Cuando la cabeza del golfista se va del ‘green’

La reciente retirada de Eugenio Chacarra del mundo del golf ha sacado a la luz, una vez más, la parte oscura del deporte profesional. Siempre se ve lo positivo de la competición y el brillo que los jugadores van logrando a lo largo de sus carreras, pero apenas se conocen los momentos duros por los que pasan. Y, de saberse, se limitan a dar a conocer los problemas físicos que puedan padecer, mas casi nunca los emocionales.«Últimamente, el mayor desafío no ha sido físico; ha sido mental. Hay que ser honesto sobre los altibajos y, ahora mismo, necesito tiempo para resetear, sanar y cuidar mi mente para poder volver más fuerte, más sano y realmente preparado para competir», declaraba el madrileño después de borrarse del Abierto de Kenia, un torneo valedero para el European Tour en el que debería competir la semana que viene. Y esta situación al más alto nivel no es tan extraña como podría parecer, lo que ocurre es que los golfistas organizan su calendario a su libre albedrío y no suelen dar explicaciones de los parones que se toman a lo largo de la campaña. Noticia Relacionada Entrevista estandar Si Sara Sorribes vuelve al tenis: «He descubierto que me caigo bien; es importante y no lo sabía» Laura MartaAlgo que no siempre viene motivado por algo en concreto, sino por un cúmulo de circunstancias. «En primer lugar, hay que aclarar que el deportista individual tiene más presión que quien forma parte de un equipo, porque todo el foco está en él y, si falla, lo siente y se hunde más», comenta Lola Fernández Ochoa, exdeportista olímpica y presidenta de la Fundación Blanca, dedicada a cuidar la salud mental de los atletas de élite.Desde fuera de ese entorno, no es fácil entender que alguien que a los 25 años es un triunfador pueda atravesar esos momentos oscuros. Después de una brillante etapa universitaria, Eugenio firmó un contrato millonario con el LIV Golf que, según comentó entonces con humor, «me soluciona la vida y la de mis descendientes».Si bien en su corta trayectoria ha conseguido ya éxitos relevantes (un título en el circuito saudí y otro en el europeo), su obsesión por alcanzar el PGA Tour parece que le está pesando en exceso. «Cuando un golfista está en la élite y ya puede vivir del golf, creo que la parte económica no afecta tanto como el deseo de lograr tus objetivos —prosigue Ochoa—. La presión viene por los resultados y porque te salen o no las cosas, pues hay veces que sin saber cómo las cosas no funcionan y la presión afecta más al juego».««Cuando un golfista está en la élite y ya puede vivir del golf, creo que la parte económica no afecta tanto como el deseo de lograr tus objetivos» Lola Fernández Ochoa Exdeportista olímpica La recomendación de la esquiadora, ahora centrada en ayudar a otros a superar las situaciones extremas, pasa por dejarse ayudar. «El golf es un deporte de mucha presión y hay que entrenar la parte mental para sobrellevarlo«.«En la Fundación tenemos un teléfono de asistencia permanente, completamente anónimo, para aquellos deportistas que tengan un momento de ansiedad o presión -añade Fernández Ochoa-. Ahí les damos apoyo inicial y luego, si necesitan una terapia más precisa, les ofrecemos el apoyo psicológico que requieran».La tensión de los circuitos no la sufren solo los hombres, sino también las mujeres. Este fue el caso de Ana Peláez, que después de ganar en Europa y de intentar la aventura americana, se vio sumida en un pozo del que le costó salir. Algo que ahora puede analizar con otros ojos. «Yo me siento muy agradecida por haber tenido esa época mala, porque fue mala, aunque no lo entendí así entonces. Sufrí mucho y tenía la sensación de no poder salir nunca de esa espiral negativa, pero con mucha ayuda de los míos lo conseguí. Y ahora, después de haberla superado, la veo, probablemente, como mi mayor victoria; no puedo compararla ni con haber ganado un torneo», reconoce la malagueña.«Sufrí mucho y tenía la sensación de no poder salir nunca de esa espiral negativa» Ana Peláez Golfista profesional La fortaleza interior que le ha proporcionado esa capacidad de superación le ha hecho ver su profesión no como una condena, sino como una bendición. «A día de hoy, me siento cada vez más libre. Sigo compitiendo porque me apetece y eso me permite disfrutar aún más del golf. Hubo un momento en que no lo pasaba bien, ya que se convirtió casi en una obligación. Pero a día de hoy disfruto del deporte porque me encanta jugar y compartir momentos con otras jugadoras», relata la andaluza.Curiosamente, la carga emocional que soportan los golfistas de alto nivel no es comparable a la de los cien millones de amateurs que pueblan los campos de todo el planeta. Según un estudio de la Universidad de Edimburgo, la práctica de esta actividad alarga la vida de sus practicantes en cinco años, y otro de la Cátedra de Comunicación y Golf de la Complutense especifica que los jugadores de golf tienen, en promedio, tres veces menos probabilidades de experimentar alteraciones en su bienestar mental que quienes no practican este deporte.El estado emocional Es más, el 77 % de los encuestados considera que el golf ha mejorado su estado emocional y lo recomendaría a otros, lo que destaca su potencial como herramienta terapéutica. Es precisamente esa labor la que más aprecian los aficionados pues, al jugarse en compañía, favorece la socialización, un factor crucial para prevenir disfunciones y mejorar el equilibrio emocional. Y esto, a profesionales como Peláez le ha devuelto la alegría: «Para mí ha sido el mayor regalo que la vida me haya podido dar. Hace cuatro años, mi sueño era ser la número uno del mundo, pero hoy por hoy, lo es disfrutar de cada día. Ahora mismo me encuentro muy feliz y siento que lo voy a ser aún más. Estoy como en una transición de convertirme en un capullo a una mariposa», confiesa encantada. La reciente retirada de Eugenio Chacarra del mundo del golf ha sacado a la luz, una vez más, la parte oscura del deporte profesional. Siempre se ve lo positivo de la competición y el brillo que los jugadores van logrando a lo largo de sus carreras, pero apenas se conocen los momentos duros por los que pasan. Y, de saberse, se limitan a dar a conocer los problemas físicos que puedan padecer, mas casi nunca los emocionales.