Bélgica resurge de sus cenizas

Desde hace tiempo, parece que la selección belga transita por la historia del fútbol con un aura de tragedia irreversible, condenados a ser siempre la posible revelación del Mundial, para acabar cayendo en la irrelevancia más absoluta. Durante setenta y cinco minutos en el Lumen Field de Seattle, los Red Devils volvieron a toparse con sus fantasmas. Nada quedaba del colmillo de Kompany o la electricidad indomable de Eden Hazard. Ya no parecían tener referentes. Era el fin de ciclo certificado por un grupo de jugadores que lucían indolentes ante el baile que les estaba propinando Senegal.Bélgica 3 Courtois; Castagne, Mechele, Theate, De Cuyper (Meunier, m. 78); Tielemans, Vanaken (Moreira, m. 63); Doku (Lukebakio, m. 56), De Bruyne (Raskin, m. 56), Trossard; De Ketelaere (Lukaku, m. 46). Senegal 2 Diaw; Diatta, Ciss, Niakhaté, Jakobs (Diouf, m. 93); Idrissa Gueye (Sapoko Ndiaye, m. 96), Pape Gueye (Camara, m. 65), Diarra; Ndiaye (Mbaye, m. 73), Sadio Mané (Jackson, m. 93) y Sarr (Diarra, m. 73). Goles: 0-1: Diarra, m. 26; 0-2: Sarr, m. 51; 1-2: Lukaku, m. 86; 2-2: Tielemans, m. 89; 3-2: Tielemans (p.), m. 119. Árbitro: Said Martínez (HON). Amonestó al belga Mechels y al senegalés Camara. Incidencias: Lunem Field de Seattle.Pero los Mundiales poseen una mística que escapa a la lógica de los vestuarios rotos. Cuando los Diablos Rojos yacían en el suelo, desahuciados por los goles de Diarra y un Ismaila Sarr imperial, aconteció el milagro. Bélgica resucitó de entre los muertos en un thriller de 120 minutos que ya es patrimonio dorado del torneo, sellando su pase a los octavos de final con un penalti agónico de Youri Tielemans en el minuto 119. Toda una catarsis.El partido nació marcado por la audaz decisión de Rudi García de sentar a Kalidou Koulibaly, castigado por su bajo rendimiento previo. La zaga belga, desprovista de jerarquía, fue de inmediato una invitación al abordaje para los Leones de Teranga. Los hombres de Pape Thiaw, lejos de replegarse como mandaba el guion del teórico débil, asumieron el balón con una agresividad física e interpretativa que desbordó a los europeos. Senegal, en sus mejores minutos de todo el Mundial 2026, se adueñó del partido por completo.A los quince minutos, Sadio Mané sirvió un centro envenenado que Courtois desvió a duras penas; el rebote impactó en Ismaila Sarr y se estrelló en el poste. Era el aviso de lo inevitable. En el 24, el runrún de la grada se transformó en rugido. Tras un asedio continuado, un nuevo centro al área belga encontró a Sarr, cuyo cabezazo escupió la madera; allí apareció Habib Diarra, el indómito volante del Sunderland, para cazar el rechace y fusilar a un Courtois vendido. Bélgica era una lágrima; no encontraba a Jérémy Doku y Kevin De Bruyne deambulaba como un fantasma por el verde. Su juego durante el resto de la primera mitad, cuan do se suponía quie debían ejercer su papel de favoritos para tomar las riendas del partido, fue insulso. Un pan sin sal.La reanudación tras el descanso no trajo enmienda, sino el golpe que parecía definitivo. En el minuto 53, Moussa Niakhate trazó un envío largo y quirúrgico que Ismaila Sarr controló con el pecho en carrera, amansando el cuero antes de soltar un latigazo inapelable a la escuadra. Su cuarto gol en el torneo. El 0-2 hizo estallar la grada y desató los demonios en el banquillo europeo. Tres minutos después, Rudi García perpetró un relevo surrealista, una patada directa al orden establecido: retiró a Doku y a De Bruyne cuando el marcador apenas señalaba el minuto56.Del odio al abrazoBélgica jugaba con la pesadumbre de saber que sus mejores días pertenecían al pasado. La tensión era tan densa que, durante una pausa de hidratación, Leandro Trossard y Youri Tielemans se enzarzaron en una agria discusión, teniendo que ser separados por el joven Raskin. Se querían matar. Nadie intuía entonces que el destino es un guionista caprichoso.Con la entrada de