Con las muertes de Soleimani (líder de la milicia Basij, encargada de la represión ciudadana), Jatib (clave en la promoción de amenazas externas proiraníes) y, sobre todo, Larijani (jefe de seguridad del régimen y figura clave del poder tras la muerte del ayatolá Alí Jamenei) en ataques de precisión, Israel ‘descabeza’ de nuevo la jerarquía del régimen iraní, después de haber eliminado al ayatolá Jamenei y a decenas de altos mandos militares en la ofensiva que dio inicio a la guerra en Oriente Próximo.
Tel Aviv no esconde que estos ataques de precisión obedecen a una estrategia muy concreta: provocar un colapso del régimen que pueda ser aprovechado por la oposición interna. «Estamos debilitando a este régimen con la esperanza de darle al pueblo iraní la oportunidad de derrocarlo», aseguraba este martes el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. «No sucederá de inmediato ni será fácil. Pero si perseveramos, les daremos la oportunidad de tomar las riendas de su destino», subrayaba.
Con esa misma estrategia arrancó la guerra: Israel y Estados Unidos vieron en un encuentro de Jamenei y su cúpula una oportunidad de dar un golpe de efecto al régimen eliminando a gran parte de sus altos cargos en un solo movimiento; un patrón con el que Israel continúa debilitando al régimen. El propio ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ha reconocido que las fuerzas israelíes tienen autorización para atacar altos cargos del régimen sin necesitar el visto bueno del primer ministro.
Sin embargo, la idea de que el enraizado régimen de la República Islámica colapsará genera escepticismo entre los expertos: la estructura política, religiosa y represiva del régimen está profundamente arraigada, y la capacidad de la oposición iraní de forzar un cambio, incluso con el régimen debilitado, no parece probable.
Misma estrategia que contra Hamás: ataques precisos para eliminar figuras clave
Desde el inicio de la guerra con Irán, Israel ha seguido la misma fórmula que utilizó en la guerra contra Hamás en Gaza y también contra Hezbolá en Líbano. Las fuerzas israelíes combinaron una ofensiva total sobre Gaza con una serie de ataques casi quirúrgicos dentro y fuera del enclave palestino para ‘descabezar’ a la milicia eliminando a sus principales líderes yu sus posteriores sucesores, a través de medios militares y una intensa labor de inteligencia. El objetivo: desestabilizar la jerarquía y provocar el colapso de la estructura de la milicia.
Las fuerzas israelíes eliminaron así a la cúpula de Hamás y los líderes de sus brazos político y militar con ataques de precisión, incluso en territorio extranjero. Los líderes de Hamás (Ismail Haniyeh, los hermanos Yayha y Mohamed Sinwar o Saleh al-Arouri) y sus principales mandos murieron en ataques de precisión en 2024, debilitando a la milicia palestina y su control sobre Gaza. De la misma forma, Israel debilitó a Hezbolá asesinando a su líder, Hassan Nasrallah, aunque no logró un daño total sobre la jerarquía de la milicia.
La estrategia en Irán ha sido la misma, pero a mayor escala: esta vez, el enemigo es la República Islámica, un régimen enraizado gracias a un poderoso aparato militar y milicias que garantizan la represión interna y aseguran la continuidad en el poder de los ayatolás. Combinando información de sus agencias de inteligencia con precisión militar, Israel ha atacado desde el primer día varios miles de objetivos de la cúpula política, militar y religiosa, así como de la Guardia Revolucionaria y de milicias y fuerzas de seguridad internas.
El régimen podría resistir incluso ‘descabezado’
Según documentos consultados por el The Wall Street Journal, Israel ha buscado replicar esa estrategia, en coordinación con Estados Unidos: ambos iniciaron la guerra con un gran ataque conjunto para eliminar al ayatolá Jamenei y gran parte de su cúpula. Después, Estados Unidos se ha centrado en bombardear el poder militar e industrial de Irán, mientras Israel se centra en atacar las estructuras del poder interno del régimen, sobre objetivos marcados como clave para sostener el poder de los ayatolás.
