El llanto es el primer lenguaje emocional de la infancia. Antes de que existan las palabras, los niños comunican de esta forma su frustración, su tristeza, su cansancio o su necesidad de contacto. Aun siendo conscientes de esta información, estas escenas son muy incómodas para los padres, a quienes se les parte el alma ver a sus hijos llorar de forma desconsolada.Por eso, su primer impulso es decirles que se calmen y dejen de llorar. Una reacción comprensible y natural, pero errónea, según el neuropsicólogo Álvaro Bilbao, quien en uno de sus vídeos indica cómo actuar ante estas situaciones.Noticia relacionada general No No Elsa Punset: «La peor carga para los niños es la vida no vivida de los padres» Ana Beatriz Micó«Esto es lo que hago cuando veo a mis hijos llorar. Nunca les pido que dejen de llorar. Y esta es la razón científica: muchos padres no saben que existen tres tipos de lágrimas», señala.Este tipo de lágrimas contiene hormonas que llevan a la calmaEl experto detalla que existen las lágrimas basales, que lubrican el ojo de forma permanente; las lágrimas reflejas, que aparecen cuando algo molesta, como polvo, viento o una brizna de hierba; y las lágrimas emocionales, que las que aparecen «cuando tu hijo llora por dolor o tristeza».Estas últimas son las que tratamos de evitar, sin ser conscientes de que tienen un papel directo en la regulación emocional: «Las lágrimas emocionales contienen prolactina y endorfinas que le ayudan a calmarse y activan el sistema parasimpático, haciendo que su respiración se vuelva más profunda y eso le calma también».Esto quiere decir que el llanto no es un problema, sino un mecanismo biológico diseñado para aliviar el malestar, por lo que el neuropsicólogo insiste en dejar que los niños lo suelten: «No le pidas que deje de llorar, porque sus lágrimas le están ayudando a superar su malestar».En lugar de esto, propone acompañar el llanto: «Dale un abrazo, dile que se le pasará pronto y permanece a su lado hasta el final». Un acompañamiento que Bilbao resume en cuatro pasos.Los cuatro pasos para acompañar el llanto de un niñoRegular las emociones propias antes de intervenir: «No puedes calmar a nadie desde los nervios. Respira antes de acercarte. Tu sistema nervioso influye directamente en el suyo», explica. Estar presentes sin hablar: «Acércate, pon una mano en su espalda y deja que llore. No le pidas que pare, no le digas que no es para tanto. Solo dile con tu presencia: ‘Aquí estoy’». Poner nombre a la emoción: «Cuando hayan pasado unos segundos dile: ‘Estás muy enfadado’, ‘te ha dolido mucho’. Nombrar la emoción activa el córtex prefrontal y ayuda a reducir la intensidad del llanto». Esperar antes de aconsejar: «Cuando el llanto empieza a ceder, ese es el momento de darle un consejo o proponerle alternativas para que supere el malestar. Si lo haces antes posiblemente solo empeorarás su malestar».MÁS INFORMACIÓN noticia Si ‘Supernanny’: «Pedir 50 veces cada cosa a tus hijos es un error. Dilo una sola vez» noticia Si «El gran problema es que no escuchamos y solamente estamos pendientes de nosotros mismos»En definitiva, Álvaro Bilbao trata de hacer comprender que esas lágrimas cumplen una función biológica y emocional y que nuestra presencia serena puede transformar por completo la experiencia. El llanto es el primer lenguaje emocional de la infancia. Antes de que existan las palabras, los niños comunican de esta forma su frustración, su tristeza, su cansancio o su necesidad de contacto. Aun siendo conscientes de esta información, estas escenas son muy incómodas para los padres, a quienes se les parte el alma ver a sus hijos llorar de forma desconsolada.Por eso, su primer impulso es decirles que se calmen y dejen de llorar. Una reacción comprensible y natural, pero errónea, según el neuropsicólogo Álvaro Bilbao, quien en uno de sus vídeos indica cómo actuar ante estas situaciones.Noticia relacionada general No No Elsa Punset: «La peor carga para los niños es la vida no vivida de los padres» Ana Beatriz Micó«Esto es lo que hago cuando veo a mis hijos llorar. Nunca les pido que dejen de llorar. Y esta es la razón científica: muchos padres no saben que existen tres tipos de lágrimas», señala.Este tipo de lágrimas contiene hormonas que llevan a la calmaEl experto detalla que existen las lágrimas basales, que lubrican el ojo de forma permanente; las lágrimas reflejas, que aparecen cuando algo molesta, como polvo, viento o una brizna de hierba; y las lágrimas emocionales, que las que aparecen «cuando tu hijo llora por dolor o tristeza».Estas últimas son las que tratamos de evitar, sin ser conscientes de que tienen un papel directo en la regulación emocional: «Las lágrimas emocionales contienen prolactina y endorfinas que le ayudan a calmarse y activan el sistema parasimpático, haciendo que su respiración se vuelva más profunda y eso le calma también».Esto quiere decir que el llanto no es un problema, sino un