«Tres, dos, uno… ¡Despegue!». Es la frase que se repite en cada lanzamiento, casi como un ritual. Pero esta vez ha tenido un significado especial. Histórico. Artemis II es la primera misión tripulada de la NASA más allá de la órbita terrestre en más de 50 años, y llega tras superar retrasos no solo de meses, sino de años. También ha tenido que sortear dudas sobre un programa que ya no busca solo regresar a la Luna, sino establecer una presencia humana estable en ella. Y todo en un contexto de creciente rivalidad con China, la nueva potencia espacial que aspira a romper el liderazgo que Estados Unidos mantiene desde que Neil Armstrong pisó el suelo lunar, hace más de medio siglo. Ese era el significado detrás del cohete SLS surcando los cielos, con diez minutos de retraso sobre las 18.24 hora de Florida (00.24 hora española) previstas, con ‘susto’ mediante por un problema con el sistema que hace explotar al cohete en caso de que se salga de su trayectoria. No se asusten: los cuatro astronautas a bordo , incluidos la primera mujer, el primer hombre negro y la primera persona no estadounidense en una misión a la Luna, no corrieron ningún peligro, aunque el lanzamiento de su cohete se vio durante aproximadamente media hora colgando de un hilo. Ahora, Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, de la NASA, junto al canadiense Jeremy Hansen, han iniciado un viaje histórico de diez días, incluso aunque ellos no sean los elegidos para pisar el regolito y dejar su huella en la Luna para siempre. El viaje, día a díaEn los próximos tres días, en su viaje hacia nuestro satélite, tendrán que hacer lo que se les ha encomendado: probar por primera vez Orión, la nave que solo ha volado una vez (y vacía) al espacio. Cogerán los controles que operan de forma automática para probar que los sistemas funcionan correctamente. No es un viaje de contemplación, sino un ensayo. Todo lo que ocurra aquí servirá para futuras misiones en las que sí habrá descenso a la superficie lunar.Noticia relacionada visual No No Artemis II Volver a la Luna medio siglo después José Manuel NievesY el lunes llegará el gran día: sobrevolarán la cara oculta de la Luna, desapareciendo las comunicaciones con la Tierra. Durante unos minutos la tripulación estará completamente sola. Y no solo eso: será lo más lejos que cualquier ser humano, incluyendo a todos los astronautas del Programa Apolo, los únicos que han estado allí, ha llegado. A más de 400.000 kilómetros de casa y sin poder comunicarse con ella. Tras completar ese giro alrededor de la Luna, la nave iniciará el camino de vuelta. No será necesario un gran encendido porque la trayectoria está diseñada para que la propia gravedad lunar los impulse de regreso a la Tierra. Algo que sufrieron mucho más sus compañeros del Apolo 8, quienes hicieron un camino parecido, pero a los que un error mínimo les hubiese supuesto una muerte casi segura: pasarse de frenada o no llegar al empuje adecuado y se estamparían contra el regolito o quedarían vagando eternamente por el espacio, congelados. En su lugar, Artemis II llevará a cabo una trayectoria parecida a una especie de tirachinas cósmico que aprovecha las leyes de la física para simplificar el viaje.El regreso durará otros tres días. La cápsula irá ganando velocidad hasta entrar en la atmósfera terrestre a casi 40.000 kilómetros por hora, superando los 2.700 grados. Será uno de los momentos más delicados, más aún cuando el escudo que tiene que protegerlos de estas temperaturas extremas se vio comprometido durante Artemis I, que tuvo lugar en 2022. De hecho, expertos relacionados con la NASA alzaron la voz sobre el peligro que suponía enviar gente en la nave. Pero, finalmente y tras arduos análisis, la agencia espacial estadounidense con su recién nombrado jefe a la cabeza, Jared Isaacman, decidieron continuar adelante. Si todo va según lo planeado, en la medianoche del viernes al sábado de la próxima semana veremos a los cuatro astronautas amerizar en el Océano Pacífico. Un paso previo al gran paso (de nuevo) para la humanidadArtemis II no es un final, sino un paso intermedio. El objetivo real es volver a pisar la Luna y quedarnos allí a vivir. La NASA trabaja con la idea de lograrlo en esta década, con Artemis IV, una misión que sí incluirá alunizaje en 2028. No obstante, antes otra prueba de fuego, con Artemis III, que deberá seguir probando tanto el cohete SLS como la cápsula Orión antes del gran momento. Más allá, el plan es aún más ambicioso. No se trata solo de ir y volver, como en la era Apolo, sino de quedarse. La idea es construir una presencia sostenida en la Luna, con infraestructuras que permitan estancias más largas y sirvan como base para futuras misiones. Y, más adelante, colonias autosuficientes. Los primeros pasos hacia esa base