Amargo Boyero, genial Almodóvar

<p>Después de haber visto <i><strong>Amarga Navidad</strong></i>, la nueva película de <strong>Almodóvar</strong>, pensaba en qué consiste la genialidad. Y creo que una de las definiciones debería ser dejar a los críticos sin palabras sensatas que decir.</p>

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 No hay forma de que no te de guste Amarga Navidad. Leía estos días la torpísima crítica de Boyero y pensaba que a un crítico se le mata robándole su discurso y apropiándose de él  

Después de haber visto Amarga Navidad, la nueva película de Almodóvar, pensaba en qué consiste la genialidad. Y creo que una de las definiciones debería ser dejar a los críticos sin palabras sensatas que decir.

Se ha hablado mucho de que esta película va sobre la autoficción y sobre ese momento en el que un director de cine se propasa y empieza a robar las historias de la gente que le rodea para escribir sobre ellas. Por supuesto, uno de los argumentos es ese, pero lo que más me interesa de Amarga Navidad es la caída, el instante en el que alguien que lo ha sido todo está a punto de caer, pero en el último momento despliega las alas y alza el vuelo en un ejercicio deslumbrante. Ocurre en Amarga Navidad con el personaje de Leonardo Sbaraglia, un reputado director de cine que está pasando una crisis creativa intentando escribir el guion de una película que hace aguas y que en el último momento consigue ser brillante.

Si lo mejor de Los domingos era esa escena donde la tía de la protagonista (encarnada en una estupenda Patricia López Arnaiz) le decía al padre lo que la mitad de los espectadores estábamos deseando que alguien le dijera, lo mejor de Amarga Navidad es ese momento en el que una espectacular Aitana Sánchez-Gijón le dice a Leonardo Sbaraglia (alter ego de Almodóvar en la película) todo lo que la mitad de la sala está deseando decirle. Y hay en ese acto de furia hacia sí mismo uno de los mejores finales que ha hecho nunca Almodóvar. La catarsis colectiva, la muerte del director en escena, que deja paso a una resurrección.

Después de ese final, cualquier crítica a Amarga Navidad se desactiva. No hay forma de que no te deje satisfecho la película: porque si no te está gustando, el final te dará la razón. Y si te está gustando, también. Leía estos días la torpísima crítica de Boyero y pensaba que a un crítico se le mata robándole su discurso y apropiándose de él. Igual que se desactivan los insultos apropiándose de ellos. Lo de Boyero suena a una crítica amarga y tontorrona, para una película que pasa por encima de él sin despeinarse.

Decía el poeta Yves Bonnefoy que «la imperfección es la cima» y parece que Almodóvar se lo ha aplicado a la perfección aquí. Una película aparentemente imperfecta, que consigue ser brillante. Entre medias una Bárbara Lennie soberbia, unos planos maravillosos y una Chavela Vargas casi sin voz para el recuerdo.

Y, sobre todo, la sensación de salir del cine flotando, con la certeza de que Almodóvar será siempre el mejor, a pesar, o gracias a los críticos.

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