Gianni Infantino no da un paso atrás. El presidente de la FIFA, pese a la cascada de críticas, se mantiene firme con su plan de v ender una parte del Mundial de fútbol a empresas privadas. Así quedó demostrado en una nueva comparecencia del abogado suizo, que volvió a blanquear su peliagudo proyecto, bajo amenaza de ser boicoteado por las grandes federaciones del mundo. «Sobre todo, es una oportunidad, no una obligación. Como ya he dicho, da inicio a un proceso de consulta. Debe ser aprobada por la mayoría de nuestras 211 Asociaciones Miembro. Esta es una oportunidad de oro para impulsar el desarrollo del fútbol a nivel mundial (…). Queremos ayudar a crear la próxima selección de Cabo Verde», declaró el mandatario en un vídeo. Como era de esperar, también recalcó que no habría «injerencias» una vez que la propiedad de los torneos esté troceada, y que la FIFA continuará «gobernando el fútbol». Sin embargo, esas interferencias ya han comenzado por mucho que Infantino pretenda disimularlo sin mucho éxito. Donald Trump, presidente de Estados Unidos, mantiene una reconocida amistad con su homólogo de la FIFA, «mi gran amigo Gianni», y está de lo más involucrado en la propuesta: el empresario Josh Kushner, hermano de Jared Kushner , yerno del neoyorquino, será el encargado de buscar inversores que compren el 20% del torneo internacional a cambio de 4.200 millones de dólares. El multimillonario judío, nacido hace 41 años en Nueva Jersey y alumno en la elitista y prestigiosa Universidad de Harvard, es el fundador de Thrive Capital, firma de capital de riesgo que ya invirtió en el pasado en empresas como Instagram o A24, una de las productoras de cine estadounidenses más exitosas de los últimos años. Una prometedora carrera que trasladó este mismo año a los eventos deportivos, cuando se convirtió en uno de los propietarios de los San Francisco Giants, equipo de la liga americana de béisbol (MLB). Ahora, puede dar el pelotazo del siglo al subastar el torneo más emblemático y masivo del planeta. La presencia de Kushner, por lo tanto, evidencia que Trump está en el ajo, que mantuvo conversaciones o que influyó en Infantino sobre cómo podría proceder con su plan maestro, la última manifestación de una amistad dispuesta a devorar el fútbol y que se originó el 13 de junio de 2018. Aquel día, Estados Unidos , junto a México y Canadá, fue nombrado sede del Mundial de 2026 y, para celebrarlo, Trump invitó a Infantino a la Casa Blanca. Hubo bromas, miradas cómplices, pero no sería hasta dos años después, en 2020, cuando ambos harían pública su estrecha amistad. En el Foro Económico de Davos celebrado en enero, muy cerca del cuartel general de la FIFA en Zúrich, Infantino denominó a Trump como su «gran amigo», un gesto que el americano le devolvió invitándolo de nuevo a Washington para así estar presente en la firma de los Acuerdos de Abraham sobre la búsqueda de la paz en Oriente Próximo entre Israel y varios países árabes. Sin embargo, en 2021, el fin del primer mandato del empresario neoyorquino enfrió sus apariciones conjuntas en público, mientras que Infantino nunca consiguió alcanzar tal grado de complicidad durante el gobierno de Joe Biden. Pero, en 2024, Trump volvió a ganar las elecciones: el dúo dinámico estaba de vuelta y, para no acabar con la costumbre, Infantino estuvo presente en el Despacho Oval durante la coronación de su camarada. Es cierto que el suizo tiende a acercarse al poder, como ya hizo con Vladimir Putin en 2018 o la monarquía catarí en 2022. Pero la hemeroteca ha demostrado que, por Trump, siente debilidad. Sin ir más lejos, se inventó el Premio de la Paz de la FIFA el pasado junio para calmar la pataleta del estadounidense, pues en octubre de 2025 había perdido, si es que alguna vez tuvo oportunidades, el Premio Nobel de la Paz frente a la opositora venezolana María Corina Machado. Un favor devuelto por Trump ya que, según medios estadounidenses, estaba valorando a Infantino como próximo secretario general de la ONU (Organización de las Naciones Unidas). Pese a todo, los mimos traspasaron una línea roja en pleno Mundial, cuando el delantero estrella de Estados Unidos, Folarin Balogun, recibió un indulto de lo más polémico. El