Los centros de datos son clave para que, cada día, los usuarios podamos realizar búsquedas en internet, enviar correos electrónicos o pasar las horas muertas en Instagram. Sin embargo, también generan un coste ambiental que, con el paso de los años, se irá haciendo más y más grande. Un nuevo informe de la ONU alerta de que, si no se toman cartas en el asunto, para 2030 este tipo de infraestructuras emitirán una cantidad de dióxido de carbono (CO2) similar a Reino Unido y consumirán la misma cantidad de agua potable que 1.300 millones de personas durante un año entero. En buena medida, debido al vertiginoso desarrollo de esa IA generativa que ya ha comenzado a transformar la cotidianidad de empresas y usuarios.«El potencial de la inteligencia artificial es enorme, especialmente en ámbitos como la sanidad, la educación, la investigación científica o la adaptación al cambio climático», reconoce Tshilidzi Marwala, subsecretario general de las Naciones Unidas y coautor del estudio. «Sin embargo, la innovación sin una gestión responsable corre el riesgo de agravar las desigualdades y aumentar la presión sobre un medio ambiente que ya se encuentra sometido a una gran tensión», zanja.En el informe, la ONU destaca que la huella ambiental provocada por la IA ya es enorme. En sus páginas se señala que si todos los centros de datos del mundo conformaran un solo país, serían el undécimo mayor consumidor de electricidad del planeta , con un gasto energético similar al de Francia. Asimismo, se apunta que la IA ya representa el 20% del consumo total de estas infraestructuras. Para 2030 se espera que este porcentaje suba al 40%, suficiente para abastecer de energía durante dos años las residencias de todos los habitantes del África subsahariana.MÁS INFORMACIÓN noticia Si España, en peligro de quedarse fuera de la inversión de 3 billones de las constructoras en centros de datosLas emisiones de dióxido de carbono derivadas del auge de la IA también van en aumento. Solo en 2025, los centros de datos generaron 189 millones de toneladas de CO2. Para compensar dicha huella haría falta plantar 3.200 millones de árboles, tantos como hay en todo Reino Unido. Y la tendencia, efectivamente, apunta al alza: según la ONU, para 2030 las emisiones de estas infraestructuras podrían alcanzar los 400 millones de toneladas, una cantidad similar a la que se genera anualmente en el país británico. También hay un problema con el agua, imprescindible para la refrigeración de los centros de datos, que ya consumen 4,5 billones de litros de forma anual: suficiente para llenar 1,8 millones de piscinas olímpicas. A finales de década se espera que se alcancen los 9,3 billones.La huella que dejas con ChatGPTAtendiendo a estos datos, la ONU destaca la importancia de que la expansión de la inteligencia artificial vaya acompañada de una planificación adecuada en materia energética, hídrica y medioambiental, que debe ser llevada a cabo tanto por las empresas como por los gobiernos. También hace hincapié en el enorme efecto que tiene el uso cotidiano de la IA por parte de compañías y usuarios. Para limpiar las emisiones de los centros de datos habría que plantar tantos árboles como hay en Reino Unido«La huella ambiental de la inteligencia artificial no está escrita de antemano. Depende tanto de la infraestructura y las fuentes de energía que la sustentan como del uso que hacemos de ella», destaca a este respecto Miriam Aczel , investigadora del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWE, por sus siglas en inglés) y autora principal del informe.Para ilustrar la magnitud del problema, el estudio llama la atención sobre el efecto que tiene ya el uso de herramientas como ChatGPT. Según el informe, el chatbot de OpenAI está procesando alrededor de 2.500 millones de consultas diarias, una actividad que requiere una enorme cantidad de energía y recursos. Los autores estiman que el consumo anual de agua solo de esta herramienta sería suficiente para cubrir las necesidades mínimas de agua potable de medio millón de personas durante un año. El problema se agrava si tenemos en cuenta que la máquina de OpenAI ya ni siquiera es claramente la más empleada por los usuarios , que cada vez muestran un mayor interés por otros sistemas, como el Claude de Anthropic o el Gemini de Google. Precisamente, la ONU también llama la atención sobre los efectos de la apuesta de Alphabet, matriz