<p>Analistas e inversores han vuelto a desplegar sobre sus mesas el tablero del nuevo mundo post-Trump al que no le había dado tiempo a coger polvo en la estantería durante el primer año de presidencia en su segundo mandato. Esta vez la guerra desatada en Irán parecía ser algo más que la clásica verborrea dialéctica del presidente y los inversores entraron en un torbellino de pánico fugaz, con el petróleo en el epicentro. En estos momentos, hay tres escenarios abiertos: el de una guerra exprés, una contienda que se alargue algunas semanas más o, el peor, el de un cierre permanente del estrecho de Ormuz por meses. A estas alturas, los gestores de fondos se preparan para lo peor, aunque la realidad es que esperan el escenario menos malo.</p>
Bancos de inversión y fondos se posicionan ante los posibles escenarios, aunque dan por hecho que ni a EEUU ni a Irán les interesa alargar el conflicto
Analistas e inversores han vuelto a desplegar sobre sus mesas el tablero del nuevo mundo post-Trump al que no le había dado tiempo a coger polvo en la estantería durante el primer año de presidencia en su segundo mandato. Esta vez la guerra desatada en Irán parecía ser algo más que la clásica verborrea dialéctica del presidente y los inversores entraron en un torbellino de pánico fugaz, con el petróleo en el epicentro. En estos momentos, hay tres escenarios abiertos: el de una guerra exprés, una contienda que se alargue algunas semanas más o, el peor, el de un cierre permanente del estrecho de Ormuz por meses. A estas alturas, los gestores de fondos se preparan para lo peor, aunque la realidad es que esperan el escenario menos malo.
En los primeros días de guerra las ventas se centraron en lo más cíclico y en todo aquello que podría sufrir las consecuencias de una nueva rotura de las cadenas de suministro. «Algo bueno de haber vivido tantas crisis los últimos años es que el mercado está curado de espanto. Hemos sobrevivido a tantas cosas… que nos hace relativizarlo todo», afirma José Ramón Iturriaga, gestor de bolsa española en Abante. Las caídas en Europa se han concentrado en automovilísticas -que viven su propio viacrucis particular entre aranceles y el vehículo eléctrico chino-, consumo, materiales y construcción, viajes y ocio o químicas. ¿Quiénes son los claros ganadores? Las petroleras que son productoras, y se benefician directamente de un petróleo más caro; y el sector de la defensa, que desde que Trump es presidente se dispara más del 70% en Europa.
Sin duda, resulta sencillo opinar desde la barrera, cuando no se está invertido, pero los gestores identifican estos momentos volátiles como oportunidades de compra y esta vez no lo es menos. Aun así el miedo es libre, especialmente en días en los que parece que todo podría venirse abajo, sobre todo porque no ha habido dónde refugiarse. «Muy pocos activos han actuado como tal. La caída de todo (bolsa, bonos y oro) ha estado muy correlacionada e, incluso, los inversores que trataron de proteger sus carteras han sufrido pérdidas«, recuerda Gonzalo Recarte, director general de Cobas AM. Pero la realidad, más allá de la volatilidad intrínseca al petróleo, demuestra que en los primeros 10 días de contienda, cuando el nerviosismo tocó techo en la madrugada del domingo al lunes, los principales indicadores que miden el miedo no llegaron nunca a zonas de pánico. Un ejemplo, el Baltic Dry Index -que mide el coste de los fletes del transporte marítimo de mercancías como el carbón, el hierro o el grano agrícola- ha caído un 13%, en niveles de febrero, nada grave. De momento, no anticipa una recesión económica. Otro indicador es el Índice de Incertidumbre Geopolítica -que se basa en las noticias que publican los medios de comunicación- y que debería multiplicar por tres su nivel actual para acercarse a los máximos que se vivieron durante el Liberation Day de Donald Trump en abril de 2025, cuando anunció su nueva política arancelaria.
Goldman Sachs, en una informe elaborado tras la primera semana de guerra, daba una probabilidad del 30% a una corrección de las bolsas superior al 20% en 12 meses; o si la caída era de un 10% en los próximos tres meses. Y un dato más… el VIX, que mide la volatilidad el S&P 500, cotiza a la mitad que en abril del año pasado.
