Italia es un paraíso dominado por sus demonios. La frase es de Sir Henry Wottom, poeta y diplomático inglés, contemporáneo de Shakespeare. Cuatro siglos después, esos demonios han vuelto a envenenar el debate público en Italia tras la eliminación de la ‘squadra azzurra’, que perdió frente a Bosnia la oportunidad de acudir al Mundial de Fútbol que comienza en junio.«Catástrofe», «pesadilla», «bochorno nacional», «indignidad» son algunos de los adjetivos que aparecían en las portadas de la prensa tras el fracaso de Italia en la tanda de penaltis, que deja fuera por tercera vez consecutiva a la selección nacional de la competición que se va a celebrar en Estados Unidos, México y Canadá. El fiasco es todavía mayor porque esta edición será disputada por 48 equipos, entre los cuales no estará el conjunto que ha ganado cuatro títulos mundiales, sólo uno menos que Brasil y los mismos que Alemania.«Esto es el fruto de lo que hemos sembrado», afirma Fabio Capello, exfutbolista internacional, exentrenador del Milán y de la Juve y exseleccionador. Desde su autoridad indiscutible, realiza este diagnóstico: «La selección refleja el nivel de los clubes. El error se remonta a las escuelas de fútbol. A los niños se les impide regatear, cancelan su fantasía. Se trabaja la táctica sin mejorar la velocidad». Una idea en la que abunda Arrigo Sachi, que subraya que Italia ha perdido sus señas de identidad y que el problema es mucho más profundo de lo que parece.Noticia relacionada general No No Italia consuma el maleficio y se queda sin su tercer Mundial consecutivo Pablo LodeiroHay un sentimiento generalizado de humillación que va desde la barra de cualquier bar de Sicilia a los altos cenáculos de la política romana. Andrea Abodi, ministro de Deporte, reaccionó a las pocas horas al pedir públicamente la dimisión de Gabriele Gravina , presidente de la Federación Italiana de Fútbol. Dicho y hecho. Gravina presentó la renuncia a su cargo y anunció la convocatoria de elecciones en junio. Tras su salida, el presidente de la Federación reveló el contenido de un informe en el que analiza los males que han llevado a esta situación : el bajo porcentaje de italianos en la Liga, la elevada edad media de los jugadores, el descuido de la cantera y el tipo de juego conservador y poco innovador. Déficit de inversiónSegún un estudio realizado por la Federación Italiana, sus jugadores son los que menos regatean de las cinco mayores ligas europeas. El informe apunta un dato importante: los equipos de la Serie A italiana tienen un déficit anual conjunto de más de 500 millones de euros, lo que hace imposible invertir a largo plazo en infraestructura y fichajes.Mayor carga simbólica que la de Gravina tuvo la dimisión de Gianluigi Buffon, el mítico portero, que abandonó el puesto de delegado federativo nada más terminar el encuentro con Bosnia. «Decidí dimitir un minuto después del partido. Fue un acto espontáneo, que surgió de lo más profundo. Comparto el dolor y las lágrimas de la ficción», declaró. Buffon es partidario de iniciar una reflexión sin prisas pero sin pausa para profundizar en las carencias del equipo azul.31 de marzo de 2026. Los italianos Gianluca Mancini, Pio Esposito, Marco Palestra, Leonardo Spinazzola y Federico Gatti, cabizbajos tras el partido ante Bosnia al saberse fuera del Mundial de México. Aficionados italianos sufren la derrota en el centro de Roma. Foto del presidente de la Federación Italiana de Fútbol, Gabriele Gravina, que dimitió tras el fiasco. Reuters / Afp El conservadurismo táctico, la falta de un juego reconocible, la deficiente preparación física, la mentalidad acomodaticia y la crisis de una cantera que había dado grandes futbolistas son algunas de las causas esgrimidas por los comentaristas deportivos. Todos coinciden en que la Serie A italiana ha entrado en declive y se halla muy por debajo de la Premier League inglesa, de la Bundesliga o de la competición española. No es infrecuente escuchar estos días comentarios sobre el contraste entre la merma de talento en los clubes italianos con el brillo de los conjuntos españoles. Tras la caída del Inter y el Atalanta, Italia no ha conseguido meter a ningún equipo en los octavos de la Champions League. España tiene tres.El cineasta Pier Paolo Pasolini escribió que «el fútbol es un lenguaje con poetas y prosistas». Quería decir que hay jugadores que conciben este deporte como un arte mientras que otros se amparan en la táctica y el orden para lograr buenos resultados. El análisis de Capello y Sachi lleva implícito que los clubes italianos han descuidado la dimensión artística del fútbol. Jugadores como Rivera, Roberto Baggio o Pirlo han dejado un hueco que no ha podido ser cubierto.Desde hace mucho tiempo los italianos ya no vibran con partidos como el que se jugó en Sarriá en el Mundial de 1982 y eliminaron a BrasilDesde hace mucho tiempo, los italianos ya no vibran con partidos como el que se jugó en Sarriá en el Mundial de 1982 cuando los azules eliminaron a Brasil en un encuentro lleno de alternativas en el que los goles de Paolo Rossi derribaron al equipo de Sócrates, Falcao y Zico. Todavía en aquella época los equipos italianos eran maestros en la táctica del «catenaccio», que era la acumulación de esfuerzos para evitar que el contrario pudiera disponer de espacios de ataque. Fue una de las grandes innovaciones del ‘Calcio’, palabra que viene del juego que los aristócratas disputaban en las plazas de Florencia en el siglo XVI con una pelota de cuero.Verano de 1970. Alemania e Italia se enfrentan en partido de semifinal del Campeonato del Mundo, en el estadio Azteca. 