de Google, por llevar la inteligencia artificial generativa a todas su herramientas; desde su buscador hasta el servicio de mensajería GMail. Estas infraestructuras consumen 4,5 billones de litros de agua al año. Para 2030 el gasto alcanzará los 9,3 billones«El consumo aumenta drásticamente cuando se tiene en cuenta la IA integrada en plataformas de uso masivo, como el buscador de Google», se apunta en el informe, en el que se remarca, además, que una búsqueda en internet mejorada por IA requiere diez veces más energía que una consulta convencional. También se señala que «el gasto energético por uso puede variar enormemente en función del tipo de contenido creado por la IA y de la longitud de la respuesta». Esto provoca que «tanto las decisiones de diseño de las plataformas como las elecciones de los usuarios influyan directamente en la huella ambiental». Por eso, se recomienda evitar comentarios superfluo cuando se charle con un chatbot, como dar las gracias o pedir las cosas por favor. Y medir bien el uso que se le da a cada una de las herramientas, sobre todo a aquellas que te permiten crear vídeos en alta definición a partir de palabras, como es el caso del popular Nano Banana , de Google. Según la ONU, la generación de una única grabación provoca un gasto eléctrico superior al que requiere la creación de cientos de imágenes hechas con IA. «En este contexto, el desarrollo y despliegue de modelos de IA más pequeños y especializados aparece como una vía prometedora para reducir el consumo energético sin renunciar a la utilidad de estas tecnologías», dice, en declaraciones recogidas por ‘SMC’, Pablo Haya, director del área de Business & Language Analytics del Instituto de Ingeniería del Conocimiento.El origen de la energíaEl informe recoge una comparativa entre las huellas medioambientales que están dejando los centros de datos en distintos países. «Por ejemplo, Francia, que es uno de los países con un mayor número de centros de datos de Europa, presenta una huella de carbono, agua y uso del suelo por kWh significativamente inferior a la de otros países con una elevada concentración de estas infraestructuras, como Reino Unido, Italia o Alemania», dice Haya. En opinión del experto, «este tipo de comparaciones pone de manifiesto que el impacto ambiental no depende únicamente de la magnitud de la capacidad instalada, sino también de las características del sistema energético que la sustenta».Precisamente, la clave de los buenos resultados de Francia reside en la composición de su sistema eléctrico. El país obtiene buena parte de su electricidad de fuentes nucleares e hidroeléctricas, que generan muchas menos emisiones que los combustibles fósiles. Hay un gran contraste con estados como Indonesia, cuya red eléctrica depende en torno a un 90% de fuentes fósiles. Esto hace que sus centros de datos presenten una de las huellas de carbono más grandes a nivel global. Los centros de datos son clave para que, cada día, los usuarios podamos realizar búsquedas en internet, enviar correos electrónicos o pasar las horas muertas en Instagram. Sin embargo, también generan un coste ambiental que, con el paso de los años, se irá haciendo más y más grande. Un nuevo informe de la ONU alerta de que, si no se toman cartas en el asunto, para 2030 este tipo de infraestructuras emitirán una cantidad de dióxido de carbono (CO2) similar a Reino Unido y consumirán la misma cantidad de agua potable que 1.300 millones de personas durante un año entero. En buena medida, debido al vertiginoso desarrollo de esa IA generativa que ya ha comenzado a transformar la cotidianidad de empresas y usuarios.«El potencial de la inteligencia artificial es enorme, especialmente en ámbitos como la sanidad, la educación, la investigación científica o la adaptación al cambio climático», reconoce Tshilidzi Marwala, subsecretario general de las Naciones Unidas y coautor del estudio. «Sin embargo, la innovación sin una gestión responsable corre el riesgo de agravar las desigualdades y aumentar la presión sobre un medio ambiente que ya se encuentra sometido a una gran tensión», zanja.En el informe, la ONU destaca que la huella ambiental provocada por la IA ya es enorme. En sus páginas se señala que si todos los centros de datos del mundo conformaran un solo país, serían el undécimo mayor consumidor de electricidad del planeta , con un gasto energético similar al de Francia. Asimismo, se