lunar podrían darse a partir de 2032 y serán además, supervisados por el español Carlos García-Galán , quien acaba de ser ascendido tras la llegada de Isaacman, que ha reconfigurado el Programa Artemis, poniendo el foco en las bases lunares. Y, además, Donald Trump ya ha avisado a su equipo: el primer astronauta en la Luna de la era Artemis tiene que llegar antes de que se acabe su mandato, en enero de 2029 —según el calendario, tiene tan solo un año de margen para conseguirlo—. Este cambio no es baladí, porque el regreso a la Luna tiene también una dimensión estratégica. Estados Unidos está perdiendo su oligopolio espacial: China, que ya ha conseguido hitos como alunizar por primera vez en la historia un rover lunar en la cara oculta y traer muestras de aquel recóndito lugar, ha anunciado su intención de enviar astronautas a la superficie lunar en torno a 2030. Y la intención también es encontrar su hueco en suelo lunar, ya que ha anunciado su propósito de llevar los primeros reactores de energía nuclear junto con Rusia. EE.UU. ha contraatacado con el mismo plan, y quiere adelantarse a su gran rival. La carrera espacial, que parecía cosa del pasado, vuelve a estar en marcha.Durante los próximos días seremos testigos casi al minuto de qué ocurre dentro de aquella nave de apenas tres metros de alto por cinco de diámetro que ahora mismo se aleja de la Tierra llevando consigo algo más que cuatro astronautas. Lleva la prueba de que es posible volver. Que medio siglo después, la Luna vuelve a estar al alcance. Y que esta vez, la intención es no marcharse tan rápido. «Tres, dos, uno… ¡Despegue!». Es la frase que se repite en cada lanzamiento, casi como un ritual. Pero esta vez ha tenido un significado especial. Histórico. Artemis II es la primera misión tripulada de la NASA más allá de la órbita terrestre en más de 50 años, y llega tras superar retrasos no solo de meses, sino de años. También ha tenido que sortear dudas sobre un programa que ya no busca solo regresar a la Luna, sino establecer una presencia humana estable en ella. Y todo en un contexto de creciente rivalidad con China, la nueva potencia espacial que aspira a romper el liderazgo que Estados Unidos mantiene desde que Neil Armstrong pisó el suelo lunar, hace más de medio siglo. Ese era el significado detrás del cohete SLS surcando los cielos, con diez minutos de retraso sobre las 18.24 hora de Florida (00.24 hora española) previstas, con ‘susto’ mediante por un problema con el sistema que hace explotar al cohete en caso de que se salga de su trayectoria. No se asusten: los cuatro astronautas a bordo , incluidos la primera mujer, el primer hombre negro y la primera persona no estadounidense en una misión a la Luna, no corrieron ningún peligro, aunque el lanzamiento de su cohete se vio durante aproximadamente media hora colgando de un hilo. Ahora, Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, de la NASA, junto al canadiense Jeremy Hansen, han iniciado un viaje histórico de diez días, incluso aunque ellos no sean los elegidos para pisar el regolito y dejar su huella en la Luna para siempre. El viaje, día a díaEn los próximos tres días, en su viaje hacia nuestro satélite, tendrán que hacer lo que se les ha encomendado: probar por primera vez Orión, la nave que solo ha volado una vez (y vacía) al espacio. Cogerán los controles que operan de forma automática para probar que los sistemas funcionan correctamente. No es un viaje de contemplación, sino un ensayo. Todo lo que ocurra aquí servirá para futuras misiones en las que sí habrá descenso a la superficie lunar.Noticia relacionada visual No No Artemis II Volver a la Luna medio siglo después José Manuel NievesY el lunes llegará el gran día: sobrevolarán la cara oculta de la Luna, desapareciendo las comunicaciones con la Tierra. Durante unos minutos la tripulación estará completamente sola. Y no solo eso: será lo más lejos que cualquier ser humano, incluyendo a todos los astronautas del Programa Apolo, los únicos que han estado allí, ha llegado. A más de 400.000 kilómetros de casa y sin poder comunicarse con ella. Tras completar ese giro alrededor de la Luna, la nave iniciará el camino de vuelta. No será necesario un gran encendido porque la trayectoria está diseñada para que la propia gravedad lunar los impulse de regreso a la Tierra. Algo que sufrieron mucho más sus compañeros del Apolo 8, quienes hicieron un camino parecido, pero a los que un error mínimo les hubiese supuesto una muerte casi segura: pasarse de frenada o no llegar al empuje adecuado y se estamparían contra el regolito o quedarían vagando eternamente por el espacio, congelados. En su lugar, Artemis II llevará a cabo una trayectoria parecida a una especie de tirachinas cósmico que aprovecha las leyes de la física para simplificar