Durante cuatro meses, todas las semanas, el Centro Intergeneracional de Referencia de Macrosad (Cinter), situado en Albolote, sentó en la misma mesa a los 22 usuarios mayores de su Centro de Día (con edades comprendidas entre los 74 y los 94 años) y a los 22 menores de su Escuela Infantil (de entre 2 y 3 años). La idea era que todos los integrantes de la institución hicieran juntos comidas y rutinas en un comedor intergeneracional, acompañados por dos profesionales especializadas.Bajo el liderazgo de Mariano Sánchez, director de la Cátedra Macrosad de Estudios Intergeneracionales de la Universidad de Granada , se promovieron actividades ligadas a la convivencia, la higiene personal, la educación nutricional, la preparación y recogida de la mesa, la alimentación saludable y el cuidado mutuo. Ahora, Macrosad, Nestlé y la Universidad de Granada han publicado los primeros resultados del proyecto ‘ Comidas llenas de vida ‘, cuyos datos confirman el éxito de un singular piloto intergeneracional en torno al hábito cotidiano de sentarse a comer. Y del resultado se extrae que compartir mesa es mucho más que un hábito cotidiano cuando reúne a dos generaciones tan alejadas en edad. «Ver a una persona de 75 años ayudando a un niño de 2 años es algo que trasciende cualquier informe o dato. Esas conexiones únicas y espontáneas han sido el verdadero motor de esta iniciativa», subraya Sánchez.Noticia relacionada general No No El antídoto contra la soledad Talleres donde mayores «rejuvenecen» y jóvenes ganan «humildad» Belén SarriáAl final, la convivencia entre personas mayores y niños pequeños en un comedor intergeneracional, ha explicado el director de la cátedra Macrosad , «favorece la alimentación saludable, fortalece los vínculos sociales, combate la soledad y estimula valores como la empatía, la paciencia y el cuidado mutuo. Además, mientras los mayores recuperan protagonismo, autoestima y sensación de utilidad, los niños aprenden de manera natural hábitos nutricionales y sociales fundamentales para su desarrollo».El estudio evidencia también que los niños aprenden hábitos saludables y las personas mayores mejoran su alimentación cuando comen juntos. Los datos confirman así el éxito de este singular piloto intergeneracional basado en el sencillo acto de sentarse a la mesa y compartir el almuerzo.Los resultados obtenidos han sido especialmente positivos entre las personas mayores. El estudio detectó una reducción significativa del desperdicio alimentario, especialmente en el segundo plato. Además, el estímulo de compartir mesa con los niños provocó que un 75 % de los mayores consumiera más pescado que cuando comían únicamente con personas de su misma generación.En el caso de los niños, la experiencia también mostró avances destacados. Al finalizar el programa, el cien por cien de los participantes tenía una capacidad tres veces mayor que la de otros menores de su edad para diferenciar alimentos saludables de aquellos menos recomendables. También aprendieron las bases de una alimentación equilibrada a través del método de educación nutricional Nutriplato, desarrollado por Nestlé y el Hospital Sant Joan de Déu.Para Juan Borrell, director de Nutrición en Nestlé España, esta iniciativa impulsa un aprendizaje nutricional natural y bidireccional. «Las personas mayores recuperan protagonismo, refuerzan su autoestima y sentido de pertenencia. Los pequeños, por su parte, aprenden lenguaje social, paciencia y empatía, esenciales para una sociedad más cohesionada y cuidadora», destaca.Más allá de la alimentación, los participantes mayores aseguraron sentirse más activos, útiles y emocionalmente conectados tras la experiencia. Las entrevistas realizadas revelan una percepción de mayor bienestar físico y emocional y muestran cómo el comedor intergeneracional se convierte en un espacio de compañía frente a la soledad. Además, asumir un papel activo como referentes y mentores de los niños reforzó su autoestima, autonomía y sensación de utilidad social. La CEO de Macrosad, Alicia Carrillo, asegura que los resultados «han superado las expectativas» y consolidan una visión que la entidad impulsa desde hace más de diecisiete años: crear espacios donde la i ntergeneracionalidad forme parte natural de la vida cotidiana.MÁS INFORMACIÓN noticia No Ni residencia ni retiro: el colegio mayor donde la vida empieza a los 65 noticia No ¿Abuelos egoístas o sentido común? El gran dilema de nuestros mayores noticia Si Adiós a los abuelos ‘maleta’: Ni de casa en casa, ni en la residencia noticia No La recomendación de vida de las parejas que llegan juntas a la residenciaEl modelo de comedor fue diseñado desde cero por un equipo multidisciplinar integrado por cinco investigadores, 27 profesionales y 23 familiares, y se estructuró en torno a cuatro ejes fundamentales: nutrición y alimentación, cuidado relacional, curso vital y espacios transformativos. Durante