En Vox querían ayer «sacar pecho». De los resultados obtenidos en el ciclo electoral de las comunidades y, también, del escenario que esas urnas han dibujado. «Porque Vox ya está en tres gobiernos autonómicos», ensalzó el número dos del partido, Ignacio Garriga, en el acto que siguió a la Asamblea General de la formación. Y Santiago Abascal, que intervino después de su mano derecha, también expuso con buenos ojos la «nueva etapa» que afrontan varios de sus líderes autonómicos. Lejos quedaron ayer en la cita de Vox con sus filas y sus simpatizantes los encendidos reproches al PP que se venían escuchando en cada intervención de Abascal en los últimos meses. «Es verdad que todavía no nos han dado las mayorías que nos gustaría. Y, por lo tanto, ahora lo que nos toca es pactar», dijo.
Asume que su capacidad para impulsar políticas queda delimitada por su cuota de poder en los ejecutivos, pero defiende que podrán hacer cosas
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En Vox querían ayer «sacar pecho». De los resultados obtenidos en el ciclo electoral de las comunidades y, también, del escenario que esas urnas han dibujado. «Porque Vox ya está en tres gobiernos autonómicos», ensalzó el número dos del partido, Ignacio Garriga, en el acto que siguió a la Asamblea General de la formación. Y Santiago Abascal, que intervino después de su mano derecha, también expuso con buenos ojos la «nueva etapa» que afrontan varios de sus líderes autonómicos. Lejos quedaron ayer en la cita de Vox con sus filas y sus simpatizantes los encendidos reproches al PP que se venían escuchando en cada intervención de Abascal en los últimos meses. «Es verdad que todavía no nos han dado las mayorías que nos gustaría. Y, por lo tanto, ahora lo que nos toca es pactar», dijo.
Ayer era momento de hacer balance, y un vistazo a las butacas del auditorio en el que Vox celebró su fin de curso ya daba cuenta de qué era lo que el partido quería poner en valor. En primera fila, a un lado del pasillo, se sentaron Óscar Fernández (vicepresidente de Extremadura), Alejandro Nolasco (de Aragón) y Carlos Pollán (de Castilla y León). Al otro, Abascal y Garriga, que sobre el estrado se encargaron de ensalzar lo que ha sido el principal logro de Vox en este curso: alcanzar el poder. Quienes estaban a su derecha lo encarnan.
«Llega la hora de la verdad», les lanzó el líder del partido, para advertirles de que «todas las miradas» recaerán sobre ellos en los próximos meses. «Comienzan una nueva etapa que es muy importante. Que probablemente es la etapa más decisiva para Vox y la más difícil», reconoció, consciente del rédito que les brindó su salida de los gobiernos. Ahora, Vox abraza el reto de tener el bastión de mando y, por tanto, capacidad para poner en marcha sus políticas. Con la «responsabilidad» que ello conlleva.
Uno de los principales riesgos que asume Vox con su vuelta a los gobiernos de la mano del PP es que su cuota de poder -y que este sea autonómico- limite sus posibilidades para impulsar su programa. Abascal lo reconoció así ayer en el acto, cuando quiso hacer «conscientes» de ello a quienes han votado a su partido: «Hay unos acuerdos de Gobierno que hemos firmado, pero que nos gustaría que fueran otros». «La gente tiene prisa, es normal, pero nos han dado la fuerza que nos han dado», agregó.
Aunque, antes, había trasladado un mensaje que sonaba a cierta satisfacción con lo logrado: «Nos toca probablemente aplicar el bisturí más que la motosierra», señaló en una metáfora sobre su intención de recortar gasto público y simplificar normativa. «Ya llegará el momento. Con el bisturí se puede hacer grandes cosas también», apostilló, una idea que comparten otras voces del partido, que se muestran convencidas de que podrán impulsar buena parte de sus medidas desde los ejecutivos autonómicos y con su cuota de poder en estos.
En ese sentido, Abascal afirmó que les habría gustado obtener mayoría absoluta y no tener que pactar con el PP, pero de su discurso se desprendía también cierta llamada a defender lo logrado. Bien distinto fue el tono que el líder de Vox empleó, en ese mismo escenario, hace ahora un año: «Vox no está para ser la muleta de nadie».
Entonces, los líderes regionales del partido de derecha dura andaban al choque constante con los barones populares, y Abascal con Alberto Núñez Feijóo. En Vox exprimían el discurso de desconfianza hacia el PP alegando que incumplió los pactos de gobierno sellados tras el anterior ciclo electoral, y renegaban de facilitarles, por ejemplo, la aprobación de presupuestos. «¿Hasta qué punto el PP ha confundido a sus propios electores que piensan que tienen algún tipo de derecho de pernada sobre nosotros?», decía Abascal el último domingo de junio de 2025.
La pugna se elevó de tono aún más durante el ciclo electoral autonómico, con choques tanto a nivel regional como entre las direcciones nacionales -hace solo tres meses, Garriga calificó a la cúpula de Feijóo de «clan gallego con prácticas de contrabandistas de ría»-. Pero, tras sellar la paz comunidad a comunidad en los nuevos acuerdos de legislatura, ayer Abascal también se sumó de alguna manera a esa tregua cuando pidió a los suyos «respeto» hacia sus «socios de gobierno».
Eso sí: quiso aclarar que el entendimiento alcanzado en las últimas semanas queda supeditado al cumplimiento «al pie de la letra» de lo pactado. Si no, advirtió, Vox volverá a romper con el PP: «Os pido valentía para que, si llega el momento, y no lo queremos, seamos capaces de abandonar los gobiernos», reclamó a sus vicepresidentes autonómicos. Aunque ese «no lo queremos» era también significativo.
Los mensajes que Abascal trasladó a sus líderes autonómicos tenían un destinatario más: Manuel Gavira, su representante en Andalucía. El dirigente estuvo presente y el líder de Vox se dirigió a él también cuando habló de los acuerdos con el PP, aunque Gavira se encuentra en plena negociación con los populares y aún bajo la incógnita de si Vox pedirá entrada en el gobierno de Juanma Moreno. A 72 horas de la primera votación clave, Abascal evitó pronunciarse.
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