el viaje.El regreso durará otros tres días. La cápsula irá ganando velocidad hasta entrar en la atmósfera terrestre a casi 40.000 kilómetros por hora, superando los 2.700 grados. Será uno de los momentos más delicados, más aún cuando el escudo que tiene que protegerlos de estas temperaturas extremas se vio comprometido durante Artemis I, que tuvo lugar en 2022. De hecho, expertos relacionados con la NASA alzaron la voz sobre el peligro que suponía enviar gente en la nave. Pero, finalmente y tras arduos análisis, la agencia espacial estadounidense con su recién nombrado jefe a la cabeza, Jared Isaacman, decidieron continuar adelante. Si todo va según lo planeado, en la medianoche del viernes al sábado de la próxima semana veremos a los cuatro astronautas amerizar en el Océano Pacífico. Un paso previo al gran paso (de nuevo) para la humanidadArtemis II no es un final, sino un paso intermedio. El objetivo real es volver a pisar la Luna y quedarnos allí a vivir. La NASA trabaja con la idea de lograrlo en esta década, con Artemis IV, una misión que sí incluirá alunizaje en 2028. No obstante, antes otra prueba de fuego, con Artemis III, que deberá seguir probando tanto el cohete SLS como la cápsula Orión antes del gran momento. Más allá, el plan es aún más ambicioso. No se trata solo de ir y volver, como en la era Apolo, sino de quedarse. La idea es construir una presencia sostenida en la Luna, con infraestructuras que permitan estancias más largas y sirvan como base para futuras misiones. Y, más adelante, colonias autosuficientes. Los primeros pasos hacia esa base lunar podrían darse a partir de 2032 y serán además, supervisados por el español Carlos García-Galán , quien acaba de ser ascendido tras la llegada de Isaacman, que ha reconfigurado el Programa Artemis, poniendo el foco en las bases lunares. Y, además, Donald Trump ya ha avisado a su equipo: el primer astronauta en la Luna de la era Artemis tiene que llegar antes de que se acabe su mandato, en enero de 2029 —según el calendario, tiene tan solo un año de margen para conseguirlo—. Este cambio no es baladí, porque el regreso a la Luna tiene también una dimensión estratégica. Estados Unidos está perdiendo su oligopolio espacial: China, que ya ha conseguido hitos como alunizar por primera vez en la historia un rover lunar en la cara oculta y traer muestras de aquel recóndito lugar, ha anunciado su intención de enviar astronautas a la superficie lunar en torno a 2030. Y la intención también es encontrar su hueco en suelo lunar, ya que ha anunciado su propósito de llevar los primeros reactores de energía nuclear junto con Rusia. EE.UU. ha contraatacado con el mismo plan, y quiere adelantarse a su gran rival. La carrera espacial, que parecía cosa del pasado, vuelve a estar en marcha.Durante los próximos días seremos testigos casi al minuto de qué ocurre dentro de aquella nave de apenas tres metros de alto por cinco de diámetro que ahora mismo se aleja de la Tierra llevando consigo algo más que cuatro astronautas. Lleva la prueba de que es posible volver. Que medio siglo después, la Luna vuelve a estar al alcance. Y que esta vez, la intención es no marcharse tan rápido. «Tres, dos, uno… ¡Despegue!». Es la frase que se repite en cada lanzamiento, casi como un ritual. Pero esta vez ha tenido un significado especial. Histórico. Artemis II es la primera misión tripulada de la NASA más allá de la órbita terrestre en más de 50 años, y llega tras superar retrasos no solo de meses, sino de años. También ha tenido que sortear dudas sobre un programa que ya no busca solo regresar a la Luna, sino establecer una presencia humana estable en ella. Y todo en un contexto de creciente rivalidad con China, la nueva potencia espacial que aspira a romper el liderazgo que Estados Unidos mantiene desde que Neil Armstrong pisó el suelo lunar, hace más de medio siglo. Ese era el significado detrás del cohete SLS surcando los cielos, con diez minutos de retraso sobre las 18.24 hora de Florida (00.24 hora española) previstas, con ‘susto’ mediante por un problema con el sistema que hace explotar al cohete en caso de que se salga de su trayectoria. No se asusten: los cuatro astronautas a bordo , incluidos la primera mujer, el primer hombre negro y la primera persona no estadounidense en una misión a la Luna, no corrieron ningún peligro, aunque el lanzamiento de su cohete se vio durante aproximadamente media hora colgando de un hilo. Ahora, Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, de la NASA, junto al canadiense Jeremy Hansen, han iniciado un viaje histórico de diez días, incluso aunque ellos no sean los elegidos para pisar el regolito y dejar su huella en la Luna para siempre. El viaje, día a díaEn los próximos tres días, en su viaje hacia nuestro satélite, tendrán que