<p>Carmen Maura no se acaba nunca. Apenas cumplidos los 80 años, encadena películas con la pasión y liberalidad con la que otros a esa misma edad coleccionan enfermedades. Su dolencia, y además incurable, es el cine. El año pasado estrenaba <i>Vieja loca</i> en un alarde de terror atlético donde la actriz movía cadáveres y muebles y abría cabezas sin que se le alterara el pulso. «Mis horas de gimnasio me costó», puntualiza. El que viene volverá a las órdenes de Álex de la Iglesia con <i>La cuidadora.</i> «Lo mejor de volver con él es lo que nos reímos», añade. Y mientras, este 2026 que nos ocupa lo dedica a hablar a <i>Calle Málaga,</i> la película de la directora marroquí Maryam Touzani que, tras ser presentada en Venecia y Toronto, desembarca en precisamente el Festival de Málaga por aquello de inaugurar lo obvio. <strong>En la cinta se cuenta la historia de una mujer española en Tánger que, justo cuando su familia amenaza con desahuciarla de su casa de siempre, reencuentra las ganas de vivir, de amar y, como ella misma dice, de echar un polvo.</strong> Lo dicho, Carmen Maura no se acaba.</p>
La actriz, que inaugura el Festival de Málaga con ‘Calle Málaga’ de la directora Maryam Touzani, reflexiona sobre la vejez, sobre la política de ayer y hoy y sobre cómo el cine le ha salvado de la vida
Carmen Maura no se acaba nunca. Apenas cumplidos los 80 años, encadena películas con la pasión y liberalidad con la que otros a esa misma edad coleccionan enfermedades. Su dolencia, y además incurable, es el cine. El año pasado estrenaba Vieja loca en un alarde de terror atlético donde la actriz movía cadáveres y muebles y abría cabezas sin que se le alterara el pulso. «Mis horas de gimnasio me costó», puntualiza. El que viene volverá a las órdenes de Álex de la Iglesia con La cuidadora. «Lo mejor de volver con él es lo que nos reímos», añade. Y mientras, este 2026 que nos ocupa lo dedica a hablar a Calle Málaga, la película de la directora marroquí Maryam Touzani que, tras ser presentada en Venecia y Toronto, desembarca en precisamente el Festival de Málaga por aquello de inaugurar lo obvio. En la cinta se cuenta la historia de una mujer española en Tánger que, justo cuando su familia amenaza con desahuciarla de su casa de siempre, reencuentra las ganas de vivir, de amar y, como ella misma dice, de echar un polvo. Lo dicho, Carmen Maura no se acaba.
- ¿A qué se debe tanta actividad?
- Digamos que descanso en una película de la otra. En Calle Málaga, la directora me hacía repetir las tomas muchísimas veces. Es una pesada… Bueno, quita lo de pesada. O, mejor, déjalo, porque ella me dio permiso para decirlo. Álex en cambio me da toda la libertad. Es muy relajado trabajar con él porque se ríe de todas mis chorradas sin pudor ninguno.
- Algo recurrente de lo que viene hablando desde la presentación de Calle Málaga es de las escenas de sexo tan explícitas como naturales…
- Son las ventajas de la edad. Con los 80 años llegas a un punto en el que ya nada que no sea realmente importante importa. No te pasa ni a los 60 ni a los 70. Es a los 80. Sinceramente, ése es el gran cambio que he notado en mi vida. Por supuesto, sientes que el cuerpo no es el mismo -no en el sentido de si eres más o menos guapa, sino de los huesos, de tu capacidad de reacción-, pero lo que más notas es que te sientes en el derecho de hacer exactamente lo que te da la gana. No es que antes no lo hubiera hecho, pero ahora más.
- Otro de los argumentos de la película es la vejez, que, al hilo de lo que dice, es contemplada de frente, sin paternalismos ni cursilerías…
- Sí, mi personaje no se deja mangonear ni por la familia ni por nadie y en eso estoy completamente de acuerdo. Yo también soy así. Cuando te haces mayor todo el mundo te trata como si fueras un niño. «Vamos a llevar pastelitos a la abuela», escuchas decir. No, no puede ser así. Otra cosa que me gusta de mi personaje es que tiene claro que no quiere meter a un hombre en casa. No, ella quiere lo que quiere. No quiere enamorarse. A los 80 hay que atreverse y sentirse libre, no para enamorarse, sino para echar un polvo. Estoy esperando que, en cuanto se estrene la película, se me acerque alguna señora por Chamberí para decirme que se ha tirado al vecino. Eso va a pasar.
«El cine me ha salvado de todo el dolor que me ha traído la vida»
- No lo dudo. Todos estos cambios de los que habla, ¿cómo se han traducido en el trabajo?
- Lo único que me interesa ahora es que el guion me guste. No busco ni grandes autores ni nada de eso. Si el guion me flipa, allá que voy de cabeza. Puede ser un debutante o incluso un cortometraje. Esa es mi única brújula. Bueno, lo que rechazo de plano son los famosos. Ya no necesito demostrar nada a nadie.
- Ahora que sean los demás los que se peleen por Carmen Maura, sería el nuevo credo de Carmen.
- Tampoco. Lo que quiero es hacer las cosas con tranquilidad y pasión. Eso y tener tiempo para ir al gimnasio con más frecuencia. En estos momentos hago mucho ejercicio de fuerza como se vio en Vieja loca… Ahora lo que siento es que los personajes me poseen.
- ¿Cómo era antes?
- Siempre he sido de estudiar muy bien el guion, de sabérmelo palabra por palabra a machacamartillo. Eso es igual, pero ahora lo que experimento es que soy mucho más libre. Siempre he estado obsesionada con ser de verdad y ahora he llegado a un punto en que lo siento todo de manera mucho más natural, sin forzar nada.
- ¿Qué papel diría que ha jugado y sigue jugando el cine en su vida más allá de ser su trabajo?
- A mí el cine me ha salvado de la vida, me ha curado de todo el dolor que me ha traído la vida. Me han pasado cosas, como cuando me quitaron los hijos, que sin mi trabajo no hubiera sobrevivido. Cometí el error de casarme muy joven y nadie me preguntó si quería tener hijos. He tenido una vida superdramática y la profesión me ha ayudado muchísimo. Lo miro ahora y ha sido mi ángel de la guarda. Todos tenemos uno y lo único que hay que hacer es darle un poco de bola para que funcione. Por lo demás, he tenido la gran suerte de que a mí nunca me ha costado mucho esto de actuar. Por eso me sorprende tanto cuando me dan premios y homenajes. Los agradezco claro, pero considero que lo mío no tiene ningún mérito.
- Mirando atrás como está haciendo y ahora que se acaba de cumplir un aniversario detrás de otro relacionado con la llegada de la democracia, ¿cómo recuerda la Transición?
- Me encanta haber vivido aquel momento de la historia. Fue algo fantástico. Yo no era muy política, mi padre era médico y no lo pasamos mal durante la dictadura. Pero aquello fue una explosión de libertad y en una semana todo cambió. Fue tan divertido rodar películas como Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón con alguien tan joven e inteligente como Alaska. Y, además, todos los políticos se pusieron de acuerdo. Debería ser un ejemplo para los de hoy.
- ¿Qué piensa sobre esas encuestas que dicen que muchos jóvenes añoran la dictadura?
- Es horrible. Pero eso es consecuencia tanto de la ignorancia como de los políticos tan malos que sufrimos hoy.
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