El plan de Google para conseguir que España confíe en su nube

El Cloud AI Live que Google celebró este jueves en Madrid llegó justo después del Google I/O , su evento para desarrolladores donde presentaron 100 novedades, y un mes después de Cloud Next; de modo que su función ha sido traer a la capital el aluvión reciente de anuncios y darle, en palabras de la compañía, «un sabor español». Bajo esa etiqueta amable se esconde un ritual conocido, subir al escenario a una procesión de clientes a contar sus casos de éxito, como el Ayuntamiento de Madrid, Prosegur, Unicaja, Vocento, Fundación ONCE, entre los más de cincuenta que han participado hoy.Lo relevante, sin embargo, no estaba en los modelos de inteligencia artificial, que cambian tan rápido que ya casi no son noticia por ello. Estaba en una palabra que llevamos años escuchando y pocas veces se cumple: la soberanía de los datos. Google ha anunciado una alianza con Telefónica para ofrecer el servicio Data Boundary, donde la información que una organización española sube a Cloud se cifra con claves que genera y custodia Telefónica en su propia nube soberana y desde territorio español. La consecuencia práctica, que es lo que importa, es que Google no puede acceder a los datos que almacena. La llave la tiene el operador, no el dueño de la nube. Es el nivel de privacidad que llevaban años esperando administraciones públicas y empresas privadas para mover a la nube información que seguía en servidores propios. Isaac Hernández, director general de Google Cloud para Iberia, lo resumió con esta frase: «No debería haber conflicto entre la soberanía digital de España y su competitividad económica». Este movimiento resuelve, de paso, el principal freno comercial que la tecnológica arrastraba con el sector público y los entornos regulados: la desconfianza.MÁS INFORMACIÓN noticia No Un empleado de Google, acusado de usar información privilegiada para ganar más de un millón de dólares en apuestasIsaac apuntaló su argumento con ejemplos que rara vez se oyen desde Google, como los contratos recientes con los ministerios de defensa británico y alemán que llevan la nube a entornos militares con el llamado ‘kill switch’, la garantía de que nadie, desde fuera, pueda interrumpir esos sistemas. Del extremo castrense a la nube pública, sostiene, hay todo un abanico de «sabores», incluida una nube distribuida que la compañía puede desplegar físicamente en las instalaciones del cliente. Que una empresa vendedora de nube reconozca un mundo híbrido y multicloud, en lugar de empujar todo hacia sus servidores, es una concesión más grande de lo que parece.En ABC preguntamos a Isaac por el abismo entre la velocidad a la que el usuario adopta la IA y la parálisis de las empresas, nos explicó las dos trampas en las que caen las compañías. La primera, el ruido, citando a Thomas Kurian para comparar esta revolución con la industrial, que va diez veces más rápida, el efecto es una sensación generalizada de ir medio perdido. La segunda es el piloto eterno, que sufren aquellas compañías cautivas de la prueba de concepto que nunca llega a producción y una mayoría atascada en lo que llamó «productividad personal», es decir, el empleado jugando con un chatbot. Isaac nos relató que Google procesa cerca del orden de los cuatrillones de tokens sumando uso propio y de clientes, y es capaz de levantar un clúster virtualizado con un millón de TPU sobre la octava generación de sus chips. El Gemini 3.5 Flash recién lanzado sería, según la casa, cuatro veces más rápido y tres veces más barato que el anterior. Pero aquí viene el ‘pero’: con agentes que actúan de forma autónoma, advirtió, darle total libertad a la máquina es como entregarle a un empleado una tarjeta de crédito sin límite. El resultado es lo que ya hemos leído esta semana con Uber, que ha llegado a replantearse el coste de programar con IA, como muchos otros.Está claro que Google ha llegado tarde a la fiesta de la programación con IA, donde Claude Code, de Anthropic , lleva la delantera. Cuando preguntamos a Isaac sobre el tema, defendió Antigravity con un argumento corporativo; integración y cumplimiento normativo. Pero el dato más elocuente fue que el 75% del código que escribe la propia Google ya está asistido por IA. Cuando quien predica lo practica a esa escala, el «llegamos tarde» se convierte en «llegamos con prisa». El Cloud AI Live que Google celebró este jueves en Madrid llegó justo después del Google I/O , su evento para desarrolladores donde presentaron 100 novedades, y un mes después de Cloud Next; de modo que su función ha sido traer a la capital el aluvión reciente de anuncios y darle, en palabras