Alberto Ávila conmociona Supervivientes 2026: un salto histórico que es mucho más de lo que parece

<p>¿Cuántas ganas había de <i><strong>Supervivientes</strong></i>? Había muchas, según los datos de audiencia conseguidos anoche en el estreno de <i><strong>Supervivientes 2026</strong></i> —un 21,2% de <i>share</i> y más de 1,2 millones de espectadores—. Hacía meses, desde que se cerró la palapa en septiembre, que <strong>Telecinco</strong> no conseguía un dato así en su <i>prime time</i>. Es decir, <i><strong>Supervivientes</strong></i> —aunque ha bajado 1,6 puntos con respecto al estreno de <i><strong>Supervivientes 2025</strong></i>— sigue siendo el <i>reality</i> estrella de todas las cadenas de televisión. Es el rey de estos formatos, y lo es por muchas de las cosas que pasaron anoche.</p>

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 Arrancó anoche Supervivientes 2026 con sus tradicionales y legendarios saltos. Hubo dos protagonistas que se llevaron la gloria del primer programa: Alberto Ávila, el primer deportista paraolímpico en participar en el reality, y María Lamela, el gran acierto de Telecinco  

¿Cuántas ganas había de Supervivientes? Había muchas, según los datos de audiencia conseguidos anoche en el estreno de Supervivientes 2026 —un 21,2% de share y más de 1,2 millones de espectadores—. Hacía meses, desde que se cerró la palapa en septiembre, que Telecinco no conseguía un dato así en su prime time. Es decir, Supervivientes —aunque ha bajado 1,6 puntos con respecto al estreno de Supervivientes 2025— sigue siendo el reality estrella de todas las cadenas de televisión. Es el rey de estos formatos, y lo es por muchas de las cosas que pasaron anoche.

Fue una gala de estreno en la que todos los ojos estaban mirando a una misma persona, a María Lamela, la nueva presentadora de Supervivientes desde Honduras, fichaje inesperado, después de que Laura Madrueño decidiera que había llegado el momento de descansar del que probablemente sea uno de los programas más duros que existen ahora mismo en la pequeña pantalla. Había dudas: demasiado desconocida, demasiado alejada de los realities, demasiado intensa… Pues en cuestión de minutos María Lamela desmontó todas y cada una de las dudas que los espectadores pudieran tener sobre ella.

Su salto en helicóptero, el primero que da una presentadora en la nueva etapa de Supervivientes; su control del directo; esa apertura de la palapa que fue apoteósica, comiéndose la cámara; su conexión con Jorge Javier Vázquez; su control del programa; sus ganas; su ímpetu; su disfrute; su sonrisa; el conjunto completo. Supervivientes, sin desmerecer a sus predecesoras, necesita a alguien como María Lamela, alguien que viva y sienta el reality por cada poro de su piel. Si algo demostró anoche María Lamela es precisamente eso, que se va a entregar al 200 %, que está en el lugar en el que siempre soñó estar y que las oportunidades solo pasan una vez en la vida, y Supervivientes es la mayor oportunidad de su vida.

«El mundo tal y como lo conocíamos ha sido devastado, ha arrasado con todo. Las olas, tormentas y temporales se han apoderado de los Cayos Cochinos y nada ni nadie ha resistido la furia; hasta ahora. Aún queda una última esperanza, una llama que intenta sobrevivir frente al hambre, la desolación, el diluvio y la oscuridad. Sólo unos pocos elegidos tendrán la oportunidad de proteger el fuego y rebelarse así contra el Dios de los males», arrancó María Lamela en la apertura de la mítica palapa.

«Aquí y ahora comienza la lucha del agua contra el fuego, el duelo definitivo entre la ira de los dioses y la valentía de los humanos. Rendirse no es una opción, solo uno de ellos logrará llegar a la final, mantener con vida su antorcha y hacerse con la victoria de la batalla más difícil de sus vidas. Unas vidas que van a cambiar para siempre; y será aquí, en el último bastión del fuego y de la humanidad, donde Poseidón decidirá quiénes son merecedores del título de Supervivientes. Ahora sí, comienza una nueva era… ¡Encendemos la Palapa!». Y no solo fue una cuestión de un discurso emocionante, sino el cómo se dijo. Y eso es culpa de ella, de María Lamela.

Supervivientes
María Lamela, durante el encendido de la palapa en Supervivientes 2026.MEDIASET

Hasta Jorge Javier Vázquez claudicó ante su nueva compañera. No podía ser de otra manera. No solo fue por arropar a «la nueva», fue porque al presentador también le dejó patitieso: «Te lo iba a decir al final del programa, pero te lo voy a decir ya, espero que estés organizando con todo el equipo la celebración por el trabajo que llevas haciendo esta noche porque de verdad tienes que celebrarlo. María estás brillante, bienvenida una vez más. Ya formas parte ya de la historia de Supervivientes«.

Porque Supervivientes es show, es aventura, es llevar al límite a quien decide participar, pero también es entretenimiento y conexión con el que está al otro lado de la pantalla. Un mal presentador o presentadora puede destrozar un reality. Acertar con la elección de a quién pones al frente siempre es un riesgo. Telecinco y Cuarzo, productora del programa, han arriesgado y, después de lo visto anoche con María Lamela, han acertado.

Pero no fue solo María Lamela la que anoche se comió el reality. Por supuesto, como siempre, los saltos en helicóptero y el primer juego en el barro son las gestas que dieron el pistoletazo de salida a Supervivientes 2026. Hubo de todo y para todos. Pánico, para las que temían el salto y el agua; emoción, para los que no se han visto en su vida en una como ésta; emoción para todos y cada uno de ellos. Pero hay un concursante para el que estar en Supervivientes, para el que tirarse del helicóptero, para el que haber sido elegido para esta aventura es mucho más. Se llama Alberto Ávila, es el primer atleta paralímpico que participa en Supervivientes y es el que va a hacer que muchas personas digan «sí se puede».

Este madrileño de 29 años nació sin peroné y a los tres años tuvieron que amputarle la pierna. Le han diseñado una prótesis específica para participar en Supervivientes 2026 porque no quiere tener ningún privilegio ni ayuda por su discapacidad. Quiere hacer las pruebas como todos, quiere sobrevivir como todos y tiene el mismo miedo que todos. «¡Esto es una locura!», gritaba desde el helicóptero cada vez que Jorge Javier Vázquez, también muy emocionado con la participación del atleta, conectaba con él. «Me lo dicen y no me lo creo», reconocía, señalando que lo que más miedo le da es «pasar hambre, los animales y las heridas en el muñón… y la lluvia».

«Te estás convirtiendo en un referente y en un ejemplo para muchísima gente», le dijo Jorge Javier Vázquez en varias ocasiones. El público presente en el plató se entregaba a Alberto Ávila, sorprendido por los gritos que escuchaba. «Es un sueño, te lo juro. No me salen ni las palabras».

Alberto Ávila se disponía a saltar y se acordaba entonces de su padre, que se «acaba de jubilar ahora mismo», y también de su madre, de sus amigos y de aquellos que más cerca de él están día a día. Sin embargo, el salto no se lo ha dedicado a ellos: «Este salto va para todas las familias de España, que al igual que mis padres, sufrieron por mi discapacidad. Inclusión, normalización… por vosotros. ¡Representando en este reality!». Y saltó, uno de los saltos más altos de la noche; el salto de la noche; la emoción de la noche.

El estreno de Supervivientes 2026 fue lo que se esperaba. No defraudó. Volvió a hacer historia de la televisión, pero… pero esto solo acaba de empezar.

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