Lukebakio, Senegal dio un paso atrás para proteger su botín histórico. Y el fútbol, en su infinita crueldad y belleza, cambió de dirección. En el 86, Romelu Lukaku pescó un balón muerto en el área tras una porfía de Meunier para recortar distancias. Dos minutos más tarde, los mismos que se habían gritado al borde del insulto fabricaron la locura: Trossard colgó un balón al corazón del área, el meta senegalés Diaw firmó una salida espantosa y Tielemans, con el alma, metió la testa para firmar un 2-2 inverosímil. En la celebración, se fundieron en un abrazo. El partido se marchó al tiempo extra en un estado de shock generalizado. Senegal, extenuada tras haber saboreado los octavos de final, se encomendó a las contras de los jóvenes Ndiaye y Mbaye. Bélgica, crecida en lo mental, acarició el gol con un remate al larguero de Lukebakio.Fue en esa misma jugada, en el minuto 117, donde el VAR reclamó la atención del colegiado. Lamine Camara, en una acción temeraria, había pisado a Tielemans en el área en el tumulto anterior al disparo. El árbitro no dudó tras revisar la pantalla: penalti.Con el peso de una nación y de una generación moribunda sobre sus hombros, Youri Tielemans se plantó ante los once metros. Zurdazo a la escuadra y llanto inmediato sobre el césped. Del odio al éxtasis. Senegal quemó sus últimas naves, pero el telón cayó sobre el Lumen Field. El ocaso de la generación dorada tendrá que esperar. Se las verán en la siguiente ronda ante el ganador del Estados Unidos-Bosnia, pero de momento, los ciudadanos belgas guardarán para sí el reconfortante recuerdo del día en que, en Seattle, los Red Devils resucitaron de entre los muertos. Desde hace tiempo, parece que la selección belga transita por la historia del fútbol con un aura de tragedia irreversible, condenados a ser siempre la posible revelación del Mundial, para acabar cayendo en la irrelevancia más absoluta. Durante setenta y cinco minutos en el Lumen Field de Seattle, los Red Devils volvieron a toparse con sus fantasmas. Nada quedaba del colmillo de Kompany o la electricidad indomable de Eden Hazard. Ya no parecían tener referentes. Era el fin de ciclo certificado por un grupo de jugadores que lucían indolentes ante el baile que les estaba propinando Senegal.Bélgica 3 Courtois; Castagne, Mechele, Theate, De Cuyper (Meunier, m. 78); Tielemans, Vanaken (Moreira, m. 63); Doku (Lukebakio, m. 56), De Bruyne (Raskin, m. 56), Trossard; De Ketelaere (Lukaku, m. 46). Senegal 2 Diaw; Diatta, Ciss, Niakhaté, Jakobs (Diouf, m. 93); Idrissa Gueye (Sapoko Ndiaye, m. 96), Pape Gueye (Camara, m. 65), Diarra; Ndiaye (Mbaye, m. 73), Sadio Mané (Jackson, m. 93) y Sarr (Diarra, m. 73). Goles: 0-1: Diarra, m. 26; 0-2: Sarr, m. 51; 1-2: Lukaku, m. 86; 2-2: Tielemans, m. 89; 3-2: Tielemans (p.), m. 119. Árbitro: Said Martínez (HON). Amonestó al belga Mechels y al senegalés Camara. Incidencias: Lunem Field de Seattle.Pero los Mundiales poseen una mística que escapa a la lógica de los vestuarios rotos. Cuando los Diablos Rojos yacían en el suelo, desahuciados por los goles de Diarra y un Ismaila Sarr imperial, aconteció el milagro. Bélgica resucitó de entre los muertos en un thriller de 120 minutos que ya es patrimonio dorado del torneo, sellando su pase a los octavos de final con un penalti agónico de Youri Tielemans en el minuto 119. Toda una catarsis.El partido nació marcado por la audaz decisión de Rudi García de sentar a Kalidou Koulibaly, castigado por su bajo rendimiento previo. La zaga belga, desprovista de jerarquía, fue de inmediato una invitación al abordaje para los Leones de Teranga. Los hombres de Pape Thiaw, lejos de replegarse como mandaba el guion del teórico débil, asumieron el balón con una agresividad física e interpretativa que desbordó a los europeos. Senegal, en sus mejores minutos de todo el Mundial 2026, se adueñó del partido por completo.A los quince minutos, Sadio Mané sirvió un centro envenenado que Courtois desvió