hacer lo que se les ha encomendado: probar por primera vez Orión, la nave que solo ha volado una vez (y vacía) al espacio. Cogerán los controles que operan de forma automática para probar que los sistemas funcionan correctamente. No es un viaje de contemplación, sino un ensayo. Todo lo que ocurra aquí servirá para futuras misiones en las que sí habrá descenso a la superficie lunar.Noticia relacionada visual No No Artemis II Volver a la Luna medio siglo después José Manuel NievesY el lunes llegará el gran día: sobrevolarán la cara oculta de la Luna, desapareciendo las comunicaciones con la Tierra. Durante unos minutos la tripulación estará completamente sola. Y no solo eso: será lo más lejos que cualquier ser humano, incluyendo a todos los astronautas del Programa Apolo, los únicos que han estado allí, ha llegado. A más de 400.000 kilómetros de casa y sin poder comunicarse con ella. Tras completar ese giro alrededor de la Luna, la nave iniciará el camino de vuelta. No será necesario un gran encendido porque la trayectoria está diseñada para que la propia gravedad lunar los impulse de regreso a la Tierra. Algo que sufrieron mucho más sus compañeros del Apolo 8, quienes hicieron un camino parecido, pero a los que un error mínimo les hubiese supuesto una muerte casi segura: pasarse de frenada o no llegar al empuje adecuado y se estamparían contra el regolito o quedarían vagando eternamente por el espacio, congelados. En su lugar, Artemis II llevará a cabo una trayectoria parecida a una especie de tirachinas cósmico que aprovecha las leyes de la física para simplificar el viaje.El regreso durará otros tres días. La cápsula irá ganando velocidad hasta entrar en la atmósfera terrestre a casi 40.000 kilómetros por hora, superando los 2.700 grados. Será uno de los momentos más delicados, más aún cuando el escudo que tiene que protegerlos de estas temperaturas extremas se vio comprometido durante Artemis I, que tuvo lugar en 2022. De hecho, expertos relacionados con la NASA alzaron la voz sobre el peligro que suponía enviar gente en la nave. Pero, finalmente y tras arduos análisis, la agencia espacial estadounidense con su recién nombrado jefe a la cabeza, Jared Isaacman, decidieron continuar adelante. Si todo va según lo planeado, en la medianoche del viernes al sábado de la próxima semana veremos a los cuatro astronautas amerizar en el Océano Pacífico. Un paso previo al gran paso (de nuevo) para la humanidadArtemis II no es un final, sino un paso intermedio. El objetivo real es volver a pisar la Luna y quedarnos allí a vivir. La NASA trabaja con la idea de lograrlo en esta década, con Artemis IV, una misión que sí incluirá alunizaje en 2028. No obstante, antes otra prueba de fuego, con Artemis III, que deberá seguir probando tanto el cohete SLS como la cápsula Orión antes del gran momento. Más allá, el plan es aún más ambicioso. No se trata solo de ir y volver, como en la era Apolo, sino de quedarse. La idea es construir una presencia sostenida en la Luna, con infraestructuras que permitan estancias más largas y sirvan como base para futuras misiones. Y, más adelante, colonias autosuficientes. Los primeros pasos hacia esa base lunar podrían darse a partir de 2032 y serán además, supervisados por el español Carlos García-Galán , quien acaba de ser ascendido tras la llegada de Isaacman, que ha reconfigurado el Programa Artemis, poniendo el foco en las bases lunares. Y, además, Donald Trump ya ha avisado a su equipo: el primer astronauta en la Luna de la era Artemis tiene que llegar antes de que se acabe su mandato, en enero de 2029 —según el calendario, tiene tan solo un año de margen para conseguirlo—. Este cambio no es baladí, porque el regreso a la Luna tiene también una dimensión estratégica. Estados Unidos está perdiendo su oligopolio espacial: China, que ya ha conseguido hitos como alunizar por primera vez en la historia un rover lunar en la cara oculta y traer muestras de aquel recóndito lugar, ha anunciado su intención de enviar astronautas a la superficie lunar en torno a 2030. Y la intención también es encontrar su hueco en suelo lunar, ya que ha anunciado su propósito de llevar los primeros reactores de energía nuclear junto con Rusia. EE.UU. ha contraatacado con el mismo plan, y quiere adelantarse a su gran rival. La carrera espacial, que parecía cosa del pasado, vuelve a estar en marcha.Durante los próximos días seremos testigos casi al minuto de qué ocurre dentro de aquella nave de apenas tres metros de alto por cinco de diámetro que ahora mismo se aleja de la Tierra llevando consigo algo más que cuatro astronautas. Lleva la prueba de que es posible volver. Que medio siglo después, la Luna vuelve a estar al alcance. Y que esta vez, la intención es no marcharse tan rápido. RSS de noticias de ciencia