Santiago Rubio, director de estrategia de inversión de CaixaBank AM, entiende que «el propio interés de todas las partes implicadas indica que lo razonable es que busquen una resolución rápida, aunque confiar en la razón no es siempre la mejor guía en este tipo de conflictos». Lo cierto es que, a pesar de los datos, sí están pasando algunas cosas. Una de ellas tiene que ver con el precio del petróleo. Si bien la guerra podría terminar mañana si EEUU e Irán lo quisieran, los gestores entienden como una posibilidad más razonable que el oro negro pueda cotizar en niveles superiores durante un tiempo. Y hay motivos detrás para creerlo. Bank of America revela que ya durante el último trimestre de 2025 los gestores de fondos empezaron a cargar sus carteras con más compañías vinculadas a la energía, que venían duramente castigadas en mercado; y se habían deshecho de algo de oro, con una posición neta desde percentiles del 81 hasta el 51, un tercio menos aproximadamente.
Cobas AM, con el gestor value Francisco García-Paramés detrás, ha tomado también esta senda, con un 30% de su cartera en energía, servicios, infraestructuras de gas natural y productoras de petróleo y gas, con modelos de valoración que tienen en cuenta precios del barril Brent sobre los 60-65 dólares, cuando ahora está unos 30 dólares por encima. La gestora es de las pocas que lleva varios trimestres aconsejando salir del sector defensa, no por no verle potencial, sino porque entiende que tras el tirón del último año hay otros sectores que ofrecen mejores oportunidades. ¿Cuáles? En España Recarte reconoce haber entrado en Meliá Hotels, y mantener su apuesta por Técnicas Reunidas o por el sector de concesiones con Sacyr.
Por su parte, Santander AM explica que su escenario central es el de un ciclo que continúa, aunque puede que con cierta prima sobre los precios del Brent, hasta los 75 dólares/barril. Tomás García-Purriños, analista sénior de Asset Allocation de la gestora, reconoce que contemplan todos los escenarios posibles, como un conflicto más extenso en el tiempo y que lleve al crudo a los 90 dólares de forma más sostenida; que podría «ser absorbido por el ciclo, con más volatilidad y restando algo de crecimiento»; y un tercer supuesto que implicaría el cierre del estrecho de Ormuz durante mucho más tiempo, con un crudo sobre los 110-120 dólares barril. En cualquiera de ellas, Santander AM cree que el ciclo económico no está en riesgo porque «el punto de partida es muy positivo» y mejor si se compara con la crisis energética de 2022, a raíz de la guerra en Ucrania y que es la referencia de la que todo el mundo habla estos días.
¿Cómo están posicionados en Santander AM? Les gustan sectores como petroleras (sobre todo las productoras, ligadas al precio), materiales, industria, consumo defensivo, utilities (que también son defensivas) o financiero, muy pegado al ciclo económico; además de buscar protección con liquidez y materias primas como el oro.
«Comparar esta crisis con Ucrania cae por su propio peso, cuando el gas de referencia en Europa (TTF) tocó los 350 euros MWh y se mantuvo de manera sostenida sobre los 100 euros (…) En realidad, no ha habido tiempo de ponerse nervioso. Trump ha enseñado ya sus cartas y ni China, ni los países del Golfo, ni Irán tienen ningún interés en que la guerra no se resuelva», asegura Iturriaga. De hecho, el gestor considera que nos dirigimos hacia «un nuevo orden mundial con un petróleo estructuralmente barato» después de ver la debilidad real -frente a lo que se pensaba- de grupos como Hezbolá o Hamás o del propio ejército iraní.
«Hay dos preocupaciones desde el lado más macroeconómico: una rotura en la cadena de energía y un potencial cortocircuito de la confianza empresarial, que todavía está en curso», dicen desde JP Morgan, que es una de las decenas de firmas de análisis que calculan ya cuál será el impacto sobre la economía y los precios del posible cierre continuado del estrecho de Ormuz.
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