Economía, pesca… y derechos sin deberes: por qué los islandeses han votado ‘no’ a retomar las negociaciones de entrada en la UE

La Unión Europea quiere presentarse atractiva frente a los Trump, Putin y Xi, pero con Islandia no lo ha conseguido: el referéndum celebrado el sábado para decidir si el país retomaba o no las conversaciones para entrar en la Unión se saldó con un margen muy estrecho (52% frente a 48%) por el «no», dando un varapalo importante a Bruselas en su afán por ampliar la esfera de influencia. Y es que el islandés es un caso particular. En 2009 presentaron su solicitud para ser miembros de la UE, pero en 2013 decidieron que no se avanzaría en el diálogo y que querían dejar de ser candidatos… un estatus que perdieron del todo en 2015.

Más de una década después, con el mundo más inestable que nunca en la era moderna, el Gobierno puso sobre la mesa un referéndum no vinculante para saber si los suyos querían volver al camino europeo. Groenlandia, las guerras, el reto del Ártico o los afanes de EEUU y Rusia parecían ingredientes en favor de que Islandia se acercase al bloque, del que ya forman parte Finlandia, Suecia y Dinamarca. Pero no es ese el camino que quieren en Reijkiavik. «Discutiremos el tema en el Parlamento, creemos que es crucial. Y tomaremos una decisión sobre qué hacer con la solicitud. Pero este Gobierno no va a seguir adelante con las negociaciones en este mandato«, zanjó sobre el tema ya el domingo la primera ministra, Kristrún Frostadóttir.

Pero, ¿qué hay detrás del «no» de Islandia a avanzar para ser parte de la Unión Europea?

Para empezar, que el país ya cuenta con dos grandes ventajas que da también el ser parte de la UE a muchos Estados miembros: forma parte del Espacio Económico Europeo (EEE) y también del espacio Schengen. Esto es, se beneficia del libre comercio que da el primero y de la libertad de movimiento que da el segundo. Fuentes diplomáticas consultadas por 20minutos sobre la votación asumen que la decisión es, visto lo visto, lógica, porque Islandia, dicen, se benefician de partes positivas que da la UE sin formar parte de ella y siendo externa al bloque no tiene que cumplir con el acervo comunitario, es decir, con las normas económicas o financieras que exige ser un Estado miembro.

Y es que Frostadóttir no escondió la explicación. «La gente esta contante con el EEE, con la actual relación con la UE. Esa es la lección que extraemos. Vamos a continuar reforzando esa relación», avisó, y dejó claro que el referéndum no se repetirá en el corto plazo. Es, además, un resultado que deja tocadas las aspiraciones de Bruselas, que desde los órdagos lanzados por Donald Trump sobre la soberanía de Groenlandia se había afanado por acercarse a la región ártica… esta vez sin suerte.

Las mismas fuentes consultadas asumen que Islandia es clave desde el punto de vista estratégico para la UE, y, aunque reconocen que el resultado del referéndum no es bueno para la Unión, rebajan la tensión alegando que el país seguirá siendo un socio fiable.

Y es que la Unión es el mayor socio comercial de Islandia: representó el 53,6% del comercio total de mercancías del país nórdico en 2025. La UE, al mismo tiempo, es el mayor mercado de exportación de Islandia, ya que representa el 66,5% de las exportaciones totales de Reykjavík. Islandia exporta principalmente metales no ferrosos y pescado a la UE. Al mismo tiempo, el bloque comunitario es la mayor fuente de importaciones de Islandia, con una cuota del 45,1% de las importaciones totales de Islandia. El comercio de servicios con Islandia creció un 24% entre 2022 y 2023, con un pequeño déficit para la Unión en 2023.

Más allá de lo genérico, hay elementos concretos que pueden explicar el «no». Uno de los más importantes es la pesca: «Estoy segura de que esta discusión ha hecho pensar a mucha gente en otros países lo importante que es la pesca para nosotros. No somos Europa continental, somos una isla y hemos sobrevivido gracias a la pesca muchos años. Es una cuestión emocional para nosotros», afirmó la primera ministra sobre el asunto. Y es que la política pesquera es una de las grandes áreas de dominio de la UE sobre los Estados miembros, y los islandeses no han querido perder, explicaron los expertos, esa soberanía.