11 de julio de 1982: Italia se proclamó campeona del mundo de futbol, al derrotar a Alemania en el Bernabeu. El presidente de de Italia, Sandro Pertini, saluda. Imagen de Luigi Riva, de Italia, durante el partido en el Estadio Azteca. Efe / GettySin ir tan lejos, los aficionados que sobrepasan o rozan los 70 años no han olvidado la Italia que perdió la final frente a Brasil en el Mundial de México de 1970 con jugadores como Fachetti, Mazzola, Boninsegna y Riva, que engrandecieron este deporte. Los italianos habían eliminado a la Alemania de Beckenbauer en las semifinales por un resultado de 4-3 tras una prórroga épica. Todavía se conoce aquel enfrentamiento como ‘El partido del siglo’, sin duda, uno de los mejores de la historia por su intensidad y sus alternativas. El presidente de de Italia, Sandro Pertini, saluda al Rey Don Juan Carlos, en el palco del Bernabéu, y el resto de autoridades. EfeJohan Cruyff se refirió a él como un encuentro que le había agudizado las ganas de triunfar en el Ajax y en la selección holandesa. «Jugar al fútbol es muy sencillo. Pero jugar sencillo es la cosa más difícil que hay», dijo el astro holandés. El fútbol italiano, antaño caracterizado por su competitividad y su fortaleza defensiva, ha dejado de ser sencillo y ha evolucionado hacia un estilo que nada tiene que ver con el de aquella Italia de 1970. El exceso de tacticismo y el miedo a perder han arruinado el presente de clubes como el Inter, el Milán y la Juve, que dominaban el fútbol europeo hace décadas y que lograron reunir el talento de los mejores jugadores del mundo. El Inter de Luis Suárez ganó la Copa de Europa de clubes en 1964 y 1965 bajo la batuta de Helenio Herrera, el extravagante entrenador argentino que también pasó por el fútbol español.Ganó la Eurocopa de 2021Hoy los números de la selección italiana son devastadores. Cayó en la fase de grupos de Sudáfrica en 2010 al quedar detrás de Paraguay y Eslovaquia, tampoco pudo superar la primera fase en Brasil 2014 y luego no logró la clasificación para los Mundiales de Rusia en 2018, el de Catar en 2022 y ahora el de Estados Unidos. Ello significa que la generación de italianos que tiene menos de 25 años no recuerda haber visto jugar nunca a Italia a alto nivel en esta competición, que ganó por última vez en 2006. Para no ser injustos, hay que mencionar que Italia se adjudicó la Eurocopa en 2021, el canto del cisne de una selección que ha acumulado derrotas y desengaños. Si Beckenbauer tenía razón cuando afirmó que «ganar es lo único que importa», los ‘azzurri’ no encajan hoy en esa filosofía.2006: El defensa italiano Fabio Grosso, felicitado por sus compañeros, el también defensa italiano Gianluca Zambrotta, y el portero italiano Gianluigi Buffon, tras marcar el primer gol durante la prórroga del partido de semifinales del Mundial de 2006 entre Alemania e Italia, el 4 de julio de 2006 en el estadio de Dortmund. Italia ganó 2-0 tras la prórroga. AfpEl intelectual italiano Benedetto Croce, ministro de Educación, aseguraba que «el fútbol es el reino de la imbecilidad humana», una aseveración que revela una incomprensión radical de lo que ha sido este deporte en la historia de Italia a lo largo del siglo XX. Mussolini comprendió muy bien su importancia y capitalizó las victorias de la selección en los Mundiales de 1934 y 1938. El dictador veía en el deporte del balón un instrumento de propaganda fascista que servía para mostrar una Italia fuerte y disciplinada. Los jugadores eran vistos como representantes del fascismo y se les exigía el saludo romano antes de los partidos. El propio Mussolini les arengaba. Italia obtuvo la organización de la competición en 1934, un evento en el que se volcó el régimen. No faltó la ayuda de los árbitros, decisiva en partidos como el librado contra España en el que los italianos actuaron con una gran violencia sin sanción alguna.Seguidores del AC Milán animan a su equipo antes del comienzo frente al FC Barcelona en el estadio Giuseppe Meazza de Milán, en 2012. efeDerrotado el fascismo, el fútbol se convirtió en los años de la posguerra en un elemento aglutinante de la identidad nacional. En un país dividido entre el Norte y el Sur, la izquierda y la derecha, la democracia cristiana y el comunismo, la selección italiana funcionó como una válvula de escape y como un factor de cohesión nacional.En contraposición a Croce, el líder comunista Antonio Gramsci apuntó que el fútbol formaba parte de la vida de las clases populares y que fomentaba el trabajo en equipo frente al individualismo. Creía que era una expresión de una cultura de masas que permitía la liberación de las tensiones sociales. En el mismo sentido, Giulio Andreotti llegó a afirmar que «el fútbol es la expresión sagrada de nuestro tiempo», observando la dimensión religiosa del fenómeno. Si esto no se comprende, es difícil entender la frustración que ha generado la reciente eliminación de