De Vlaeminck: «Detrás de Pogacar hay un desierto, ¿qué ha ganado Van der Poel?»

El ciclista Roger De Vlaeminck atiende a ABC por teléfono justo antes de montar en bicicleta (150 kms. a la semana repartidos en tres días) . Apodado ‘el gitano’, nació en Eeklo en 1947. Una región flamenca del Flandes oriental propensa a la pintura y al ciclismo. «No me hables en inglés, porque no lo entiendo. Francés o italiano, por favor. Por cierto, si vamos a comentar las París-Roubaix que gané, quiero adelantarte que no recuerdo exactamente los años», advierte precisamente ‘Monsieur Roubaix’, quien siempre destacó por su complicidad con el infierno del norte, la clásica con más brillantina de los cinco monumentos del ciclismo. Envuelta en la magia y el misterio del pavés, caminos y socavones, aderezada por la claustrofóbica foresta de Arenberg. «Mis recuerdos de esta carrera se remontan a los duelos con Francesco Moser y Eddy Merckx. La corrí diez años», subraya uno de los mejores ciclistas de siempre en las carreras de un día. ‘Il bello di un giorno’. Cínico y certero.Solo en los setenta se impuso hasta en cuatro ediciones (1972, 1974, 1975 e 1977) y en otras tantas resultó segundo. Además, fue preciso, quirúrgico en escoger momentos, fracciones y lugares para hacer magia exprés. Profesional desde 1969 hasta 1984, en esa ínclita década mordió tres Milán-San Remo (1973, 78 y 79), un Tour de Flandes (1977), una Lieja-Bastoña-Lieja (1970) y dos Lombardía (1974 y 76).Noticia relacionada No No Entrevista ABC Eddy Merckx: «Y me decían que tenía el trasero grande para montar en bici» Julio Ocampo Los cinco monumentos, el Grand Slam de las clásicas, una gesta solo al alcance de El Caníbal y Rik Van Looy, sus grandes compatriotas. «Disfrutaba cuando conseguía imponerme a Moser y Merckx, sin duda. Son historia del ciclismo. Hoy oigo hablar de Pogaçar, pero no admite comparación con mi amigo Eddy, un visionario, un avanzado a su tiempo. Nadie se acerca a él. Ni siquiera yo, que interpreté muy bien las carreras en línea. ¿Viste Flandes hace días? Detrás de Tadej hay un desierto. Mira Van der Poel, quien jamás ganó una crono o dominó una subida de montaña. Evenepoel, menos todavía. ¿Qué ha ganado Van der Poel? Sí, tres Roubaix, pero ¿a quién se impuso? ¿A Pogaçar el año pasado? Sí, pero él no es de volata al final. Venga, por favor…», asevera irritado. Mordaz como un látigo. Un poco su pedalear también era así.«Oigo hablar de Pogacar, pero no admite comparación con mi amigo Eddy Merckx, un visionario, un adelantado a su tiempo» Roger de Vlaeminck ExciclistaPorque sí. Con fama de altanero, el gitano Roger de Vlaeminck puede que ya no tenga nada que ganar, pero tampoco demasiado que perder. Quizás su soberbia le reste crédito al mensaje, su socarronería despiste del contenido, pero hay un deseo feroz de defender un mundo -el suyo- en extinción. Donde él era un ciclista con clase cristalina, dotado de una fuerza física que se amoldaba al esterrado y al sprint. Un titán con más de 250 victorias (seis Tirreno-Adriático; muchas etapas del Giro), otras tantas de amateur y cuatro veces príncipe del infierno, junto a Tom Boonen. Un territorio exclusivo donde quiere ingresar el holandés Van der Poel, quien ya derrotó en las pasadas tres ediciones al esloveno atómico, Jasper Philipsen o Van Aert, entre otros. «Nadie a la altura de Moser, Saronni, Merckx o yo. Con nosotros, cualquiera de ellos llegaría siempre segundo. Te lo digo yo. ¿Entiendes? Te lo repito. Pogaçar no tiene rivales. ¿Qué ha ganado VDP? ¿Roubaix? Cualquier buen corredor vence ahí. ¿Ha hecho lo mismo en Lieja o el Giro de Lombardía? No, pues eso».Ya huele a polvo y maleza negra. Cuando