». Eso fue antes de que su familia se trasladara por trabajo a la isla de Maui, en Hawái. De vuelta a España, con once años, sus padres alquilaron una casa en la Cerdanya para pasar el invierno. «Subíamos los fines de semana y ahí es cuando realmente empecé con el snowboard. Fue un poco flechazo, amor a primera vista». Tampoco dudó cuando tuvo que elegir entre los esquís y la tabla. «El primer día me intentaron poner esquís, pero yo venía del skate y del surf y dije que no, que quería ir de lado».

  • Qué: clasificación de snowboard Big Air

  • Cuándo: Domingo, 8 de febrero. 19.20 horas

  • Dónde: Livigno Snow Park

Desde entonces, su trayectoria avanza a un ritmo vertiginoso: del club de Girona a los campeonatos de Cataluña. Y del Nacional, a la Copa del Mundo. Asegura que apenas es consciente del camino recorrido hasta llegar a los Juegos. «Nunca fue una decisión de decir: ‘me quiero dedicar a esto’. Siempre fue algo superfluido. Por decirlo de alguna manera, pasó un tren y yo, sin darme cuenta, me monté. Y una vez que estás montada ya no hay quien te baje, ya no hay vuelta atrás».

Estados Unidos, China, Suiza… se ha acostumbrado a viajar por todo el mundo con la maleta y la tabla a cuestas. Una vida nómada y ambulante que a veces se hace cuesta arriba. «Normalmente estamos tres semanas o un mes fuera. Más no, porque también hay que desconectar la mente. En casa pasamos dos o tres días y nos volvemos a ir. Cuesta ver a la familia, mantener las amistades… Estamos siempre pendientes del móvil y nunca echamos raíces en ningún sitio».

Abrazar el miedo

El suyo no es un deporte sencillo. Cada entrenamiento, cada salto, conlleva un riesgo físico importante. Las caídas siempre están presentes. «Es muy importante abrazar el miedo. Es una emoción que siempre nos va a acompañar. Hay mucho riesgo y el margen de error es muy pequeño. Cada caída puede ser fatal. Al final aprendes a convivir con ello y a gestionarlo».

Para superar ese miedo, dice, no hay más secreto que confiar en uno mismo, en el trabajo previo, y tirar hacia adelante. Unas veces sale bien, y otras no. Con veinte años recién cumplidos, Cornell ha perdido la cuenta de cuántas veces ha pasado por el hospital. Brazos, rodillas, tobillos, hombros… Ningún accidente, sin embargo, tan grave como el que sufrió al final de la temporada pasada. «Tuve una mala caída y quedé inconsciente. Cuando recuperé el conocimiento me quejaba mucho de la espalda. No podía aguantar el dolor. Pensaron que podía tener una vértebra fracturada y el protocolo es que el paciente no se mueva para evitar una parálisis. Para eso usan fentanilo. La primera dosis no me hizo efecto por la adrenalina y me administraron una segunda. Fue peor el remedio que la enfermedad. Mi cuerpo no lo aguantó y fue como una sobredosis. En el helicóptero me dieron cuidados intensivos y llegué al hospital controlada. Por suerte, se quedó en un susto».

El diagnóstico final fue un neumotórax, una mano rota y una nueva aversión a los calmantes. «Me desperté con muchos vómitos y una sensación horrible, como una resaca muy fuerte».

En Milán no se plantea otro objetivo que planchar su ronda. Hacer el trabajo perfecto. Sin la presión de un resultado concreto, se lo jugará a todo o nada. Estos días ha tenido la oportunidad de charlar largo y tendido con Queralt Castellet, una de sus grandes referentes. El ejemplo perfecto de que una medalla olímpica no es un imposible. «Con ella veo que es algo que ya ha sucedido y me gustaría seguir esos pasos algún día. Si estar en los Juegos ya es un sueño, ganar una medalla es pasarse el juego. Ya lo he dicho en alguna ocasión. A Milán llego joven y con poca experiencia, pero para los siguientes pienso ir con todo».

Von Allmen, primer campeón en alpino

El suizo Franjo von Allmen se convirtió este sábado en el primer campeón olímpico de los Juegos al llevarse la victoria en el descenso, prueba reina del esquí alpino, en la mítica pista Stelvio de Bormio.

Von Allmen, de 24 años y ya vigente campeón mundial de esta disciplina, superó en el podio a dos italianos, Giovanni Franzoni (plata, a 20 centésimas) y Dominik Paris (bronce, a 50 centésimas), mientras que el gran favorito, el suizo Marco Odermatt (a 70 centésimas) tuvo que conformarse con el cuarto lugar.

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