La fantasía de Belén Esteban que volvió loco a David Broncano (y escondió a Eva Arguiñano)

<p>Teóricamente la intención de anoche de RTVE con la visita de <strong>Belén Esteban</strong> y <strong>Eva Arguiñano</strong> en <i><strong>La Revuelta</strong></i> era promocionar <i><strong>Top Chef</strong></i>, el <i>talent</i> de repostería en el que <strong>Belén Esteban</strong> es concursante y Eva Arguiñano es juez. Esa es la teoría. Porque cuando subes a <strong>Belén Esteban</strong> al escenario de <i><strong>La Revuelta</strong></i> y la plantas delante de<strong> David Broncano</strong> uno entra en una especie de burbuja en la que el tiempo no corre y en la que hay un sol (<strong>Belén Esteban</strong>) y unos planetas que orbitan a su alrededor o a los que de acercarse tanto acaban desapareciendo. <strong>Belén Esteban</strong> se come todo lo que está a su alrededor y, anoche, se comió de nuevo a <strong>David Broncano</strong> (con eso ya contábamos), pero también a <strong>Eva Arguiñano</strong>. Pobre mujer.</p>

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 Ocho veces son las que Belén Esteban ha ido a los programas de David Broncano, primero a La Resistencia y después a La Revuelta, y las ocho veces siempre ha ocurrido lo mismo: Belén Esteban se come todo pase lo que pase  

Teóricamente la intención de anoche de RTVE con la visita de Belén Esteban y Eva Arguiñano en La Revuelta era promocionar Top Chef, el talent de repostería en el que Belén Esteban es concursante y Eva Arguiñano es juez. Esa es la teoría. Porque cuando subes a Belén Esteban al escenario de La Revuelta y la plantas delante de David Broncano uno entra en una especie de burbuja en la que el tiempo no corre y en la que hay un sol (Belén Esteban) y unos planetas que orbitan a su alrededor o a los que de acercarse tanto acaban desapareciendo. Belén Esteban se come todo lo que está a su alrededor y, anoche, se comió de nuevo a David Broncano (con eso ya contábamos), pero también a Eva Arguiñano. Pobre mujer.

Con la de anoche ya son ocho las veces que Belén Esteban ha ido a los programas de David Broncano, primero a La Resistencia, en Movistar Plus+, y después a La Revuelta. Y las ocho veces siempre ha ocurrido lo mismo: solo ves a Belén Esteban, solo escuchas a Belén Esteban y solo está Belén Esteban. Hay pocas celebrities con la capacidad innata o trabajada que tiene Belén Esteban; esa capacidad de absorber todo hacia la luz o hacia la oscuridad, según se mire.

Frente o al lado de Belén Esteban podrías poner a cualquier presentador, personaje, celebrity, artista, político, deportista, quien quieras, que siempre ocurriría lo mismo: Belén Esteban acabaría por acaparar todo porque es, por muchos años que pasen, por mucho año sabático que ella se coja, por mucho que vaya acompañada, una monstrua televisiva. Es el centro del universo televisivo.

Y anoche lo volvió a hacer. Le sale sin pensar, como el que va por la calle sumando matrículas y sacando las raíces cuadradas de las sumas. Es una virtud (o defecto) intríseco a ella. Y nadie puede hacer nada quiera o no quiera. Cuando tienes a Belén Esteban en la televisión, en un lugar que quiere estar, donde ha ido ilusionada, que se aparte todo el mundo porque no va a haber más centro de gravedad que ella.

Hace unos cuantos meses, desde noviembre del año pasado, que Belén Esteban decidió apartarse de la televisión para cuidarse, para disfrutar de la vida, de su hija, de su marido y de su madre. Y ahora dirás, ¿pero si no la he dejado de ver en televisión? Y sí, tienes razón. La historia es que cuando se fue de Ten y del Canal Quickie, Belén Esteban ya había empezado las grabaciones de Top Chef, con lo que a las pocas semanas ya había termina, aunque el programa todavía no se hubiese estrenado. Y desde entonces, Belén Esteban no había vuelto a hacer nada de televisión.

Tal vez por eso, anoche Belén Esteban estaba más espídica que las últimas veces, con más ganas de hablar, con más ganas de que la cámara solo tuviese ojitos para ella. Si a eso le sumas que David Broncano para Belén Esteban es una debilidad, pues ya tienes la fantasí montada. Se juntaron el hambre con las ganas de comer y la cosa empezó como empezó y acabó como acabó con Belén Esteban siendo la estrella, el universo, el sol, el todo.

Está bien, pero hubiera estado mejor si solo hubiese ido ella. De haber sido así, hoy todo el mundo hablaría de cómo Belén Esteban se comió e hizo la digestión de David Broncano. El problema es la intención que tuvo RTVE, la de promocionar Top Chef. De ahí que estuviera Eva Arguiñano, de ahí que la entrevista, que se alargó hasta más allá de las 23.25 horas, tuviera que ser a las dos, pero… pero Eva Arguiñano no tuvo oportunidad ni posibilidad. Y mira que la repostera lo intentó por activa, por pasiva y por medio pensionista.

Entraron Belén Esteban y Eva Arguiñano. Llegó la hermana de Karlos Arguiñano con un rodillo de cocina que podría ser la pieza de una tuneladora, con una pelota vas «de principiante», comenzó a hablar ella y… punto pelota. Belén Esteban hizo lo que hace el sol, dio calor, luz y todos comenzaron a orbitar hacia ella. No sé cuántas veces pudo interrumpir a Eva Arguiñano, ni cuántas a David Broncano, ni cuántas a Grison, pero fueron muchas. Tantas que hubo más de una y más de dos en las que Eva Arguiñano con su habitual suavidad intentó reconducir la razón de su visita a La Revuelta, recordándole a Belén Esteban que habían venido a hablar de Top Chef y no de ella. Pero es que Belén Esteban va a La Revuelta y es como un niño la primera vez que va al Parque de Atracciones.