Israel trata de golpear más fuerte y más veces en Irán que en su campaña contra Hamás, consciente del poder y el arraigo de un régimen que considera una amenaza existencial y la matriz de amenazas como Hezbolá, Hamás o los hutíes de Yemen. Su estrategia de ataques precisos sobre los líderes iraníes persigue un colapso del régimen, eliminando a sus figuras clave, saboteando su relevo y debilitando toda la estructura.
Las autoridades iraníes aseguran públicamente que su estructura política, económica y social es sólida. «La presencia o ausencia de un solo individuo no afecta a esta estructura», aseguró el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, en una entrevista con Al Jazeera. Pese a estar bajo constante ataque y notablemente debilitado por la pérdida de figuras clave, el régimen trata de exhibir fortaleza y, sobre todo, estabilidad interna frente a los ataques.
Una insurrección contra el régimen, improbable
Además, la posibilidad de un alzamiento popular contra el régimen para recuperar el poder parece remota. Numerosos analistas creen que, aun desprovisto de sus liderazgos, el régimen y su sistema de represión están lo suficientemente arraigados como para perdurar, más si cabe en un contexto bélico que le obliga a reforzar su seguridad interna. De hecho, la cruenta represión contra los manifestantes en las protestas de diciembre y enero en Irán —que se saldaron con varios miles de muertos en todo el país— hace que una nueva insurrección, incluso contra un régimen debilitado, sea improbable.
Los esfuerzos aéreos de Israel y Estados Unidos pueden causar muchas bajas, pero difícilmente podrán cuestionar la continuidad de la República Islámica desde el aire. Y esa «será una clara victoria para el régimen, tanto en consecuencias previsibles como imprevistas», señala el investigador del Washington Institute Farzin Nadimi al The Wall Street Journal.
Sin un levantamiento y sin un cambio de régimen en Irán, es una incógnita durante cuánto tiempo podría prolongarse la ofensiva de EEUU e Israel, con Oriente Próximo sumido en la inestabilidad por las represalias iraníes y el estrecho de Ormuz convertido en zona de conflicto mientras la economía mundial sufre las consecuencias.
Las fuerzas israelíes buscan el colapso del régimen eliminando a sus líderes y atacando infraestructuras clave de su poder a la espera de una insurrección que parece improbable.
Con las muertes de Soleimani (líder de la milicia Basij, encargada de la represión ciudadana), Jatib (clave en la promoción de amenazas externas proiraníes) y, sobre todo, Larijani (jefe de seguridad del régimen y figura clave del poder tras la muerte del ayatolá Alí Jamenei) en ataques de precisión, Israel ‘descabeza’ de nuevo la jerarquía del régimen iraní, después de haber eliminado al ayatolá Jamenei y a decenas de altos mandos militares en la ofensiva que dio inicio a la guerra en Oriente Próximo.
Tel Aviv no esconde que estos ataques de precisión obedecen a una estrategia muy concreta: provocar un colapso del régimen que pueda ser aprovechado por la oposición interna. «Estamos debilitando a este régimen con la esperanza de darle al pueblo iraní la oportunidad de derrocarlo», aseguraba este martes el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. «No sucederá de inmediato ni será fácil. Pero si perseveramos, les daremos la oportunidad de tomar las riendas de su destino», subrayaba.
Con esa misma estrategia arrancó la guerra: Israel y Estados Unidos vieron en un encuentro de Jamenei y su cúpula una oportunidad de dar un golpe de efecto al régimen eliminando a gran parte de sus altos cargos en un solo movimiento; un patrón con el que Israel continúa debilitando al régimen. El propio ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ha reconocido que las fuerzas israelíes tienen autorización para atacar altos cargos del régimen sin necesitar el visto bueno del primer ministro.
Sin embargo, la idea de que el enraizado régimen de la República Islámica colapsará genera escepticismo entre los expertos: la estructura política, religiosa y represiva del régimen está profundamente arraigada, y la capacidad de la oposición iraní de forzar un cambio, incluso con el régimen debilitado, no parece probable.
