En los casi 80 años de historia de la OTAN, no se había producido una situación como la que ha desencadenado Donald Trump al poner sobre la mesa la posibilidad cierta de que decida abandonar la Alianza. El desenlace de esta crisis es todavía imprevisible, pero en todo caso ha levantado un muro de desconfianza en Europa que será muy difícil de superar.Después de una sucesión de encontronazos, el choque más fuerte se produjo en la reunión de ministros de Exteriores del G-7 de la semana pasada en París, donde el norteamericano Marco Rubio pedía el apoyo de los europeos en Irá n y se encontró con los reproches de la alta representante de Política Exterior, Kaja Kallas, que le exigía primero una postura más firme contra Rusia.Kallas le recordó que, en la misma reunión del año pasado, Rubio dijo que si Moscú obstaculizaba sus esfuerzos para poner fin a la guerra, Estados Unidos perdería la paciencia y tomaría más medidas contra el Kremlin. «Ha pasado un año y Rusia no se ha movido ¿Cuándo se te va a acabar la paciencia?». Rubio contestó visiblemente irritado: «Estamos haciendo todo lo posible para poner fin a la guerra. Si creen que pueden hacerlo mejor, adelante. Nosotros nos haremos a un lado». Ante semejante amenaza, los demás ministros europeos (Francia, Alemania e Italia además del Reino Unido) trataron de rebajar las tensiones e insistieron en que están a favor de que Washington continúe tratando de encontrar un acuerdo entre Ucrania y Rusia.Noticia relacionada general No No Washington rompe también su alianza histórica con el Reino Unido por la guerra Ivannia SalazarLos europeos ya estaban seriamente preocupados con la actitud hacia el Kremlin de los enviados de Donald Trump, que desde el principio ponían en un plano de igualdad al invasor y al invadido. Después se constató una reducción de la ayuda militar a Ucrania, incluyendo los valiosos datos de la Inteligencia espacial. A ello se añadió la tensión en torno a la isla de Groenlandia , territorio danés que Trump codiciaba y amenazaba con anexionar, si bien finalmente se logró rebajar la tensión mediante un acuerdo para aumentar allí la presencia militar estadounidense.Todo parecía señalar el rumbo de una confrontación entre las dos orillas del Atlántico. Pero desde la UE y la OTAN se decidió que la única posición posible era preservar la cohesión en el seno de la Alianza Atlántica porque, pese a los ingentes esfuerzos para rearmarse, los europeos dependen inevitablemente de la tecnología y la potencia de fuego de los norteamericanos. De hecho, el nuevo secretario general de la OTAN, el ex primer ministro holandés Mark Rutte, ha aceptado humillaciones inéditas para un responsable político de su altura, con el único objetivo de mantener a Estados Unidos en la organización.Sin embargo, el equilibrio precario se rompió estrepitosamente a raíz de la incursión de Trump en la política en Oriente Próximo junto a Israel y sin haber consultado previamente con los aliados europeos. Desde Europa se le ha advertido a los norteamericanos que Rusia está ayudando a Irán a atacar bases estadounidenses, pero Washington ha respondido con indiferencia, con el argumento de que Rusia está centrada en otros asuntos. Y, cuando Estados Unidos mencionó por primera vez sus peticiones para involucrar a la OTAN o al menos a algunos países, el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, lanzó una propuesta que parecía una broma: «Si Estados Unidos quiere que la UE se involucre en la guerra de Irán, a cambio deberían involucrarse ellos directamente con nosotros en la guerra de Ucrania». Como era de esperar, nadie respondió a esa idea.La oposición de Pedro SánchezEl presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha sido el más evidente a la hora de criticar la operación americano-israelí contra Irán , pero no el único que piensa que ha sido un error. Y, pese a ello, en el último Consejo Europeo, en el que Sánchez hubiera querido ser aplaudido, no se introdujo ninguna referencia al carácter ilegal de la operación. De hecho, ni siquiera se mencionaron críticas directas a Trump para tratar de no romper todos los puentes, al menos mientras Rusia sea percibida como una amenaza y la UE no disponga de recursos propios para defenderse con garantías. La guerra en Irán no solo ha provocado una crisis económica innecesaria con la subida del precio de los combustibles , sino que ha ha provocado una gran ansiedad en los principales dirigentes europeos. Especialmente después de que Estados Unidos autorizara -otra vez sin consultar con nadie- la venta de petróleo ruso, de tal modo que el Kremlin puede defenderse así mejor de las sanciones económicas que debían haber empezado a minar la estabilidad financiera en Rusia. La guerra de Ucrania, en segundo planoEn realidad, para la UE la principal prioridad sigue siendo la guerra de Ucrania pero, dado que para la Administración Trump no tiene la misma importancia, hasta los ucranianos están empezando a vacilar. Hace dos semanas, una delegación ucraniana de alto nivel visitó Miami y se reunió con los enviados de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, para hablar sobre el proceso de paz. A la semana siguiente, Kallas y varios de los ministros de Asuntos Exteriores de los países miembros fueron a la localidad ucraniana de Bucha para reafirmar su apoyo.La presidenta de la Comisión, Úrsula von der Leyen, anunció este martes la adopción de las «medidas preparatorias» para poder entregar a Ucrania los 90.000 millones de euros prometidos para que pueda sostener la guerra los dos próximos años, que siguen bloqueados por el primer ministro húngaro Vikror Orbán. Aunque en Bruselas confían que las elecciones de este día 12 puedan descabalgarlo del poder, la Comisión necesita mantener al menos esta promesa para mantener su horizonte estratégico. En los casi 80 años de historia de la OTAN, no se había producido una situación como la que ha desencadenado Donald Trump al poner sobre la mesa la posibilidad cierta de que decida abandonar la Alianza. El desenlace de esta crisis es todavía imprevisible, pero en todo caso ha levantado un muro de desconfianza en Europa que será muy difícil de superar.Después de una sucesión de encontronazos, el choque más fuerte se produjo en la reunión de ministros de Exteriores del G-7 de la semana pasada en París, donde el norteamericano Marco Rubio pedía el apoyo de los europeos en Irá n y se encontró con los reproches de la alta representante de Política Exterior, Kaja Kallas, que le exigía primero una postura más firme contra Rusia.Kallas le recordó que, en la misma reunión del año pasado, Rubio dijo que si Moscú obstaculizaba sus esfuerzos para poner fin a la guerra, Estados Unidos perdería la paciencia y tomaría más medidas contra el Kremlin. «Ha pasado un año y Rusia no se ha movido ¿Cuándo se te va a acabar la paciencia?». Rubio contestó visiblemente irritado: «Estamos haciendo todo lo posible para poner fin a la guerra. Si creen que pueden hacerlo mejor, adelante. Nosotros nos haremos a un lado». Ante semejante amenaza, los demás ministros europeos (Francia, Alemania e Italia además del Reino Unido) trataron de rebajar las tensiones e insistieron en que están a favor de que Washington continúe tratando de encontrar un acuerdo entre Ucrania y Rusia.Noticia relacionada general No No Washington rompe también su alianza histórica con el Reino Unido por la guerra Ivannia SalazarLos europeos ya estaban seriamente preocupados con la actitud hacia el Kremlin de los enviados de Donald Trump, que desde el principio ponían en un plano de igualdad al invasor y al invadido. Después se constató una reducción de la ayuda militar a Ucrania, incluyendo los valiosos datos de la Inteligencia espacial. A ello se añadió la tensión en torno a la isla de Groenlandia , territorio danés que Trump codiciaba y amenazaba con anexionar, si bien finalmente se logró rebajar la tensión mediante un acuerdo para aumentar allí la presencia militar estadounidense.Todo parecía señalar el rumbo de una confrontación entre las dos orillas del Atlántico. Pero desde la UE y la OTAN se decidió que la única posición posible era preservar la cohesión en el seno de la Alianza Atlántica porque, pese a los ingentes esfuerzos para rearmarse, los europeos dependen inevitablemente de la tecnología y la potencia de fuego de los norteamericanos. De hecho, el nuevo secretario general de la OTAN, el ex primer ministro holandés Mark Rutte, ha aceptado humillaciones inéditas para un responsable político de su altura, con el único objetivo de mantener a Estados Unidos en la organización.Sin embargo, el equilibrio precario se rompió estrepitosamente a raíz de la incursión de Trump en la política en Oriente Próximo junto a Israel y sin haber