cuatro meses, todas las semanas, el Centro Intergeneracional de Referencia de Macrosad (Cinter), situado en Albolote, sentó en la misma mesa a los 22 usuarios mayores de su Centro de Día (con edades comprendidas entre los 74 y los 94 años) y a los 22 menores de su Escuela Infantil (de entre 2 y 3 años). La idea era que todos los integrantes de la institución hicieran juntos comidas y rutinas en un comedor intergeneracional, acompañados por dos profesionales especializadas.Bajo el liderazgo de Mariano Sánchez, director de la Cátedra Macrosad de Estudios Intergeneracionales de la Universidad de Granada , se promovieron actividades ligadas a la convivencia, la higiene personal, la educación nutricional, la preparación y recogida de la mesa, la alimentación saludable y el cuidado mutuo. Ahora, Macrosad, Nestlé y la Universidad de Granada han publicado los primeros resultados del proyecto ‘ Comidas llenas de vida ‘, cuyos datos confirman el éxito de un singular piloto intergeneracional en torno al hábito cotidiano de sentarse a comer. Y del resultado se extrae que compartir mesa es mucho más que un hábito cotidiano cuando reúne a dos generaciones tan alejadas en edad. «Ver a una persona de 75 años ayudando a un niño de 2 años es algo que trasciende cualquier informe o dato. Esas conexiones únicas y espontáneas han sido el verdadero motor de esta iniciativa», subraya Sánchez.Noticia relacionada general No No El antídoto contra la soledad Talleres donde mayores «rejuvenecen» y jóvenes ganan «humildad» Belén SarriáAl final, la convivencia entre personas mayores y niños pequeños en un comedor intergeneracional, ha explicado el director de la cátedra Macrosad , «favorece la alimentación saludable, fortalece los vínculos sociales, combate la soledad y estimula valores como la empatía, la paciencia y el cuidado mutuo. Además, mientras los mayores recuperan protagonismo, autoestima y sensación de utilidad, los niños aprenden de manera natural hábitos nutricionales y sociales fundamentales para su desarrollo».El estudio evidencia también que los niños aprenden hábitos saludables y las personas mayores mejoran su alimentación cuando comen juntos. Los datos confirman así el éxito de este singular piloto intergeneracional basado en el sencillo acto de sentarse a la mesa y compartir el almuerzo.Los resultados obtenidos han sido especialmente positivos entre las personas mayores. El estudio detectó una reducción significativa del desperdicio alimentario, especialmente en el segundo plato. Además, el estímulo de compartir mesa con los niños provocó que un 75 % de los mayores consumiera más pescado que cuando comían únicamente con personas de su misma generación.En el caso de los niños, la experiencia también mostró avances destacados. Al finalizar el programa, el cien por cien de los participantes tenía una capacidad tres veces mayor que la de otros menores de su edad para diferenciar alimentos saludables de aquellos menos recomendables. También aprendieron las bases de una alimentación equilibrada a través del método de educación nutricional Nutriplato, desarrollado por Nestlé y el Hospital Sant Joan de Déu.Para Juan Borrell, director de Nutrición en Nestlé España, esta iniciativa impulsa un aprendizaje nutricional natural y bidireccional. «Las personas mayores recuperan protagonismo, refuerzan su autoestima y sentido de pertenencia. Los pequeños, por su parte, aprenden lenguaje social, paciencia y empatía, esenciales para una sociedad más cohesionada y cuidadora», destaca.Más allá de la alimentación, los participantes mayores aseguraron sentirse más activos, útiles y emocionalmente conectados tras la experiencia. Las entrevistas realizadas revelan una percepción de mayor bienestar físico y emocional y muestran cómo el comedor intergeneracional se convierte en un espacio de compañía frente a la soledad. Además, asumir un papel activo como referentes y mentores de los niños reforzó su autoestima, autonomía y sensación de utilidad social. La CEO de Macrosad, Alicia Carrillo, asegura que los resultados «han superado las expectativas» y consolidan una visión que la entidad impulsa desde hace más de diecisiete años: crear espacios donde la i ntergeneracionalidad forme parte natural de la vida cotidiana.MÁS INFORMACIÓN noticia No Ni residencia ni retiro: el colegio mayor donde la vida empieza a los 65 noticia No ¿Abuelos egoístas o sentido común? El gran dilema de nuestros mayores noticia Si Adiós a los abuelos ‘maleta’: Ni de casa en casa, ni en la residencia noticia No La recomendación de vida de las parejas que llegan juntas a la residenciaEl modelo de comedor fue diseñado desde cero por un equipo multidisciplinar integrado por cinco investigadores, 27 profesionales y 23 familiares, y se estructuró en torno a cuatro ejes fundamentales: nutrición y alimentación, cuidado relacional, curso vital y espacios transformativos.