Misma estrategia que contra Hamás: ataques precisos para eliminar figuras clave
Desde el inicio de la guerra con Irán, Israel ha seguido la misma fórmula que utilizó en la guerra contra Hamás en Gaza y también contra Hezbolá en Líbano. Las fuerzas israelíes combinaron una ofensiva total sobre Gaza con una serie de ataques casi quirúrgicos dentro y fuera del enclave palestino para ‘descabezar’ a la milicia eliminando a sus principales líderes yu sus posteriores sucesores, a través de medios militares y una intensa labor de inteligencia. El objetivo: desestabilizar la jerarquía y provocar el colapso de la estructura de la milicia.
Las fuerzas israelíes eliminaron así a la cúpula de Hamás y los líderes de sus brazos político y militar con ataques de precisión, incluso en territorio extranjero. Los líderes de Hamás (Ismail Haniyeh, los hermanos Yayha y Mohamed Sinwar o Saleh al-Arouri) y sus principales mandos murieron en ataques de precisión en 2024, debilitando a la milicia palestina y su control sobre Gaza. De la misma forma, Israel debilitó a Hezbolá asesinando a su líder, Hassan Nasrallah, aunque no logró un daño total sobre la jerarquía de la milicia.
La estrategia en Irán ha sido la misma, pero a mayor escala: esta vez, el enemigo es la República Islámica, un régimen enraizado gracias a un poderoso aparato militar y milicias que garantizan la represión interna y aseguran la continuidad en el poder de los ayatolás. Combinando información de sus agencias de inteligencia con precisión militar, Israel ha atacado desde el primer día varios miles de objetivos de la cúpula política, militar y religiosa, así como de la Guardia Revolucionaria y de milicias y fuerzas de seguridad internas.
El régimen podría resistir incluso ‘descabezado’
Según documentos consultados por el The Wall Street Journal, Israel ha buscado replicar esa estrategia, en coordinación con Estados Unidos: ambos iniciaron la guerra con un gran ataque conjunto para eliminar al ayatolá Jamenei y gran parte de su cúpula. Después, Estados Unidos se ha centrado en bombardear el poder militar e industrial de Irán, mientras Israel se centra en atacar las estructuras del poder interno del régimen, sobre objetivos marcados como clave para sostener el poder de los ayatolás.
Israel trata de golpear más fuerte y más veces en Irán que en su campaña contra Hamás, consciente del poder y el arraigo de un régimen que considera una amenaza existencial y la matriz de amenazas como Hezbolá, Hamás o los hutíes de Yemen. Su estrategia de ataques precisos sobre los líderes iraníes persigue un colapso del régimen, eliminando a sus figuras clave, saboteando su relevo y debilitando toda la estructura.
Las autoridades iraníes aseguran públicamente que su estructura política, económica y social es sólida. «La presencia o ausencia de un solo individuo no afecta a esta estructura», aseguró el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, en una entrevista con Al Jazeera. Pese a estar bajo constante ataque y notablemente debilitado por la pérdida de figuras clave, el régimen trata de exhibir fortaleza y, sobre todo, estabilidad interna frente a los ataques.
Una insurrección contra el régimen, improbable
Además, la posibilidad de un alzamiento popular contra el régimen para recuperar el poder parece remota. Numerosos analistas creen que, aun desprovisto de sus liderazgos, el régimen y su sistema de represión están lo suficientemente arraigados como para perdurar, más si cabe en un contexto bélico que le obliga a reforzar su seguridad interna. De hecho, la cruenta represión contra los manifestantes en las protestas de diciembre y enero en Irán —que se saldaron con varios miles de muertos en todo el país— hace que una nueva insurrección, incluso contra un régimen debilitado, sea improbable.
Los esfuerzos aéreos de Israel y Estados Unidos pueden causar muchas bajas, pero difícilmente podrán cuestionar la continuidad de la República Islámica desde el aire. Y esa «será una clara victoria para el régimen, tanto en consecuencias previsibles como imprevistas», señala el investigador del Washington Institute Farzin Nadimi al The Wall Street Journal.
Sin un levantamiento y sin un cambio de régimen en Irán, es una incógnita durante cuánto tiempo podría prolongarse la ofensiva de EEUU e Israel, con Oriente Próximo sumido en la inestabilidad por las represalias iraníes y el estrecho de Ormuz convertido en zona de conflicto mientras la economía mundial sufre las consecuencias.
20MINUTOS.ES – Internacional