Italia y el sentimiento de perdida de la afición.Hoy los números de la selección italiana son devastadores: la generación de menos de 25 años no recuerda haber visto a su selección a gran nivel salvo porque ganó la Europa de 2021 Si hay una película que refleja la importancia del fútbol en la sociedad italiana es ‘Ladrón de bicicletas’, dirigida por Vittorio de Sica en 1948, tres años después del final de la II Guerra Mundial. Una obra considerada como el manifiesto del cine neorrealista que sigue impresionando a quien la ve hoy. Las últimas secuencias del filme muestran las calles vacías de una Roma espectral mientras decenas de miles de aficionados asisten a un partido de fútbol.Antonio ve cientos de bicicletas a las puertas del estadio. Sigue recorriendo las calles para hallar al ladrón que ha sustraído la suya y siente la tentación de robar una de las que los aficionados han dejado en ese lugar. Al finalizar el encuentro, los aficionados llenan las inmediaciones y se suben a unas tartanas que les conducen a sus hogares. Se palpa el contraste entre la euforia de los ‘tiffosi’ y la angustia de Antonio, que ha perdido su trabajo de fijador de carteles al quedarse sin bicicleta mientras su hijo contempla el sufrimiento del padre. Hay en los últimos planos de la película de Vittorio de Sica no sólo un perspicaz retrato de la penuria de la época, sino además una evocación del fútbol como entretenimiento y como pasión para olvidar una realidad dramática.El fútbol ha sido más que el deporte nacional en la Italia del inicio del siglo XX hasta hoy. Ha funcionado como ese elemento de integración social al que se refería Gramsci por encima de las ideologías. Y este no es un asunto menor en una nación fuertemente fragmentada hasta 1870, el año en el que se culminó la unificación bajo la acción de Garibaldi y Víctor Manuel II de Saboya. En un país regido por diferentes dinastías, fragmentado geográficamente y condicionado por el poder papal, Italia adolecía de factores de cohesión nacional. El fútbol llegó para cubrir ese vacío. Ahora hay italianos que se sienten desamparados por el fiasco de un equipo cuyo color azul es el mismo que el de la casa de Saboya. Un color que se asocia a la Virgen María y al mar que rodea la Península.La eliminación frente a Bosnia, una selección menor, ha dejado muchas heridas. «Tercer apocalipsis» y «Otra noche de pesadilla» tituló ‘La Gazzetta dello Sport’, que calculó que el fracaso supondrá una merma de ingresos de 30 millones de euros para la Federación Italiana de Fútbol. Georgia Meloni ha eludido cualquier comentario sobre el asunto, pero no los dirigentes de su partido o los de la Liga fundada por Umberto Bossi, que sí lo hicieron y presionaron para forzar la dimisión de Gravina.Saviano reparte estopa a los azulesQuizás la visión más crítica es la del escritor y periodista Roberto Saviano, proscrito por la Camorra, que vincula la crisis del futbol italiano a la corrupción de los clubes, manejados por empresarios sin escrúpulos y en manos de poderes económicos que buscan influencia en la política. Saviano ha acuñado la expresión de «clubes corrompidos» que desprecian las inversiones en la cantera, optan por fichajes de relumbrón de futbolistas extranjeros y gestionan los equipos sin entender la naturaleza de este deporte. La eliminación de Italia sería la expresión de los problemas estructurales, éticos y sociales que han provocado la decadencia de una sociedad en la que las conexiones con el poder han desplazado a la meritocracia. Los estadios son escuelas de violencia y lugares donde se vende droga, según denuncia el autor de ‘Gomorra’.Un análisis con el que coincide el periodista Vito De Palma, que apunta que el pescado siempre se pudre por la cabeza en alusión a la responsabilidad de los propietarios de los clubes , que han perdido la conexión sentimental que tenían viejos magnates como Agnelli y Berlusconi con sus equipos. Italia tendrá que partir de cero para recuperar su prestigio y vencer los demonios familiares tras una década y media en la que la ‘squadra azurra’ ha caído a unos niveles impensables cuando sus clubes eran temidos e imitados en Europa. Italia es un paraíso dominado por sus demonios. La frase es de Sir Henry Wottom, poeta y diplomático inglés, contemporáneo de Shakespeare. Cuatro siglos después, esos demonios han vuelto a envenenar el debate público en Italia tras la eliminación de la ‘squadra azzurra’, que perdió frente a Bosnia la oportunidad de acudir al Mundial de Fútbol que comienza en junio.«Catástrofe», «pesadilla», «bochorno nacional», «indignidad» son algunos de los adjetivos que aparecían en las portadas de la prensa tras el fracaso de Italia en la tanda de penaltis, que deja fuera por tercera vez consecutiva a la selección nacional de la competición que se va a celebrar en Estados Unidos, México y Canadá. El fiasco es todavía mayor porque esta edición será disputada por 48 equipos, entre los cuales no estará el conjunto que ha ganado cuatro títulos mundiales, sólo uno menos que Brasil y los mismos que Alemania.