En los últimos años se ha instalado en algunos niños y adolescentes una conducta nueva: la necesidad de estar permanentemente conectados para no perderse nada relevante. A este fenómeno se le conoce como FOMO (Fear of Missing Out: miedo a perderse algo), muy relacionado con la hiperconexión digital y con la creencia de que cualquier desconexión implica quedarse fuera de lo que «todos» están viviendo.Para muchos menores, el móvil no es solo un dispositivo, es el espacio donde ocurre «lo más importante»: el chat del grupo de amigos, las historias en plataformas, los directos de videojuegos. Cada notificación parece traer información increíble que empuja a revisar la pantalla constantemente. El temor no es únicamente perderse un contenido, sino quedar al margen: «¿y si soy el único que no está?».Noticia relacionada No No PEQUEÑAS INFAMIAS La vida ya no se vive, se tuitea Carmen PosadasEl FOMO crece especialmente en entornos donde predomina la comparación social. Las redes muestran vidas editadas, momentos escogidos y emociones exageradas. Frente a esa ventana idealizada, muchos adolescentes interpretan la desconexión como un riesgo para su imagen o su pertenencia al grupo. Si no publican, si no contestan rápido o si no interactúan, sienten que pierden visibilidad o que dejan de formar parte de la conversación. Ana Jiménez-Perianes es profesora de Psicología de la Universidad CEU San Pablo ABC Todo ello puede generar ansiedad, baja autoestima, irritabilidad y una dificultad creciente para disfrutar del presente sin mirar de reojo lo que otros están haciendo. La inmediatez digital, además, aumenta la sensación de estar siempre llegando tarde a algo que podría ser mejor. Es una frustración constante.Los padres en casaLas familias pueden ayudar a sus hijos mediante una buena educación emocional, más que mediante prohibiciones estrictas. Conversar sobre lo que ven, desmitificar la aparente perfección de las vidas en redes, establecer momentos libres de pantallas, fomentar actividades presenciales y mantener un uso equilibrado son estrategias sencillas y efectivas. Los jóvenes de hoy no conocen la desconexión automática. Acompañarlos para que aprendan a convivir con la tecnología sin perder su bienestar es fundamental.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Cómo dejar K.O. al FOMO noticia Si JOMO, la imperiosa necesidad de no hacer nada… (y sin culpa) noticia No Oye, ‘boomer’: Así se comunica la Generación Z noticia Si Diccionario para no sentirte viejoComprender el FOMO y gestionarlo es una inversión en su salud emocional y en su capacidad de disfrutar de la vida real.Ana Jiménez-Perianes Profesora de Psicología de la Universidad CEU San Pablo En los últimos años se ha instalado en algunos niños y adolescentes una conducta nueva: la necesidad de estar permanentemente conectados para no perderse nada relevante. A este fenómeno se le conoce como FOMO (Fear of Missing Out: miedo a perderse algo), muy relacionado con la hiperconexión digital y con la creencia de que cualquier desconexión implica quedarse fuera de lo que «todos» están viviendo.Para muchos menores, el móvil no es solo un dispositivo, es el espacio donde ocurre «lo más importante»: el chat del grupo de amigos, las historias en plataformas, los directos de videojuegos. Cada notificación parece traer información increíble que empuja a revisar la pantalla constantemente. El temor no es únicamente perderse un contenido, sino quedar al margen: «¿y si soy el único que no está?».Noticia relacionada No No PEQUEÑAS INFAMIAS La vida ya no se vive, se tuitea Carmen PosadasEl FOMO crece especialmente en entornos donde predomina la comparación social. Las redes muestran vidas editadas, momentos escogidos y emociones exageradas. Frente a esa ventana idealizada, muchos adolescentes interpretan la desconexión como un riesgo para su imagen o su pertenencia al grupo. Si no publican, si no contestan rápido o si no interactúan, sienten que pierden visibilidad o que dejan de formar parte de la conversación. Ana Jiménez-Perianes es profesora de Psicología de la Universidad CEU San Pablo ABC Todo ello puede generar ansiedad, baja autoestima, irritabilidad y una dificultad creciente para disfrutar del presente sin mirar de reojo lo que otros están haciendo. La inmediatez digital, además, aumenta la sensación de estar siempre llegando tarde a algo que podría ser mejor. Es una frustración constante.Los padres en casaLas familias pueden ayudar a sus hijos mediante una buena educación emocional, más que mediante prohibiciones estrictas. Conversar sobre lo que ven, desmitificar la aparente perfección de las vidas en redes, establecer momentos libres de pantallas, fomentar actividades presenciales y mantener un uso equilibrado son estrategias sencillas y efectivas. Los jóvenes de hoy no conocen la desconexión automática. Acompañarlos para que aprendan a convivir con la tecnología sin perder su bienestar es fundamental.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Cómo dejar K.O. al FOMO noticia Si JOMO, la imperiosa necesidad de no hacer nada… (y sin culpa) noticia No Oye, ‘boomer’: Así se comunica la Generación Z noticia Si Diccionario para no sentirte viejoComprender el FOMO y gestionarlo es una inversión en su salud emocional y en su capacidad de disfrutar de la vida real.Ana Jiménez-Perianes Profesora de Psicología de la Universidad CEU San Pablo
En los últimos años se ha instalado en algunos niños y adolescentes una conducta nueva: la necesidad de estar permanentemente conectados para no perderse nada relevante. A este fenómeno se le conoce como FOMO (Fear of Missing Out: miedo a perderse algo), muy relacionado … con la hiperconexión digital y con la creencia de que cualquier desconexión implica quedarse fuera de lo que «todos» están viviendo.
Para muchos menores, el móvil no es solo un dispositivo, es el espacio donde ocurre «lo más importante»: el chat del grupo de amigos, las historias en plataformas, los directos de videojuegos.
Cada notificación parece traer información increíble que empuja a revisar la pantalla constantemente. El temor no es únicamente perderse un contenido, sino quedar al margen: «¿y si soy el único que no está?».
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PEQUEÑAS INFAMIAS
Carmen Posadas
El FOMO crece especialmente en entornos donde predomina la comparación social. Las redes muestran vidas editadas, momentos escogidos y emociones exageradas. Frente a esa ventana idealizada, muchos adolescentes interpretan la desconexión como un riesgo para su imagen o su pertenencia al grupo. Si no publican, si no contestan rápido o si no interactúan, sienten que pierden visibilidad o que dejan de formar parte de la conversación.
(ABC)
Todo ello puede generar ansiedad, baja autoestima, irritabilidad y una dificultad creciente para disfrutar del presente sin mirar de reojo lo que otros están haciendo. La inmediatez digital, además, aumenta la sensación de estar siempre llegando tarde a algo que podría ser mejor. Es una frustración constante.
Los padres en casa
Las familias pueden ayudar a sus hijos mediante una buena educación emocional, más que mediante prohibiciones estrictas. Conversar sobre lo que ven, desmitificar la aparente perfección de las vidas en redes, establecer momentos libres de pantallas, fomentar actividades presenciales y mantener un uso equilibrado son estrategias sencillas y efectivas. Los jóvenes de hoy no conocen la desconexión automática. Acompañarlos para que aprendan a convivir con la tecnología sin perder su bienestar es fundamental.
Comprender el FOMO y gestionarlo es una inversión en su salud emocional y en su capacidad de disfrutar de la vida real.
Ana Jiménez-Perianes
Profesora de Psicología de la Universidad CEU San Pablo
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