jugador del Mónaco, durante los dieciseisavos de final ante Bosnia Herzegovina, vio una roja directa tras propinarle un plantillazo en el tobillo a Muharemovic. En ese momento, la FIFA activó su maquinaria dictatorial y, en una decisión sin precedentes, liberó de su castigo a Balogun . Poco importó, pues Estados Unidos fue arrasado por Bélgica en los octavos (1-4), pero los medios americanos destaparon poco después que Trump e Infantino habían estado en contacto mediante una llamada telefónica donde el primero le habría pedido al segundo que se retirara la roja. «¡Gracias a la FIFA por hacer lo correcto y dar la vuelta a esta gran injusticia!», escribió el presidente poco después en redes sociales. Como no disimulan ni lo más mínimo, los contrincantes políticos de Trump anunciaron hace unos días que pretendían abrir una investigación sobre el papel de ambos durante el Mundial. Jamie Raskin , el demócrata de mayor rango en la Comisión Judicial de la Cámara de Representantes, aseguró estar examinando «una campaña sostenida por parte de la FIFA para obtener favores especiales del presidente Trump, todo ello mientras se estafaba a los consumidores estadounidenses con precios exorbitantes durante el Mundial». Además, solicitó la comparecencia de Infantino en la cámara para dar explicaciones, pese a que parece que no hay empresa en el mundo que estos dos amigos no puedan sacar adelante. Gianni Infantino no da un paso atrás. El presidente de la FIFA, pese a la cascada de críticas, se mantiene firme con su plan de v ender una parte del Mundial de fútbol a empresas privadas. Así quedó demostrado en una nueva comparecencia del abogado suizo, que volvió a blanquear su peliagudo proyecto, bajo amenaza de ser boicoteado por las grandes federaciones del mundo. «Sobre todo, es una oportunidad, no una obligación. Como ya he dicho, da inicio a un proceso de consulta. Debe ser aprobada por la mayoría de nuestras 211 Asociaciones Miembro. Esta es una oportunidad de oro para impulsar el desarrollo del fútbol a nivel mundial (…). Queremos ayudar a crear la próxima selección de Cabo Verde», declaró el mandatario en un vídeo. Como era de esperar, también recalcó que no habría «injerencias» una vez que la propiedad de los torneos esté troceada, y que la FIFA continuará «gobernando el fútbol». Sin embargo, esas interferencias ya han comenzado por mucho que Infantino pretenda disimularlo sin mucho éxito. Donald Trump, presidente de Estados Unidos, mantiene una reconocida amistad con su homólogo de la FIFA, «mi gran amigo Gianni», y está de lo más involucrado en la propuesta: el empresario Josh Kushner, hermano de Jared Kushner , yerno del neoyorquino, será el encargado de buscar inversores que compren el 20% del torneo internacional a cambio de 4.200 millones de dólares. El multimillonario judío, nacido hace 41 años en Nueva Jersey y alumno en la elitista y prestigiosa Universidad de Harvard, es el fundador de Thrive Capital, firma de capital de riesgo que ya invirtió en el pasado en empresas como Instagram o A24, una de las productoras de cine estadounidenses más exitosas de los últimos años. Una prometedora carrera que trasladó este mismo año a los eventos deportivos, cuando se convirtió en uno de los propietarios de los San Francisco Giants, equipo de la liga americana de béisbol (MLB). Ahora, puede dar el pelotazo del siglo al subastar el torneo más emblemático y masivo del planeta. La presencia de Kushner, por lo tanto, evidencia que Trump está en el ajo, que mantuvo conversaciones o que influyó en Infantino sobre cómo podría proceder con su plan maestro, la última manifestación de una amistad dispuesta a devorar el fútbol y que se originó el 13 de junio de 2018. Aquel día, Estados Unidos , junto a México y Canadá, fue nombrado sede del Mundial de 2026 y, para celebrarlo, Trump invitó a Infantino a la Casa Blanca. Hubo bromas, miradas cómplices, pero no sería hasta dos años después, en 2020, cuando ambos harían pública su estrecha amistad. En el Foro Económico de Davos celebrado en enero, muy cerca del cuartel general de la FIFA en Zúrich, Infantino denominó a Trump como su «gran amigo», un gesto que el americano le devolvió invitándolo de nuevo a Washington