El deporte como puerta de salida de la pobreza infantil: “A mi hija le ha cambiado hasta el carácter”

Libeth Hernández y César Alexis Tejada, madre y padre de dos niños que son amigos y que comparten equipo de fútbol, ayudados por la ONG Todos juegan, este junio durante un entrenamiento, en Madrid.

Cuando en casa los ingresos rozan los 900 euros y hay cuatro bocas que alimentar, pagar la cuota para que un hijo pueda federarse en un equipo es impensable. Melisa, madre soltera de tres, no puede permitírselo. Pero los niños van al colegio y ven a sus amigos, que sí hacen deporte. Y al final lo que quiere un crío, básicamente, es jugar. Sus hijos, especialmente las dos pequeñas, se han pasado tardes y tardes encerradas en la habitación en la que viven, en un piso compartido en Madrid. Hasta que un día lo impensable se hizo posible. A esta madre, que prefiere usar su segundo nombre para preservar la intimidad de su familia, le contaron que una asociación podía ayudarlas. “Mi hija mediana quería jugar al voleibol”, explica. Encontraron un club para ella y buscan cómo subvencionar las cuotas y la equipación. “Antes estaba un poco afligida. Ha habido un cambio en ella, hasta en el carácter. Ahora viene contenta, viene cansada”, explica. Ya no es la amiga que no hace actividades. Ahora es una más.

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José Ignacio Arrufat, presidente de la ONG Todos juegan, este junio durante el entrenamiento de fútbol de dos niños a los que ayuda su organización. Una asociación busca plaza en equipos a niños cuyas familias no pueden pagar las cuotas. Muchas “tienen que escoger entre comer o que sus hijos jueguen”  Libeth Hernández y César Alexis Tejada, madre y padre de dos niños que son amigos y que comparten equipo de fútbol, ayudados por la ONG Todos juegan, este junio durante un entrenamiento, en Madrid.

Cuando en casa los ingresos rozan los 900 euros y hay cuatro bocas que alimentar, pagar la cuota para que un hijo pueda federarse en un equipo es impensable. Melisa, madre soltera de tres, no puede permitírselo. Pero los niños van al colegio y ven a sus amigos, que sí hacen deporte. Y al final lo que quiere un crío, básicamente, es jugar. Sus hijos, especialmente las dos pequeñas, se han pasado tardes y tardes encerradas en la habitación en la que viven, en un piso compartido en Madrid. Hasta que un día lo impensable se hizo posible. A esta madre, que prefiere usar su segundo nombre para preservar la intimidad de su familia, le contaron que una asociación podía ayudarlas. “Mi hija mediana quería jugar al voleibol”, explica. Encontraron un club para ella y buscan cómo subvencionar las cuotas y la equipación. “Antes estaba un poco afligida. Ha habido un cambio en ella, hasta en el carácter. Ahora viene contenta, viene cansada”, explica. Ya no es la amiga que no hace actividades. Ahora es una más.

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José Ignacio Arrufat, presidente de la ONG Todos juegan, este junio durante el entrenamiento de fútbol de dos niños a los que ayuda su organización. Feed MRSS-S Noticias

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