«Esto es el fruto de lo que hemos sembrado», afirma Fabio Capello, exfutbolista internacional, exentrenador del Milán y de la Juve y exseleccionador. Desde su autoridad indiscutible, realiza este diagnóstico: «La selección refleja el nivel de los clubes. El error se remonta a las escuelas de fútbol. A los niños se les impide regatear, cancelan su fantasía. Se trabaja la táctica sin mejorar la velocidad». Una idea en la que abunda Arrigo Sachi, que subraya que Italia ha perdido sus señas de identidad y que el problema es mucho más profundo de lo que parece.Noticia relacionada general No No Italia consuma el maleficio y se queda sin su tercer Mundial consecutivo Pablo LodeiroHay un sentimiento generalizado de humillación que va desde la barra de cualquier bar de Sicilia a los altos cenáculos de la política romana. Andrea Abodi, ministro de Deporte, reaccionó a las pocas horas al pedir públicamente la dimisión de Gabriele Gravina , presidente de la Federación Italiana de Fútbol. Dicho y hecho. Gravina presentó la renuncia a su cargo y anunció la convocatoria de elecciones en junio. Tras su salida, el presidente de la Federación reveló el contenido de un informe en el que analiza los males que han llevado a esta situación : el bajo porcentaje de italianos en la Liga, la elevada edad media de los jugadores, el descuido de la cantera y el tipo de juego conservador y poco innovador. Déficit de inversiónSegún un estudio realizado por la Federación Italiana, sus jugadores son los que menos regatean de las cinco mayores ligas europeas. El informe apunta un dato importante: los equipos de la Serie A italiana tienen un déficit anual conjunto de más de 500 millones de euros, lo que hace imposible invertir a largo plazo en infraestructura y fichajes.Mayor carga simbólica que la de Gravina tuvo la dimisión de Gianluigi Buffon, el mítico portero, que abandonó el puesto de delegado federativo nada más terminar el encuentro con Bosnia. «Decidí dimitir un minuto después del partido. Fue un acto espontáneo, que surgió de lo más profundo. Comparto el dolor y las lágrimas de la ficción», declaró. Buffon es partidario de iniciar una reflexión sin prisas pero sin pausa para profundizar en las carencias del equipo azul.31 de marzo de 2026. Los italianos Gianluca Mancini, Pio Esposito, Marco Palestra, Leonardo Spinazzola y Federico Gatti, cabizbajos tras el partido ante Bosnia al saberse fuera del Mundial de México. Aficionados italianos sufren la derrota en el centro de Roma. Foto del presidente de la Federación Italiana de Fútbol, Gabriele Gravina, que dimitió tras el fiasco. Reuters / Afp El conservadurismo táctico, la falta de un juego reconocible, la deficiente preparación física, la mentalidad acomodaticia y la crisis de una cantera que había dado grandes futbolistas son algunas de las causas esgrimidas por los comentaristas deportivos. Todos coinciden en que la Serie A italiana ha entrado en declive y se halla muy por debajo de la Premier League inglesa, de la Bundesliga o de la competición española. No es infrecuente escuchar estos días comentarios sobre el contraste entre la merma de talento en los clubes italianos con el brillo de los conjuntos españoles. Tras la caída del Inter y el Atalanta, Italia no ha conseguido meter a ningún equipo en los octavos de la Champions League. España tiene tres.El cineasta Pier Paolo Pasolini escribió que «el fútbol es un lenguaje con poetas y prosistas». Quería decir que hay jugadores que conciben este deporte como un arte mientras que otros se amparan en la táctica y el orden para lograr buenos resultados. El análisis de Capello y Sachi lleva implícito que los clubes italianos han descuidado la dimensión artística del fútbol. Jugadores como Rivera, Roberto Baggio o Pirlo han dejado un hueco que no ha podido ser cubierto.Desde hace mucho tiempo los italianos ya no vibran con partidos como el que se jugó en Sarriá en el Mundial de 1982 y eliminaron a BrasilDesde hace mucho tiempo, los italianos ya no vibran con partidos como el que se jugó en Sarriá en el Mundial de 1982 cuando los azules eliminaron a Brasil en un encuentro lleno de alternativas en el que los goles de Paolo Rossi derribaron al equipo de Sócrates, Falcao y Zico. Todavía en aquella época los equipos italianos eran maestros en la táctica del «catenaccio», que era la acumulación de esfuerzos para evitar que el contrario pudiera disponer de espacios de ataque. Fue una de las grandes innovaciones del ‘Calcio’, palabra que viene del juego que los aristócratas disputaban en las plazas de Florencia en el siglo XVI con una pelota de cuero.Verano de 1970. Alemania e Italia se enfrentan en partido de semifinal del Campeonato del Mundo, en el estadio Azteca. 