a duras penas; el rebote impactó en Ismaila Sarr y se estrelló en el poste. Era el aviso de lo inevitable. En el 24, el runrún de la grada se transformó en rugido. Tras un asedio continuado, un nuevo centro al área belga encontró a Sarr, cuyo cabezazo escupió la madera; allí apareció Habib Diarra, el indómito volante del Sunderland, para cazar el rechace y fusilar a un Courtois vendido. Bélgica era una lágrima; no encontraba a Jérémy Doku y Kevin De Bruyne deambulaba como un fantasma por el verde. Su juego durante el resto de la primera mitad, cuan do se suponía quie debían ejercer su papel de favoritos para tomar las riendas del partido, fue insulso. Un pan sin sal.La reanudación tras el descanso no trajo enmienda, sino el golpe que parecía definitivo. En el minuto 53, Moussa Niakhate trazó un envío largo y quirúrgico que Ismaila Sarr controló con el pecho en carrera, amansando el cuero antes de soltar un latigazo inapelable a la escuadra. Su cuarto gol en el torneo. El 0-2 hizo estallar la grada y desató los demonios en el banquillo europeo. Tres minutos después, Rudi García perpetró un relevo surrealista, una patada directa al orden establecido: retiró a Doku y a De Bruyne cuando el marcador apenas señalaba el minuto56.Del odio al abrazoBélgica jugaba con la pesadumbre de saber que sus mejores días pertenecían al pasado. La tensión era tan densa que, durante una pausa de hidratación, Leandro Trossard y Youri Tielemans se enzarzaron en una agria discusión, teniendo que ser separados por el joven Raskin. Se querían matar. Nadie intuía entonces que el destino es un guionista caprichoso.Con la entrada de Lukebakio, Senegal dio un paso atrás para proteger su botín histórico. Y el fútbol, en su infinita crueldad y belleza, cambió de dirección. En el 86, Romelu Lukaku pescó un balón muerto en el área tras una porfía de Meunier para recortar distancias. Dos minutos más tarde, los mismos que se habían gritado al borde del insulto fabricaron la locura: Trossard colgó un balón al corazón del área, el meta senegalés Diaw firmó una salida espantosa y Tielemans, con el alma, metió la testa para firmar un 2-2 inverosímil. En la celebración, se fundieron en un abrazo. El partido se marchó al tiempo extra en un estado de shock generalizado. Senegal, extenuada tras haber saboreado los octavos de final, se encomendó a las contras de los jóvenes Ndiaye y Mbaye. Bélgica, crecida en lo mental, acarició el gol con un remate al larguero de Lukebakio.Fue en esa misma jugada, en el minuto 117, donde el VAR reclamó la atención del colegiado. Lamine Camara, en una acción temeraria, había pisado a Tielemans en el área en el tumulto anterior al disparo. El árbitro no dudó tras revisar la pantalla: penalti.Con el peso de una nación y de una generación moribunda sobre sus hombros, Youri Tielemans se plantó ante los once metros. Zurdazo a la escuadra y llanto inmediato sobre el césped. Del odio al éxtasis. Senegal quemó sus últimas naves, pero el telón cayó sobre el Lumen Field. El ocaso de la generación dorada tendrá que esperar. Se las verán en la siguiente ronda ante el ganador del Estados Unidos-Bosnia, pero de momento, los ciudadanos belgas guardarán para sí el reconfortante recuerdo del día en que, en Seattle, los Red Devils resucitaron de entre los muertos.  

Desde hace tiempo, parece que la selección belga transita por la historia del fútbol con un aura de tragedia irreversible, condenados a ser siempre la posible revelación del Mundial, para acabar cayendo en la irrelevancia más absoluta. Durante setenta y cinco minutos en el Lumen … Field de Seattle, los Red Devils volvieron a toparse con sus fantasmas. Nada quedaba del colmillo de Kompany o la electricidad indomable de Eden Hazard. Ya no parecían tener referentes. Era el fin de ciclo certificado por un grupo de jugadores que lucían indolentes ante el baile que les estaba propinando Senegal.

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