Es injusto que a leyendas como Novak Djokovic se les diga que ha llegado su final. Y peligroso para quienes lo hacen: se puede volver en su contra. Pero el paso fugaz y doloroso del serbio por el US Open agita el debate sobre cuánto tenis le queda al mejor de todos los tiempos : cayó este domingo en primera ronda ante el argentino Mariano Navone, 49º del mundo (7-6, 5-7, 4-6, 6-2, 6-1).Djokovic llegó a Nueva York con la expectación de poder aprovechar la ausencia del número uno del mundo, Jannik Sinner , y la incógnita que supone el regreso de Carlos Alcaraz , en el dique seco por lesión durante casi cinco meses. Es evidente que su objetivo es sumar un ‘grande’ más, para llegar a los 25 y convertirse en el humano con más ‘grandes’ de la historia (está empatado con la australiana Margaret Court). Pero se va de Queens dejando el interrogante de si volverá a tener el nivel para disputar los grandes torneos , incluso con el camino despejado, como este año. Y, a la vista de su sufrimiento sobre la pista, uno se pregunta si incluso querrá seguir intentándolo.Porque ver a Djokovic en el cemento azul neoyorquino fue trágico. El serbio era un harapo. Se desgañitaba de dolor, vomitaba en la esquina , donde guardaba la toalla. Sufrió calambres en el pie izquierdo, recibió masajes en la espalda en dos ocasiones, perdía el equilibrio, se le caía la raqueta. Con todo, aguantó hasta el final, en un esfuerzo que el público neoyorquino le recompensó. Llevó el partido hasta los cinco sets, casi cinco horas, y no entregó la cuchara hasta el filo de la medianoche.«Estuve con un ‘break’ arriba en el cuarto set, pero sufrí todo el partido desde el cuarto juego », dijo después en la sala de prensa, cariacontecido.Ese es el territorio -los cinco sets, los partidos largos, la exigencia física- en el que Djokovic ha sido el rey. Un obseso del físico, ha cuidado su cuerpo , privilegiado para el tenis, para extender su carrera hasta los 39 años. Pero quizá ese mismo cuerpo ha empezado a decir basta este año.«Me sentí horrible en la pista» , dijo. «Es algo que he estado arrastrando, por desgracia, casi en cada partido este año. Eso de vomitar es algo serio. Y luego todo mi cuerpo empieza a derrumbarse, con calambres y con dolor. La espalda se rindió al final y el hombro también, no pude cerrar el partido», añadió.Djokovic no quiso quitar mérito a Navone , de 25 años, que no se descompuso en el estadio de tenis más grande del mundo y ante el más grande de todos los tiempos. Y le remontó al que es su ídolo. «Esto es increíble, un sueño hecho realidad», dijo el argentino tras su victoria.Pero Djokovic sabe que este partido nunca se le hubiera escapado en condiciones normales. De hecho, hacía dos décadas que el serbio no perdía en primera ronda de un ‘grande’, desde Australia en 2006. En Nueva York, nunca se había despedido a las primeras de cambio.Quizá ‘Nole’ se ve ya forzado a cumplir con la ley de vida , esa que se ha saltado tantos años: viene un joven y te gana. En los últimos años, ha podido con todos, excepto con los dos jóvenes que mandan en el tenis, Sinner y Alcaraz. Sin embargo, esta temporada parece que le puede ganar ya cualquiera. En Cincinnati también perdió con otro argentino sin gran carrera, Thiago Tirante, en su primer partido. En Wimbledon aguantó hasta semifinales, donde no pudo plantar cara a Sinner. En Roland Garros le apeó en tercera ronda el brasileño Joao Fonseca, que entonces todavía tenía 19 años. En Roma le fulminó un desconocido croata, Dino Prizmic, de 21 años. Y antes, en octavos de Indian Wells, Jack Draper.Sería osado dar por muerto a Djokovic, que esta misma temporada llegó a la final de Australia, donde cayó ante Alcaraz, después de sobrevivir ante Sinner en semifinales. No obstante, la realidad es que no gana un ‘grande’ desde hace tres años , con su victoria aquí en Nueva York en 2023. Y cada vez le costará más estar al nivel para lograr el 25º.Tanto como el dolor físico, también el dolor emocional de aceptar esa realidad es lo que provocó que el serbio rompiera a llorar en el final del partido , mientras se preparaba para recibir un saque de Navone, en medio de una ovación del público que aguantaba en Arthur Ashe para acabar de ver el drama.En rueda de prensa, nadie habló de despedida . Ahora bien, Djokovic reconoció que tiene que pensar si puede seguir así. Preguntado por qué lección saca de lo ocurrido en los últimos meses, el serbio respondió que no quería entrar en ello en profundidad, pero reconoció que tiene que «mirar de verdad lo que está pasando y cuánto puedo seguir así». Es