11 de julio de 1982: Italia se proclamó campeona del mundo de futbol, al derrotar a Alemania en el Bernabeu. El presidente de de Italia, Sandro Pertini, saluda. Imagen de Luigi Riva, de Italia, durante el partido en el Estadio Azteca. Efe / GettySin ir tan lejos, los aficionados que sobrepasan o rozan los 70 años no han olvidado la Italia que perdió la final frente a Brasil en el Mundial de México de 1970 con jugadores como Fachetti, Mazzola, Boninsegna y Riva, que engrandecieron este deporte. Los italianos habían eliminado a la Alemania de Beckenbauer en las semifinales por un resultado de 4-3 tras una prórroga épica. Todavía se conoce aquel enfrentamiento como ‘El partido del siglo’, sin duda, uno de los mejores de la historia por su intensidad y sus alternativas. El presidente de de Italia, Sandro Pertini, saluda al Rey Don Juan Carlos, en el palco del Bernabéu, y el resto de autoridades. EfeJohan Cruyff se refirió a él como un encuentro que le había agudizado las ganas de triunfar en el Ajax y en la selección holandesa. «Jugar al fútbol es muy sencillo. Pero jugar sencillo es la cosa más difícil que hay», dijo el astro holandés. El fútbol italiano, antaño caracterizado por su competitividad y su fortaleza defensiva, ha dejado de ser sencillo y ha evolucionado hacia un estilo que nada tiene que ver con el de aquella Italia de 1970. El exceso de tacticismo y el miedo a perder han arruinado el presente de clubes como el Inter, el Milán y la Juve, que dominaban el fútbol europeo hace décadas y que lograron reunir el talento de los mejores jugadores del mundo. El Inter de Luis Suárez ganó la Copa de Europa de clubes en 1964 y 1965 bajo la batuta de Helenio Herrera, el extravagante entrenador argentino que también pasó por el fútbol español.Ganó la Eurocopa de 2021Hoy los números de la selección italiana son devastadores. Cayó en la fase de grupos de Sudáfrica en 2010 al quedar detrás de Paraguay y Eslovaquia, tampoco pudo superar la primera fase en Brasil 2014 y luego no logró la clasificación para los Mundiales de Rusia en 2018, el de Catar en 2022 y ahora el de Estados Unidos. Ello significa que la generación de italianos que tiene menos de 25 años no recuerda haber visto jugar nunca a Italia a alto nivel en esta competición, que ganó por última vez en 2006. Para no ser injustos, hay que mencionar que Italia se adjudicó la Eurocopa en 2021, el canto del cisne de una selección que ha acumulado derrotas y desengaños. Si Beckenbauer tenía razón cuando afirmó que «ganar es lo único que importa», los ‘azzurri’ no encajan hoy en esa filosofía.2006: El defensa italiano Fabio Grosso, felicitado por sus compañeros, el también defensa italiano Gianluca Zambrotta, y el portero italiano Gianluigi Buffon, tras marcar el primer gol durante la prórroga del partido de semifinales del Mundial de 2006 entre Alemania e Italia, el 4 de julio de 2006 en el estadio de Dortmund. Italia ganó 2-0 tras la prórroga. AfpEl intelectual italiano Benedetto Croce, ministro de Educación, aseguraba que «el fútbol es el reino de la imbecilidad humana», una aseveración que revela una incomprensión radical de lo que ha sido este deporte en la historia de Italia a lo largo del siglo XX. Mussolini comprendió muy bien su importancia y capitalizó las victorias de la selección en los Mundiales de 1934 y 1938. El dictador veía en el deporte del balón un instrumento de propaganda fascista que servía para mostrar una Italia fuerte y disciplinada. Los jugadores eran vistos como representantes del fascismo y se les exigía el saludo romano antes de los partidos. El propio Mussolini les arengaba. Italia obtuvo la organización de la competición en 1934, un evento en el que se volcó el régimen. No faltó la ayuda de los árbitros, decisiva en partidos como el librado contra España en el que los italianos actuaron con una gran violencia sin sanción alguna.Seguidores del AC Milán animan a su equipo antes del comienzo frente al FC Barcelona en el estadio Giuseppe Meazza de Milán, en 2012. efeDerrotado el fascismo, el fútbol se convirtió en los años de la posguerra en un elemento aglutinante de la identidad nacional. En un país dividido entre el Norte y el Sur, la izquierda y la derecha, la democracia cristiana y el comunismo, la selección italiana funcionó como una válvula de escape y como un factor de cohesión nacional.En contraposición a Croce, el líder comunista Antonio Gramsci apuntó que el fútbol formaba parte de la vida de las clases populares y que fomentaba el trabajo en equipo frente al individualismo. Creía que era una expresión de una cultura de masas que permitía la liberación de las tensiones sociales. En el mismo sentido, Giulio Andreotti llegó a afirmar que «el fútbol es la expresión sagrada de nuestro tiempo», observando la dimensión religiosa del fenómeno. Si esto no se comprende, es difícil entender la frustración que ha generado la reciente eliminación de Italia y el sentimiento de perdida de la afición.Hoy los números de la selección italiana son devastadores: la generación de menos de 25 años no recuerda haber visto a su selección a gran nivel salvo porque ganó la Europa de 2021 Si hay una película que refleja la importancia del fútbol en la sociedad italiana es ‘Ladrón de bicicletas’, dirigida por Vittorio de Sica en 1948, tres años después del final de la II Guerra Mundial. Una obra considerada como el manifiesto del cine neorrealista que sigue impresionando a quien la ve hoy. Las últimas secuencias del filme muestran las calles vacías de una Roma espectral mientras decenas de miles de aficionados asisten a un partido de fútbol.Antonio ve cientos de bicicletas a las puertas del estadio. Sigue recorriendo las calles para hallar al ladrón que ha sustraído la suya y siente la tentación de robar una de las que los aficionados han dejado en ese lugar. Al finalizar el encuentro, los aficionados llenan las inmediaciones y se suben a unas tartanas que les conducen a sus hogares. Se palpa el contraste entre la euforia de los ‘tiffosi’ y la