Durante cuatro meses, todas las semanas, el Centro Intergeneracional de Referencia de Macrosad (Cinter), situado en Albolote, sentó en la misma mesa a los 22 usuarios mayores de su Centro de Día (con edades comprendidas entre los 74 y los 94 años) y … a los 22 menores de su Escuela Infantil (de entre 2 y 3 años). La idea era que todos los integrantes de la institución hicieran juntos comidas y rutinas en un comedor intergeneracional, acompañados por dos profesionales especializadas.
Bajo el liderazgo de Mariano Sánchez, director de la Cátedra Macrosad de Estudios Intergeneracionales de la Universidad de Granada, se promovieron actividades ligadas a la convivencia, la higiene personal, la educación nutricional, la preparación y recogida de la mesa, la alimentación saludable y el cuidado mutuo. Ahora, Macrosad, Nestlé y la Universidad de Granada han publicado los primeros resultados del proyecto ‘Comidas llenas de vida‘, cuyos datos confirman el éxito de un singular piloto intergeneracional en torno al hábito cotidiano de sentarse a comer.
Y del resultado se extrae que compartir mesa es mucho más que un hábito cotidiano cuando reúne a dos generaciones tan alejadas en edad. «Ver a una persona de 75 años ayudando a un niño de 2 años es algo que trasciende cualquier informe o dato. Esas conexiones únicas y espontáneas han sido el verdadero motor de esta iniciativa», subraya Sánchez.
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El antídoto contra la soledad
Belén Sarriá
Al final, la convivencia entre personas mayores y niños pequeños en un comedor intergeneracional, ha explicado el director de la cátedra Macrosad, «favorece la alimentación saludable, fortalece los vínculos sociales, combate la soledad y estimula valores como la empatía, la paciencia y el cuidado mutuo. Además, mientras los mayores recuperan protagonismo, autoestima y sensación de utilidad, los niños aprenden de manera natural hábitos nutricionales y sociales fundamentales para su desarrollo».
El estudio evidencia también que los niños aprenden hábitos saludables y las personas mayores mejoran su alimentación cuando comen juntos. Los datos confirman así el éxito de este singular piloto intergeneracional basado en el sencillo acto de sentarse a la mesa y compartir el almuerzo.
Los resultados obtenidos han sido especialmente positivos entre las personas mayores. El estudio detectó una reducción significativa del desperdicio alimentario, especialmente en el segundo plato. Además, el estímulo de compartir mesa con los niños provocó que un 75 % de los mayores consumiera más pescado que cuando comían únicamente con personas de su misma generación.
En el caso de los niños, la experiencia también mostró avances destacados. Al finalizar el programa, el cien por cien de los participantes tenía una capacidad tres veces mayor que la de otros menores de su edad para diferenciar alimentos saludables de aquellos menos recomendables. También aprendieron las bases de una alimentación equilibrada a través del método de educación nutricional Nutriplato, desarrollado por Nestlé y el Hospital Sant Joan de Déu.
Para Juan Borrell, director de Nutrición en Nestlé España, esta iniciativa impulsa un aprendizaje nutricional natural y bidireccional. «Las personas mayores recuperan protagonismo, refuerzan su autoestima y sentido de pertenencia. Los pequeños, por su parte, aprenden lenguaje social, paciencia y empatía, esenciales para una sociedad más cohesionada y cuidadora», destaca.
Más allá de la alimentación, los participantes mayores aseguraron sentirse más activos, útiles y emocionalmente conectados tras la experiencia. Las entrevistas realizadas revelan una percepción de mayor bienestar físico y emocional y muestran cómo el comedor intergeneracional se convierte en un espacio de compañía frente a la soledad. Además, asumir un papel activo como referentes y mentores de los niños reforzó su autoestima, autonomía y sensación de utilidad social. La CEO de Macrosad, Alicia Carrillo, asegura que los resultados «han superado las expectativas» y consolidan una visión que la entidad impulsa desde hace más de diecisiete años: crear espacios donde la intergeneracionalidad forme parte natural de la vida cotidiana.
El modelo de comedor fue diseñado desde cero por un equipo multidisciplinar integrado por cinco investigadores, 27 profesionales y 23 familiares, y se estructuró en torno a cuatro ejes fundamentales: nutrición y alimentación, cuidado relacional, curso vital y espacios transformativos.
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