para así estar presente en la firma de los Acuerdos de Abraham sobre la búsqueda de la paz en Oriente Próximo entre Israel y varios países árabes. Sin embargo, en 2021, el fin del primer mandato del empresario neoyorquino enfrió sus apariciones conjuntas en público, mientras que Infantino nunca consiguió alcanzar tal grado de complicidad durante el gobierno de Joe Biden. Pero, en 2024, Trump volvió a ganar las elecciones: el dúo dinámico estaba de vuelta y, para no acabar con la costumbre, Infantino estuvo presente en el Despacho Oval durante la coronación de su camarada. Es cierto que el suizo tiende a acercarse al poder, como ya hizo con Vladimir Putin en 2018 o la monarquía catarí en 2022. Pero la hemeroteca ha demostrado que, por Trump, siente debilidad. Sin ir más lejos, se inventó el Premio de la Paz de la FIFA el pasado junio para calmar la pataleta del estadounidense, pues en octubre de 2025 había perdido, si es que alguna vez tuvo oportunidades, el Premio Nobel de la Paz frente a la opositora venezolana María Corina Machado. Un favor devuelto por Trump ya que, según medios estadounidenses, estaba valorando a Infantino como próximo secretario general de la ONU (Organización de las Naciones Unidas). Pese a todo, los mimos traspasaron una línea roja en pleno Mundial, cuando el delantero estrella de Estados Unidos, Folarin Balogun, recibió un indulto de lo más polémico. El jugador del Mónaco, durante los dieciseisavos de final ante Bosnia Herzegovina, vio una roja directa tras propinarle un plantillazo en el tobillo a Muharemovic. En ese momento, la FIFA activó su maquinaria dictatorial y, en una decisión sin precedentes, liberó de su castigo a Balogun . Poco importó, pues Estados Unidos fue arrasado por Bélgica en los octavos (1-4), pero los medios americanos destaparon poco después que Trump e Infantino habían estado en contacto mediante una llamada telefónica donde el primero le habría pedido al segundo que se retirara la roja. «¡Gracias a la FIFA por hacer lo correcto y dar la vuelta a esta gran injusticia!», escribió el presidente poco después en redes sociales. Como no disimulan ni lo más mínimo, los contrincantes políticos de Trump anunciaron hace unos días que pretendían abrir una investigación sobre el papel de ambos durante el Mundial. Jamie Raskin , el demócrata de mayor rango en la Comisión Judicial de la Cámara de Representantes, aseguró estar examinando «una campaña sostenida por parte de la FIFA para obtener favores especiales del presidente Trump, todo ello mientras se estafaba a los consumidores estadounidenses con precios exorbitantes durante el Mundial». Además, solicitó la comparecencia de Infantino en la cámara para dar explicaciones, pese a que parece que no hay empresa en el mundo que estos dos amigos no puedan sacar adelante.
Gianni Infantino no da un paso atrás. El presidente de la FIFA, pese a la cascada de críticas, se mantiene firme con su plan de vender una parte del Mundial de fútbol a empresas privadas. Así quedó demostrado en una nueva comparecencia del … abogado suizo, que volvió a blanquear su peliagudo proyecto, bajo amenaza de ser boicoteado por las grandes federaciones del mundo. «Sobre todo, es una oportunidad, no una obligación. Como ya he dicho, da inicio a un proceso de consulta. Debe ser aprobada por la mayoría de nuestras 211 Asociaciones Miembro. Esta es una oportunidad de oro para impulsar el desarrollo del fútbol a nivel mundial (…). Queremos ayudar a crear la próxima selección de Cabo Verde», declaró el mandatario en un vídeo.
Como era de esperar, también recalcó que no habría «injerencias» una vez que la propiedad de los torneos esté troceada, y que la FIFA continuará «gobernando el fútbol». Sin embargo, esas interferencias ya han comenzado por mucho que Infantino pretenda disimularlo sin mucho éxito. Donald Trump, presidente de Estados Unidos, mantiene una reconocida amistad con su homólogo de la FIFA, «mi gran amigo Gianni», y está de lo más involucrado en la propuesta: el empresario Josh Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno del neoyorquino, será el encargado de buscar inversores que compren el 20% del torneo internacional a cambio de 4.200 millones de dólares.
