El día ha llegado. Si no surgen contratiempos, la misión Artemis II de la NASA parte este miércoles 1 de abril, en lo que supondrá el regreso de los vuelos tripulados con destino a la Luna tras años de espera. El proyecto ha atravesado un proceso complejo, marcado por retrasos y algún que otro obstáculo que ha ido posponiendo la fecha de lanzamiento. Las previsiones actuales es que el cohete Space Launch System (SLS) finalmente parta al espacio desde la plataforma 39B del Centro Espacial Kennedy, en Florida (Estados Unidos).
Desde que el hombre pisó la Luna, se han enviado más de medio centenar de sondas a nuestro satélite y se ha explorado su superficie en distintas misiones, pero llegar al Polo Sur ha sido una tarea complicada. De hecho, tan solo India ha sido capaz en recaer en la cara sur de nuestro cuerpo celeste con su misión Chandrayaan-3.
Qué hay en el Polo Sur de la Luna
Esta zona de la Luna se caracteriza por tener un terreno accidentado, plagado de cráteres y elevaciones. Además, no recibe casi la luz del Sol. Esto quiere decir que existen algunas partes que nunca están iluminadas.
Uno de los factores clave para que todos quieran llegar a esta parte de la Luna, es la presencia de agua en estado sólido en la superficie lunar. La inclinación del eje de la Luna provoca que en algunas zonas de ciertos cráteres nunca llegue la luz solar, lo que favorece la existencia de hielo. La comunidad científica consideró la posibilidad de que hubiera agua en la Luna, pero hasta 2009 la sonda Chandrayaan-1 no logró confirmarlo. Se cree que podría haber entre 10.000 y 10 millones de toneladas solo en el Polo Sur.
Según se cree, este hielo podría convertirse en agua, oxígeno y combustible para cohetes. Es decir, una especie de depósito natural de recursos para las misiones de larga duración. Por otro lado, los científicos siempre han creído que es aquí donde se encuentran todas las pistas de cómo se creo la Luna y la Tierra.
Por otro lado, las elevaciones próximas que permanecen iluminadas por el Sol durante buena parte del día resultan óptimas para producir energía y conservar temperaturas más constantes, al tiempo que se sitúan cerca de cráteres en sombra con abundancia de hielo. Esta combinación hace del Polo Sur uno de los enclaves más favorables para ensayar la vida y el trabajo fuera de la Tierra, con la vista puesta en trasladar ese conocimiento a futuras misiones a Marte.
Desde que el hombre pisó la Luna, se han enviado más de medio centenar de sondas al satélite.
El día ha llegado. Si no surgen contratiempos, la misión Artemis II de la NASA parte este miércoles 1 de abril, en lo que supondrá el regreso de los vuelos tripulados con destino a la Luna tras años de espera. El proyecto ha atravesado un proceso complejo, marcado por retrasos y algún que otro obstáculo que ha ido posponiendo la fecha de lanzamiento. Las previsiones actuales es que el cohete Space Launch System (SLS) finalmente parta al espacio desde la plataforma 39B del Centro Espacial Kennedy, en Florida (Estados Unidos).
Desde que el hombre pisó la Luna, se han enviado más de medio centenar de sondas a nuestro satélite y se ha explorado su superficie en distintas misiones, pero llegar al Polo Sur ha sido una tarea complicada. De hecho, tan solo India ha sido capaz en recaer en la cara sur de nuestro cuerpo celeste con su misión Chandrayaan-3.
Esta zona de la Luna se caracteriza por tener un terreno accidentado, plagado de cráteres y elevaciones. Además, no recibe casi la luz del Sol. Esto quiere decir que existen algunas partes que nunca están iluminadas.
Uno de los factores clave para que todos quieran llegar a esta parte de la Luna, es la presencia de agua en estado sólido en la superficie lunar. La inclinación del eje de la Luna provoca que en algunas zonas de ciertos cráteres nunca llegue la luz solar, lo que favorece la existencia de hielo. La comunidad científica consideró la posibilidad de que hubiera agua en la Luna, pero hasta 2009 la sonda Chandrayaan-1 no logró confirmarlo. Se cree que podría haber entre 10.000 y 10 millones de toneladas solo en el Polo Sur.
Según se cree, este hielo podría convertirse en agua, oxígeno y combustible para cohetes. Es decir, una especie de depósito natural de recursos para las misiones de larga duración. Por otro lado, los científicos siempre han creído que es aquí donde se encuentran todas las pistas de cómo se creo la Luna y la Tierra.
Por otro lado, las elevaciones próximas que permanecen iluminadas por el Sol durante buena parte del día resultan óptimas para producir energía y conservar temperaturas más constantes, al tiempo que se sitúan cerca de cráteres en sombra con abundancia de hielo. Esta combinación hace del Polo Sur uno de los enclaves más favorables para ensayar la vida y el trabajo fuera de la Tierra, con la vista puesta en trasladar ese conocimiento a futuras misiones a Marte.
20MINUTOS.ES – Ciencia