de la compañía, «un sabor español». Bajo esa etiqueta amable se esconde un ritual conocido, subir al escenario a una procesión de clientes a contar sus casos de éxito, como el Ayuntamiento de Madrid, Prosegur, Unicaja, Vocento, Fundación ONCE, entre los más de cincuenta que han participado hoy.Lo relevante, sin embargo, no estaba en los modelos de inteligencia artificial, que cambian tan rápido que ya casi no son noticia por ello. Estaba en una palabra que llevamos años escuchando y pocas veces se cumple: la soberanía de los datos. Google ha anunciado una alianza con Telefónica para ofrecer el servicio Data Boundary, donde la información que una organización española sube a Cloud se cifra con claves que genera y custodia Telefónica en su propia nube soberana y desde territorio español. La consecuencia práctica, que es lo que importa, es que Google no puede acceder a los datos que almacena. La llave la tiene el operador, no el dueño de la nube. Es el nivel de privacidad que llevaban años esperando administraciones públicas y empresas privadas para mover a la nube información que seguía en servidores propios. Isaac Hernández, director general de Google Cloud para Iberia, lo resumió con esta frase: «No debería haber conflicto entre la soberanía digital de España y su competitividad económica». Este movimiento resuelve, de paso, el principal freno comercial que la tecnológica arrastraba con el sector público y los entornos regulados: la desconfianza.MÁS INFORMACIÓN noticia No Un empleado de Google, acusado de usar información privilegiada para ganar más de un millón de dólares en apuestasIsaac apuntaló su argumento con ejemplos que rara vez se oyen desde Google, como los contratos recientes con los ministerios de defensa británico y alemán que llevan la nube a entornos militares con el llamado ‘kill switch’, la garantía de que nadie, desde fuera, pueda interrumpir esos sistemas. Del extremo castrense a la nube pública, sostiene, hay todo un abanico de «sabores», incluida una nube distribuida que la compañía puede desplegar físicamente en las instalaciones del cliente. Que una empresa vendedora de nube reconozca un mundo híbrido y multicloud, en lugar de empujar todo hacia sus servidores, es una concesión más grande de lo que parece.En ABC preguntamos a Isaac por el abismo entre la velocidad a la que el usuario adopta la IA y la parálisis de las empresas, nos explicó las dos trampas en las que caen las compañías. La primera, el ruido, citando a Thomas Kurian para comparar esta revolución con la industrial, que va diez veces más rápida, el efecto es una sensación generalizada de ir medio perdido. La segunda es el piloto eterno, que sufren aquellas compañías cautivas de la prueba de concepto que nunca llega a producción y una mayoría atascada en lo que llamó «productividad personal», es decir, el empleado jugando con un chatbot. Isaac nos relató que Google procesa cerca del orden de los cuatrillones de tokens sumando uso propio y de clientes, y es capaz de levantar un clúster virtualizado con un millón de TPU sobre la octava generación de sus chips. El Gemini 3.5 Flash recién lanzado sería, según la casa, cuatro veces más rápido y tres veces más barato que el anterior. Pero aquí viene el ‘pero’: con agentes que actúan de forma autónoma, advirtió, darle total libertad a la máquina es como entregarle a un empleado una tarjeta de crédito sin límite. El resultado es lo que ya hemos leído esta semana con Uber, que ha llegado a replantearse el coste de programar con IA, como muchos otros.Está claro que Google ha llegado tarde a la fiesta de la programación con IA, donde Claude Code, de Anthropic , lleva la delantera. Cuando preguntamos a Isaac sobre el tema, defendió Antigravity con un argumento corporativo; integración y cumplimiento normativo. Pero el dato más elocuente fue que el 75% del código que escribe la propia Google ya está asistido por IA. Cuando quien predica lo practica a esa escala, el «llegamos tarde» se convierte en «llegamos con prisa».  

El Cloud AI Live que Google celebró este jueves en Madrid llegó justo después del Google I/O, su evento para desarrolladores donde presentaron 100 novedades, y un mes después de Cloud Next; de modo que su función ha sido traer a la capital … el aluvión reciente de anuncios y darle, en palabras de la compañía, «un sabor español». Bajo esa etiqueta amable se esconde un ritual conocido, subir al escenario a una procesión de clientes a contar sus casos de éxito, como el Ayuntamiento de Madrid, Prosegur, Unicaja, Vocento, Fundación ONCE, entre los más de cincuenta que han participado hoy.

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