Cada verano, cuando el último timbre del curso deja paso a casi tres meses de vacaciones, miles de familias vuelven a hacerse la misma pregunta: ¿deben los niños seguir haciendo deberes o es mejor guardar los libros hasta septiembre ? El debate se repite año tras año y divide tanto a padres como a docentes. Mientras unos temen que sus hijos olviden parte de lo aprendido durante el curso, otros defienden que el descanso es tan importante como el propio aprendizaje. Lo cierto es que ambas posturas tienen parte de razón. Después de un curso marcado por clases, exámenes , actividades extraescolares y rutinas muy exigentes, los menores necesitan desconectar. Sin embargo, una pausa demasiado prolongada también puede hacer que pierdan algunos hábitos de estudio y que la vuelta al colegio resulte más complicada. La cuestión, por tanto, no es elegir entre deberes sí o deberes no, sino encontrar un equilibrio que permita seguir aprendiendo sin renunciar al descanso.«Las vacaciones deben dar prioridad al descanso , al bienestar emocional y al aprendizaje no formal. Si se proponen tareas , estas deberían ser ligeras, motivadoras y compatibles con el tiempo libre», explica Meira Koponen, Learning Design Manager de Kahoot!. A su juicio, el objetivo no es prolongar el curso escolar durante julio y agosto, sino mantener vivo el interés por aprender de una manera más natural y adaptada a esta época del año.Los expertos coinciden en que el aprendizaje no se limita a completar fichas o resolver operaciones matemáticas. De hecho, muchas de las experiencias más enriquecedoras tienen lugar precisamente fuera del aula. Leer una novela por placer, escribir un diario de las vacaciones, preparar una receta en familia, visitar un museo, hacer una excursión por la naturaleza o planificar un viaje también ayudan a desarrollar competencias como la comprensión lectora , la creatividad, la autonomía o la resolución de problemas. Incluso esos momentos en los que parece que los niños «no hacen nada» pueden ser beneficiosos. El aburrimiento, tan temido por muchas familias, favorece que los menores desarrollen la imaginación, inventen juegos y aprendan a gestionar su propio tiempo sin depender continuamente de estímulos externos. En una época en la que las agendas infantiles suelen estar repletas de actividades durante todo el curso, disponer de tiempo libre también forma parte del aprendizaje.Eso no significa que haya que renunciar por completo a cualquier rutina. Mantener pequeños hábitos durante el verano puede facilitar la incorporación al nuevo curso. Bastan unos minutos al día dedicados a la lectura, algún reto matemático relacionado con la vida cotidiana o una actividad creativa para mantener activo el cerebro sin convertir las vacaciones en una extensión del calendario escolar. Además, el verano presenta unas condiciones particulares que conviene tener en cuenta. Las altas temperaturas dificultan la concentración y aumentan la sensación de cansancio, por lo que, si se realiza algún tipo de repaso, lo más recomendable es hacerlo a primera hora de la mañana o al final de la tarde. También ayuda estudiar en un lugar fresco, bien iluminado y realizar sesiones cortas acompañadas de pequeños descansos.Convertir el repaso en un juegoLa lectura sigue siendo una de las actividades más recomendadas para estas semanas. Pero los especialistas insisten en que debe plantearse desde el disfrute y no como una obligación. Permitir que sean los propios niños quienes elijan los libros que quieren leer aumenta la motivación y favorece que el hábito lector perdure más allá de las vacaciones. La tecnología, utilizada con criterio, también puede convertirse en una aliada. En los últimos años han proliferado las plataformas educativas que recurren a la gamificación para transformar el estudio en pequeños desafíos y cuestionarios interactivos. Este tipo de recursos permite repasar contenidos de forma más dinámica y adaptarse al ritmo de cada alumno, sin necesidad de largas jornadas frente a los cuadernos.En este sentido, Koponen asegura que «al convertir el repaso en