En muy poco tiempo, las ocho semanas que llevamos de curso, redes sociales como TikTok e Instagram se han llenado de curis. Unos dibujos humorísticos, en algunos casos mordaces y en otros ofensivos hasta cruzar el límite del acoso con los que los alumnos, en cuentas anónimas y utilizando aplicaciones digitales de diseño, retratan a sus profesores, compañeros, y estampas típicas de sus centros educativos. “Tenemos en casi todos los institutos. Si te metes en estas redes y pones curis y el nombre del centro es fácil que te salga por lo menos una cuenta”, comenta José María Fernández Díaz, director de un instituto público en Mejorada del Campo (Madrid). Para dificultar la detección de los perfiles, los autores escriben a veces el nombre del centro al revés (Altabir en vez de Ribalta, por ejemplo), ponen el del municipio, o usan siglas, acompañándolo normalmente del emblema escolar.
El uso de caricaturas anónimas de profesores y alumnos, difundidas y amplificadas por redes sociales, se extiende con rapidez por los institutos
En muy poco tiempo, las ocho semanas que llevamos de curso, redes sociales como TikTok e Instagram se han llenado de curis. Unos dibujos humorísticos, en algunos casos mordaces y en otros ofensivos hasta cruzar el límite del acoso con los que los alumnos, en cuentas anónimas y utilizando aplicaciones digitales de diseño, retratan a sus profesores, compañeros, y estampas típicas de sus centros educativos. “Tenemos en casi todos los institutos. Si te metes en estas redes y pones curis y el nombre del centro es fácil que te salga por lo menos una cuenta”, comenta José María Fernández Díaz, director de un instituto público en Mejorada del Campo (Madrid). Para dificultar la detección de los perfiles, los autores escriben a veces el nombre del centro al revés (Altabir en vez de Ribalta, por ejemplo), ponen el del municipio, o usan siglas, acompañándolo normalmente del emblema escolar.
El fenómeno, que ha saltado al ámbito escolar desde otras redes, como Facebook, y comunidades gamers (usuarios de videojuegos), genera alarma entre los docentes y los expertos en acoso, e incluso la policía ha emitido mensajes de advertencia a la vista de algunos contenidos. Aunque buena parte de los curis usan un humor blanco o incluso infantil ―por ejemplo, el retrato de un chaval en un aula con gesto de celebrar un gol con el rótulo: Cuando sacas 5 en un examen que pensabas que ibas a desaprobar (sic)―, otros contienen burlas hirientes, machistas o xenófobas, como algunos de los que ilustran este reportaje.

Hay directores, como Toni Solano, en Castellón, que admiten que muchos curis reflejan, caricaturizados, comportamientos que efectivamente se ven en los centros y son más o menos conocidos por todos. Como el docente que anuncia a la clase que va a hacer fotocopias y en realidad sale a fumarse un pitillo, o el profesor de Educación Física inflexible que obliga a los alumnos a correr vueltas al campo aunque acaben de salir de una lesión.
Pero incluso en los casos en que el mensaje de los curis no supera cierto umbral, generan incomodidad y pueden resultar problemáticos, apunta Raquel Morillo, directora de otro instituto público de la misma ciudad: “Es verdad que hay un debate. Todos hemos sido alumnos y hemos usado un mote para un profesor. Siempre ha existido la sátira y la sorna que, utilizadas de manera saludable, son necesarias también. Lo que sucede aquí es que se puede pasar fácilmente a una ofensa más directa, y que al anonimato se le suma la exposición descontrolada que pueden generar las redes”.
En cuanto los profesores del instituto de Morillo detectaron la cuenta de curis del centro, la directora lo denunció a la policía. Pero le dijeron que no había mucho que pudieran hacer, porque los contenidos no llegaban a ser constitutivos de delitos de odio, injurias o calumnias. Una situación que se repite en institutos de toda España. Las fuerzas de seguridad no actúan ―salvo si el mensaje del curi es grave―, y los centros educativos, cuyas normas internas les permitirían forzar el cierre de las cuentas mediante expedientes disciplinarios basándose en que resultan “perjudiciales para la convivencia del centro”, en palabras de Morillo, chocan con el anonimato de las cuentas.

Eso no quiere decir que los profesores no intenten y con cierta frecuencia consigan descubrir a los autores y obligarles a cerrar los perfiles. “A través de Instagram o TikTok no podemos averiguarlo. Pero las publicaciones tienen comentarios, que no suelen ser anónimos. Y si ves que uno es de Luis García, de 3º B, lo coges y le dices: ‘Me tienes que decir de quién es esa cuenta’. Y no siempre, pero tirando del hilo normalmente lo sacas, porque al final son chavales”, dice José María Fernández Díaz, vicepresidente de Adimad, la asociación de directores de secundaria de Madrid.
En la corta historia de los curis ha dado tiempo, de hecho, a que aparezca un subgénero dedicado a retratar con tintes heroicos el riesgo a ser descubiertos que corren los autores de los dibujos, y, con trazos denigratorios, a los estudiantes que los delatan ante las autoridades escolares.

La otra forma en que los centros educativos están abordando la explosión de los curis es la concienciación. Joan Satorra, responsable de un centro en Tarragona, ha apostado por pedir a los tutores que realicen charlas de sensibilización con los alumnos y también piensa hablar con las familias. “Tenemos 1.200 estudiantes y no lo podemos controlar todo. Pedimos responsabilidad, ya que el móvil es un instrumento que los padres han dado a sus hijos y deben controlar el uso que hacen de él. Nosotros no somos el CSI y esto es algo que acaba afectando a personas. Nos conviene a todos una actitud más contundente y reflexiva sobre el uso de la tecnología”, añade Satorra, que preside la asociación catalana de directores Axia.
La jefa de la Unidad de Proximidad y Atención al Ciudadano de los Mossos d’Esquadra, Ana Hernández, advierte de que el anonimato del emisor hace que los curis puedan deslizarse hacia situaciones de acoso escolar: “El autor piensa que ello le da impunidad y además suele ser un compañero de clase, así que esos conflictos después se extrapolan al centro o a la calle”. “Se trata de un fenómeno de convivencia digital que normalmente hace aflorar problemas que ya existen en el centro, y tenemos que avanzar haciendo mucha prevención”, afirma la caporal de los Mossos, que indica que en los casos graves las fuerzas de seguridad abren diligencias policiales y contactan con las redes sociales para suprimir la cuenta.
En el mismo instituto valenciano estudian Robert, de 17 años, al que los curis que ha visto de su centro no le parecen ofensivos ―“salen los profesores que tienes, y es simplemente algo gracioso”― y Adam, de 18, que sí cree que algunos dibujos, tanto de profesores como de alumnos, sobrepasan lo aceptable –“porque se meten con cosas como su coeficiente intelectual o su aspecto físico”―.
El contenido de un curi, apunta en ese sentido Pablo Duchement, profesor de Informática en un instituto de Las Palmas y perito judicial especializado en delitos digitales contra menores, puede no parecer hiriente “y, sin embargo, serlo para la persona a la que va dirigido, y como su propia naturaleza es que sean públicos, tienen mucho potencial para causar daños o incluso crear famas”. Duchement ha visto curis ridiculizando a profesores y chavales por su aspecto físico o por su orientación sexual. “El problema es que se ha convertido en una moda, y todos sabemos lo que pasa con las modas. Va a tener un momento álgido de participación, que creo que todavía no ha llegado. Y cuando llegue empezaremos a ver las heridas”, concluye.
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