El embudo eléctrico

En unos días se cumplirá el primer aniversario del apagón que desconectó por completo España en un episodio insólito para un país avanzado. Nadie ha asumido ninguna responsabilidad y, sobre el papel, tampoco ha habido modificaciones sustantivas en el sistema que garanticen que no volverá a registrarse un cero energético en el futuro. El estallido de la guerra de Irán y el shock de oferta de fuentes fósiles ha servido de fijador del falso debate que pretende enfrentar un modelo de energía renovable (izquierda) frente a otro de nuclear (derecha). La tiranía del relato impide abrir el debate técnico que sí se refleja en nuestro recibo de la luz: para disfrutar de un modelo de energía verde hay que apoyarlo con fuentes de generación más estables. Pese a que constituye un tabú en el discurso oficial, los sobrecostes del sistema de respaldo batirán este año todos los récords con una factura de varios miles de millones de euros.

 En unos días se cumplirá el primer aniversario del apagón que desconectó por completo España en un episodio insólito para un país avanzado. Nadie ha asumido nin  

En unos días se cumplirá el primer aniversario del apagón que desconectó por completo España en un episodio insólito para un país avanzado. Nadie ha asumido ninguna responsabilidad y, sobre el papel, tampoco ha habido modificaciones sustantivas en el sistema que garanticen que no volverá a registrarse un cero energético en el futuro. El estallido de la guerra de Irán y el shock de oferta de fuentes fósiles ha servido de fijador del falso debate que pretende enfrentar un modelo de energía renovable (izquierda) frente a otro de nuclear (derecha). La tiranía del relato impide abrir el debate técnico que sí se refleja en nuestro recibo de la luz: para disfrutar de un modelo de energía verde hay que apoyarlo con fuentes de generación más estables. Pese a que constituye un tabú en el discurso oficial, los sobrecostes del sistema de respaldo batirán este año todos los récords con una factura de varios miles de millones de euros.

El análisis de las cifras sigue arrojando un modelo con luces y sombras. Por un lado, la potencia instalada se acerca a los 150.000 megavatios de electricidad cuando el país sólo es capaz de consumir unos 40.000. El excedente de oferta renovable sobre la demanda hace que los precios del mercado marginalista sean negativos en buena parte del día, en lo que debería constituir una ventaja competitiva para nuestra economía. Este abaratamiento no llega de manera directa a las facturas de los hogares, que están sobretasadas por los llamados costes del sistema y los impuestos. Además, cuestiona la viabilidad financiera de una parte de la planta de generación renovable. Aun así, constituye un alivio en un momento en que la producción de gas está tensionada.

Hay una cifra todavía más inquietante. En España se consumieron cerca de 450 teravatios de electricidad en 2025, lo que supone una cifra inferior a la de 2018 y próxima al año de la pandemia. No tiene mucho sentido que un país cuyo PIB ha crecido más de un 10% desde ese año necesite cada vez menos electricidad si no concurrieran algunos factores. Uno de ellos es la falta de eficiencia del sistema, otro es la desindustrialización galopante de nuestra economía y el tercero es el que une todos los puntos: la situación de colapso de nuestras redes.

Pese al exceso de generación eléctrica, centros de datos, promociones inmobiliarias o fábricas están en lista de espera para acceder a puntos de conexión. Además de dar con el mix adecuado, la competitividad del modelo ibérico va a depender en los próximos años de que quien quiera invertir en España pueda encender la luz.

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