El coyote se ha cansado de estar detrás del correcaminos durante tanto tiempo usando artilugios que solamente le provocan dolor, desgracia y ruina. Su frustración ha llegado a un punto culmen en el que ha decidido denunciar a la empresa ACME por tanto dinero malgastado en artefactos que no le han servido para absolutamente nada. Ese ave azulada y pilla que se burla continuamente de él con su característico beep-beep le ha hartado del todo y tiene sus consecuencias.
Coyote vs. ACME es la película que muchos queríamos desde pequeños por el simple sentimiento de resarcir las ansias que tiene el coyote de cazar de una vez al correcaminos. Ya que al menos no lo consigue, que pueda obtener el dinero de vuelta o una compensación por todas las pifias cometidas durante tantos años… y que no son su culpa.
Aunque la vida real dista mucho de lo que nos muestran los dibujos animados, la verdadera pregunta que nos tenemos que hacer es: ¿el coyote alcanzaría al correcaminos?
El origen del mítico ‘beep-beep’
Wile E. Coyote y Road Runner fueron creados por Warner Bros y aparecieron por primera vez en 1949 en el cortometraje Fast and Furry-ous, dirigido por Chuck Jones y escrito por Michael Maltese. Desde su debut, la dinámica entre el depredador obsesivo con la peor de las suertes en el mundo y el ave pícara de huída sempiterna se convirtió en una de las fórmulas más brillantes de la historia de la animación que muchas generaciones recuerdan con un gran cariño.
La idea de la serie es clara: crear una persecución eterna basada casi exclusivamente en el lenguaje visual. Bombas que no explotan o, si lo hacen, lo hacen mal y en detrimento del coyote, artefactos como botas con propulsores que impulsan de aquella manera o juegos de pintura y perspectiva con túneles que existen pero luego igual no.
El Correcaminos apenas emitía su famoso ¡beep-beep!, mientras el Coyote actuaba como un científico frustrado, siempre convencido de que el siguiente invento de la empresa ficticia ACME por fin le daría la victoria. Sin diálogo y con gran expresividad visual, la narrativa de esta pareja permitió que los cortos funcionaran en cualquier idioma y para cualquier edad.
Jones estableció reglas estrictas: el Coyote nunca podía atrapar realmente al Correcaminos, el ave jamás dañaría al Coyote de forma intencionada y todos los fracasos provenían de la arrogancia o mala suerte del perseguidor. Tres pautas de éxito que convirtieron cada episodio en una especie de experimento cómico donde el público esperaba descubrir no si el plan funcionaría, sino cómo explotaría en la cara del coyote. Una crónica de muerte anunciada, pero sin muerte y mucha desgracia graciosa.
Hay por internet rumores que afirman que el Coyote, en cierto momento de la historia de la animación, logró capturar al correcaminos. Seguramente habré visto ese clip, pero no sé si es real o no. Aunque en la animación de esta obra de Warner Bros la ciencia no se respete, y por eso damos gracias, es imperativo realizarse la pregunta: ¿un coyote en la vida real podría capturar un correcaminos?
Los dibujos animados en la vida real
La persecución entre el Coyote y el Correcaminos es sinónimo de un fracaso inevitable para el depredador. Sin embargo, al trasladar este escenario del desierto de las caricaturas al mundo natural, el panorama cambia drásticamente.
El coyote (Canis latrans) es un cánido extremadamente ágil y adaptable, y la evolución le ha brindado cualidades para la caza en llanuras y matorrales. Físicamente, los machos adultos pueden alcanzar un peso de hasta 20 kilos, mientras que las hembras rondan los 18, una diferencia que influye levemente en su capacidad de aceleración. Este animal destaca por ser un corredor de élite pudiendo mantener un trote cómodo de entre 40 y 50 km/h, pero es capaz de lanzar sprints explosivos cuando detecta una presa, el equivalente al ser humano con una terraza libre de un bar en una tarde de verano.
Por su parte, el correcaminos grande (Geococcyx californianus) es un ave terrestre emblemática del suroeste de Estados Unidos y el norte de México. A diferencia de la mayoría de las aves, curiosamente y como se refleja en los dibujos animados, prefiere desplazarse por el suelo, donde alcanza velocidades típicas de entre 30 y 32 km/h. A las malas y en situaciones críticas, puede registrar picos de hasta 42 km/h, que sigue siendo una velocidad considerablemente inferior a la de su perseguidor.