angustia de Antonio, que ha perdido su trabajo de fijador de carteles al quedarse sin bicicleta mientras su hijo contempla el sufrimiento del padre. Hay en los últimos planos de la película de Vittorio de Sica no sólo un perspicaz retrato de la penuria de la época, sino además una evocación del fútbol como entretenimiento y como pasión para olvidar una realidad dramática.El fútbol ha sido más que el deporte nacional en la Italia del inicio del siglo XX hasta hoy. Ha funcionado como ese elemento de integración social al que se refería Gramsci por encima de las ideologías. Y este no es un asunto menor en una nación fuertemente fragmentada hasta 1870, el año en el que se culminó la unificación bajo la acción de Garibaldi y Víctor Manuel II de Saboya. En un país regido por diferentes dinastías, fragmentado geográficamente y condicionado por el poder papal, Italia adolecía de factores de cohesión nacional. El fútbol llegó para cubrir ese vacío. Ahora hay italianos que se sienten desamparados por el fiasco de un equipo cuyo color azul es el mismo que el de la casa de Saboya. Un color que se asocia a la Virgen María y al mar que rodea la Península.La eliminación frente a Bosnia, una selección menor, ha dejado muchas heridas. «Tercer apocalipsis» y «Otra noche de pesadilla» tituló ‘La Gazzetta dello Sport’, que calculó que el fracaso supondrá una merma de ingresos de 30 millones de euros para la Federación Italiana de Fútbol. Georgia Meloni ha eludido cualquier comentario sobre el asunto, pero no los dirigentes de su partido o los de la Liga fundada por Umberto Bossi, que sí lo hicieron y presionaron para forzar la dimisión de Gravina.Saviano reparte estopa a los azulesQuizás la visión más crítica es la del escritor y periodista Roberto Saviano, proscrito por la Camorra, que vincula la crisis del futbol italiano a la corrupción de los clubes, manejados por empresarios sin escrúpulos y en manos de poderes económicos que buscan influencia en la política. Saviano ha acuñado la expresión de «clubes corrompidos» que desprecian las inversiones en la cantera, optan por fichajes de relumbrón de futbolistas extranjeros y gestionan los equipos sin entender la naturaleza de este deporte. La eliminación de Italia sería la expresión de los problemas estructurales, éticos y sociales que han provocado la decadencia de una sociedad en la que las conexiones con el poder han desplazado a la meritocracia. Los estadios son escuelas de violencia y lugares donde se vende droga, según denuncia el autor de ‘Gomorra’.Un análisis con el que coincide el periodista Vito De Palma, que apunta que el pescado siempre se pudre por la cabeza en alusión a la responsabilidad de los propietarios de los clubes , que han perdido la conexión sentimental que tenían viejos magnates como Agnelli y Berlusconi con sus equipos. Italia tendrá que partir de cero para recuperar su prestigio y vencer los demonios familiares tras una década y media en la que la ‘squadra azurra’ ha caído a unos niveles impensables cuando sus clubes eran temidos e imitados en Europa.
Italia es un paraíso dominado por sus demonios. La frase es de Sir Henry Wottom, poeta y diplomático inglés, contemporáneo de Shakespeare. Cuatro siglos después, esos demonios han vuelto a envenenar el debate público en Italia tras la eliminación de la ‘squadra azzurra’, que … perdió frente a Bosnia la oportunidad de acudir al Mundial de Fútbol que comienza en junio.
«Catástrofe», «pesadilla», «bochorno nacional», «indignidad» son algunos de los adjetivos que aparecían en las portadas de la prensa tras el fracaso de Italia en la tanda de penaltis, que deja fuera por tercera vez consecutiva a la selección nacional de la competición que se va a celebrar en Estados Unidos, México y Canadá. El fiasco es todavía mayor porque esta edición será disputada por 48 equipos, entre los cuales no estará el conjunto que ha ganado cuatro títulos mundiales, sólo uno menos que Brasil y los mismos que Alemania.
«Esto es el fruto de lo que hemos sembrado», afirma Fabio Capello, exfutbolista internacional, exentrenador del Milán y de la Juve y exseleccionador. Desde su autoridad indiscutible, realiza este diagnóstico: «La selección refleja el nivel de los clubes. El error se remonta a las escuelas de fútbol. A los niños se les impide regatear, cancelan su fantasía. Se trabaja la táctica sin mejorar la velocidad». Una idea en la que abunda Arrigo Sachi, que subraya que Italia ha perdido sus señas de identidad y que el problema es mucho más profundo de lo que parece.
Noticia relacionada
Hay un sentimiento generalizado de humillación que va desde la barra de cualquier bar de Sicilia a los altos cenáculos de la política romana. Andrea Abodi, ministro de Deporte, reaccionó a las pocas horas al pedir públicamente la dimisión de Gabriele Gravina, presidente de la Federación Italiana de Fútbol. Dicho y hecho. Gravina presentó la renuncia a su cargo y anunció la convocatoria de elecciones en junio.
Tras su salida, el presidente de la Federación reveló el contenido de un informe en el que analiza los males que han llevado a esta situación: el bajo porcentaje de italianos en la Liga, la elevada edad media de los jugadores, el descuido de la cantera y el tipo de juego conservador y poco innovador.