injusto que a leyendas como Novak Djokovic se les diga que ha llegado su final. Y peligroso para quienes lo hacen: se puede volver en su contra. Pero el paso fugaz y doloroso del serbio por el US Open agita el debate sobre cuánto tenis le queda al mejor de todos los tiempos : cayó este domingo en primera ronda ante el argentino Mariano Navone, 49º del mundo (7-6, 5-7, 4-6, 6-2, 6-1).Djokovic llegó a Nueva York con la expectación de poder aprovechar la ausencia del número uno del mundo, Jannik Sinner , y la incógnita que supone el regreso de Carlos Alcaraz , en el dique seco por lesión durante casi cinco meses. Es evidente que su objetivo es sumar un ‘grande’ más, para llegar a los 25 y convertirse en el humano con más ‘grandes’ de la historia (está empatado con la australiana Margaret Court). Pero se va de Queens dejando el interrogante de si volverá a tener el nivel para disputar los grandes torneos , incluso con el camino despejado, como este año. Y, a la vista de su sufrimiento sobre la pista, uno se pregunta si incluso querrá seguir intentándolo.Porque ver a Djokovic en el cemento azul neoyorquino fue trágico. El serbio era un harapo. Se desgañitaba de dolor, vomitaba en la esquina , donde guardaba la toalla. Sufrió calambres en el pie izquierdo, recibió masajes en la espalda en dos ocasiones, perdía el equilibrio, se le caía la raqueta. Con todo, aguantó hasta el final, en un esfuerzo que el público neoyorquino le recompensó. Llevó el partido hasta los cinco sets, casi cinco horas, y no entregó la cuchara hasta el filo de la medianoche.«Estuve con un ‘break’ arriba en el cuarto set, pero sufrí todo el partido desde el cuarto juego », dijo después en la sala de prensa, cariacontecido.Ese es el territorio -los cinco sets, los partidos largos, la exigencia física- en el que Djokovic ha sido el rey. Un obseso del físico, ha cuidado su cuerpo , privilegiado para el tenis, para extender su carrera hasta los 39 años. Pero quizá ese mismo cuerpo ha empezado a decir basta este año.«Me sentí horrible en la pista» , dijo. «Es algo que he estado arrastrando, por desgracia, casi en cada partido este año. Eso de vomitar es algo serio. Y luego todo mi cuerpo empieza a derrumbarse, con calambres y con dolor. La espalda se rindió al final y el hombro también, no pude cerrar el partido», añadió.Djokovic no quiso quitar mérito a Navone , de 25 años, que no se descompuso en el estadio de tenis más grande del mundo y ante el más grande de todos los tiempos. Y le remontó al que es su ídolo. «Esto es increíble, un sueño hecho realidad», dijo el argentino tras su victoria.Pero Djokovic sabe que este partido nunca se le hubiera escapado en condiciones normales. De hecho, hacía dos décadas que el serbio no perdía en primera ronda de un ‘grande’, desde Australia en 2006. En Nueva York, nunca se había despedido a las primeras de cambio.Quizá ‘Nole’ se ve ya forzado a cumplir con la ley de vida , esa que se ha saltado tantos años: viene un joven y te gana. En los últimos años, ha podido con todos, excepto con los dos jóvenes que mandan en el tenis, Sinner y Alcaraz. Sin embargo, esta temporada parece que le puede ganar ya cualquiera. En Cincinnati también perdió con otro argentino sin gran carrera, Thiago Tirante, en su primer partido. En Wimbledon aguantó hasta semifinales, donde no pudo plantar cara a Sinner. En Roland Garros le apeó en tercera ronda el brasileño Joao Fonseca, que entonces todavía tenía 19 años. En Roma le fulminó un desconocido croata, Dino Prizmic, de 21 años. Y antes, en octavos de Indian Wells, Jack Draper.Sería osado dar por muerto a Djokovic, que esta misma temporada llegó a la final de Australia, donde cayó ante Alcaraz, después de sobrevivir ante Sinner en semifinales. No obstante, la realidad es que no gana un ‘grande’ desde hace tres años , con su victoria aquí en Nueva York en 2023. Y cada vez le costará más estar al nivel para lograr el 25º.Tanto como el dolor físico, también el dolor emocional de aceptar esa realidad es lo que provocó que el serbio rompiera a llorar en el final del partido , mientras se preparaba para recibir un saque de Navone, en medio de una ovación del público que aguantaba en Arthur Ashe para acabar de ver el drama.En rueda de prensa, nadie habló de despedida . Ahora bien, Djokovic reconoció que tiene que pensar si puede seguir así. Preguntado por qué lección saca de lo ocurrido en los últimos meses, el serbio respondió que no quería entrar en ello en profundidad, pero reconoció que tiene que «mirar de verdad lo que está pasando y cuánto puedo seguir así».