apunta que la IA ya representa el 20% del consumo total de estas infraestructuras. Para 2030 se espera que este porcentaje suba al 40%, suficiente para abastecer de energía durante dos años las residencias de todos los habitantes del África subsahariana.MÁS INFORMACIÓN noticia Si España, en peligro de quedarse fuera de la inversión de 3 billones de las constructoras en centros de datosLas emisiones de dióxido de carbono derivadas del auge de la IA también van en aumento. Solo en 2025, los centros de datos generaron 189 millones de toneladas de CO2. Para compensar dicha huella haría falta plantar 3.200 millones de árboles, tantos como hay en todo Reino Unido. Y la tendencia, efectivamente, apunta al alza: según la ONU, para 2030 las emisiones de estas infraestructuras podrían alcanzar los 400 millones de toneladas, una cantidad similar a la que se genera anualmente en el país británico. También hay un problema con el agua, imprescindible para la refrigeración de los centros de datos, que ya consumen 4,5 billones de litros de forma anual: suficiente para llenar 1,8 millones de piscinas olímpicas. A finales de década se espera que se alcancen los 9,3 billones.La huella que dejas con ChatGPTAtendiendo a estos datos, la ONU destaca la importancia de que la expansión de la inteligencia artificial vaya acompañada de una planificación adecuada en materia energética, hídrica y medioambiental, que debe ser llevada a cabo tanto por las empresas como por los gobiernos. También hace hincapié en el enorme efecto que tiene el uso cotidiano de la IA por parte de compañías y usuarios. Para limpiar las emisiones de los centros de datos habría que plantar tantos árboles como hay en Reino Unido«La huella ambiental de la inteligencia artificial no está escrita de antemano. Depende tanto de la infraestructura y las fuentes de energía que la sustentan como del uso que hacemos de ella», destaca a este respecto Miriam Aczel , investigadora del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWE, por sus siglas en inglés) y autora principal del informe.Para ilustrar la magnitud del problema, el estudio llama la atención sobre el efecto que tiene ya el uso de herramientas como ChatGPT. Según el informe, el chatbot de OpenAI está procesando alrededor de 2.500 millones de consultas diarias, una actividad que requiere una enorme cantidad de energía y recursos. Los autores estiman que el consumo anual de agua solo de esta herramienta sería suficiente para cubrir las necesidades mínimas de agua potable de medio millón de personas durante un año. El problema se agrava si tenemos en cuenta que la máquina de OpenAI ya ni siquiera es claramente la más empleada por los usuarios , que cada vez muestran un mayor interés por otros sistemas, como el Claude de Anthropic o el Gemini de Google. Precisamente, la ONU también llama la atención sobre los efectos de la apuesta de Alphabet, matriz de Google, por llevar la inteligencia artificial generativa a todas su herramientas; desde su buscador hasta el servicio de mensajería GMail. Estas infraestructuras consumen 4,5 billones de litros de agua al año. Para 2030 el gasto alcanzará los 9,3 billones«El consumo aumenta drásticamente cuando se tiene en cuenta la IA integrada en plataformas de uso masivo, como el buscador de Google», se apunta en el informe, en el que se remarca, además, que una búsqueda en internet mejorada por IA requiere diez veces más energía que una consulta convencional. También se señala que «el gasto energético por uso puede variar enormemente en función del tipo de contenido creado por la IA y de la longitud de la respuesta». Esto provoca que «tanto las decisiones de diseño de las plataformas como las elecciones de los usuarios influyan directamente en la huella ambiental». Por eso, se recomienda evitar comentarios superfluo cuando se charle con un chatbot, como dar las gracias o pedir las cosas por favor. Y medir bien el uso que se le da a cada una de las herramientas, sobre todo a aquellas que te permiten crear vídeos en alta definición a partir de palabras, como es el caso del popular Nano Banana , de Google. Según la ONU, la generación de una única grabación provoca un gasto eléctrico superior al que requiere la creación de cientos de imágenes hechas con IA. «En este contexto, el desarrollo y despliegue de modelos de IA más pequeños y especializados aparece como una vía prometedora para