Del músculo al buen pie: el Madrid de Mourinho ya tiene identidad

Una ruleta de Bellingham, un pase al espacio de Arda, un sutil toque de Camavinga y un balón a la red de Mbappé. La jugada del 1-2 en Barcelona provocó que Mourinho se lanzara de rodillas en su zona técnica del Camp Nou y apretara su puño derecho en un par de ocasiones. Él no había generado ni marcado el gol de la victoria en el clásico, pero lo celebró como tal. Y, seguramente, con merecimiento. Ganó al Barça cuando más necesitado estaba. En puntos y en juego. De poder salir a 9 y decir casi adiós a la Liga, a estar a 3 y depender de sí mismo . Y con un fútbol que pocos hubieran pensado hace apenas un mes , cuando el Madrid salió del Metropolitano con demasiadas dudas y pocas certezas.«En Roma cambiaron muchas cosas» , deslizan en el vestuario, poniendo la chincheta en un partido que demostró a Mourinho que su insistencia en un Madrid con Tchouaméni y Valverde como cemento armado en el doble pivote no era la mejor idea para edificar su segundo proyecto en el banquillo blanco: «Un centro del campo de combinación de talentos nos da más que tener dos jugadores de características parecidas», explicó el luso tras conquistar el Camp Nou con una lección táctica a Flick .Era un eufemismo para reconocer que al lado de Tchouaméni, una vez que Valverde ha dejado claro que es el mejor ‘2’ de la plantilla , lo que habla tan bien de él como regular de la planificación del club en esa posición, tiene que jugar un futbolista con buen pie. Llámese Bernardo , como pasó en el clásico, o Arda. Y si es con ambos en el campo, y uno de ellos tirado a la derecha, todavía mejor: «Un doble pivote con Bernardo y con Arda solo lo haré en situaciones desesperadas (como pasó en el Olímpico de Roma), y otro con Camavinga y Tchouaméni solo en momentos específicos de un partido (como en los últimos quince minutos en el Camp Nou). En estas dos semanas he aprendido que con un doble pivote que mezcle, el equipo construye mejor , tiene más equilibrio para defender y más calidad a la hora de atacar», confesó el luso tras el 1-2.El Madrid de Mourinho ya tiene, por fin, un plan. Un buen plan. Cinco victorias consecutivas, tres en Liga y dos en Champions, y una de ellas en el Camp Nou , con todo lo que ello conlleva, han cambiado el escenario y también han confirmado una evolución táctica que Mourinho llevaba semanas persiguiendo. Había pedido tiempo y confianza, negando que fuera un entrenador cabezón y sin cintura. Como Ancelotti, confesó en varias ocasiones que su idea de fútbol no iba a estar por encima del esquema que mejor se adaptara a las características de sus jugadores, y así ha sido. El Madrid ha encontrado en el talento de Arda y de Bernardo, más el músculo y las piernas de Tchouaméni , una fórmula que le permite construir mejor, defender con más equilibrio y atacar con más organización y recursos.Y ahí está la clave. En un centro del campo que demandaba el madridismo a gritos y que, a la hora de la verdad, ha demostrado que está a la altura para competir contra el que para muchos es el equipo con mejores futbolistas en esa zona, como es el Barcelona. Lo que empezó siendo una solución residual para momentos de necesidad y urgencia se ha convertido en la semilla de un Madrid ilusionante, algo que no pasaba desde hace muchos meses . Partido a partido, Mourinho ha ido dejando atrás el doble pivote de Tchouaméni y Valverde, dos futbolistas de características parecidas, con músculo, recorrido y capacidad para sostener al equipo, para abrir la puerta a una sociedad que mezcla perfiles y multiplica las posibilidades en la salida de balón. Bernardo y Arda aportan pausa, imaginación y calidad en la circulación. Tchouaméni, por detrás, mantiene el ancla defensiva. Y el resultado es un Madrid menos encorsetado , con más capacidad para encontrar al hombre libre, ofrecer líneas de pase, acelerar el juego y encontrar una mayor variedad de recursos para superar la presión rival.MÁS INFORMACIÓN noticia Opinión No Mourinho encuentra el camino noticia No Electroshock del Madrid a la Liga: así se aprieta la clasificación noticia No Cucurella se come a Lamine noticia No Locura madridista por Mbappé, frialdad en el palco, latido azulgrana en la grada y ‘Mou’ en su salsaEso no quiere decir que el once del Camp Nou se haya ganado un estatus de intocable. Es el que mejor rendimiento le ha dado cuando la carretera se ha empinado a un puerto de categoría especial, pero en su cabeza sigue estando un Madrid en el que Vinicius sea un futbolista importante , aunque ahora sea complicado verlo. Y eso conllevaría tocar lo que en el Camp Nou funcionó también. Será el próximo examen del luso, pero lo afrontará con la tranquilidad de saber que Tchouaméni, Bernardo y Arda le ofrecen lo que llevaba tres meses buscando: un equipo capaz de dominar desde el balón sin perder el equilibrio. El Madrid de Mourinho ya tiene identidad: del músculo al buen pie. Una ruleta de Bellingham, un pase al espacio de Arda, un sutil toque de Camavinga y un balón a la red de Mbappé. La jugada del 1-2 en Barcelona provocó que Mourinho se lanzara de rodillas en su zona técnica del Camp Nou y apretara su puño derecho en un par de ocasiones. Él no había generado ni marcado el gol de la victoria en el clásico, pero lo celebró como tal. Y, seguramente, con merecimiento. Ganó al Barça cuando más necesitado estaba. En puntos y en juego. De poder salir a 9 y decir casi adiós a la Liga, a estar a 3 y depender de sí mismo . Y con un fútbol que pocos hubieran pensado hace apenas un mes , cuando el Madrid salió del Metropolitano con demasiadas dudas y pocas certezas.