Eva Arguiñano se lo recordaba y Belén Esteban automáticamente promocionaba el programa, pero duraba poco, porque enseguida Belén Esteban se iba por otros derroteros. A ver, desde la última vez que estuvo en el programa, que fue con María Patiño, han pasado tantas cosas que era una misión imposible que Belén Esteban se centrase en Top Chef. ¡Con todo lo que tenía que contar! Y habló, claro que habló, pero habló de lo que quiso y como quiso. Esto con otro no sucede. Ya van ocho veces que David Broncano la intenta pillar, y las ocho es Belén Esteban la que pilla a David Broncano.

Llevó unas galletas caseras al público; discutió con David Broncano por si eran caseras o compradas; se las dio a los espectadores del Teatro Gran Vía; hizo que las oliera hasta sus amigas que estaban en la parte alta del teatro y… «Escucha, cogí un año sabático y no sé hacer otra cosa que hacerle a mi marido postres. Decid si son caseras o no, pero de verdad». Pudo Eva Arguiñano meter baza, advirtiendo que Belén Esteban ha sido «una alumna aventajada». Se sacó la bomba de insulina, la enchufó, mostró a todo el mundo cómo tenía los niveles de azúcar. Se zampó una galleta. La vigiló Eva Arguiñano, que tampoco podía hacer mucho más. Y siguió con su programa, sí, con «su» programa.

«Yo ahora me he cogido un año sabático, o quizá más. Pero te voy a pedir una cosa, que a partir de septiembre estoy dispuesta a que me hagas un buen contrato», le espetó a David Broncano. A ver, por pedir que no quede. Jugó a ese juego que siempre mantienen ella y David Broncano de amor-odio, de vacile, chiste, sorna, cachondeo. Que si «no eres tan bueno», que si «que te calles», que si «tú dices y yo digo», pero, la realidad, es que Belén Esteban adora a David Broncano y, probablemente, David Broncano adore a Belén Esteban.

Le dio las gracias por haberla llevado al programa ocho veces. Y entonces Belén Esteban se tiró a la piscina. Siempre se ha lanzado, y por mucho año sabático, Belén Esteban es Belén Esteban. «La última vez vine con La familia de la tele, que duró 36 días, pero bueno no pasa nada. En la vida todo es probar, vine con María Patiño que le mando un beso», recordó. «Me había olvidado de eso, vaya contraste», le advertía David Broncano. «Eso fue un mal sueño». Y se acabó, pero lo dijo.

«Belén, hemos venido a promocionar; yo lo digo por si acaso», señalaba entonces Eva Arguiñano en un intento por reconducir el programa y la entrevista. Pero ya hacía rato que el programa había dejado de ser La Revuelta, había dejado de ser una invitación para promocionar Top Chef y se había convertido en Una noche con Belén Esteban: «Se emite los miércoles a las 23:15 porque tú estás dando el coñazo hasta las 23:15 de la noche. ¿Puedes acabar un poco antes? Aunque sea a las 23:00 por favor, porque nos jodes vivos». Belén Esteban hizo lo que tenía que hacer, con guantá incluida a David Broncano y a sus horarios. Que se lo digan anoche a la semifinal de Decomasters que empezó pasadas las 23.30 horas.

Hablaron también de Hacienda (sí, Hacienda), pues cuando Ricardo Castella le entregó a David Broncano el sobre donde van los nombres de los próximos invitados, que siempre lleva el logo del Gobierno de España, porque ya se sabe «es la orden de Pedro Sánchez, salió Hacienda de soslayo, o no tan de soslayo. Belén Esteban insistió en que ella está en paz con Hacienda, aunque, como se cachondeó Grison, «hay un tramo de la M40 que lleva su nombre». Y lanzó una petición para los autónomos, porque ella sin estar trabajando desde noviembre ha tenido que seguir pagando. Y no te cuento Eva Arguiñano que paga doble, como autónoma y como asalariada por los negocio hosteleros de «la familia», aunque «yo de esto tengo poco».

«Mirad, yo no vengo a hablar de política, pero fuera del cachondeo, los autónomos, perdóname, pero yo he dejado un año de trabajar y no tengo paro, ¡si todos los meses me cobráis un pastizal! A los autónomos hay que apoyarlos». La reivindicación de Belén Esteban no podía faltar. Pues mira, si uno puede usar la tele como altavoz para, pues bienvenido sea. ¿O es que tú no harías lo mismo? Y más en La Revuelta.

Y Belén Esteban siguió haciendo de Belén Esteban. Mandó besos a todo cristo, a El Chule, amigo y compañero de su marido, a sus amigas, a María Patiño, a todos su ex compañero de Ten, «a los que quiero mucho», al País Vasco, a Salamanca, a Getaria, al hotel de Karlos Arguiñano. «Belén, hablas mucho», le dijo en un momento dado Eva Arguiñano. No sabe esta mujer cuánto. La repostera alucinaba, flipaba, era como si estuviera en una nave psicodélica conducida por Belén Esteban sin rumbo fijo, pero con el piloto automático puesto.

Se sentaron. Siguieron, perdón, siguió hablando. No hubo más dinero de por medio, pero sí más sexo porque Belén Esteban es una mujer más que satisfecha («luego te cuento cuánto follo»). Y Eva Arguiñano siguió ahí, estando, pero sin estar; alucinando, pero sin alucinar; intentando, pero sin conseguir. Belén Esteban volvió a ser la estrella, porque hay estrellas que nunca se apagan.

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