un juego, los alumnos participan con mayor interés y disfrutan del proceso de aprendizaje». Además, añade que «el componente lúdico reduce la presión asociada al estudio, favoreciendo un ambiente más relajado y positivo». Más allá de los deberes tradicionales, las vacaciones representan una oportunidad para que los niños desarrollen habilidades que durante el curso quedan en un segundo plano. Pasar tiempo con los abuelos, convivir más horas con la familia, practicar deporte, descubrir nuevos lugares o asumir pequeñas responsabilidades en casa también contribuye a reforzar su autonomía, sus capacidades sociales y su bienestar emocional.MÁS INFORMACIÓN noticia No Adiós a los cuadernillos: 5 juegos de toda la vida para que tus hijos repasen matemáticas en verano noticia Si «Celebrar ‘claustros familiares’ con tu pareja y tus hijos lo cambia todo» noticia No Paris Hilton celebra el cierre del internado donde sufrió abusos: «Por fin ha llegado la noticia por la que he luchado y rezado» noticia Si Estamos criando hijos que saben comprar pero no saben manejar el dineroAl final, la pregunta no debería ser si los niños tienen que hacer deberes en verano, sino cómo aprovechar esos meses para seguir aprendiendo de otra manera. Porque aprender también es jugar , experimentar, descubrir y compartir tiempo con quienes les rodean. Como resume Meira Koponen, «un repaso ligero y flexible, adaptado a las características de esta época del año y respetando el tiempo de ocio, permite a los alumnos llegar al nuevo curso con mayor seguridad y confianza». Cada verano, cuando el último timbre del curso deja paso a casi tres meses de vacaciones, miles de familias vuelven a hacerse la misma pregunta: ¿deben los niños seguir haciendo deberes o es mejor guardar los libros hasta septiembre ? El debate se repite año tras año y divide tanto a padres como a docentes. Mientras unos temen que sus hijos olviden parte de lo aprendido durante el curso, otros defienden que el descanso es tan importante como el propio aprendizaje. Lo cierto es que ambas posturas tienen parte de razón. Después de un curso marcado por clases, exámenes , actividades extraescolares y rutinas muy exigentes, los menores necesitan desconectar. Sin embargo, una pausa demasiado prolongada también puede hacer que pierdan algunos hábitos de estudio y que la vuelta al colegio resulte más complicada. La cuestión, por tanto, no es elegir entre deberes sí o deberes no, sino encontrar un equilibrio que permita seguir aprendiendo sin renunciar al descanso.«Las vacaciones deben dar prioridad al descanso , al bienestar emocional y al aprendizaje no formal. Si se proponen tareas , estas deberían ser ligeras, motivadoras y compatibles con el tiempo libre», explica Meira Koponen, Learning Design Manager de Kahoot!. A su juicio, el objetivo no es prolongar el curso escolar durante julio y agosto, sino mantener vivo el interés por aprender de una manera más natural y adaptada a esta época del año.Los expertos coinciden en que el aprendizaje no se limita a completar fichas o resolver operaciones matemáticas. De hecho, muchas de las experiencias más enriquecedoras tienen lugar precisamente fuera del aula. Leer una novela por placer, escribir un diario de las vacaciones, preparar una receta en familia, visitar un museo, hacer una excursión por la naturaleza o planificar un viaje también ayudan a desarrollar competencias como la comprensión lectora , la creatividad, la autonomía o la resolución de problemas. Incluso esos momentos en los que parece que los niños «no hacen nada» pueden ser beneficiosos. El aburrimiento, tan temido por muchas familias, favorece que los menores desarrollen la imaginación, inventen juegos y aprendan a gestionar su propio tiempo sin depender continuamente de estímulos externos. En una época en la que las agendas infantiles suelen estar repletas de actividades durante todo el curso, disponer de tiempo libre también forma parte del aprendizaje.Eso no significa que haya que renunciar por completo a cualquier rutina. Mantener pequeños hábitos durante el verano puede facilitar