reducir el consumo energético sin renunciar a la utilidad de estas tecnologías», dice, en declaraciones recogidas por ‘SMC’, Pablo Haya, director del área de Business & Language Analytics del Instituto de Ingeniería del Conocimiento.El origen de la energíaEl informe recoge una comparativa entre las huellas medioambientales que están dejando los centros de datos en distintos países. «Por ejemplo, Francia, que es uno de los países con un mayor número de centros de datos de Europa, presenta una huella de carbono, agua y uso del suelo por kWh significativamente inferior a la de otros países con una elevada concentración de estas infraestructuras, como Reino Unido, Italia o Alemania», dice Haya. En opinión del experto, «este tipo de comparaciones pone de manifiesto que el impacto ambiental no depende únicamente de la magnitud de la capacidad instalada, sino también de las características del sistema energético que la sustenta».Precisamente, la clave de los buenos resultados de Francia reside en la composición de su sistema eléctrico. El país obtiene buena parte de su electricidad de fuentes nucleares e hidroeléctricas, que generan muchas menos emisiones que los combustibles fósiles. Hay un gran contraste con estados como Indonesia, cuya red eléctrica depende en torno a un 90% de fuentes fósiles. Esto hace que sus centros de datos presenten una de las huellas de carbono más grandes a nivel global.
Los centros de datos son clave para que, cada día, los usuarios podamos realizar búsquedas en internet, enviar correos electrónicos o pasar las horas muertas en Instagram. Sin embargo, también están generando un coste ambiental que, con el paso de los años, se irá haciendo … más y más grande. Un nuevo informe de la ONU alerta de que, si no se toman cartas en el asunto, para 2030 este tipo de infraestructuras emitirán una cantidad de dióxido de carbono (CO2) similar a Reino Unido y consumirán la misma cantidad de agua potable que necesitan 1.300 millones de personas durante un año entero. En buena medida, debido al desarrollo de esa IA generativa que ya ha comenzado a transformar la cotidianidad de empresas y usuarios.
«El potencial de la inteligencia artificial es enorme, especialmente en ámbitos como la sanidad, la educación, la investigación científica o la adaptación al cambio climático», reconoce Tshilidzi Marwala, subsecretario general de las Naciones Unidas y coautor del estudio. «Sin embargo, la innovación sin una gestión responsable corre el riesgo de agravar las desigualdades y aumentar la presión sobre un medio ambiente que ya se encuentra sometido a una gran tensión», zanja.
En el informe, la ONU destaca que la huella ambiental provocada por la inteligencia artificial ya es enorme. En sus páginas se señala que si todos los centros de datos del mundo conformaran un solo país, serían el undécimo mayor consumidor de electricidad del planeta, con un gasto energético similar al de Francia. Asimismo, se apunta que la IA ya representa el 20% del consumo total de estas infraestructuras. Para 2030 se espera que este porcentaje suba al 40%, suficiente para abastecer de energía durante dos años las residencias de todos los habitantes del África subsahariana.
Las emisiones de dióxido de carbono derivadas del auge de la IA también van en aumento. Solo en 2025, los centros de datos generaron 189 millones de toneladas de CO2. Para compensar dicha huella haría falta plantar 3.200 millones de árboles, tantos como hay en todo Reino Unido. Y la tendencia, efectivamente, apunta al alza: según la ONU, para 2030 las emisiones de estas infraestructuras podrían alcanzar los 400 millones de toneladas, una cantidad similar a la que se genera anualmente en el país británico. También hay un problema con el agua, imprescindible para la refrigeración de los centros de datos, que ya consumen 4,5 billones de litros de forma anual: suficiente para llenar 1,8 millones de piscinas olímpicas. A finales de década se espera que se alcancen los 9,3 billones.
La huella que dejas con ChatGPT
Atendiendo a estos datos, la ONU destaca la importancia de que la expansión de la inteligencia artificial vaya acompañada de una planificación adecuada en materia energética, hídrica y medioambiental, que debe ser llevada a cabo tanto por las empresas como por los gobiernos. También hace hincapié en el enorme efecto que tiene el uso cotidiano de la IA por parte de compañías y usuarios.