«Últimamente, el mayor desafío no ha sido físico; ha sido mental. Hay que ser honesto sobre los altibajos y, ahora mismo, necesito tiempo para resetear, sanar y cuidar mi mente para poder volver más fuerte, más sano y realmente preparado para competir», declaraba el madrileño después de borrarse del Abierto de Kenia, un torneo valedero para el European Tour en el que debería competir la semana que viene. Y esta situación al más alto nivel no es tan extraña como podría parecer, lo que ocurre es que los golfistas organizan su calendario a su libre albedrío y no suelen dar explicaciones de los parones que se toman a lo largo de la campaña. Noticia Relacionada Entrevista estandar Si Sara Sorribes vuelve al tenis: «He descubierto que me caigo bien; es importante y no lo sabía» Laura MartaAlgo que no siempre viene motivado por algo en concreto, sino por un cúmulo de circunstancias. «En primer lugar, hay que aclarar que el deportista individual tiene más presión que quien forma parte de un equipo, porque todo el foco está en él y, si falla, lo siente y se hunde más», comenta Lola Fernández Ochoa, exdeportista olímpica y presidenta de la Fundación Blanca, dedicada a cuidar la salud mental de los atletas de élite.Desde fuera de ese entorno, no es fácil entender que alguien que a los 25 años es un triunfador pueda atravesar esos momentos oscuros. Después de una brillante etapa universitaria, Eugenio firmó un contrato millonario con el LIV Golf que, según comentó entonces con humor, «me soluciona la vida y la de mis descendientes».Si bien en su corta trayectoria ha conseguido ya éxitos relevantes (un título en el circuito saudí y otro en el europeo), su obsesión por alcanzar el PGA Tour parece que le está pesando en exceso. «Cuando un golfista está en la élite y ya puede vivir del golf, creo que la parte económica no afecta tanto como el deseo de lograr tus objetivos —prosigue Ochoa—. La presión viene por los resultados y porque te salen o no las cosas, pues hay veces que sin saber cómo las cosas no funcionan y la presión afecta más al juego».««Cuando un golfista está en la élite y ya puede vivir del golf, creo que la parte económica no afecta tanto como el deseo de lograr tus objetivos» Lola Fernández Ochoa Exdeportista olímpica La recomendación de la esquiadora, ahora centrada en ayudar a otros a superar las situaciones extremas, pasa por dejarse ayudar. «El golf es un deporte de mucha presión y hay que entrenar la parte mental para sobrellevarlo«.«En la Fundación tenemos un teléfono de asistencia permanente, completamente anónimo, para aquellos deportistas que tengan un momento de ansiedad o presión -añade Fernández Ochoa-. Ahí les damos apoyo inicial y luego, si necesitan una terapia más precisa, les ofrecemos el apoyo psicológico que requieran».La tensión de los circuitos no la sufren solo los hombres, sino también las mujeres. Este fue el caso de Ana Peláez, que después de ganar en Europa y de intentar la aventura americana, se vio sumida en un pozo del que le costó salir. Algo que ahora puede analizar con otros ojos. «Yo me siento muy agradecida por haber tenido esa época mala, porque fue mala, aunque no lo entendí así entonces. Sufrí mucho y tenía la sensación de no poder salir nunca de esa espiral negativa, pero con mucha ayuda de los míos lo conseguí. Y ahora, después de haberla superado, la veo, probablemente, como mi mayor victoria; no puedo compararla ni con haber ganado un torneo», reconoce la malagueña.«Sufrí mucho y tenía la sensación de no poder salir nunca de esa espiral negativa» Ana Peláez Golfista profesional La fortaleza interior que le ha proporcionado esa capacidad de superación le ha hecho ver su profesión no como una condena, sino como una bendición. «A día de hoy, me siento cada vez más libre. Sigo compitiendo porque me apetece y eso me permite disfrutar aún más del golf. Hubo un momento en que no lo pasaba bien, ya que se convirtió casi en una obligación. Pero a día de hoy disfruto del deporte porque me encanta jugar y compartir momentos con otras jugadoras», relata la andaluza.Curiosamente, la carga emocional que soportan los golfistas de alto nivel no es comparable a la de los cien millones de amateurs que pueblan los campos de todo el planeta. Según un estudio de la Universidad de Edimburgo, la práctica de esta actividad alarga la vida de sus practicantes en cinco años, y otro de la Cátedra de Comunicación y Golf de la Complutense especifica que los jugadores de golf tienen, en promedio, tres veces menos probabilidades de experimentar alteraciones en su bienestar mental que quienes no practican este deporte.El estado emocional Es más, el 77 % de los encuestados considera que el golf ha mejorado su estado emocional y lo recomendaría a otros, lo que destaca su potencial como herramienta terapéutica. Es precisamente esa labor la que más aprecian los aficionados pues, al jugarse en compañía, favorece la socialización, un factor crucial para prevenir disfunciones y mejorar el equilibrio emocional. Y esto, a profesionales como Peláez le ha devuelto la alegría: «Para mí ha sido el mayor regalo que la vida me haya podido dar. Hace cuatro años, mi sueño era ser la número uno del mundo, pero hoy por hoy, lo es disfrutar de cada día. Ahora mismo me encuentro muy feliz y siento que lo voy a ser aún más. Estoy como en una transición de convertirme en un capullo a una mariposa», confiesa encantada.  