la incorporación al nuevo curso. Bastan unos minutos al día dedicados a la lectura, algún reto matemático relacionado con la vida cotidiana o una actividad creativa para mantener activo el cerebro sin convertir las vacaciones en una extensión del calendario escolar. Además, el verano presenta unas condiciones particulares que conviene tener en cuenta. Las altas temperaturas dificultan la concentración y aumentan la sensación de cansancio, por lo que, si se realiza algún tipo de repaso, lo más recomendable es hacerlo a primera hora de la mañana o al final de la tarde. También ayuda estudiar en un lugar fresco, bien iluminado y realizar sesiones cortas acompañadas de pequeños descansos.Convertir el repaso en un juegoLa lectura sigue siendo una de las actividades más recomendadas para estas semanas. Pero los especialistas insisten en que debe plantearse desde el disfrute y no como una obligación. Permitir que sean los propios niños quienes elijan los libros que quieren leer aumenta la motivación y favorece que el hábito lector perdure más allá de las vacaciones. La tecnología, utilizada con criterio, también puede convertirse en una aliada. En los últimos años han proliferado las plataformas educativas que recurren a la gamificación para transformar el estudio en pequeños desafíos y cuestionarios interactivos. Este tipo de recursos permite repasar contenidos de forma más dinámica y adaptarse al ritmo de cada alumno, sin necesidad de largas jornadas frente a los cuadernos.En este sentido, Koponen asegura que «al convertir el repaso en un juego, los alumnos participan con mayor interés y disfrutan del proceso de aprendizaje». Además, añade que «el componente lúdico reduce la presión asociada al estudio, favoreciendo un ambiente más relajado y positivo». Más allá de los deberes tradicionales, las vacaciones representan una oportunidad para que los niños desarrollen habilidades que durante el curso quedan en un segundo plano. Pasar tiempo con los abuelos, convivir más horas con la familia, practicar deporte, descubrir nuevos lugares o asumir pequeñas responsabilidades en casa también contribuye a reforzar su autonomía, sus capacidades sociales y su bienestar emocional.MÁS INFORMACIÓN noticia No Adiós a los cuadernillos: 5 juegos de toda la vida para que tus hijos repasen matemáticas en verano noticia Si «Celebrar ‘claustros familiares’ con tu pareja y tus hijos lo cambia todo» noticia No Paris Hilton celebra el cierre del internado donde sufrió abusos: «Por fin ha llegado la noticia por la que he luchado y rezado» noticia Si Estamos criando hijos que saben comprar pero no saben manejar el dineroAl final, la pregunta no debería ser si los niños tienen que hacer deberes en verano, sino cómo aprovechar esos meses para seguir aprendiendo de otra manera. Porque aprender también es jugar , experimentar, descubrir y compartir tiempo con quienes les rodean. Como resume Meira Koponen, «un repaso ligero y flexible, adaptado a las características de esta época del año y respetando el tiempo de ocio, permite a los alumnos llegar al nuevo curso con mayor seguridad y confianza».
Cada verano, cuando el último timbre del curso deja paso a casi tres meses de vacaciones, miles de familias vuelven a hacerse la misma pregunta: ¿deben los niños seguir haciendo deberes o es mejor guardar los libros hasta septiembre? El debate se repite … año tras año y divide tanto a padres como a docentes. Mientras unos temen que sus hijos olviden parte de lo aprendido durante el curso, otros defienden que el descanso es tan importante como el propio aprendizaje.
Lo cierto es que ambas posturas tienen parte de razón. Después de un curso marcado por clases, exámenes, actividades extraescolares y rutinas muy exigentes, los menores necesitan desconectar. Sin embargo, una pausa demasiado prolongada también puede hacer que pierdan algunos hábitos de estudio y que la vuelta al colegio resulte más complicada. La cuestión, por tanto, no es elegir entre deberes sí o deberes no, sino encontrar un equilibrio que permita seguir aprendiendo sin renunciar al descanso.
