<p>La escritora <strong>Miriam Toews</strong> perdió a su hermana mayor después de que esta se suicidara tras una larga enfermedad mental. Años más tarde, en todas las entrevistas que dio Toews a propósito de su nuevo libro, solo repetía una frase como un mantra: «Si pudiera dar la vuelta atrás en el tiempo, ayudaría a mi hermana a morir».</p>
He leído mucho estos días sobre que a Noelia Castillo le falló la sociedad y el Estado, yo no lo tengo nada claro, de lo que estoy segura es de que Noelia se fue rodeada de violencias y de que se siguieron prolongando hasta el último segundo de su vida
La escritora Miriam Toews perdió a su hermana mayor después de que esta se suicidara tras una larga enfermedad mental. Años más tarde, en todas las entrevistas que dio Toews a propósito de su nuevo libro, solo repetía una frase como un mantra: «Si pudiera dar la vuelta atrás en el tiempo, ayudaría a mi hermana a morir».
Lo contó todo en el best seller internacional Pequeñas desgracias sin importancia (Sexto Piso, 2022). Uno de los mejores libros que he leído sobre el duelo y sobre aprender a aceptar la decisión de los otros, aunque eso signifique perder lo que más quieres en el mundo. Miriam Toews se dio cuenta de que había estado toda la vida intentando que su hermana viviera sin escucharla a ella de verdad.
Nadie mejor que Toews para hablar del sufrimiento, del dolor que produce querer salvar a una hermana que a su vez solo quiere estar muerta, de las contradicciones, del arrepentimiento, de lo que se dice por pura desesperación y se convierte en puñal para los otros y también del dificilísimo camino de acompañar a quien no puede seguir aquí.
Me ha vuelto muy vívidamente esta maravillosa y luminosísima novela después del caso de Noelia Castillo que nos ha estremecido a todos esta semana, por la brutalidad de su biografía, pero sobre todo por la brutalidad con la que el caso se ha expuesto mediáticamente y por la brutalidad también con la que tanta gente se ha intentado interponer en el único deseo que tenía Noelia; el de dejar de sufrir y el de morir tranquila.
He leído mucho estos días sobre que a Noelia le falló la sociedad y el Estado, yo no lo tengo nada claro, tampoco sé quién falló en la vida de Noelia, de lo que sí que estoy segura es de que Noelia se fue rodeada de violencias y de que se siguieron prolongando hasta el último segundo de su vida. Fueron violencia esos dos años que se prorrogó su eutanasia, fueron violencia todos los recursos que interpuso su padre. Hasta fue violencia, disfrazada de altruismo y de bondad, ese mensaje millonario mandado en el último momento para que ella pensara su decisión.
Creo que va siendo hora de que empecemos a aprender que hay vidas inhabitables y cabezas inhabitables y que, desde nuestros privilegios, no somos nadie para juzgar el dolor y el sufrimiento ajeno y las decisiones que se tomen desde ahí. Yo creo que, si una persona pide con tanta desesperación que la dejen morir tranquila, lo único que deberíamos hacer el resto es cuidarla, asistirla, abrazarla y acompañarla en su decisión y en la entereza con la que dijo que no a seguir sufriendo.
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