Para limpiar las emisiones de los centros de datos habría que plantar tantos árboles como hay en Reino Unido
«La huella ambiental de la inteligencia artificial no está escrita de antemano. Depende tanto de la infraestructura y las fuentes de energía que la sustentan como del uso que hacemos de ella», destaca a este respecto Miriam Aczel , investigadora del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWE, por sus siglas en inglés) y autora principal del informe.
Para ilustrar la magnitud del problema, el estudio llama la atención sobre el efecto que tiene ya el uso de herramientas como ChatGPT. Según el informe, el chatbot de OpenAI está procesando alrededor de 2.500 millones de consultas diarias, una actividad que requiere una enorme cantidad de energía y recursos. Los autores estiman que el consumo anual de agua solo de esta herramienta sería suficiente para cubrir las necesidades mínimas de agua potable de medio millón de personas durante un año.
El problema se agrava si tenemos en cuenta que la máquina de OpenAI ya ni siquiera es claramente la más empleada por los usuarios, que cada vez muestran un mayor interés por otros sistemas, como el Claude de Anthropic o el Gemini de Google. Precisamente, la ONU también llama la atención sobre los efectos de la apuesta de Alphabet, matriz de Google, por llevar la inteligencia artificial generativa a todas su herramientas; desde su buscador hasta el servicio de mensajería GMail.
Estas infraestructuras consumen 4,5 billones de litros de agua al año. Para 2030 el gasto alcanzará los 9,3 billones
«El consumo aumenta drásticamente cuando se tiene en cuenta la IA integrada en plataformas de uso masivo, como el buscador de Google», se apunta en el informe, en el que se remarca, además, que una búsqueda en internet mejorada por IA requiere diez veces más energía que una consulta convencional. También se señala que «el gasto energético por uso puede variar enormemente en función del tipo de contenido creado por la IA y de la longitud de la respuesta». Esto provoca que «tanto las decisiones de diseño de las plataformas como las elecciones de los usuarios influyan directamente en la huella ambiental».
Por eso, se recomienda evitar comentarios superfluo cuando se charle con un chatbot, como dar las gracias o pedir las cosas por favor. Y medir bien el uso que se le da a cada una de las herramientas, sobre todo a aquellas que te permiten crear vídeos en alta definición a partir de palabras, como es el caso del popular Nano Banana, de Google. Según la ONU, la generación de una única grabación provoca un gasto eléctrico superior al que requiere la creación de cientos de imágenes hechas con IA.
«En este contexto, el desarrollo y despliegue de modelos de IA más pequeños y especializados aparece como una vía prometedora para reducir el consumo energético sin renunciar a la utilidad de estas tecnologías», dice, en declaraciones recogidas por ‘SMC’, Pablo Haya, director del área de Business & Language Analytics del Instituto de Ingeniería del Conocimiento.
El origen de la energía
El informe recoge una comparativa entre las huellas medioambientales que están dejando los centros de datos en distintos países. «Por ejemplo, Francia, que es uno de los países con un mayor número de centros de datos de Europa, presenta una huella de carbono, agua y uso del suelo por kWh significativamente inferior a la de otros países con una elevada concentración de estas infraestructuras, como Reino Unido, Italia o Alemania», dice Haya. En opinión del experto, «este tipo de comparaciones pone de manifiesto que el impacto ambiental no depende únicamente de la magnitud de la capacidad instalada, sino también de las características del sistema energético que la sustenta».
Precisamente, la clave de los buenos resultados de Francia reside en la composición de su sistema eléctrico. El país obtiene buena parte de su electricidad de fuentes nucleares e hidroeléctricas, que generan muchas menos emisiones que los combustibles fósiles. Hay un gran contraste con estados como Indonesia, cuya red eléctrica depende en torno a un 90% de fuentes fósiles. Esto hace que sus centros de datos presenten una de las huellas de carbono más grandes a nivel global.
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