mecanismo biológico diseñado para aliviar el malestar, por lo que el neuropsicólogo insiste en dejar que los niños lo suelten: «No le pidas que deje de llorar, porque sus lágrimas le están ayudando a superar su malestar».En lugar de esto, propone acompañar el llanto: «Dale un abrazo, dile que se le pasará pronto y permanece a su lado hasta el final». Un acompañamiento que Bilbao resume en cuatro pasos.Los cuatro pasos para acompañar el llanto de un niñoRegular las emociones propias antes de intervenir: «No puedes calmar a nadie desde los nervios. Respira antes de acercarte. Tu sistema nervioso influye directamente en el suyo», explica. Estar presentes sin hablar: «Acércate, pon una mano en su espalda y deja que llore. No le pidas que pare, no le digas que no es para tanto. Solo dile con tu presencia: ‘Aquí estoy’». Poner nombre a la emoción: «Cuando hayan pasado unos segundos dile: ‘Estás muy enfadado’, ‘te ha dolido mucho’. Nombrar la emoción activa el córtex prefrontal y ayuda a reducir la intensidad del llanto». Esperar antes de aconsejar: «Cuando el llanto empieza a ceder, ese es el momento de darle un consejo o proponerle alternativas para que supere el malestar. Si lo haces antes posiblemente solo empeorarás su malestar».MÁS INFORMACIÓN noticia Si ‘Supernanny’: «Pedir 50 veces cada cosa a tus hijos es un error. Dilo una sola vez» noticia Si «El gran problema es que no escuchamos y solamente estamos pendientes de nosotros mismos»En definitiva, Álvaro Bilbao trata de hacer comprender que esas lágrimas cumplen una función biológica y emocional y que nuestra presencia serena puede transformar por completo la experiencia.
El llanto es el primer lenguaje emocional de la infancia. Antes de que existan las palabras, los niños comunican de esta forma su frustración, su tristeza, su cansancio o su necesidad de contacto.
Aun siendo conscientes de esta información, estas escenas son muy incómodas para … los padres, a quienes se les parte el alma ver a sus hijos llorar de forma desconsolada.
Por eso, su primer impulso es decirles que se calmen y dejen de llorar. Una reacción comprensible y natural, pero errónea, según el neuropsicólogo Álvaro Bilbao, quien en uno de sus vídeos indica cómo actuar ante estas situaciones.
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«Esto es lo que hago cuando veo a mis hijos llorar. Nunca les pido que dejen de llorar. Y esta es la razón científica: muchos padres no saben que existen tres tipos de lágrimas», señala.
Este tipo de lágrimas contiene hormonas que llevan a la calma
El experto detalla que existen las lágrimas basales, que lubrican el ojo de forma permanente; las lágrimas reflejas, que aparecen cuando algo molesta, como polvo, viento o una brizna de hierba; y las lágrimas emocionales, que las que aparecen «cuando tu hijo llora por dolor o tristeza».
Estas últimas son las que tratamos de evitar, sin ser conscientes de que tienen un papel directo en la regulación emocional: «Las lágrimas emocionales contienen prolactina y endorfinas que le ayudan a calmarse y activan el sistema parasimpático, haciendo que su respiración se vuelva más profunda y eso le calma también».
Esto quiere decir que el llanto no es un problema, sino un mecanismo biológico diseñado para aliviar el malestar, por lo que el neuropsicólogo insiste en dejar que los niños lo suelten: «No le pidas que deje de llorar, porque sus lágrimas le están ayudando a superar su malestar».
En lugar de esto, propone acompañar el llanto: «Dale un abrazo, dile que se le pasará pronto y permanece a su lado hasta el final». Un acompañamiento que Bilbao resume en cuatro pasos.
Los cuatro pasos para acompañar el llanto de un niño
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Regular las emociones propias antes de intervenir: «No puedes calmar a nadie desde los nervios. Respira antes de acercarte. Tu sistema nervioso influye directamente en el suyo», explica.
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Estar presentes sin hablar: «Acércate, pon una mano en su espalda y deja que llore. No le pidas que pare, no le digas que no es para tanto. Solo dile con tu presencia: ‘Aquí estoy’».
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Poner nombre a la emoción: «Cuando hayan pasado unos segundos dile: ‘Estás muy enfadado’, ‘te ha dolido mucho’. Nombrar la emoción activa el córtex prefrontal y ayuda a reducir la intensidad del llanto».
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Esperar antes de aconsejar: «Cuando el llanto empieza a ceder, ese es el momento de darle un consejo o proponerle alternativas para que supere el malestar. Si lo haces antes posiblemente solo empeorarás su malestar».
En definitiva, Álvaro Bilbao trata de hacer comprender que esas lágrimas cumplen una función biológica y emocional y que nuestra presencia serena puede transformar por completo la experiencia.
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