Hace un año, el 24 de marzo de 2024, la lince Urava murió atropellada en una carretera de Navalmoral de la Mata (Cáceres). Tenía tan solo dos años y era madre primeriza de tres cachorros diminutos, de 20 días, que no podían sobrevivir sin sus cuidados. Tras una intensa búsqueda, los agentes del Medio Natural los consiguieron encontrar: no eran más que unas pequeñas bolas de pelo acurrucadas en la hojarasca. Hoy, un año después, uno de los hermanos, el macho Wonders, será liberado en Murcia. Los otros dos le seguirán en breve: el otro macho en el Parque Nacional de Monfragüe (Cáceres) y la hembra en el área de Ortiga (Extremadura).
Cuando las crías fueron rescatadas, eran tan solo una bola de pelo de 20 días. Este martes una de ellas, ‘Wonders’, será liberada en Murcia
Hace un año, el 24 de marzo de 2024, la lince Urava murió atropellada en una carretera de Navalmoral de la Mata (Cáceres). Tenía tan solo dos años y era madre primeriza de tres cachorros diminutos, de 20 días, que no podían sobrevivir sin sus cuidados. Tras una intensa búsqueda, los agentes del Medio Natural los consiguieron encontrar: no eran más que unas pequeñas bolas de pelo acurrucadas en la hojarasca. Hoy, un año después, uno de los hermanos, el macho Wonders, será liberado en Murcia. Los otros dos le seguirán en breve: el otro macho en el Parque Nacional de Monfragüe (Cáceres) y la hembra en el área de Ortiga (Extremadura).
En el camino ha sido vital el papel de Flora, una hembra ya mayor, de 17 años, que se convirtió en su madre adoptiva: los enseñó a cazar, a valerse por sí mismos en la naturaleza (un lince ibérico en cautividad puede alcanzar los 20 años). No solo enseñó a comportarse como linces a estos tres cachorros, sino a otro más que también perdió a su madre y a su hermano en otro atropello. Este era mayor cuando se quedó solo y “ya cazaba pequeños lirones y ratones”, explica María Jesús Palacios, directora del Programa de Conservación de la Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Sostenible de la Junta de Extremadura.

“Fue un milagro que los encontrásemos”, recuerda Juan Pedro Gómez, agente del Medio Natural de Extremadura. Era una labor complicada, porque es una zona muy abrupta y llena de cuevas. Urgía localizarlos; no conseguirían sobrevivir más de 48 horas. “Urava, la madre, tenía leche, por lo que debían haber mamado al amanecer y estaban sin comer”, añade Palacios.
Pero hubo suerte. El segundo día de la búsqueda, Gómez escuchó “un sonido, como de un gatino”, y ahí estaban en una cavidad no muy profunda. “Enroscados en una bola, muy pequeñitos, si la madre los hubiera metido en una cueva más profunda o de donde no los hubiéramos podido sacar, no los podríamos haber salvado”, comenta. Inmediatamente los trasladaron al centro de cría en cautividad de Zarza de Granadilla. Ahí los sacaron adelante, primero en un recinto aislado “porque venían del campo y podían traer alguna enfermedad y aquí tenemos linces reproductores”, explica Irene Gutiérrez, coordinadora del centro.

En un primer momento, les dieron biberón, pero el objetivo era liberarlos, por lo que redujeron la presencia humana a lo mínimo y buscaron a “una tutora lincesa”. La elegida fue Flora, que tras nacer en libertad fue capturada como ejemplar reproductor hasta que se la liberó en 2024 en Extremadura, después de haber tenido numerosas camadas en cautividad. Por ese motivo, campaba a sus anchas por la zona. Fue la elegida porque sabía cazar bien, no había tenido crías ese año (las hembras tan mayores de lince pueden seguir reproduciéndose) y había demostrado ser buena madre.
“Consideramos que podía pensar que eran suyos”, aclara Palacios. Y lo consiguieron. Los cachorros llevaban 36 días en el recinto cuando se los mostraron a Flora a través de una valla. Ya comían una especie de papilla hecha con una fórmula de leche de gato y trozos muy pequeños de conejo. Tres días después entró en el recinto. “Al principio adoptó una actitud indiferente, pero a lo largo de los días, cuando fueron creciendo y empezaron a jugar, a enredar, los empezó a hacer más caso”, relata la coordinadora del centro. Hasta que “los acogió como si fueran suyos, dormían juntos, se acicalaban juntos…”. A Flora le ofrecían conejos vivos, “los cachorros veían cómo los cazaba y a veces les cedía los que mataba”. Y así fueron aprendiendo.
El 6 de agosto del año pasado, se los trasladó a un cercón de adaptación en el Parque Nacional de Monfragüe con Flora. Allí se les ha cuidado y Wonders se liberará este martes ―un año después de perder a su madre―, en Tierras Altas de Lorca (Murcia), donde se han soltado 36 ejemplares desde 2023, informa la Consejería de Medio Ambiente, Universidades, Investigación y Mar Menor del Gobierno regional.
Los ejemplares liberados en Lorca han comenzado a trazar un mapa que va más allá de la región. Primero hacia Andalucía ―sierra de Arana y Guarrizas― y después hacia Castilla-La Mancha, con movimientos detectados en Hellín y Campo de Montiel. “Dos linces, de hecho, ya están fuera: uno en Ciudad Real y otro en Sevilla. Esto muestra que el programa funciona”, indica la consejería en un comunicado.
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