¿Existen realmente los ecologistas de derechas?

En los debates y discursos en torno al cambio climático y la transición ecológica a menudo se presenta a España como un país en el que hay un 50% de la población que es de izquierdas y quiere abordar la emergencia climática de manera urgente y otro 50% que es de derechas y directamente negacionista.

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 A cuatro de cada diez votantes del PP les gustaría que su partido hiciera más en relación con el clima  

En los debates y discursos en torno al cambio climático y la transición ecológica a menudo se presenta a España como un país en el que hay un 50% de la población que es de izquierdas y quiere abordar la emergencia climática de manera urgente y otro 50% que es de derechas y directamente negacionista.

Esta percepción no solo es completamente falsa, sino que además es tremendamente inoportuna y perjudicial, porque invita a que una mitad de la población, que además quiere luchar contra el cambio climático de forma decidida, se autoexcluya y se desconecte de un debate relevante para el futuro de todos nosotros.

Durante la reciente presentación del libro de Toni Timoner y Luis Quiroga, El ecologista de derechas, resumida en su día en forma de crónica por Manuel Jabois en este mismo periódico, se bromeó con que el título del libro era todo un ejemplo de esa figura retórica conocida como oxímoron. Sin embargo, desde More in Common sabemos que esto no es así, porque llevamos tiempo estudiando las percepciones de la sociedad española en torno al clima y defendiendo, en base a numerosos indicios, que los españoles de derechas, los que votan al Partido Popular e incluso buena parte de quienes hoy votarían a Vox, son mucho más favorables a la acción climática de lo que suele pensarse.

Respondiendo a la pregunta inicial: sí, los ecologistas de derechas existen, hay muchos más de los que muchos asumen, y constituyen una base social suficiente para construir un consenso transversal. El problema es que, al menos a nivel político, no se dejan ver demasiado.

Tampoco conviene engañarse: los ciudadanos conservadores sienten con mucha menos intensidad la lucha contra el cambio climático como una parte de su identidad que los progresistas; es probable que presten menos atención a (o incluso rechacen) mensajes asociados a figuras o movimientos identificados con el activismo climático; están bastante más descontentos que los ciudadanos progresistas con cómo se está desarrollando la transición ecológica, identificando ganadores y perdedores con más facilidad; y hay que reconocer que Vox ha sabido concentrar con mucho éxito el voto de los segmentos más climaescépticos de la sociedad española.

Sin embargo, todo ello no impide que en el último gran estudio que hemos realizado, así como en todos los que hemos completado en años anteriores, haya muchos datos que confirman que en España hay millones de personas que son de derechas y ecologistas en el sentido más etimológico de la palabra: están preocupadas por el cambio climático y quieren que se actúe contra él de forma decidida.

Un primer dato: solo un 4% de los votantes de derechas en España niega la existencia del cambio climático. Incluso si miramos al electorado de Vox, veremos que hay un 51% de personas que reconocen la existencia del cambio climático y su origen humano, un 42% de negacionistas light (reconocen el problema, pero lo atribuyen a causas naturales) y un 4,5% de negacionistas puros que niegan completamente la existencia del fenómeno. El negacionismo climático duro es completamente residual en España, también entre el electorado conservador, y no ha crecido un ápice en los últimos cinco años.

Además, hay una amplísima mayoría de votantes de derechas (8 de cada 10) que se muestra a favor o muy a favor del desarrollo de las energías renovables en España. Siete de cada diez quieren que se incremente o mantenga el nivel de ambición actual de las políticas climáticas. A 4 de cada 10 votantes del PP les gustaría que su partido hiciera más en relación con el clima y otro 42% quiere ver al menos el mismo nivel de implicación actual. También hay (ojo a este dato) un mayor porcentaje de votantes de Vox a los que les gustaría ver más ambición climática por parte de su partido (30%) que votantes de Vox a los que les gustaría que su partido disminuyera su ambición climática (14%) o no le prestara ninguna atención al cambio climático (11%).

¿Y cómo piensan los ecologistas de derechas? Muy resumidamente, hay tres cosas que los distinguen de los ecologistas de izquierdas. Primero, su adhesión a los enfoques pragmáticos y económicos, lo que explica que muchas de las medidas incluidas en el Plan Social para el Clima presentado por el Gobierno recientemente, tales como los programas de rehabilitación energética o los incentivos para renovar las flotas de transporte, sean tremendamente populares entre el electorado conservador; segundo, les gusta tener un plan B y prestan mayor atención a la gestión de los potenciales riesgos de la transición, lo que explica que quieran que España apueste de manera decidida por las renovables, pero apoyándose también en la energía nuclear en el corto y medio plazo (un debate que, por cierto, tenían ya ganado en términos de opinión pública antes incluso del apagón); y tercero, son alérgicos tanto al lenguaje de la “emergencia” como a las penalizaciones, prefiriendo incentivar a las empresas para que adopten comportamientos más sostenibles antes que castigarlas cuando no lo son.

Las diferencias, como puede observarse, están en el cómo debe recorrerse el camino, no en el destino final de la transición verde. Por ello, que la derecha política se anime a defender la causa medioambiental y sus recetas de forma más decidida, tal y como reivindican Toni Timoner y Luis Quiroga en su libro, no solo es posible, sino que (ahora que hablábamos de incentivos) podría resultarle rentable también en términos electorales y de posicionamiento político.

Si lo hiciera, podría conectar con buena parte de la izquierda y el centro político a través de una causa innegociable para estos segmentos del electorado; evitaría que puedan colocarle la etiqueta de “negacionista”, sabiendo que el negacionismo climático es absolutamente tóxico para el votante medio español; y les resultaría fácil encontrar un discurso y propuestas políticas que reconozcan la gravedad del cambio climático y lo presenten a la vez como una oportunidad de desarrollo económico y competitividad, puesto que este discurso es precisamente el que genera mayor aceptación entre los votantes de izquierdas y de derechas. La realidad es que a la derecha le basta con defender una transición verde basada en principios reconocibles para su propio electorado para resultar a la vez atractiva para una mayoría social a ambos lados del espectro ideológico.

Finalmente, y más allá de los habituales cálculos políticos, ver a una derecha más desacomplejada en lo climático sería también bueno para el conjunto de la sociedad española. Sería una oportunidad para construir, a través del debate de ideas y enfoques, una transición verde con alta legitimidad social y para reducir al mínimo el riesgo de polarización en torno a la cuestión climática, una amenaza que existe y que asoma la cabeza en nuestros estudios.

Si en Estados Unidos le preguntas a una persona si quiere que se actúe contra el cambio climático con mayor firmeza y responde “sí”, es casi seguro que esa persona votó a Kamala Harris en las últimas elecciones, sea proaborto y antiarmas; y si responde “no”, es casi seguro que votó a Trump, sea antiaborto y proarmas. En cambio, si haces esa misma pregunta en España y la respuesta es “sí”, no podrás asegurar a ciencia cierta si la persona que te está respondiendo vota a Podemos, a Sumar, al PSOE, al PP o incluso a Vox. Y es muy importante para todos que esto siga siendo así.

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