La reciente retirada de Eugenio Chacarra del mundo del golf ha sacado a la luz, una vez más, la parte oscura del deporte profesional. Siempre se ve lo positivo de la competición y el brillo que los jugadores van logrando a lo largo de … sus carreras, pero apenas se conocen los momentos duros por los que pasan. Y, de saberse, se limitan a dar a conocer los problemas físicos que puedan padecer, mas casi nunca los emocionales.

«Últimamente, el mayor desafío no ha sido físico; ha sido mental. Hay que ser honesto sobre los altibajos y, ahora mismo, necesito tiempo para resetear, sanar y cuidar mi mente para poder volver más fuerte, más sano y realmente preparado para competir», declaraba el madrileño después de borrarse del Abierto de Kenia, un torneo valedero para el European Tour en el que debería competir la semana que viene.

Y esta situación al más alto nivel no es tan extraña como podría parecer, lo que ocurre es que los golfistas organizan su calendario a su libre albedrío y no suelen dar explicaciones de los parones que se toman a lo largo de la campaña.

Algo que no siempre viene motivado por algo en concreto, sino por un cúmulo de circunstancias. «En primer lugar, hay que aclarar que el deportista individual tiene más presión que quien forma parte de un equipo, porque todo el foco está en él y, si falla, lo siente y se hunde más», comenta Lola Fernández Ochoa, exdeportista olímpica y presidenta de la Fundación Blanca, dedicada a cuidar la salud mental de los atletas de élite.