«En Roma cambiaron muchas cosas» , deslizan en el vestuario, poniendo la chincheta en un partido que demostró a Mourinho que su insistencia en un Madrid con Tchouaméni y Valverde como cemento armado en el doble pivote no era la mejor idea para edificar su segundo proyecto en el banquillo blanco: «Un centro del campo de combinación de talentos nos da más que tener dos jugadores de características parecidas», explicó el luso tras conquistar el Camp Nou con una lección táctica a Flick .Era un eufemismo para reconocer que al lado de Tchouaméni, una vez que Valverde ha dejado claro que es el mejor ‘2’ de la plantilla , lo que habla tan bien de él como regular de la planificación del club en esa posición, tiene que jugar un futbolista con buen pie. Llámese Bernardo , como pasó en el clásico, o Arda. Y si es con ambos en el campo, y uno de ellos tirado a la derecha, todavía mejor: «Un doble pivote con Bernardo y con Arda solo lo haré en situaciones desesperadas (como pasó en el Olímpico de Roma), y otro con Camavinga y Tchouaméni solo en momentos específicos de un partido (como en los últimos quince minutos en el Camp Nou). En estas dos semanas he aprendido que con un doble pivote que mezcle, el equipo construye mejor , tiene más equilibrio para defender y más calidad a la hora de atacar», confesó el luso tras el 1-2.El Madrid de Mourinho ya tiene, por fin, un plan. Un buen plan. Cinco victorias consecutivas, tres en Liga y dos en Champions, y una de ellas en el Camp Nou , con todo lo que ello conlleva, han cambiado el escenario y también han confirmado una evolución táctica que Mourinho llevaba semanas persiguiendo. Había pedido tiempo y confianza, negando que fuera un entrenador cabezón y sin cintura. Como Ancelotti, confesó en varias ocasiones que su idea de fútbol no iba a estar por encima del esquema que mejor se adaptara a las características de sus jugadores, y así ha sido. El Madrid ha encontrado en el talento de Arda y de Bernardo, más el músculo y las piernas de Tchouaméni , una fórmula que le permite construir mejor, defender con más equilibrio y atacar con más organización y recursos.Y ahí está la clave. En un centro del campo que demandaba el madridismo a gritos y que, a la hora de la verdad, ha demostrado que está a la altura para competir contra el que para muchos es el equipo con mejores futbolistas en esa zona, como es el Barcelona. Lo que empezó siendo una solución residual para momentos de necesidad y urgencia se ha convertido en la semilla de un Madrid ilusionante, algo que no pasaba desde hace muchos meses . Partido a partido, Mourinho ha ido dejando atrás el doble pivote de Tchouaméni y Valverde, dos futbolistas de características parecidas, con músculo, recorrido y capacidad para sostener al equipo, para abrir la puerta a una sociedad que mezcla perfiles y multiplica las posibilidades en la salida de balón. Bernardo y Arda aportan pausa, imaginación y calidad en la circulación. Tchouaméni, por detrás, mantiene el ancla defensiva. Y el resultado es un Madrid menos encorsetado , con más capacidad para encontrar al hombre libre, ofrecer líneas de pase, acelerar el juego y encontrar una mayor variedad de recursos para superar la presión rival.MÁS INFORMACIÓN noticia Opinión No Mourinho encuentra el camino noticia No Electroshock del Madrid a la Liga: así se aprieta la clasificación noticia No Cucurella se come a Lamine noticia No Locura madridista por Mbappé, frialdad en el palco, latido azulgrana en la grada y ‘Mou’ en su salsaEso no quiere decir que el once del Camp Nou se haya ganado un estatus de intocable. Es el que mejor rendimiento le ha dado cuando la carretera se ha empinado a un puerto de categoría especial, pero en su cabeza sigue estando un Madrid en el que Vinicius sea un futbolista importante , aunque ahora sea complicado verlo. Y eso conllevaría tocar lo que en el Camp Nou funcionó también. Será el próximo examen del luso, pero lo afrontará con la tranquilidad de saber que Tchouaméni, Bernardo y Arda le ofrecen lo que llevaba tres meses buscando: un equipo capaz de dominar desde el balón sin perder el equilibrio. El Madrid de Mourinho ya tiene identidad: del músculo al buen pie.  

Una ruleta de Bellingham, un pase al espacio de Arda, un sutil toque de Camavinga y un balón a la red de Mbappé. La jugada del 1-2 en Barcelona provocó que Mourinho se lanzara de rodillas en su zona técnica del Camp Nou … y apretara su puño derecho en un par de ocasiones. Él no había generado ni marcado el gol de la victoria en el clásico, pero lo celebró como tal. Y, seguramente, con merecimiento. Ganó al Barça cuando más necesitado estaba. En puntos y en juego. De poder salir a 9 y decir casi adiós a la Liga, a estar a 3 y depender de sí mismo. Y con un fútbol que pocos hubieran pensado hace apenas un mes, cuando el Madrid salió del Metropolitano con demasiadas dudas y pocas certezas.

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