La ciudad autónoma de Ceuta atraviesa una situación migratoria de extrema gravedad que recuerda a la crisis de mayo de 2021. El flujo incesante de llegadas por vía marítima, principalmente de jóvenes que cruzan a nado desde la localidad marroquí de Castillejos, ha provocado un colapso total en los servicios de acogida. Según el presidente de la ciudad, Juan Vivas, en los últimos días han arribado unas 1.500 personas, con un ritmo de entrada que supera los 200 inmigrantes diarios.
La ciudad autónoma de Ceuta atraviesa una situación migratoria de extrema gravedad que recuerda a la crisis de mayo de 2021. El flujo incesante de llegadas por vía marítima, pri
La ciudad autónoma de Ceuta atraviesa una situación migratoria de extrema gravedad que recuerda a la crisis de mayo de 2021. El flujo incesante de llegadas por vía marítima, principalmente de jóvenes que cruzan a nado desde la localidad marroquí de Castillejos, ha provocado un colapso total en los servicios de acogida. Según el presidente de la ciudad, Juan Vivas, en los últimos días han arribado unas 1.500 personas, con un ritmo de entrada que supera los 200 inmigrantes diarios.
El foco de la saturación se encuentra en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), calificado por agentes de la Guardia Civil como una «olla a presión». Aunque las instalaciones tienen una capacidad oficial de 512 plazas, este martes ya albergaban a 694 personas en su interior. No obstante, la situación más crítica se vive en los alrededores del centro, donde se estima que entre 800 y un millar de personas esperan a la intemperie una oportunidad para ser acogidas. Estos migrantes, que llegan exhaustos tras travesías de hasta cinco horas a nado, descansan sobre el asfalto o bajo tiendas de campaña improvisadas con sábanas y cartones.
La llegada de «nadadores» no cesa pese a la vigilancia de la Guardia Civil y la Marina Real marroquí. Los adultos, procedentes en su mayoría de Tetuán y Tánger, son derivados al CETI, mientras que los numerosos menores de edad son trasladados a naves de emergencia en el Tarajal. Miembros de las fuerzas de seguridad apuntan a que la falta de colaboración de Marruecos y la imposibilidad legal de realizar devoluciones «en caliente» por mar están fomentando un «efecto llamada».
Ante la imposibilidad de absorber tal volumen de personas, muchos inmigrantes deambulan por las calles de Ceuta. «Queremos comer y descansar», relatan los recién llegados, algunos de los cuales todavía visten trajes de neopreno o presentan heridas por enfrentamientos con la gendarmería marroquí antes de lanzarse al agua. Con los centros saturados y sin plazas disponibles, la ciudad enfrenta un desafío humanitario sin precedentes cercanos.
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