Del ‘caso Ghali’ a la crisis de Ceuta: cinco años de luces y sombras en la relación entre España y Marruecos

En abril de 2025, el ministro de Exteriores José Manuel Albares, en una reunión en Madrid con su homólogo marroquí, defendió que las relaciones entre España y Marruecos atravesaban su «mejor momento histórico». Meses después, una reunión de alto nivel entre ambos países culminaba el deshielo entre Madrid y Rabat, iniciado en 2022 tras un cambio de posición histórico del Gobierno español sobre el Sáhara Occidental.

Poco más de un año después de aquel «mejor momento», la entrada masiva de más de 70.000 personas en Ceuta marca un nuevo punto de inflexión en la complicada vecindad de España y Marruecos, siempre marcada por la cooperación mutua y la tensión fronteriza a partes iguales. El Gobierno se ha esforzado en valorar públicamente la transparencia y la disposición de las autoridades marroquíes para solventar el incidente del jueves —con el regreso de todos los migrantes que ingresaron irregularmente en territorio español— pese a que persiste la incertidumbre sobre la actuación de las autoridades marroquíes en la frontera.

El episodio es el último de una larga trayectoria de luces y sombras en las relaciones entre Madrid y Rabat desde la llegada de Pedro Sánchez a la presidencia. Una relación marcada en los últimos años por tensiones migratorias, etapas de cooperación y una grave crisis diplomática, cerrada con una carta de Sánchez al rey de Marruecos y el histórico cambio de política exterior sobre el Sáhara.

La entrada masiva en 2021 tras acoger al líder del Polisario

Ceuta ya vivió una situación similar a la del pasado jueves, aunque de una magnitud mucho menor, en 2021, cuando más de 12.000 personas ingresaron ilegalmente en la ciudad autónoma en apenas 48 horas. En aquel incidente, como en 2026, no faltaron los testimonios que hablaban de la pasividad de las autoridades marroquíes, que habrían facilitado la llegada y el asalto a la frontera de miles de personas.

Aquella crisis, que también motivó el despliegue del Ejército en la frontera, se produjo apenas un mes después de que España permitiese la entrada en el país del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, bajo una identidad falsa para ser tratado de cáncer y covid en un hospital de Logroño. Esa decisión desató una crisis diplomática sin precedentes con Rabat, que consideró un apoyo indirecto al frente saharaui la acogida de Ghali. Marruecos retiró a su embajadora en Madrid y suspendió las relaciones bilaterales de alto nivel con España, dando inicio a la crisis más grave entre ambos países desde el incidente del islote de Perejil en 2002.

En un informe remitido al Gobierno tras el incidente fronterizo, el CNI apuntó a la crisis en Ceuta y la suspensión de relaciones como una estrategia de presión de Rabat como represalia por la acogida de Ghali y en busca de un único objetivo: un histórico cambio de posición de España respecto al Sáhara Occidental, según informó El País en ese momento.

El ‘caso Pegasus’ en plena crisis con Marruecos

En plena crisis durante ese 2021, además, los móviles del presidente Pedro Sánchez y los ministros de Interior y Defensa, Fernando Grande-Marlaska y Margarita Robles, fueron infectados con el software israelí Pegasus.

El espionaje logró extraer alrededor de 2,6 gigabytes de información del teléfono de Sánchez, y aunque el Gobierno nunca acusó formalmente a Marruecos, las investigaciones periodísticas sobre Pegasus identificó a Rabat como cliente del del software para operaciones de vigilancia.

El Gobierno hizo público el incidente en 2022, cuando la crisis diplomática con Marruecos había quedado atrás, y la Audiencia Nacional tuvo que concluir la investigación sin conclusiones ante la falta de cooperación de las autoridades israelíes para indagar en la autoría del ciberataque.

El «momento ideal» tras el giro español sobre el Sáhara

Tras un año de relaciones rotas, una carta de Sánchez al rey de Marruecos, Mohamed VI, provoco el deshielo de relaciones y puso fin a 47 años de política exterior española respecto a la soberanía del Sáhara Occidental. En la misiva, Sánchez aseguró al monarca alauí que el plan de autonomía marroquí —una propuesta presentada por Rabat ante la ONU en 2007 que contempla la soberanía marroquí sobre el Sáhara en un supuesto régimen de autogobierno— como «la base más seria, creíble y realista» para resolver la cuestión del Sáhara, colonia española hasta 1975 y pendiente de descolonización por parte de España según la ONU.

El cambio de posición del Gobierno sobre el Sáhara Occidental, fundamental para las aspiraciones marroquíes sobre el territorio, motivó el reinicio de las relaciones entre España y Marruecos. Sin embargo, las relaciones con Argelia, impulsadas desde la pandemia en materia comercial y energética, quedó rota tras la retirada del embajador argelino y la suspensión de tratados por parte de Argel, enemistada con Marruecos y favorable a la independencia saharaui.