Se acabó el ‘beep-beep’
Aunque se vea claramente que la velocidad del coyote es mayor que la del correcaminos vamos a suponer un modelo en el que ambos se aceleran con sus velocidades para ver hasta qué punto el segundo podría estar a salvo.
Si aplicamos un modelo de velocidad constante, un coyote corriendo a 60 km/h frente a un correcaminos que huye a 30 km/h le capturaría fácilmente. Por ejemplo, si el ave comenzara la huida con una ventaja de 100 metros, el coyote la alcanzaría en apenas 12 segundos. Incluso en un escenario de larga distancia, como un kilómetro de separación inicial, el tiempo de captura sería de aproximadamente de 120 segundos, unos 2 minutos.
Si introducimos variables más realistas, como la aceleración inicial y los tiempos de reacción del depredador (estimados entre 1 y 2 segundos), los tiempos de captura aumentan ligeramente, pero el resultado final no cambia en la mayoría de las situaciones. El coyote posee una velocidad punta significativamente superior, con registros documentados por agencias de fauna y estudios de campo que sitúan su máximo entre los 56 y 69 km/h. En cambio, el techo máximo del correcaminos, incluso en condiciones extraordinarias, difícilmente supera los 42 km/h.
Los Looney Tunes son maravillosos y poco realistas, y ese es el motivo de que sean tan divertidos, mientras que la realidad… no tanto. El Coyote fracasa debido a los defectuosos artilugios de la Corporación ACME y la inverosímil velocidad de su presa, pero en la naturaleza su ventaja física es abrumadora.
Un coyote sano, en un terreno despejado que le permita desplegar su potencia, alcanzaría a un correcaminos en cuestión de segundos o, a lo sumo, un par de minutos. La supervivencia del ave en la vida real depende más de su agilidad para maniobrar entre la vegetación densa o de su capacidad para realizar vuelos cortos de escape más que de una carrera de velocidad pura contra uno de los depredadores más eficaces del desierto.
La eterna duda de infancia sobre si el coyote podría alcanzar al correcaminos en la vida real queda resulta y el artículo finalizado. Y no hay mejor manera de despedirlo que con un «esto es to- esto es to- esto es todo, amigos».
El tozudo coyote sí puede alcanzar al esquivo correcaminos, al menos en la vida real.
El coyote se ha cansado de estar detrás del correcaminos durante tanto tiempo usando artilugios que solamente le provocan dolor, desgracia y ruina. Su frustración ha llegado a un punto culmen en el que ha decidido denunciar a la empresa ACME por tanto dinero malgastado en artefactos que no le han servido para absolutamente nada. Ese ave azulada y pilla que se burla continuamente de él con su característico beep-beep le ha hartado del todo y tiene sus consecuencias.
Coyote vs. ACME es la película que muchos queríamos desde pequeños por el simple sentimiento de resarcir las ansias que tiene el coyote de cazar de una vez al correcaminos. Ya que al menos no lo consigue, que pueda obtener el dinero de vuelta o una compensación por todas las pifias cometidas durante tantos años… y que no son su culpa.
Aunque la vida real dista mucho de lo que nos muestran los dibujos animados, la verdadera pregunta que nos tenemos que hacer es: ¿el coyote alcanzaría al correcaminos?

El origen del mítico ‘beep-beep’
Wile E. Coyote y Road Runner fueron creados por Warner Bros y aparecieron por primera vez en 1949 en el cortometraje Fast and Furry-ous, dirigido por Chuck Jones y escrito por Michael Maltese. Desde su debut, la dinámica entre el depredador obsesivo con la peor de las suertes en el mundo y el ave pícara de huída sempiterna se convirtió en una de las fórmulas más brillantes de la historia de la animación que muchas generaciones recuerdan con un gran cariño.
La idea de la serie es clara: crear una persecución eterna basada casi exclusivamente en el lenguaje visual. Bombas que no explotan o, si lo hacen, lo hacen mal y en detrimento del coyote, artefactos como botas con propulsores que impulsan de aquella manera o juegos de pintura y perspectiva con túneles que existen pero luego igual no.
El Correcaminos apenas emitía su famoso ¡beep-beep!, mientras el Coyote actuaba como un científico frustrado, siempre convencido de que el siguiente invento de la empresa ficticia ACME por fin le daría la victoria. Sin diálogo y con gran expresividad visual, la narrativa de esta pareja permitió que los cortos funcionaran en cualquier idioma y para cualquier edad.