Es injusto que a leyendas como Novak Djokovic se les diga que ha llegado su final. Y peligroso para quienes lo hacen: se puede volver en su contra. Pero el paso fugaz y doloroso del serbio por el US Open agita el debate sobre … cuánto tenis le queda al mejor de todos los tiempos: cayó este domingo en primera ronda ante el argentino Mariano Navone, 49º del mundo (7-6, 5-7, 4-6, 6-2, 6-1).
Djokovic llegó a Nueva York con la expectación de poder aprovechar la ausencia del número uno del mundo, Jannik Sinner, y la incógnita que supone el regreso de Carlos Alcaraz, en el dique seco por lesión durante casi cinco meses. Es evidente que su objetivo es sumar un ‘grande’ más, para llegar a los 25 y convertirse en el humano con más ‘grandes’ de la historia (está empatado con la australiana Margaret Court). Pero se va de Queens dejando el interrogante de si volverá a tener el nivel para disputar los grandes torneos, incluso con el camino despejado, como este año. Y, a la vista de su sufrimiento sobre la pista, uno se pregunta si incluso querrá seguir intentándolo.
Porque ver a Djokovic en el cemento azul neoyorquino fue trágico. El serbio era un harapo. Se desgañitaba de dolor, vomitaba en la esquina, donde guardaba la toalla. Sufrió calambres en el pie izquierdo, recibió masajes en la espalda en dos ocasiones, perdía el equilibrio, se le caía la raqueta. Con todo, aguantó hasta el final, en un esfuerzo que el público neoyorquino le recompensó. Llevó el partido hasta los cinco sets, casi cinco horas, y no entregó la cuchara hasta el filo de la medianoche.
Noticia relacionada
-
Tenis
Javier Ansorena
«Estuve con un ‘break’ arriba en el cuarto set, pero sufrí todo el partido desde el cuarto juego», dijo después en la sala de prensa, cariacontecido.
Ese es el territorio -los cinco sets, los partidos largos, la exigencia física- en el que Djokovic ha sido el rey. Un obseso del físico, ha cuidado su cuerpo, privilegiado para el tenis, para extender su carrera hasta los 39 años. Pero quizá ese mismo cuerpo ha empezado a decir basta este año.
«Me sentí horrible en la pista», dijo. «Es algo que he estado arrastrando, por desgracia, casi en cada partido este año. Eso de vomitar es algo serio. Y luego todo mi cuerpo empieza a derrumbarse, con calambres y con dolor. La espalda se rindió al final y el hombro también, no pude cerrar el partido», añadió.
Djokovic no quiso quitar mérito a Navone, de 25 años, que no se descompuso en el estadio de tenis más grande del mundo y ante el más grande de todos los tiempos. Y le remontó al que es su ídolo. «Esto es increíble, un sueño hecho realidad», dijo el argentino tras su victoria.
Dos décadas sin perder en primera ronda
Pero Djokovic sabe que este partido nunca se le hubiera escapado en condiciones normales. De hecho, hacía dos décadas que el serbio no perdía en primera ronda de un ‘grande’, desde Australia en 2006. En Nueva York, nunca se había despedido a las primeras de cambio.
Quizá ‘Nole’ se ve ya forzado a cumplir con la ley de vida, esa que se ha saltado tantos años: viene un joven y te gana. En los últimos años, ha podido con todos, excepto con los dos jóvenes que mandan en el tenis, Sinner y Alcaraz. Sin embargo, esta temporada parece que le puede ganar ya cualquiera. En Cincinnati también perdió con otro argentino sin gran carrera, Thiago Tirante, en su primer partido. En Wimbledon aguantó hasta semifinales, donde no pudo plantar cara a Sinner. En Roland Garros le apeó en tercera ronda el brasileño Joao Fonseca, que entonces todavía tenía 19 años. En Roma le fulminó un desconocido croata, Dino Prizmic, de 21 años. Y antes, en octavos de Indian Wells, Jack Draper.
Sería osado dar por muerto a Djokovic, que esta misma temporada llegó a la final de Australia, donde cayó ante Alcaraz, después de sobrevivir ante Sinner en semifinales. No obstante, la realidad es que no gana un ‘grande’ desde hace tres años, con su victoria aquí en Nueva York en 2023. Y cada vez le costará más estar al nivel para lograr el 25º.
En rueda de prensa, nadie habló de despedida. Ahora bien, Djokovic reconoció que tiene que pensar si puede seguir así. Preguntado por qué lección saca de lo ocurrido en los últimos meses, el serbio respondió que no quería entrar en ello en profundidad, pero reconoció que tiene que «mirar de verdad lo que está pasando y cuánto puedo seguir así».
RSS de noticias de deportes