Y es que, según datos oficiales, la pesca y los productos del mar siguen siendo estratégicos para la economía islandesa: el año pasado, el PIB de Islandia fue de unos 33.000 millones de euros, mientras que los productos marinos representaron aproximadamente el 39% de las exportaciones de bienes, con un valor cercano a 2.600 millones. Asimismo, las capturas pesqueras tuvieron en 2024 un valor aproximado de 1.100 millones de euros y la acuicultura generó unos 360 millones en exportaciones en 2025. En conjunto, aunque la pesca supone una parte relativamente pequeña del PIB directamente, tiene un peso decisivo en el comercio exterior, el empleo de determinadas regiones y la economía islandesa. Todos esos números dan autonomía al país, como se ha repetido en la campaña por parte de los detractores a retomar las conversaciones con Bruselas. Una soberanía nacional que, además, estuvo en el foco del debate porque el país no se independizó totalmente de Dinamarca hasta 1944.

Esa ‘juventud’ llevó al temor de los partidarios del «no» sobre si una entrada en la Unión supondría una subordinación a Bruselas. Algunas fuentes diplomáticas añaden que, como pasó con el brexit y el Reino Unido, no se hizo una campaña verdaderamente constructiva en favor del «sí» en el referéndum.

Con todo, el trasfondo es también geopolítico… y ahí nace el verdadero problema para la UE: la inestabilidad global es innegable, pero para los islandeses la Unión no es sinónimo de certidumbre, a la vista de los resultados de la votación. Islandia es parte de la OTAN, y países como Estados Unidos o Francia han repetido tras el referéndum que seguirán profundizando en las relaciones bilaterales, algo que también asegura Bruselas. Pero el Ártico será clave en los próximos años -ya lo es- y la Unión ha perdido, por un estrecho margen, un partido decisivo en Reykjavík.

 El margen ha sido estrecho (52% frente a 48%), pero la clave para el resultado en contra de volver a la conversación con Bruselas tiene muchos matices.  

La Unión Europea quiere presentarse atractiva frente a los Trump, Putin y Xi, pero con Islandia no lo ha conseguido: el referéndum celebrado el sábado para decidir si el país retomaba o no las conversaciones para entrar en la Unión se saldó con un margen muy estrecho (52% frente a 48%) por el «no», dando un varapalo importante a Bruselas en su afán por ampliar la esfera de influencia. Y es que el islandés es un caso particular. En 2009 presentaron su solicitud para ser miembros de la UE, pero en 2013 decidieron que no se avanzaría en el diálogo y que querían dejar de ser candidatos… un estatus que perdieron del todo en 2015.

Más de una década después, con el mundo más inestable que nunca en la era moderna, el Gobierno puso sobre la mesa un referéndum no vinculante para saber si los suyos querían volver al camino europeo. Groenlandia, las guerras, el reto del Ártico o los afanes de EEUU y Rusia parecían ingredientes en favor de que Islandia se acercase al bloque, del que ya forman parte Finlandia, Suecia y Dinamarca. Pero no es ese el camino que quieren en Reijkiavik. «Discutiremos el tema en el Parlamento, creemos que es crucial. Y tomaremos una decisión sobre qué hacer con la solicitud. Pero este Gobierno no va a seguir adelante con las negociaciones en este mandato«, zanjó sobre el tema ya el domingo la primera ministra, Kristrún Frostadóttir.

Pero, ¿qué hay detrás del «no» de Islandia a avanzar para ser parte de la Unión Europea?

Para empezar, que el país ya cuenta con dos grandes ventajas que da también el ser parte de la UE a muchos Estados miembros: forma parte del Espacio Económico Europeo (EEE) y también del espacio Schengen. Esto es, se beneficia del libre comercio que da el primero y de la libertad de movimiento que da el segundo. Fuentes diplomáticas consultadas por 20minutos sobre la votación asumen que la decisión es, visto lo visto, lógica, porque Islandia, dicen, se benefician de partes positivas que da la UE sin formar parte de ella y siendo externa al bloque no tiene que cumplir con el acervo comunitario, es decir, con las normas económicas o financieras que exige ser un Estado miembro.

