Cuando el agua no basta

Hay imágenes que a uno no se le van de la retina. Ver arder un bosque ya impresiona por sí solo, pero verlo junto a una gran masa de agua como es el pantano de San Juan provoca una sensación de impotencia difícil de explicar. El agua está ahí, a escasos metros, y sin embargo las llamas avanzan sin dar tregua. Tan cerca y a la vez tan lejos.Estos días todos hemos visto las imágenes del incendio que ha castigado la Sierra Oeste de Madrid. El humo cubriendo el pantano, el cielo teñido de naranja y el Real Club Náutico de Madrid rodeado por el fuego. Un lugar que para miles de aficionados a la vela siempre ha sido sinónimo de deporte, naturaleza y tranquilidad se ha convertido, de repente, en el escenario de destrucción.Sí, las llamas han destruido barcos, hangares y parte de las instalaciones del club. Es un golpe muy duro para una entidad con más de seis décadas de historia y una referencia en clases como el Soling, capaz de atraer regatistas de toda Europa. Pero al fin y al cabo, esto no es lo más importante. Podía haber sido una desgracia mayor si hubiera habido campamentos de verano con decenas de niños, pero afortunadamente no había nadie.Se podrán comprar otros barcos. Las instalaciones se repararán. Con esfuerzo, con el trabajo de los socios, el club volverá con más fuerza. Seguro.Lo que será mucho más difícil recuperar es todo lo que rodeaba al club. Miles de hectáreas de pinar convertidas en cenizas. Un paisaje que tardó décadas en crecer y que ha desaparecido en apenas unas horas. Quienes hemos navegado en el Pantano de San Juan sabemos que buena parte de su encanto estaba precisamente ahí, en ese entorno privilegiado que hacía olvidar que uno se encontraba a poco más de una hora de Madrid. Será cuestión de tener paciencia y dejar que corra el tiempo.Seguramente muchos se habrán hecho la misma pregunta: ¿cómo puede arder un bosque teniendo un embalse de estas dimensiones al lado? Es una reacción lógica. Todo tiene su explicación, el viento, las temperaturas extremas, la dificultad para utilizar medios aéreos en determinadas condiciones… y uno entiende que la realidad es mucho más compleja.Pero eso no elimina la sensación de frustración al ver cómo el fuego iba avanzando mientras el agua permanecía tan cerca.Pero hay un hecho que por encima de todos es el más importante. No ha habido que lamentar víctimas personales. En una tragedia de estas dimensiones, esa es la mejor noticia posible. Todo lo demás, por doloroso que resulte, acabará encontrando solución.El Real Club Náutico de Madrid volverá a organizar regatas. Los pantalanes volverán a llenarse de barcos y el sonido de las drizas golpeando los mástiles sustituirá al silencio que ha dejado el incendio. Lo que tardaremos más tiempo en recuperar será ese paisaje que formaba parte de la identidad del Pantano de San Juan.Porque los clubes náuticos no son solo edificios y embarcaciones. También son el lugar donde están. Y cuando el entorno desaparece, todos perdemos un poco. Ojalá dentro de un tiempo volvamos a navegar entre esos pinares.Será la mejor señal de que la naturaleza, aunque siempre a su ritmo, también sabe levantarse. Hay imágenes que a uno no se le van de la retina. Ver arder un bosque ya impresiona por sí solo, pero verlo junto a una gran masa de agua como es el pantano de San Juan provoca una sensación de impotencia difícil de explicar. El agua está ahí, a escasos metros, y sin embargo las llamas avanzan sin dar tregua. Tan cerca y a la vez tan lejos.Estos días todos hemos visto las imágenes del incendio que ha castigado la Sierra Oeste de Madrid. El humo cubriendo el pantano, el cielo teñido de naranja y el Real Club Náutico de Madrid rodeado por el fuego. Un lugar que para miles de aficionados a la vela siempre ha sido sinónimo de deporte, naturaleza y tranquilidad se ha convertido, de repente, en el escenario de destrucción.Sí, las llamas han destruido barcos, hangares y parte de las instalaciones del club. Es un golpe muy duro para una entidad con más de seis décadas de historia y una referencia en clases como el Soling, capaz de atraer regatistas de toda Europa. Pero al fin y al cabo, esto no es lo más importante. Podía haber sido una desgracia mayor si hubiera habido campamentos de verano con decenas de niños, pero afortunadamente no había nadie.Se podrán comprar otros barcos. Las instalaciones se repararán. Con esfuerzo, con el trabajo de los socios, el club volverá con más fuerza. Seguro.Lo que será mucho más difícil recuperar es todo lo que rodeaba al club. Miles de hectáreas de pinar convertidas en cenizas. Un paisaje que tardó décadas en crecer y que ha desaparecido en apenas unas horas. Quienes hemos navegado en el Pantano de San Juan sabemos que buena parte de su encanto estaba precisamente ahí, en ese entorno privilegiado que hacía olvidar que uno se encontraba a poco más de una hora de Madrid. Será cuestión de tener paciencia y dejar que corra el tiempo.Seguramente muchos se habrán hecho la misma pregunta: ¿cómo puede arder un bosque teniendo un embalse de estas dimensiones al lado? Es una reacción lógica. Todo tiene su explicación, el viento, las temperaturas extremas, la dificultad para utilizar medios aéreos en determinadas condiciones… y uno entiende que la realidad es mucho más compleja.Pero eso no elimina la sensación de frustración al ver cómo el fuego iba avanzando mientras el agua permanecía tan cerca.Pero hay un hecho que por encima de todos es el más importante. No ha habido que lamentar víctimas personales. En una tragedia de estas dimensiones, esa es la mejor noticia posible. Todo lo demás, por doloroso que resulte, acabará encontrando solución.El Real Club Náutico de Madrid volverá a organizar regatas. Los pantalanes volverán a llenarse de barcos y el sonido de las drizas golpeando los mástiles sustituirá al silencio que ha dejado el incendio. Lo que tardaremos más tiempo en recuperar será ese paisaje que formaba parte de la identidad del Pantano de San Juan.Porque los clubes náuticos no son solo edificios y embarcaciones. También son el lugar donde están. Y cuando el entorno desaparece, todos perdemos un poco. Ojalá dentro de un tiempo volvamos a navegar entre esos pinares.Será la mejor señal de que la naturaleza, aunque siempre a su ritmo, también sabe levantarse.  

Hay imágenes que a uno no se le van de la retina. Ver arder un bosque ya impresiona por sí solo, pero verlo junto a una gran masa de agua como es el pantano de San Juan provoca una sensación de impotencia difícil de explicar. … El agua está ahí, a escasos metros, y sin embargo las llamas avanzan sin dar tregua. Tan cerca y a la vez tan lejos.

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