consultado previamente con los aliados europeos. Desde Europa se le ha advertido a los norteamericanos que Rusia está ayudando a Irán a atacar bases estadounidenses, pero Washington ha respondido con indiferencia, con el argumento de que Rusia está centrada en otros asuntos. Y, cuando Estados Unidos mencionó por primera vez sus peticiones para involucrar a la OTAN o al menos a algunos países, el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, lanzó una propuesta que parecía una broma: «Si Estados Unidos quiere que la UE se involucre en la guerra de Irán, a cambio deberían involucrarse ellos directamente con nosotros en la guerra de Ucrania». Como era de esperar, nadie respondió a esa idea.La oposición de Pedro SánchezEl presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha sido el más evidente a la hora de criticar la operación americano-israelí contra Irán , pero no el único que piensa que ha sido un error. Y, pese a ello, en el último Consejo Europeo, en el que Sánchez hubiera querido ser aplaudido, no se introdujo ninguna referencia al carácter ilegal de la operación. De hecho, ni siquiera se mencionaron críticas directas a Trump para tratar de no romper todos los puentes, al menos mientras Rusia sea percibida como una amenaza y la UE no disponga de recursos propios para defenderse con garantías. La guerra en Irán no solo ha provocado una crisis económica innecesaria con la subida del precio de los combustibles , sino que ha ha provocado una gran ansiedad en los principales dirigentes europeos. Especialmente después de que Estados Unidos autorizara -otra vez sin consultar con nadie- la venta de petróleo ruso, de tal modo que el Kremlin puede defenderse así mejor de las sanciones económicas que debían haber empezado a minar la estabilidad financiera en Rusia. La guerra de Ucrania, en segundo planoEn realidad, para la UE la principal prioridad sigue siendo la guerra de Ucrania pero, dado que para la Administración Trump no tiene la misma importancia, hasta los ucranianos están empezando a vacilar. Hace dos semanas, una delegación ucraniana de alto nivel visitó Miami y se reunió con los enviados de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, para hablar sobre el proceso de paz. A la semana siguiente, Kallas y varios de los ministros de Asuntos Exteriores de los países miembros fueron a la localidad ucraniana de Bucha para reafirmar su apoyo.La presidenta de la Comisión, Úrsula von der Leyen, anunció este martes la adopción de las «medidas preparatorias» para poder entregar a Ucrania los 90.000 millones de euros prometidos para que pueda sostener la guerra los dos próximos años, que siguen bloqueados por el primer ministro húngaro Vikror Orbán. Aunque en Bruselas confían que las elecciones de este día 12 puedan descabalgarlo del poder, la Comisión necesita mantener al menos esta promesa para mantener su horizonte estratégico. En los casi 80 años de historia de la OTAN, no se había producido una situación como la que ha desencadenado Donald Trump al poner sobre la mesa la posibilidad cierta de que decida abandonar la Alianza. El desenlace de esta crisis es todavía imprevisible, pero en todo caso ha levantado un muro de desconfianza en Europa que será muy difícil de superar.Después de una sucesión de encontronazos, el choque más fuerte se produjo en la reunión de ministros de Exteriores del G-7 de la semana pasada en París, donde el norteamericano Marco Rubio pedía el apoyo de los europeos en Irá n y se encontró con los reproches de la alta representante de Política Exterior, Kaja Kallas, que le exigía primero una postura más firme contra Rusia.Kallas le recordó que, en la misma reunión del año pasado, Rubio dijo que si Moscú obstaculizaba sus esfuerzos para poner fin a la guerra, Estados Unidos perdería la paciencia y tomaría más medidas contra el Kremlin. «Ha pasado un año y Rusia no se ha movido ¿Cuándo se te va a acabar la paciencia?». Rubio contestó visiblemente irritado: «Estamos haciendo todo lo posible para poner fin a la guerra. Si creen que pueden hacerlo mejor, adelante. Nosotros nos haremos a un lado». Ante semejante amenaza, los demás ministros europeos (Francia, Alemania e Italia además del Reino Unido) trataron de rebajar las tensiones e insistieron en que están a favor de que Washington continúe tratando de encontrar un acuerdo entre Ucrania y Rusia.Noticia relacionada