El multimillonario judío, nacido hace 41 años en Nueva Jersey y alumno en la elitista y prestigiosa Universidad de Harvard, es el fundador de Thrive Capital, firma de capital de riesgo que ya invirtió en el pasado en empresas como Instagram o A24, una de las productoras de cine estadounidenses más exitosas de los últimos años. Una prometedora carrera que trasladó este mismo año a los eventos deportivos, cuando se convirtió en uno de los propietarios de los San Francisco Giants, equipo de la liga americana de béisbol. Ahora, puede dar el pelotazo del siglo al subastar el torneo más emblemático y masivo del planeta.
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Atlético de Madrid
Pablo Sierra
La presencia de Kushner, por lo tanto, evidencia que Trump está en el ajo, que mantuvo conversaciones o que influyó en Infantino sobre cómo podría proceder con su plan maestro, la última manifestación de una amistad dispuesta a devorar el fútbol y que se originó el 13 de junio de 2018. Aquel día, Estados Unidos, junto a México y Canadá, fue nombrado sede del Mundial de 2026 y, para celebrarlo, Trump invitó a Infantino a la Casa Blanca. Hubo bromas, miradas cómplices, pero no sería hasta dos años después, en 2020, cuando ambos harían pública su estrecha amistad.
En el Foro Económico de Davos celebrado en enero, muy cerca del cuartel general de la FIFA en Zúrich, Infantino denominó a Trump como su «gran amigo», un gesto que el americano le devolvió invitándolo de nuevo a Washington para así estar presente en la firma de los Acuerdos de Abraham sobre la búsqueda de la paz en Oriente Próximo entre Israel y varios países árabes. Sin embargo, en 2021, el fin del primer mandato del empresario neoyorquino enfrió sus apariciones conjuntas en público, mientras que Infantino nunca consiguió alcanzar tal grado de complicidad durante el gobierno de Joe Biden. Pero, en 2024, Trump volvió a ganar las elecciones: el dúo dinámico estaba de vuelta y, para no acabar con la costumbre, Infantino estuvo presente en el Despacho Oval durante la coronación de su camarada.
Es cierto que el suizo tiende a acercarse al poder, como ya hizo con Vladimir Putin en 2018 o la monarquía catarí en 2022. Pero la hemeroteca ha demostrado que, por Trump, siente debilidad. Sin ir más lejos, se inventó el Premio de la Paz de la FIFA el pasado junio para calmar la pataleta del estadounidense, pues en octubre de 2025 había perdido, si es que alguna vez tuvo oportunidades, el Premio Nobel de la Paz frente a la opositora venezolana María Corina Machado. Un favor devuelto por Trump ya que, según medios estadounidenses, estaba valorando a Infantino como próximo secretario general de la ONU (Organización de las Naciones Unidas). Pese a todo, los mimos traspasaron una línea roja en pleno Mundial, cuando el delantero estrella de Estados Unidos, Folarin Balogun, recibió un indulto de lo más polémico.
El jugador del Mónaco, durante los dieciseisavos de final ante Bosnia Herzegovina, vio una roja directa tras propinarle un plantillazo en el tobillo a Muharemovic. En ese momento, la FIFA activó su maquinaria dictatorial y, en una decisión sin precedentes, liberó de su castigo a Balogun. Poco importó, pues Estados Unidos fue arrasada por Bélgica en los octavos (1-4), pero los medios americanos destaparon poco después que Trump e Infantino habían estado en contacto mediante una llamada telefónica donde el primero le habría pedido al segundo que se retirara la roja. «¡Gracias a la FIFA por hacer lo correcto y dar la vuelta a esta gran injusticia!», escribió el presidente poco después en redes sociales.
Como no disimulan ni lo más mínimo, los contrincantes políticos de Trump anunciaron hace unos días que pretendían abrir una investigación sobre el papel de ambos durante el Mundial. Jamie Raskin, el demócrata de mayor rango en la Comisión Judicial de la Cámara de Representantes, aseguró estar examinando «una campaña sostenida por parte de la FIFA para obtener favores especiales del presidente Trump, todo ello mientras se estafaba a los consumidores estadounidenses con precios exorbitantes durante el Mundial». Además, solicitó la comparecencia de Infantino en la cámara para dar explicaciones, pese a que parece que no hay empresa en el mundo que estos dos amigos no puedan sacar adelante.
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