Farmear aura, cuando hacer el idiota se convierte en talento

Hay una nueva moda en las redes sociales que consiste en «farmear aura». Seguramente ni siquiera hayan oído todavía hablar de ello, no sufran. Básicamente consiste en hacer unos gestos con tanta seguridad, indiferencia o pose que acumules una especie de prestigio invisible: El aura. Como los puntos de Iberia, pero haciendo el idiota. Desde que lo descubrí estoy fascinado. Sobre todo porque esto ya lo había visto en la película de Zoolander. Donde Derek, el supermodelo protagonista, lanzaba su famosa mirada Acero Azul, que consistía en fruncir los labios, abrir ligeramente los ojos y mirar a cámara con una intensidad reservada hasta entonces para Alejandro Magno entrando en un ciudad conquistada.

La gracia de Zoolander es que era una sátira sobre un mundo tan rematadamente superficial que se podía considerar talento poner morritos. Veinticinco años después hemos eliminado la sátira y nos hemos quedado con la puesta en escena y la falta de inteligencia.

Ahora veo vídeos de chavales que se miran, gesticulan, imitan perros y lanzan miradas de perturbado mientras decenas de personas deciden quién ha ganado aura.

Hoy puedes derrotar a tu adversario imitando un perrito y poniendo cara de estreñido.

Llevo varios días estudiándolo sin conseguir distinguir si en realidad no se trata de Zoolander, sino de otro gran clásico de la comedia cinematográfica: La cena de los idiotas, ni en qué lado de la mesa me han sentado. Porque el ser humano siempre ha necesitado medirse. Primero fue con las piedras, luego la espada, después los duelos con lanza a caballo y finalmente la pistola. Una estupidez, de acuerdo, pero había honor, reglas y una posibilidad bastante razonable de acabar muerto.

En este siglo civilizamos bastante el asunto y llegamos hasta las batallas de gallos: dos tipos enfrentados únicamente con palabras, obligados a pensar rápido, rimar y destrozar al contrario utilizando el ingenio. Parecía que evolucionábamos. Hasta que descubrimos que todo aquello era demasiado esfuerzo. Hoy puedes derrotar a tu adversario imitando un perrito y poniendo cara de estreñido.

Quizá el problema sea mío: tengo 46 años y todavía pensaba que el prestigio era esa cosa incómoda que había que ganarse haciendo algo razonablemente bien. Resulta que no. Se farmea. Supongo que cada generación encuentra una manera nueva de hacer el idiota; lo verdaderamente novedoso es que la nuestra haya conseguido convertirlo en una disciplina competitiva, y que te premien por hacerlo mejor. Así que ya no me preocupa no entender qué es farmear aura. Me preocupa entenderlo demasiado bien: hemos tardado miles de años en pasar de demostrar quién era el mejor guerrero de la tribu a demostrar quién hace mejor el idiota. Y encima lo llamamos evolución.

 «Supongo que cada generación encuentra una manera nueva de hacer el idiota; lo verdaderamente novedoso es que la nuestra haya conseguido convertirlo en una disciplina competitiva».  

Hay una nueva moda en las redes sociales que consiste en «farmear aura». Seguramente ni siquiera hayan oído todavía hablar de ello, no sufran. Básicamente consiste en hacer unos gestos con tanta seguridad, indiferencia o pose que acumules una especie de prestigio invisible: El aura. Como los puntos de Iberia, pero haciendo el idiota. Desde que lo descubrí estoy fascinado. Sobre todo porque esto ya lo había visto en la película de Zoolander. Donde Derek, el supermodelo protagonista, lanzaba su famosa mirada Acero Azul, que consistía en fruncir los labios, abrir ligeramente los ojos y mirar a cámara con una intensidad reservada hasta entonces para Alejandro Magno entrando en un ciudad conquistada.

La gracia de Zoolander es que era una sátira sobre un mundo tan rematadamente superficial que se podía considerar talento poner morritos. Veinticinco años después hemos eliminado la sátira y nos hemos quedado con la puesta en escena y la falta de inteligencia.

Ahora veo vídeos de chavales que se miran, gesticulan, imitan perros y lanzan miradas de perturbado mientras decenas de personas deciden quién ha ganado aura.

Hoy puedes derrotar a tu adversario imitando un perrito y poniendo cara de estreñido.

Llevo varios días estudiándolo sin conseguir distinguir si en realidad no se trata de Zoolander, sino de otro gran clásico de la comedia cinematográfica: La cena de los idiotas, ni en qué lado de la mesa me han sentado. Porque el ser humano siempre ha necesitado medirse. Primero fue con las piedras, luego la espada, después los duelos con lanza a caballo y finalmente la pistola. Una estupidez, de acuerdo, pero había honor, reglas y una posibilidad bastante razonable de acabar muerto.

En este siglo civilizamos bastante el asunto y llegamos hasta las batallas de gallos: dos tipos enfrentados únicamente con palabras, obligados a pensar rápido, rimar y destrozar al contrario utilizando el ingenio. Parecía que evolucionábamos. Hasta que descubrimos que todo aquello era demasiado esfuerzo. Hoy puedes derrotar a tu adversario imitando un perrito y poniendo cara de estreñido.

Quizá el problema sea mío: tengo 46 años y todavía pensaba que el prestigio era esa cosa incómoda que había que ganarse haciendo algo razonablemente bien. Resulta que no. Se farmea. Supongo que cada generación encuentra una manera nueva de hacer el idiota; lo verdaderamente novedoso es que la nuestra haya conseguido convertirlo en una disciplina competitiva, y que te premien por hacerlo mejor. Así que ya no me preocupa no entender qué es farmear aura. Me preocupa entenderlo demasiado bien: hemos tardado miles de años en pasar de demostrar quién era el mejor guerrero de la tribu a demostrar quién hace mejor el idiota. Y encima lo llamamos evolución.

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