Desde fuera de ese entorno, no es fácil entender que alguien que a los 25 años es un triunfador pueda atravesar esos momentos oscuros. Después de una brillante etapa universitaria, Eugenio firmó un contrato millonario con el LIV Golf que, según comentó entonces con humor, «me soluciona la vida y la de mis descendientes».

Si bien en su corta trayectoria ha conseguido ya éxitos relevantes (un título en el circuito saudí y otro en el europeo), su obsesión por alcanzar el PGA Tour parece que le está pesando en exceso. «Cuando un golfista está en la élite y ya puede vivir del golf, creo que la parte económica no afecta tanto como el deseo de lograr tus objetivos —prosigue Ochoa—. La presión viene por los resultados y porque te salen o no las cosas, pues hay veces que sin saber cómo las cosas no funcionan y la presión afecta más al juego».«

«Cuando un golfista está en la élite y ya puede vivir del golf, creo que la parte económica no afecta tanto como el deseo de lograr tus objetivos»

Lola Fernández Ochoa

Exdeportista olímpica

La recomendación de la esquiadora, ahora centrada en ayudar a otros a superar las situaciones extremas, pasa por dejarse ayudar. «El golf es un deporte de mucha presión y hay que entrenar la parte mental para sobrellevarlo«.

«En la Fundación tenemos un teléfono de asistencia permanente, completamente anónimo, para aquellos deportistas que tengan un momento de ansiedad o presión -añade Fernández Ochoa-. Ahí les damos apoyo inicial y luego, si necesitan una terapia más precisa, les ofrecemos el apoyo psicológico que requieran».

La tensión de los circuitos no la sufren solo los hombres, sino también las mujeres. Este fue el caso de Ana Peláez, que después de ganar en Europa y de intentar la aventura americana, se vio sumida en un pozo del que le costó salir.

Algo que ahora puede analizar con otros ojos. «Yo me siento muy agradecida por haber tenido esa época mala, porque fue mala, aunque no lo entendí así entonces. Sufrí mucho y tenía la sensación de no poder salir nunca de esa espiral negativa, pero con mucha ayuda de los míos lo conseguí. Y ahora, después de haberla superado, la veo, probablemente, como mi mayor victoria; no puedo compararla ni con haber ganado un torneo», reconoce la malagueña.

«Sufrí mucho y tenía la sensación de no poder salir nunca de esa espiral negativa»

Ana Peláez

Golfista profesional

La fortaleza interior que le ha proporcionado esa capacidad de superación le ha hecho ver su profesión no como una condena, sino como una bendición. «A día de hoy, me siento cada vez más libre. Sigo compitiendo porque me apetece y eso me permite disfrutar aún más del golf. Hubo un momento en que no lo pasaba bien, ya que se convirtió casi en una obligación. Pero a día de hoy disfruto del deporte porque me encanta jugar y compartir momentos con otras jugadoras», relata la andaluza.

Curiosamente, la carga emocional que soportan los golfistas de alto nivel no es comparable a la de los cien millones de amateurs que pueblan los campos de todo el planeta. Según un estudio de la Universidad de Edimburgo, la práctica de esta actividad alarga la vida de sus practicantes en cinco años, y otro de la Cátedra de Comunicación y Golf de la Complutense especifica que los jugadores de golf tienen, en promedio, tres veces menos probabilidades de experimentar alteraciones en su bienestar mental que quienes no practican este deporte.

El estado emocional

Es más, el 77 % de los encuestados considera que el golf ha mejorado su estado emocional y lo recomendaría a otros, lo que destaca su potencial como herramienta terapéutica. Es precisamente esa labor la que más aprecian los aficionados pues, al jugarse en compañía, favorece la socialización, un factor crucial para prevenir disfunciones y mejorar el equilibrio emocional.

Y esto, a profesionales como Peláez le ha devuelto la alegría: «Para mí ha sido el mayor regalo que la vida me haya podido dar. Hace cuatro años, mi sueño era ser la número uno del mundo, pero hoy por hoy, lo es disfrutar de cada día. Ahora mismo me encuentro muy feliz y siento que lo voy a ser aún más. Estoy como en una transición de convertirme en un capullo a una mariposa», confiesa encantada.

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