Jones estableció reglas estrictas: el Coyote nunca podía atrapar realmente al Correcaminos, el ave jamás dañaría al Coyote de forma intencionada y todos los fracasos provenían de la arrogancia o mala suerte del perseguidor. Tres pautas de éxito que convirtieron cada episodio en una especie de experimento cómico donde el público esperaba descubrir no si el plan funcionaría, sino cómo explotaría en la cara del coyote. Una crónica de muerte anunciada, pero sin muerte y mucha desgracia graciosa.
Hay por internet rumores que afirman que el Coyote, en cierto momento de la historia de la animación, logró capturar al correcaminos. Seguramente habré visto ese clip, pero no sé si es real o no. Aunque en la animación de esta obra de Warner Bros la ciencia no se respete, y por eso damos gracias, es imperativo realizarse la pregunta: ¿un coyote en la vida real podría capturar un correcaminos?
Los dibujos animados en la vida real
La persecución entre el Coyote y el Correcaminos es sinónimo de un fracaso inevitable para el depredador. Sin embargo, al trasladar este escenario del desierto de las caricaturas al mundo natural, el panorama cambia drásticamente.
El coyote (Canis latrans) es un cánido extremadamente ágil y adaptable, y la evolución le ha brindado cualidades para la caza en llanuras y matorrales. Físicamente, los machos adultos pueden alcanzar un peso de hasta 20 kilos, mientras que las hembras rondan los 18, una diferencia que influye levemente en su capacidad de aceleración. Este animal destaca por ser un corredor de élite pudiendo mantener un trote cómodo de entre 40 y 50 km/h, pero es capaz de lanzar sprints explosivos cuando detecta una presa, el equivalente al ser humano con una terraza libre de un bar en una tarde de verano.

Por su parte, el correcaminos grande (Geococcyx californianus) es un ave terrestre emblemática del suroeste de Estados Unidos y el norte de México. A diferencia de la mayoría de las aves, curiosamente y como se refleja en los dibujos animados, prefiere desplazarse por el suelo, donde alcanza velocidades típicas de entre 30 y 32 km/h. A las malas y en situaciones críticas, puede registrar picos de hasta 42 km/h, que sigue siendo una velocidad considerablemente inferior a la de su perseguidor.

Se acabó el ‘beep-beep’
Aunque se vea claramente que la velocidad del coyote es mayor que la del correcaminos vamos a suponer un modelo en el que ambos se aceleran con sus velocidades para ver hasta qué punto el segundo podría estar a salvo.
Si aplicamos un modelo de velocidad constante, un coyote corriendo a 60 km/h frente a un correcaminos que huye a 30 km/h le capturaría fácilmente. Por ejemplo, si el ave comenzara la huida con una ventaja de 100 metros, el coyote la alcanzaría en apenas 12 segundos. Incluso en un escenario de larga distancia, como un kilómetro de separación inicial, el tiempo de captura sería de aproximadamente de 120 segundos, unos 2 minutos.
Si introducimos variables más realistas, como la aceleración inicial y los tiempos de reacción del depredador (estimados entre 1 y 2 segundos), los tiempos de captura aumentan ligeramente, pero el resultado final no cambia en la mayoría de las situaciones. El coyote posee una velocidad punta significativamente superior, con registros documentados por agencias de fauna y estudios de campo que sitúan su máximo entre los 56 y 69 km/h. En cambio, el techo máximo del correcaminos, incluso en condiciones extraordinarias, difícilmente supera los 42 km/h.
Los Looney Tunes son maravillosos y poco realistas, y ese es el motivo de que sean tan divertidos, mientras que la realidad… no tanto. El Coyote fracasa debido a los defectuosos artilugios de la Corporación ACME y la inverosímil velocidad de su presa, pero en la naturaleza su ventaja física es abrumadora.
Un coyote sano, en un terreno despejado que le permita desplegar su potencia, alcanzaría a un correcaminos en cuestión de segundos o, a lo sumo, un par de minutos. La supervivencia del ave en la vida real depende más de su agilidad para maniobrar entre la vegetación densa o de su capacidad para realizar vuelos cortos de escape más que de una carrera de velocidad pura contra uno de los depredadores más eficaces del desierto.
La eterna duda de infancia sobre si el coyote podría alcanzar al correcaminos en la vida real queda resulta y el artículo finalizado. Y no hay mejor manera de despedirlo que con un «esto es to- esto es to- esto es todo, amigos».
20MINUTOS.ES – Ciencia