Déficit de inversión
Según un estudio realizado por la Federación Italiana, sus jugadores son los que menos regatean de las cinco mayores ligas europeas. El informe apunta un dato importante: los equipos de la Serie A italiana tienen un déficit anual conjunto de más de 500 millones de euros, lo que hace imposible invertir a largo plazo en infraestructura y fichajes.
Mayor carga simbólica que la de Gravina tuvo la dimisión de Gianluigi Buffon, el mítico portero, que abandonó el puesto de delegado federativo nada más terminar el encuentro con Bosnia. «Decidí dimitir un minuto después del partido. Fue un acto espontáneo, que surgió de lo más profundo. Comparto el dolor y las lágrimas de la ficción», declaró. Buffon es partidario de iniciar una reflexión sin prisas pero sin pausa para profundizar en las carencias del equipo azul.
(Reuters / Afp )
El conservadurismo táctico, la falta de un juego reconocible, la deficiente preparación física, la mentalidad acomodaticia y la crisis de una cantera que había dado grandes futbolistas son algunas de las causas esgrimidas por los comentaristas deportivos. Todos coinciden en que la Serie A italiana ha entrado en declive y se halla muy por debajo de la Premier League inglesa, de la Bundesliga o de la competición española. No es infrecuente escuchar estos días comentarios sobre el contraste entre la merma de talento en los clubes italianos con el brillo de los conjuntos españoles. Tras la caída del Inter y el Atalanta, Italia no ha conseguido meter a ningún equipo en los octavos de la Champions League. España tiene tres.
El cineasta Pier Paolo Pasolini escribió que «el fútbol es un lenguaje con poetas y prosistas». Quería decir que hay jugadores que conciben este deporte como un arte mientras que otros se amparan en la táctica y el orden para lograr buenos resultados. El análisis de Capello y Sachi lleva implícito que los clubes italianos han descuidado la dimensión artística del fútbol. Jugadores como Rivera, Roberto Baggio o Pirlo han dejado un hueco que no ha podido ser cubierto.
Desde hace mucho tiempo los italianos ya no vibran con partidos como el que se jugó en Sarriá en el Mundial de 1982 y eliminaron a Brasil
Desde hace mucho tiempo, los italianos ya no vibran con partidos como el que se jugó en Sarriá en el Mundial de 1982 cuando los azules eliminaron a Brasil en un encuentro lleno de alternativas en el que los goles de Paolo Rossi derribaron al equipo de Sócrates, Falcao y Zico. Todavía en aquella época los equipos italianos eran maestros en la táctica del «catenaccio», que era la acumulación de esfuerzos para evitar que el contrario pudiera disponer de espacios de ataque. Fue una de las grandes innovaciones del ‘Calcio’, palabra que viene del juego que los aristócratas disputaban en las plazas de Florencia en el siglo XVI con una pelota de cuero.
(Efe / Getty)
Sin ir tan lejos, los aficionados que sobrepasan o rozan los 70 años no han olvidado la Italia que perdió la final frente a Brasil en el Mundial de México de 1970 con jugadores como Fachetti, Mazzola, Boninsegna y Riva, que engrandecieron este deporte. Los italianos habían eliminado a la Alemania de Beckenbauer en las semifinales por un resultado de 4-3 tras una prórroga épica. Todavía se conoce aquel enfrentamiento como ‘El partido del siglo’, sin duda, uno de los mejores de la historia por su intensidad y sus alternativas.
_20260409183834-U41645761261xZV-680x476@diario_abc.jpg)
(Efe)
Johan Cruyff se refirió a él como un encuentro que le había agudizado las ganas de triunfar en el Ajax y en la selección holandesa. «Jugar al fútbol es muy sencillo. Pero jugar sencillo es la cosa más difícil que hay», dijo el astro holandés. El fútbol italiano, antaño caracterizado por su competitividad y su fortaleza defensiva, ha dejado de ser sencillo y ha evolucionado hacia un estilo que nada tiene que ver con el de aquella Italia de 1970. El exceso de tacticismo y el miedo a perder han arruinado el presente de clubes como el Inter, el Milán y la Juve, que dominaban el fútbol europeo hace décadas y que lograron reunir el talento de los mejores jugadores del mundo. El Inter de Luis Suárez ganó la Copa de Europa de clubes en 1964 y 1965 bajo la batuta de Helenio Herrera, el extravagante entrenador argentino que también pasó por el fútbol español.
Ganó la Eurocopa de 2021
Hoy los números de la selección italiana son devastadores. Cayó en la fase de grupos de Sudáfrica en 2010 al quedar detrás de Paraguay y Eslovaquia, tampoco pudo superar la primera fase en Brasil 2014 y luego no logró la clasificación para los Mundiales de Rusia en 2018, el de Catar en 2022 y ahora el de Estados Unidos. Ello significa que la generación de italianos que tiene menos de 25 años no recuerda haber visto jugar nunca a Italia a alto nivel en esta competición, que ganó por última vez en 2006.
Para no ser injustos, hay que mencionar que Italia se adjudicó la Eurocopa en 2021, el canto del cisne de una selección que ha acumulado derrotas y desengaños. Si Beckenbauer tenía razón cuando afirmó que «ganar es lo único que importa», los ‘azzurri’ no encajan hoy en esa filosofía.

