Los ibis eremita Dr. Saurier y Espi formaban parte de la bandada de 35 ejemplares que llegaron a España en 2023 guiados por un ultraligero. El objetivo de este vuelo era que las aves, nacidas en cautividad en un zoo de Austria y criadas por personas a las que reconocían como madres y seguían allí donde fueran, aprendieran la ruta y consiguieran migrar solas. Dr. Saurier y Espi lo lograron y el año pasado regresaron a su lugar de origen sin problemas, pero cuando volvían a sus cuarteles de invierno en Cádiz, se toparon en Cuenca con un búho real ―uno de sus depredadores naturales― que acabó con los dos. Un desenlace que forma parte de la dinámica natural, pero que da una medida de la dificultad que entraña este tipo de programas de reintroducción.
Dos de los 34 ejemplares que llegaron a España desde Alemania guiados por humanos repitieron solos la ruta, pero les mató un búho al volver para invernar
Los ibis eremita Dr. Saurier y Espi formaban parte de la bandada de 35 ejemplares que llegaron a España en 2023 guiados por un ultraligero. El objetivo de este vuelo era que las aves, nacidas en cautividad en un zoo de Austria y criadas por personas a las que reconocían como madres y seguían allí donde fueran, aprendieran la ruta y consiguieran migrar solas. Dr. Saurier y Espi lo lograron y el año pasado regresaron a su lugar de origen sin problemas, pero cuando volvían a sus cuarteles de invierno en Cádiz, se toparon en Cuenca con un búho real ―uno de sus depredadores naturales― que acabó con los dos. Un desenlace que forma parte de la dinámica natural, pero que da una medida de la dificultad que entraña este tipo de programas de reintroducción.
“Fue muy triste, porque van equipadas con un transmisor, sabemos dónde están y yo voy poniéndome en contacto con los agentes de medio ambiente de las zonas en las que recalan”, explica Chúss Fernández, responsable de seguimiento del proyecto de reintroducción de ibis eremita Waldrappteam en España. “Ese día se acercaron dos agentes a verlos, el sitio parecía seguro y los dejaron durmiendo”, recuerda.

Dr. Saurier fue el primero en emprender el vuelo. Salió el 20 de abril de 2025 de Cádiz y aterrizó el 25 de mayo en Überlingen (Alemania), de donde había partido algo más de un año y medio antes en pos del ultraligero en el que viajaban las personas a las que reconocían como sus progenitoras. Espi salió el 25 del mismo mes y llegó a destino el 13 de septiembre. Habían recorrido unos 2.300 kilómetros.
Allí se reencontraron con sus madres adoptivas, Barbara Steininger y Helena Wehner, vestidas de amarillo como solían hacer cuando los criaron. Los ibis las reconocieron y se acercaron sin problemas a ellas a pesar del tiempo transcurrido. “El reencuentro fue muy emocionante”, describe Fernández. Tras pasar el verano junto con la población centroeuropea, los dos ibis iniciaron el viaje de vuelta a Cádiz el 7 de octubre de 2025 para invernar. Esta vez volaron juntos, pero el 6 de noviembre se toparon con el búho real y ambos murieron depredados.

La especie está catalogada en peligro de extinción y se estima que desapareció de Europa en el siglo XVII. Las pequeñas poblaciones actuales proceden de reintroducciones de ejemplares que sobrevivieron en colecciones privadas y luego en zoológicos. La de Centroeuropa (Alemania y Austria) ronda en la actualidad los 200 ejemplares y la de Cádiz los 300. Esta última es sedentaria porque las condiciones meteorológicas les permiten permanecer todo el año allí.
Los ibis eremita centroeuropeos, en cambio, necesitan migrar y los biólogos les enseñaron a hacerlo hacia la Toscana (Italia), pero el cambio climático ha convertido a los Alpes en una ratonera para ellos. Empiezan a marchar del lago Constanza ―donde pasan el verano― camino de Italia a mediados de octubre en vez de a finales de septiembre como solían hacer porque las temperaturas allí son todavía templadas. Pero a esas alturas del año pueden encontrar unos Alpes nevados, donde quedan atrapados y tienen que ser recogidos. Ese es el motivo de la apertura del nuevo camino hacia Cádiz.
En la actualidad, la principal causa de muerte de la especie son los tendidos eléctricos en los que se electrocutan y la depredación natural, los que llegan del cielo como el búho real o el águila perdicera y los terrestres: zorros, ginetas o meloncillos, entre otros. “En las especies migradoras, además, existe una mortalidad del 50% el primer año, porque es una carrera de obstáculos”, añade Fernández.
También se producen muertes por caza furtiva. Un problema que es mayor en Italia, aunque en España un disparo acabó en noviembre de 2024 con la vida de Hel, un compañero de viaje de Dr. Saurier y Espi,en un coto de caza social de Fregenal de la Sierra, en Extremadura.
A pesar de la decepción de ver cómo estos dos ejemplares murieron, Fernández señala que el hecho de que hayan vuelto “demuestra que aprenden la ruta y la recuerdan”. No han sido los únicos ibis en desplazarse de la bandada que aterrizó en Cádiz en 2023, pero ninguno de los otros ha llegado tan lejos. Jim alcanzó Francia y allí murió electrocutado; otros se han movido hasta Zaragoza o Cuenca, pero terminaron dándose la vuelta. Y este año Thomas y Free llegaron hasta Soria, “pero regresaron y ya los tenemos otra vez en Vejer”.
Pero habrá más intentos, porque desde 2023 se han llevado a cabo dos nuevas migraciones guiadas con ultraligero: una en 2024 de otros 34 ibis, de los que sobreviven 17, y otra en 2025, que no pudo completar el viaje debido al mal tiempo del verano pasado y se quedó en Cataluña. Finalmente, se ha decidido soltarlos allí para formar una nueva población.
Ni Dr. Saurier ni Espi llegaron a reproducirse en Alemania porque todavía no habían alcanzado la madurez sexual. “El gran misterio era qué iban a hacer Dr. Saurier y Espi cuando los ibis de la colonia de Alemania emprendieran la migración hacia Italia”, comenta Fernández. Pero fueron alumnos aplicados y repitieron el camino que se les había enseñado.
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