Y es que Frostadóttir no escondió la explicación. «La gente esta contante con el EEE, con la actual relación con la UE. Esa es la lección que extraemos. Vamos a continuar reforzando esa relación», avisó, y dejó claro que el referéndum no se repetirá en el corto plazo. Es, además, un resultado que deja tocadas las aspiraciones de Bruselas, que desde los órdagos lanzados por Donald Trump sobre la soberanía de Groenlandia se había afanado por acercarse a la región ártica… esta vez sin suerte.

Las mismas fuentes consultadas asumen que Islandia es clave desde el punto de vista estratégico para la UE, y, aunque reconocen que el resultado del referéndum no es bueno para la Unión, rebajan la tensión alegando que el país seguirá siendo un socio fiable.

Y es que la Unión es el mayor socio comercial de Islandia: representó el 53,6% del comercio total de mercancías del país nórdico en 2025. La UE, al mismo tiempo, es el mayor mercado de exportación de Islandia, ya que representa el 66,5% de las exportaciones totales de Reykjavík. Islandia exporta principalmente metales no ferrosos y pescado a la UE. Al mismo tiempo, el bloque comunitario es la mayor fuente de importaciones de Islandia, con una cuota del 45,1% de las importaciones totales de Islandia. El comercio de servicios con Islandia creció un 24% entre 2022 y 2023, con un pequeño déficit para la Unión en 2023.

Más allá de lo genérico, hay elementos concretos que pueden explicar el «no». Uno de los más importantes es la pesca: «Estoy segura de que esta discusión ha hecho pensar a mucha gente en otros países lo importante que es la pesca para nosotros. No somos Europa continental, somos una isla y hemos sobrevivido gracias a la pesca muchos años. Es una cuestión emocional para nosotros», afirmó la primera ministra sobre el asunto. Y es que la política pesquera es una de las grandes áreas de dominio de la UE sobre los Estados miembros, y los islandeses no han querido perder, explicaron los expertos, esa soberanía.

Y es que, según datos oficiales, la pesca y los productos del mar siguen siendo estratégicos para la economía islandesa: el año pasado, el PIB de Islandia fue de unos 33.000 millones de euros, mientras que los productos marinos representaron aproximadamente el 39% de las exportaciones de bienes, con un valor cercano a 2.600 millones. Asimismo, las capturas pesqueras tuvieron en 2024 un valor aproximado de 1.100 millones de euros y la acuicultura generó unos 360 millones en exportaciones en 2025. En conjunto, aunque la pesca supone una parte relativamente pequeña del PIB directamente, tiene un peso decisivo en el comercio exterior, el empleo de determinadas regiones y la economía islandesa. Todos esos números dan autonomía al país, como se ha repetido en la campaña por parte de los detractores a retomar las conversaciones con Bruselas. Una soberanía nacional que, además, estuvo en el foco del debate porque el país no se independizó totalmente de Dinamarca hasta 1944.

Esa ‘juventud’ llevó al temor de los partidarios del «no» sobre si una entrada en la Unión supondría una subordinación a Bruselas. Algunas fuentes diplomáticas añaden que, como pasó con el brexit y el Reino Unido, no se hizo una campaña verdaderamente constructiva en favor del «sí» en el referéndum.

Con todo, el trasfondo es también geopolítico… y ahí nace el verdadero problema para la UE: la inestabilidad global es innegable, pero para los islandeses la Unión no es sinónimo de certidumbre, a la vista de los resultados de la votación. Islandia es parte de la OTAN, y países como Estados Unidos o Francia han repetido tras el referéndum que seguirán profundizando en las relaciones bilaterales, algo que también asegura Bruselas. Pero el Ártico será clave en los próximos años -ya lo es- y la Unión ha perdido, por un estrecho margen, un partido decisivo en Reykjavík.

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