Un estudio revela que las princesas del antiguo Egipto entrenaban con arcos y participaban en actividades físicas intensas

Las princesas del antiguo Egipto (hace unos 4.000 millones de años) eran unas arqueras muy experimentadas y participaban en actividades físicas muy intensas a pesar de su estatus, según ha comprobado un equipo internacional de investigadores.

Mediante el análisis de restos óseos hallados en Dahshur, los investigadores han conseguido describir un desarrollo muscular notable y fracturas curadas que confirman el uso frecuente de armas reales, como arcos y dagas, lo que demuestra que los objetos militares encontrados en sus tumbas no eran simples adornos simbólicos, sino herramientas prácticas utilizadas en la caza o el entrenamiento.

En el trabajo han participado investigadores del Departamento de Arqueología de la Universidad de Beni-Suef (Egipto) y del Instituto de Bioarqueología de Londres, y los resultados se han publicado hoy en la revista Frontiers in Environmental Archaeology.

Pese a su elevado estatus social, estas mujeres sufrieron lesiones y enfrentaron desafíos físicos que reflejan un estilo de vida sumamente dinámico, según destacan los investigadores. Con este estudio, además, pretenden «humanizar» a estas figuras históricas reconstruyendo sus vidas más allá de los tesoros y las joyas con las que fueron enterradas.

El trabajo surge de la reevaluación de seis momias reales halladas originalmente en el complejo funerario de Dahshur en la década de 1890, pero que fueron redescubiertas en el Museo Egipcio en el año 2020.

La investigación se centró en los restos de cuatro hermanas, hijas del faraón Amenemhat II (las princesas Ita, Khenmet, Itaweret y una mujer provisionalmente identificada como Sathathormeryt), y otros dos miembros de la realeza: la princesa Noub-Hotep y el rey Hor.

A pesar de que los cráneos de las princesas se extraviaron a principios del siglo XX, el buen estado de conservación de los huesos restantes permitió a los científicos deducir información crucial sobre su edad, sexo, estatura y estado de salud en el momento de morir.

El hallazgo más destacado de la investigación es el notable desarrollo óseo y muscular en las extremidades superiores de las princesas, lo que evidencia acciones repetitivas de alta intensidad, como estabilizar un arma o tensar fuertemente la cuerda de un arco.

El análisis de los esqueletos también permitió conocer mejor los riesgos de su estilo de vida y su estado de salud. Los investigadores identificaron lesiones graves compatibles con una actividad física intensa, probablemente provocadas por accidentes, golpes o caídas durante la caza o el entrenamiento militar. Sin embargo, las fracturas cicatrizaron correctamente, lo que apunta a que la familia real disponía de una atención médica muy avanzada para la época.

Además, se detectaron signos de infecciones, posibles deficiencias nutricionales y anomalías vertebrales poco frecuentes que apuntan a la estrecha consanguinidad dentro de la familia real. El equipo prevé profundizar en futuras investigaciones para conocer mejor el origen de estas alteraciones.

 El análisis de varias momias reales revela que los arcos y dagas hallados en sus tumbas no eran objetos simbólicos, sino herramientas de uso habitual.  

Las princesas del antiguo Egipto (hace unos 4.000 millones de años) eran unas arqueras muy experimentadas y participaban en actividades físicas muy intensas a pesar de su estatus, según ha comprobado un equipo internacional de investigadores.

Mediante el análisis de restos óseos hallados en Dahshur, los investigadores han conseguido describir un desarrollo muscular notable y fracturas curadas que confirman el uso frecuente de armas reales, como arcos y dagas, lo que demuestra que los objetos militares encontrados en sus tumbas no eran simples adornos simbólicos, sino herramientas prácticas utilizadas en la caza o el entrenamiento.

En el trabajo han participado investigadores del Departamento de Arqueología de la Universidad de Beni-Suef (Egipto) y del Instituto de Bioarqueología de Londres, y los resultados se han publicado hoy en la revista Frontiers in Environmental Archaeology.

Pese a su elevado estatus social, estas mujeres sufrieron lesiones y enfrentaron desafíos físicos que reflejan un estilo de vida sumamente dinámico, según destacan los investigadores. Con este estudio, además, pretenden «humanizar» a estas figuras históricas reconstruyendo sus vidas más allá de los tesoros y las joyas con las que fueron enterradas.

El trabajo surge de la reevaluación de seis momias reales halladas originalmente en el complejo funerario de Dahshur en la década de 1890, pero que fueron redescubiertas en el Museo Egipcio en el año 2020.

La investigación se centró en los restos de cuatro hermanas, hijas del faraón Amenemhat II (las princesas Ita, Khenmet, Itaweret y una mujer provisionalmente identificada como Sathathormeryt), y otros dos miembros de la realeza: la princesa Noub-Hotep y el rey Hor.

A pesar de que los cráneos de las princesas se extraviaron a principios del siglo XX, el buen estado de conservación de los huesos restantes permitió a los científicos deducir información crucial sobre su edad, sexo, estatura y estado de salud en el momento de morir.

El hallazgo más destacado de la investigación es el notable desarrollo óseo y muscular en las extremidades superiores de las princesas, lo que evidencia acciones repetitivas de alta intensidad, como estabilizar un arma o tensar fuertemente la cuerda de un arco.

El análisis de los esqueletos también permitió conocer mejor los riesgos de su estilo de vida y su estado de salud. Los investigadores identificaron lesiones graves compatibles con una actividad física intensa, probablemente provocadas por accidentes, golpes o caídas durante la caza o el entrenamiento militar. Sin embargo, las fracturas cicatrizaron correctamente, lo que apunta a que la familia real disponía de una atención médica muy avanzada para la época.

Además, se detectaron signos de infecciones, posibles deficiencias nutricionales y anomalías vertebrales poco frecuentes que apuntan a la estrecha consanguinidad dentro de la familia real. El equipo prevé profundizar en futuras investigaciones para conocer mejor el origen de estas alteraciones.

 20MINUTOS.ES – Ciencia 

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