«Las vacaciones deben dar prioridad al descanso, al bienestar emocional y al aprendizaje no formal. Si se proponen tareas, estas deberían ser ligeras, motivadoras y compatibles con el tiempo libre», explica Meira Koponen, Learning Design Manager de Kahoot!. A su juicio, el objetivo no es prolongar el curso escolar durante julio y agosto, sino mantener vivo el interés por aprender de una manera más natural y adaptada a esta época del año.
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Soledad Barbacil
Los expertos coinciden en que el aprendizaje no se limita a completar fichas o resolver operaciones matemáticas. De hecho, muchas de las experiencias más enriquecedoras tienen lugar precisamente fuera del aula. Leer una novela por placer, escribir un diario de las vacaciones, preparar una receta en familia, visitar un museo, hacer una excursión por la naturaleza o planificar un viaje también ayudan a desarrollar competencias como la comprensión lectora, la creatividad, la autonomía o la resolución de problemas. Incluso esos momentos en los que parece que los niños «no hacen nada» pueden ser beneficiosos. El aburrimiento, tan temido por muchas familias, favorece que los menores desarrollen la imaginación, inventen juegos y aprendan a gestionar su propio tiempo sin depender continuamente de estímulos externos. En una época en la que las agendas infantiles suelen estar repletas de actividades durante todo el curso, disponer de tiempo libre también forma parte del aprendizaje.
Eso no significa que haya que renunciar por completo a cualquier rutina. Mantener pequeños hábitos durante el verano puede facilitar la incorporación al nuevo curso. Bastan unos minutos al día dedicados a la lectura, algún reto matemático relacionado con la vida cotidiana o una actividad creativa para mantener activo el cerebro sin convertir las vacaciones en una extensión del calendario escolar. Además, el verano presenta unas condiciones particulares que conviene tener en cuenta. Las altas temperaturas dificultan la concentración y aumentan la sensación de cansancio, por lo que, si se realiza algún tipo de repaso, lo más recomendable es hacerlo a primera hora de la mañana o al final de la tarde. También ayuda estudiar en un lugar fresco, bien iluminado y realizar sesiones cortas acompañadas de pequeños descansos.
Convertir el repaso en un juego
La lectura sigue siendo una de las actividades más recomendadas para estas semanas. Pero los especialistas insisten en que debe plantearse desde el disfrute y no como una obligación. Permitir que sean los propios niños quienes elijan los libros que quieren leer aumenta la motivación y favorece que el hábito lector perdure más allá de las vacaciones. La tecnología, utilizada con criterio, también puede convertirse en una aliada. En los últimos años han proliferado las plataformas educativas que recurren a la gamificación para transformar el estudio en pequeños desafíos y cuestionarios interactivos. Este tipo de recursos permite repasar contenidos de forma más dinámica y adaptarse al ritmo de cada alumno, sin necesidad de largas jornadas frente a los cuadernos.
En este sentido, Koponen asegura que «al convertir el repaso en un juego, los alumnos participan con mayor interés y disfrutan del proceso de aprendizaje». Además, añade que «el componente lúdico reduce la presión asociada al estudio, favoreciendo un ambiente más relajado y positivo». Más allá de los deberes tradicionales, las vacaciones representan una oportunidad para que los niños desarrollen habilidades que durante el curso quedan en un segundo plano. Pasar tiempo con los abuelos, convivir más horas con la familia, practicar deporte, descubrir nuevos lugares o asumir pequeñas responsabilidades en casa también contribuye a reforzar su autonomía, sus capacidades sociales y su bienestar emocional.
Al final, la pregunta no debería ser si los niños tienen que hacer deberes en verano, sino cómo aprovechar esos meses para seguir aprendiendo de otra manera. Porque aprender también es jugar, experimentar, descubrir y compartir tiempo con quienes les rodean. Como resume Meira Koponen, «un repaso ligero y flexible, adaptado a las características de esta época del año y respetando el tiempo de ocio, permite a los alumnos llegar al nuevo curso con mayor seguridad y confianza».
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