asoma, con la primavera, la tercera gran carrera fetiche de la temporada ciclista -precintada entre Mons-en-Pévèle y Carrefour de l’Arbre- muchas son las aristas vertidas para tratar el argumento: ¿Logrará Pogaçar el único monumento que le resta? ¿Será capaz de lograr cinco consecutivas? ¿Todas en un año? ¿Hará el décimo podio seguido en los tótems de un día? Con doce victorias hasta el momento (el gitano, once), ¿seguirá acercándose a las 19 de Merckx? ¿Supondrá la antesala, con permiso de Vingegaard, del quinto Tour (Induráin, Anquetil, Hinault o El Caníbal) y el tercer mundial (como Sagan) consecutivos? ¿O será Mathieu van der Poel quien, con su cuarta Roubaix, iguale a Boonen o al propio Roger De Vlaeminck? Eso le haría desbancarse del umbral donde radican otros mitos que arañaron el infierno en tres ocasiones: Merckx, Van Looy, Cancellara, Moser o Museeuw, entre otros. La emoción está servida.«Basta. Lo de nuestra época era fuego. Felice Gimondi y los ya citados. Solo en Italia había un grupo de portentos sublime. ¿Hoy? ¿Puedes decir lo mismo? Por favor… Ser un crack es otra cosa. Sí, muchos me imputan que no mostré jerarquía en los grandes giros. ¿Sabes qué faltó? Pues que mi amigo Merckx se quedara en casa. También te digo que gané el mundial de ciclocross en 1975», resalta vehementemente. Ese territorio, precisamente, es el que gobernó siempre su hermano Eric De Vlaeminck, con siete. Un récord superado recientemente por el propio Van der Poel (8). Dos gigantes en cierta manera.«Lo de nuestra época era fuego. Gimondi, Merckx, Moser o yo. Solo en Italia había un grupo de portentos sublime» Roger de Vlaeminck Exciclista«¿Hemos terminado? Porque me tengo que marchar», suelta tratando de apurar el tiempo restante que queda de entrevista. Es la furia de quien fuera hijo del viento, arropado por él. Nunca digirió del todo bien la derrota, y solo se arrepintió de no haber logrado el campeonato del mundo. Le Gitan, sí, quien iba para futbolista y terminó siendo veneno en la bici. El amigo de Merckx (tiene un hijo llamado Eddy), el último látigo de un mundo en blanco y negro. Con gregarios y campanarios. Diablos y poetas, como Pasolini o el escritor Dino Buzzati, enamorados de un universo arcaico, atávico, misterioso, pagano, rural.«¿La anécdota del antidoping? El nuestro era un ciclismo para valientes. Una vez estábamos Merckx y yo, que acababa de orinar antes del control. Ya no tenía ganas. Me ofreció la suya, y dije que sí. Estaba seguro que él estaba limpio. No tomaba nada. Echó la mitad de su orina en mi frasco. Todos los corredores de mi época estaban limpios. ¿Te lo repito? Todos los grandes. Era imposible. No pensábamos en estas cosas. De hoy no hablo. Llama y pregunta a los demás corredores», espeta sin más dilación. MÁS INFORMACIÓN noticia Si «Si un ciclista da positivo se le juzga de forma despiadada, en el fútbol los casos pasan desapercibidos» noticia Si Gianni Bugno: «Yo no corría para Induráin; nadie puede decir que me vendí»Mientras aguarda de nuevo el día, ya se ha hecho de noche. Su hermano Eric, dos años mayor, falleció en 2015. Hacía tiempo que sufría de Alzheimer y Parkinson. Roger, el zíngaro, camina erguido con soberbia y brío. Consciente que jamás será engullido por la historia. Sabe qué momentos seleccionar para soltar su aliento, dosificándolo. De alguna manera ha sido el Boniek de la bicicleta. El ciclista Roger De Vlaeminck atiende a ABC por teléfono justo antes de montar en bicicleta (150 kms. a la semana repartidos en tres días) . Apodado ‘el gitano’, nació en Eeklo en 1947. Una región flamenca del Flandes oriental propensa a la pintura y al ciclismo. «No me hables en inglés, porque no lo