Del shock petrolero y la cocaína de Amberes a la IA que resucita a los muertos en las bodas de India

<p>El conflicto abierto entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha colocado al mundo ante un escenario que durante décadas parecía improbable. El temor a drones y misiles sigue estrangulando el estrecho de Ormuz, vaciando de petroleros el pasillo vital del Golfo, y productores como Irak, Kuwait o Emiratos han cerrado pozos por falta de almacenamiento, disparando el precio del crudo. La guerra amenaza con convertirse en un mayor terremoto económico global: el frenazo del petróleo y del gas de Qatar sacude los mercados energéticos y resucita el fantasma de los grandes shocks petroleros que han marcado la economía mundial desde los años 70. <strong>Aramco,</strong> la petrolera estatal saudí, ya advierte de «consecuencias catastróficas» si el conflicto sigue bloqueando el tráfico marítimo. La única gran economía que parece que se preparó para esta crisis fue China, que llenó sus depósitos de petróleo en enero y principios de febrero.</p>

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 El conflicto abierto entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha colocado al mundo ante un escenario que durante décadas parecía improbable. El temor a drones y misiles sigue e  

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El conflicto abierto entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha colocado al mundo ante un escenario que durante décadas parecía improbable. El temor a drones y misiles sigue estrangulando el estrecho de Ormuz, vaciando de petroleros el pasillo vital del Golfo, y productores como Irak, Kuwait o Emiratos han cerrado pozos por falta de almacenamiento, disparando el precio del crudo. La guerra amenaza con convertirse en un mayor terremoto económico global: el frenazo del petróleo y del gas de Qatar sacude los mercados energéticos y resucita el fantasma de los grandes shocks petroleros que han marcado la economía mundial desde los años 70. Aramco, la petrolera estatal saudí, ya advierte de «consecuencias catastróficas» si el conflicto sigue bloqueando el tráfico marítimo. La única gran economía que parece que se preparó para esta crisis fue China, que llenó sus depósitos de petróleo en enero y principios de febrero.

La guerra está poniendo en riesgo la imagen de Dubai y de los países del Golfo como oasis favorables a los negocios internacionales, una reputación construida durante décadas. Ese modelo se sustentó en una delicada estrategia diplomática: mantener relaciones económicas con Irán mientras se fortalecían las alianzas militares y políticas con Occidente, que miraba hacia otro lado en cuestiones de derechos humanos. Los recientes ataques han expuesto los límites de ese equilibrio y plantean dudas sobre si la región podrá seguir proyectándose como un centro global de estabilidad y prosperidad. Dubai, con su puerto, aeropuerto y zona franca financiera, alberga miles de millones en capital internacional y proyectos inmobiliarios emblemáticos. En 2025, Emiratos Árabes Unidos registró aproximadamente 33.200 millones de dólares en inversión extranjera directa en nuevos proyectos, un aumento del 78% respecto al año anterior.

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El nuevo plan quinquenal de China (2026-2030) dibuja la hoja de ruta con la que Pekín pretende blindarse frente a un mundo cada vez más volátil y ganar terreno en la carrera tecnológica con Estados Unidos. Presentado durante las recientes reuniones políticas anuales, el programa apuesta por reforzar la autosuficiencia energética y alimentaria, trasladar industrias estratégicas al interior y acelerar la modernización militar con sistemas de drones e inteligencia artificial. Al mismo tiempo, el país quiere liderar los estándares globales en IA, computación cuántica y economía digital, impulsar proyectos de fusión nuclear y ampliar su presencia científica en el espacio, las aguas profundas y las regiones polares. Pekín dice que el objetivo de fondo es consolidar un «modelo chino» capaz de resistir golpes externos mientras atrae talento internacional.

Donald Trump ha convertido los zapatos Florsheim, icónicos oxford de cuero estadounidenses, en un instrumento de influencia dentro de la Casa Blanca, regalándolos a legisladores, asesores y figuras mediáticas. Con precios promedio de 145 dólares, estos zapatos fabricados en Chicago simbolizan no solo estilo, sino también un legado industrial estadounidense, vinculado históricamente a la producción para soldados en guerras mundiales y al auge de los centros comerciales. La estrategia de Trump, dicen los analistas, revela un uso del consumo y la marca nacional como herramienta geopolítica y de poder blando interno: al distribuir Florsheim a figuras relevantes de su Gobierno y simpatizantes de renombre, refuerza símbolos de identidad estadounidense mientras proyecta la influencia de empresas locales, conectando poder político, economía doméstica y cultura empresarial en un ritual que mezcla estatus y lealtad.

Bélgica corre el riesgo de convertirse en un narcoestado, donde el crimen organizado ligado al tráfico de cocaína amenaza la estabilidad social. Así lo ha sentenciado Bart Willocx, presidente del Tribunal de Apelaciones de Amberes. El puerto de esta ciudad, responsable de más del 70% de la cocaína que entra a Europa, se ha convertido en un nodo estratégico para mafias transnacionales, con bandas que llegan a sobornar con más de 250.000 euros por contenedor. En 2023 se incautaron 121 toneladas de cocaína en Bélgica, récord histórico, mientras que en 2024 las incautaciones bajaron a 44 toneladas, reflejando la sofisticación de las operaciones criminales. La violencia conectada al narcotráfico ha dejado secuestros, tiroteos y amenazas a jueces y policías. Más allá del impacto local, estas redes tienen una dimensión geoeconómica: flujos ilícitos de capital y droga desde Sudamérica hasta Dubai comprometen la confianza en un país clave para el comercio europeo.

En la boda de Jaideep Sharma, en la ciudad india de Ajmer, las luces se apagaron y los invitados esperaban el típico vídeo romántico. En su lugar apareció su padre, muerto hacía más de un año, sonriendo y bendiciendo a la pareja. Se trataba de un deepfake creado con inteligencia artificial a partir de viejas fotos y encargado por Instagram a un creador local por unas 50.000 rupias. La escena resume una nueva industria emocional que florece en las ciudades medias de India: vídeos de suegras fallecidas conociendo a sus nietos, padres que reaparecen en bodas o avatares que hablan con los vivos. Jóvenes autodidactas, formados con tutoriales de YouTube, cobran entre 200 y 600 euros por resucitar digitalmente a los muertos. Todo ocurre en uno de los mercados de IA que más crece del mundo: el sector ya supera los 10.000 millones de euros y podría alcanzar más de 110.000 millones en 2032, impulsado por una demanda masiva de herramientas generativas.

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