Asumida por Moncloa la mayor reivindicación diplomática de Marruecos, la visita de Sánchez a Rabat y su audiencia con Mohamed VI en abril de 2022 dio inicio a tres años de plena cooperación: pese a que los problemas estructurales (como la tensión migratoria) persistían, ambos países suscribieron una hoja de ruta para impulsar la cooperación. La embajadora marroquí regresó a Madrid, se celebró la primera reunión de alto nivel entre ambos países desde 2015, y se suscribieron acuerdos en migración, comercio y seguridad. Tres años después, llegó ese «momento ideal», marcado por la firma de más de 30 acuerdos de cooperación.

No obstante, la presión migratoria siguió presente pese a un acusado descenso de la misma. En 2022, 23 personas inmigrantes del África subsahariana murieron al intentar saltar la valla de Melilla en la ciudad marroquí de Nador, en unos incidentes en los que también fallecieron dos gendarmes marroquíes. 133 migrantes lograron entrar en territorio español, y Pedro Sánchez valoro públicamente el trabajo de Marruecos para impedir «un asalto violento» a la frontera.

El Gobierno trata de apagar una nueva crisis… la mayor

Sin embargo, tres años sin incidentes significativos terminaron el jueves con una nueva entrada masiva, la más numerosa hasta la fecha, en Ceuta. Mientras la ciudad autónoma trata de recuperar la normalidad, y el Gobierno intenta solventar la crisis migratoria y su derivada diplomática con el resto de países europeos, se indaga en las causas de lo ocurrido: numerosos testimonios hablan, igual que en 2021, de la pasividad de las autoridades marroquíes, de bulos en redes que motivaron la afluencia masiva hacia Ceuta, o la reciente sentencia del Supremo que limita la posibilidad de efectuar ‘devoluciones en caliente’.

También sobre si el incidente puede ser un nuevo episodio de presión migratoria incentivada por Marruecos como represalia por la visita de Sánchez a Argelia y los nuevos acuerdos económicos entre Madrid y Argel en materia energética, o incluso el visto bueno del Congreso, el pasado 23 de julio, a la Ley de Nacionalidad Saharaui, que avala que los saharauis nacidos antes del 11 de agosto de 1977 puedan optar a la nacionalidad española, y que aún debe ratificar el Senado.

 La relación entre Madrid y Rabat ha estado marcada en los últimos años por incidentes fronterizos en picos de tensión diplomática.  

En abril de 2025, el ministro de Exteriores José Manuel Albares, en una reunión en Madrid con su homólogo marroquí, defendió que las relaciones entre España y Marruecos atravesaban su «mejor momento histórico». Meses después, una reunión de alto nivel entre ambos países culminaba el deshielo entre Madrid y Rabat, iniciado en 2022 tras un cambio de posición histórico del Gobierno español sobre el Sáhara Occidental. 

Poco más de un año después de aquel «mejor momento», la entrada masiva de más de 70.000 personas en Ceuta marca un nuevo punto de inflexión en la complicada vecindad de España y Marruecos, siempre marcada por la cooperación mutua y la tensión fronteriza a partes iguales. El Gobierno se ha esforzado en valorar públicamente la transparencia y la disposición de las autoridades marroquíes para solventar el incidente del jueves —con el regreso de todos los migrantes que ingresaron irregularmente en territorio español— pese a que persiste la incertidumbre sobre la actuación de las autoridades marroquíes en la frontera.

El episodio es el último de una larga trayectoria de luces y sombras en las relaciones entre Madrid y Rabat desde la llegada de Pedro Sánchez a la presidencia. Una relación marcada en los últimos años por tensiones migratorias, etapas de cooperación y una grave crisis diplomática, cerrada con una carta de Sánchez al rey de Marruecos y el histórico cambio de política exterior sobre el Sáhara.

La entrada masiva en 2021 tras acoger al líder del Polisario

Ceuta ya vivió una situación similar a la del pasado jueves, aunque de una magnitud mucho menor, en 2021, cuando más de 12.000 personas ingresaron ilegalmente en la ciudad autónoma en apenas 48 horas. En aquel incidente, como en 2026, no faltaron los testimonios que hablaban de la pasividad de las autoridades marroquíes, que habrían facilitado la llegada y el asalto a la frontera de miles de personas.

Aquella crisis, que también motivó el despliegue del Ejército en la frontera, se produjo apenas un mes después de que España permitiese la entrada en el país del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, bajo una identidad falsa para ser tratado de cáncer y covid en un hospital de Logroño. Esa decisión desató una crisis diplomática sin precedentes con Rabat, que consideró un apoyo indirecto al frente saharaui la acogida de Ghali. Marruecos retiró a su embajadora en Madrid y suspendió las relaciones bilaterales de alto nivel con España, dando inicio a la crisis más grave entre ambos países desde el incidente del islote de Perejil en 2002.