entiendo. Francés o italiano, por favor. Por cierto, si vamos a comentar las París-Roubaix que gané, quiero adelantarte que no recuerdo exactamente los años», advierte precisamente ‘Monsieur Roubaix’, quien siempre destacó por su complicidad con el infierno del norte, la clásica con más brillantina de los cinco monumentos del ciclismo. Envuelta en la magia y el misterio del pavés, caminos y socavones, aderezada por la claustrofóbica foresta de Arenberg. «Mis recuerdos de esta carrera se remontan a los duelos con Francesco Moser y Eddy Merckx. La corrí diez años», subraya uno de los mejores ciclistas de siempre en las carreras de un día. ‘Il bello di un giorno’. Cínico y certero.Solo en los setenta se impuso hasta en cuatro ediciones (1972, 1974, 1975 e 1977) y en otras tantas resultó segundo. Además, fue preciso, quirúrgico en escoger momentos, fracciones y lugares para hacer magia exprés. Profesional desde 1969 hasta 1984, en esa ínclita década mordió tres Milán-San Remo (1973, 78 y 79), un Tour de Flandes (1977), una Lieja-Bastoña-Lieja (1970) y dos Lombardía (1974 y 76).Noticia relacionada No No Entrevista ABC Eddy Merckx: «Y me decían que tenía el trasero grande para montar en bici» Julio Ocampo Los cinco monumentos, el Grand Slam de las clásicas, una gesta solo al alcance de El Caníbal y Rik Van Looy, sus grandes compatriotas. «Disfrutaba cuando conseguía imponerme a Moser y Merckx, sin duda. Son historia del ciclismo. Hoy oigo hablar de Pogaçar, pero no admite comparación con mi amigo Eddy, un visionario, un avanzado a su tiempo. Nadie se acerca a él. Ni siquiera yo, que interpreté muy bien las carreras en línea. ¿Viste Flandes hace días? Detrás de Tadej hay un desierto. Mira Van der Poel, quien jamás ganó una crono o dominó una subida de montaña. Evenepoel, menos todavía. ¿Qué ha ganado Van der Poel? Sí, tres Roubaix, pero ¿a quién se impuso? ¿A Pogaçar el año pasado? Sí, pero él no es de volata al final. Venga, por favor…», asevera irritado. Mordaz como un látigo. Un poco su pedalear también era así.«Oigo hablar de Pogacar, pero no admite comparación con mi amigo Eddy Merckx, un visionario, un adelantado a su tiempo» Roger de Vlaeminck ExciclistaPorque sí. Con fama de altanero, el gitano Roger de Vlaeminck puede que ya no tenga nada que ganar, pero tampoco demasiado que perder. Quizás su soberbia le reste crédito al mensaje, su socarronería despiste del contenido, pero hay un deseo feroz de defender un mundo -el suyo- en extinción. Donde él era un ciclista con clase cristalina, dotado de una fuerza física que se amoldaba al esterrado y al sprint. Un titán con más de 250 victorias (seis Tirreno-Adriático; muchas etapas del Giro), otras tantas de amateur y cuatro veces príncipe del infierno, junto a Tom Boonen. Un territorio exclusivo donde quiere ingresar el holandés Van der Poel, quien ya derrotó en las pasadas tres ediciones al esloveno atómico, Jasper Philipsen o Van Aert, entre otros. «Nadie a la altura de Moser, Saronni, Merckx o yo. Con nosotros, cualquiera de ellos llegaría siempre segundo. Te lo digo yo. ¿Entiendes? Te lo repito. Pogaçar no tiene rivales. ¿Qué ha ganado VDP? ¿Roubaix? Cualquier buen corredor vence ahí. ¿Ha hecho lo mismo en Lieja o el Giro de Lombardía? No, pues eso».Ya huele a polvo y maleza negra. Cuando asoma, con la primavera, la tercera gran carrera fetiche de la temporada ciclista -precintada entre Mons-en-Pévèle y Carrefour de l’Arbre- muchas son las aristas vertidas para tratar el argumento: ¿Logrará Pogaçar el único monumento que le resta? ¿Será capaz de lograr cinco consecutivas? ¿Todas en un año? ¿Hará el décimo podio seguido en los tótems de un día? Con doce victorias hasta el momento (el gitano, once), ¿seguirá acercándose a las 19 de Merckx? ¿Supondrá la antesala, con permiso de Vingegaard, del quinto Tour (Induráin, Anquetil, Hinault o El Caníbal) y el tercer mundial (como Sagan) consecutivos? ¿O será Mathieu van der Poel quien, con su cuarta Roubaix, iguale a Boonen o al propio Roger De Vlaeminck? Eso le haría desbancarse del umbral donde radican otros mitos que arañaron el infierno en tres ocasiones: Merckx, Van Looy, Cancellara, Moser o Museeuw, entre otros. La emoción está servida.