general No No Washington rompe también su alianza histórica con el Reino Unido por la guerra Ivannia SalazarLos europeos ya estaban seriamente preocupados con la actitud hacia el Kremlin de los enviados de Donald Trump, que desde el principio ponían en un plano de igualdad al invasor y al invadido. Después se constató una reducción de la ayuda militar a Ucrania, incluyendo los valiosos datos de la Inteligencia espacial. A ello se añadió la tensión en torno a la isla de Groenlandia , territorio danés que Trump codiciaba y amenazaba con anexionar, si bien finalmente se logró rebajar la tensión mediante un acuerdo para aumentar allí la presencia militar estadounidense.Todo parecía señalar el rumbo de una confrontación entre las dos orillas del Atlántico. Pero desde la UE y la OTAN se decidió que la única posición posible era preservar la cohesión en el seno de la Alianza Atlántica porque, pese a los ingentes esfuerzos para rearmarse, los europeos dependen inevitablemente de la tecnología y la potencia de fuego de los norteamericanos. De hecho, el nuevo secretario general de la OTAN, el ex primer ministro holandés Mark Rutte, ha aceptado humillaciones inéditas para un responsable político de su altura, con el único objetivo de mantener a Estados Unidos en la organización.Sin embargo, el equilibrio precario se rompió estrepitosamente a raíz de la incursión de Trump en la política en Oriente Próximo junto a Israel y sin haber consultado previamente con los aliados europeos. Desde Europa se le ha advertido a los norteamericanos que Rusia está ayudando a Irán a atacar bases estadounidenses, pero Washington ha respondido con indiferencia, con el argumento de que Rusia está centrada en otros asuntos. Y, cuando Estados Unidos mencionó por primera vez sus peticiones para involucrar a la OTAN o al menos a algunos países, el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, lanzó una propuesta que parecía una broma: «Si Estados Unidos quiere que la UE se involucre en la guerra de Irán, a cambio deberían involucrarse ellos directamente con nosotros en la guerra de Ucrania». Como era de esperar, nadie respondió a esa idea.La oposición de Pedro SánchezEl presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha sido el más evidente a la hora de criticar la operación americano-israelí contra Irán , pero no el único que piensa que ha sido un error. Y, pese a ello, en el último Consejo Europeo, en el que Sánchez hubiera querido ser aplaudido, no se introdujo ninguna referencia al carácter ilegal de la operación. De hecho, ni siquiera se mencionaron críticas directas a Trump para tratar de no romper todos los puentes, al menos mientras Rusia sea percibida como una amenaza y la UE no disponga de recursos propios para defenderse con garantías. La guerra en Irán no solo ha provocado una crisis económica innecesaria con la subida del precio de los combustibles , sino que ha ha provocado una gran ansiedad en los principales dirigentes europeos. Especialmente después de que Estados Unidos autorizara -otra vez sin consultar con nadie- la venta de petróleo ruso, de tal modo que el Kremlin puede defenderse así mejor de las sanciones económicas que debían haber empezado a minar la estabilidad financiera en Rusia. La guerra de Ucrania, en segundo planoEn realidad, para la UE la principal prioridad sigue siendo la guerra de Ucrania pero, dado que para la Administración Trump no tiene la misma importancia, hasta los ucranianos están empezando a vacilar. Hace dos semanas, una delegación ucraniana de alto nivel visitó Miami y se reunió con los enviados de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, para hablar sobre el proceso de paz. A la semana siguiente, Kallas y varios de los ministros de Asuntos Exteriores de los países miembros fueron a la localidad ucraniana de Bucha para reafirmar su apoyo.La presidenta de la Comisión, Úrsula von der Leyen, anunció este martes la adopción de las «medidas preparatorias» para poder entregar a Ucrania los 90.000 millones de euros prometidos para que pueda sostener la guerra los dos próximos años, que siguen bloqueados por el primer ministro húngaro Vikror Orbán. Aunque en Bruselas confían que las elecciones de este día 12 puedan descabalgarlo del poder, la Comisión necesita mantener al menos esta promesa para mantener su horizonte estratégico. RSS de noticias de internacional