En un informe remitido al Gobierno tras el incidente fronterizo, el CNI apuntó a la crisis en Ceuta y la suspensión de relaciones como una estrategia de presión de Rabat como represalia por la acogida de Ghali y en busca de un único objetivo: un histórico cambio de posición de España respecto al Sáhara Occidental, según informó El País en ese momento. 

El ‘caso Pegasus’ en plena crisis con Marruecos

En plena crisis durante ese 2021, además, los móviles del presidente Pedro Sánchez y los ministros de Interior y Defensa, Fernando Grande-Marlaska y Margarita Robles, fueron infectados con el software israelí Pegasus. 

El espionaje logró extraer alrededor de 2,6 gigabytes de información del teléfono de Sánchez, y aunque el Gobierno nunca acusó formalmente a Marruecos, las investigaciones periodísticas sobre Pegasus identificó a Rabat como cliente del del software para operaciones de vigilancia. 

El Gobierno hizo público el incidente en 2022, cuando la crisis diplomática con Marruecos había quedado atrás, y la Audiencia Nacional tuvo que concluir la investigación sin conclusiones ante la falta de cooperación de las autoridades israelíes para indagar en la autoría del ciberataque.

El «momento ideal» tras el giro español sobre el Sáhara

Tras un año de relaciones rotas, una carta de Sánchez al rey de Marruecos, Mohamed VI, provoco el deshielo de relaciones y puso fin a 47 años de política exterior española respecto a la soberanía del Sáhara Occidental. En la misiva, Sánchez aseguró al monarca alauí  que el plan de autonomía marroquí —una propuesta presentada por Rabat ante la ONU en 2007 que contempla la soberanía marroquí sobre el Sáhara en un supuesto régimen de autogobierno— como «la base más seria, creíble y realista» para resolver la cuestión del Sáhara, colonia española hasta 1975 y pendiente de descolonización por parte de España según la ONU.

El cambio de posición del Gobierno sobre el Sáhara Occidental, fundamental para las aspiraciones marroquíes sobre el territorio, motivó el reinicio de las relaciones entre España y Marruecos. Sin embargo, las relaciones con Argelia, impulsadas desde la pandemia en materia comercial y energética, quedó rota tras la retirada del embajador argelino y la suspensión de tratados por parte de Argel, enemistada con Marruecos y favorable a la independencia saharaui.

Asumida por Moncloa la mayor reivindicación diplomática de Marruecos, la visita de Sánchez a Rabat y su audiencia con Mohamed VI en abril de 2022 dio inicio a tres años de plena cooperación: pese a que los problemas estructurales (como la tensión migratoria) persistían, ambos países suscribieron una hoja de ruta para impulsar la cooperación. La embajadora marroquí regresó a Madrid, se celebró la primera reunión de alto nivel entre ambos países desde 2015, y se suscribieron acuerdos en migración, comercio y seguridad. Tres años después, llegó ese «momento ideal», marcado por la firma de más de 30 acuerdos de cooperación.

No obstante, la presión migratoria siguió presente pese a un acusado descenso de la misma. En 2022, 23 personas inmigrantes del África subsahariana murieron al intentar saltar la valla de Melilla en la ciudad marroquí de Nador, en unos incidentes en los que también fallecieron dos gendarmes marroquíes. 133 migrantes lograron entrar en territorio español, y Pedro Sánchez valoro públicamente el trabajo de Marruecos para impedir «un asalto violento» a la frontera.

El Gobierno trata de apagar una nueva crisis… la mayor

Sin embargo, tres años sin incidentes significativos terminaron el jueves con una nueva entrada masiva, la más numerosa hasta la fecha, en Ceuta. Mientras la ciudad autónoma trata de recuperar la normalidad, y el Gobierno intenta solventar la crisis migratoria y su derivada diplomática con el resto de países europeos, se indaga en las causas de lo ocurrido: numerosos testimonios hablan, igual que en 2021, de la pasividad de las autoridades marroquíes, de bulos en redes que motivaron la afluencia masiva hacia Ceuta, o la reciente sentencia del Supremo que limita la posibilidad de efectuar ‘devoluciones en caliente’.

También sobre si el incidente puede ser un nuevo episodio de presión migratoria incentivada por Marruecos como represalia por la visita de Sánchez a Argelia y los nuevos acuerdos económicos entre Madrid y Argel en materia energética, o incluso el visto bueno del Congreso, el pasado 23 de julio, a la Ley de Nacionalidad Saharaui, que avala que los saharauis nacidos antes del 11 de agosto de 1977 puedan optar a la nacionalidad española, y que aún debe ratificar el Senado.

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