«Basta. Lo de nuestra época era fuego. Felice Gimondi y los ya citados. Solo en Italia había un grupo de portentos sublime. ¿Hoy? ¿Puedes decir lo mismo? Por favor… Ser un crack es otra cosa. Sí, muchos me imputan que no mostré jerarquía en los grandes giros. ¿Sabes qué faltó? Pues que mi amigo Merckx se quedara en casa. También te digo que gané el mundial de ciclocross en 1975», resalta vehementemente. Ese territorio, precisamente, es el que gobernó siempre su hermano Eric De Vlaeminck, con siete. Un récord superado recientemente por el propio Van der Poel (8). Dos gigantes en cierta manera.«Lo de nuestra época era fuego. Gimondi, Merckx, Moser o yo. Solo en Italia había un grupo de portentos sublime» Roger de Vlaeminck Exciclista«¿Hemos terminado? Porque me tengo que marchar», suelta tratando de apurar el tiempo restante que queda de entrevista. Es la furia de quien fuera hijo del viento, arropado por él. Nunca digirió del todo bien la derrota, y solo se arrepintió de no haber logrado el campeonato del mundo. Le Gitan, sí, quien iba para futbolista y terminó siendo veneno en la bici. El amigo de Merckx (tiene un hijo llamado Eddy), el último látigo de un mundo en blanco y negro. Con gregarios y campanarios. Diablos y poetas, como Pasolini o el escritor Dino Buzzati, enamorados de un universo arcaico, atávico, misterioso, pagano, rural.«¿La anécdota del antidoping? El nuestro era un ciclismo para valientes. Una vez estábamos Merckx y yo, que acababa de orinar antes del control. Ya no tenía ganas. Me ofreció la suya, y dije que sí. Estaba seguro que él estaba limpio. No tomaba nada. Echó la mitad de su orina en mi frasco. Todos los corredores de mi época estaban limpios. ¿Te lo repito? Todos los grandes. Era imposible. No pensábamos en estas cosas. De hoy no hablo. Llama y pregunta a los demás corredores», espeta sin más dilación. MÁS INFORMACIÓN noticia Si «Si un ciclista da positivo se le juzga de forma despiadada, en el fútbol los casos pasan desapercibidos» noticia Si Gianni Bugno: «Yo no corría para Induráin; nadie puede decir que me vendí»Mientras aguarda de nuevo el día, ya se ha hecho de noche. Su hermano Eric, dos años mayor, falleció en 2015. Hacía tiempo que sufría de Alzheimer y Parkinson. Roger, el zíngaro, camina erguido con soberbia y brío. Consciente que jamás será engullido por la historia. Sabe qué momentos seleccionar para soltar su aliento, dosificándolo. De alguna manera ha sido el Boniek de la bicicleta.  

El ciclista Roger De Vlaeminck atiende a ABC por teléfono justo antes de montar en bicicleta (150 kms. a la semana repartidos en tres días). Apodado ‘el gitano’, nació en Eeklo en 1947. Una región flamenca del Flandes oriental propensa a la pintura … y al ciclismo. «No me hables en inglés, porque no lo entiendo. Francés o italiano, por favor. Por cierto, si vamos a comentar las París-Roubaix que gané, quiero adelantarte que no recuerdo exactamente los años», advierte precisamente ‘Monsieur Roubaix’, quien siempre destacó por su complicidad con el infierno del norte, la clásica con más brillantina de los cinco monumentos del ciclismo.

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