(Afp)
El intelectual italiano Benedetto Croce, ministro de Educación, aseguraba que «el fútbol es el reino de la imbecilidad humana», una aseveración que revela una incomprensión radical de lo que ha sido este deporte en la historia de Italia a lo largo del siglo XX. Mussolini comprendió muy bien su importancia y capitalizó las victorias de la selección en los Mundiales de 1934 y 1938. El dictador veía en el deporte del balón un instrumento de propaganda fascista que servía para mostrar una Italia fuerte y disciplinada. Los jugadores eran vistos como representantes del fascismo y se les exigía el saludo romano antes de los partidos. El propio Mussolini les arengaba.
Italia obtuvo la organización de la competición en 1934, un evento en el que se volcó el régimen. No faltó la ayuda de los árbitros, decisiva en partidos como el librado contra España en el que los italianos actuaron con una gran violencia sin sanción alguna.

(efe)
Derrotado el fascismo, el fútbol se convirtió en los años de la posguerra en un elemento aglutinante de la identidad nacional. En un país dividido entre el Norte y el Sur, la izquierda y la derecha, la democracia cristiana y el comunismo, la selección italiana funcionó como una válvula de escape y como un factor de cohesión nacional.
En contraposición a Croce, el líder comunista Antonio Gramsci apuntó que el fútbol formaba parte de la vida de las clases populares y que fomentaba el trabajo en equipo frente al individualismo. Creía que era una expresión de una cultura de masas que permitía la liberación de las tensiones sociales. En el mismo sentido, Giulio Andreotti llegó a afirmar que «el fútbol es la expresión sagrada de nuestro tiempo», observando la dimensión religiosa del fenómeno. Si esto no se comprende, es difícil entender la frustración que ha generado la reciente eliminación de Italia y el sentimiento de perdida de la afición.
Hoy los números de la selección italiana son devastadores: la generación de menos de 25 años no recuerda haber visto a su selección a gran nivel salvo porque ganó la Europa de 2021
Si hay una película que refleja la importancia del fútbol en la sociedad italiana es ‘Ladrón de bicicletas’, dirigida por Vittorio de Sica en 1948, tres años después del final de la II Guerra Mundial. Una obra considerada como el manifiesto del cine neorrealista que sigue impresionando a quien la ve hoy. Las últimas secuencias del filme muestran las calles vacías de una Roma espectral mientras decenas de miles de aficionados asisten a un partido de fútbol.
Antonio ve cientos de bicicletas a las puertas del estadio. Sigue recorriendo las calles para hallar al ladrón que ha sustraído la suya y siente la tentación de robar una de las que los aficionados han dejado en ese lugar. Al finalizar el encuentro, los aficionados llenan las inmediaciones y se suben a unas tartanas que les conducen a sus hogares. Se palpa el contraste entre la euforia de los ‘tiffosi’ y la angustia de Antonio, que ha perdido su trabajo de fijador de carteles al quedarse sin bicicleta mientras su hijo contempla el sufrimiento del padre. Hay en los últimos planos de la película de Vittorio de Sica no sólo un perspicaz retrato de la penuria de la época, sino además una evocación del fútbol como entretenimiento y como pasión para olvidar una realidad dramática.
El fútbol ha sido más que el deporte nacional en la Italia del inicio del siglo XX hasta hoy. Ha funcionado como ese elemento de integración social al que se refería Gramsci por encima de las ideologías. Y este no es un asunto menor en una nación fuertemente fragmentada hasta 1870, el año en el que se culminó la unificación bajo la acción de Garibaldi y Víctor Manuel II de Saboya.
En un país regido por diferentes dinastías, fragmentado geográficamente y condicionado por el poder papal, Italia adolecía de factores de cohesión nacional. El fútbol llegó para cubrir ese vacío. Ahora hay italianos que se sienten desamparados por el fiasco de un equipo cuyo color azul es el mismo que el de la casa de Saboya. Un color que se asocia a la Virgen María y al mar que rodea la Península.
La eliminación frente a Bosnia, una selección menor, ha dejado muchas heridas. «Tercer apocalipsis» y «Otra noche de pesadilla» tituló ‘La Gazzetta dello Sport’, que calculó que el fracaso supondrá una merma de ingresos de 30 millones de euros para la Federación Italiana de Fútbol. Georgia Meloni ha eludido cualquier comentario sobre el asunto, pero no los dirigentes de su partido o los de la Liga fundada por Umberto Bossi, que sí lo hicieron y presionaron para forzar la dimisión de Gravina.
Saviano reparte estopa a los azules
Quizás la visión más crítica es la del escritor y periodista Roberto Saviano, proscrito por la Camorra, que vincula la crisis del futbol italiano a la corrupción de los clubes, manejados por empresarios sin escrúpulos y en manos de poderes económicos que buscan influencia en la política. Saviano ha acuñado la expresión de «clubes corrompidos» que desprecian las inversiones en la cantera, optan por fichajes de relumbrón de futbolistas extranjeros y gestionan los equipos sin entender la naturaleza de este deporte. La eliminación de Italia sería la expresión de los problemas estructurales, éticos y sociales que han provocado la decadencia de una sociedad en la que las conexiones con el poder han desplazado a la meritocracia. Los estadios son escuelas de violencia y lugares donde se vende droga, según denuncia el autor de ‘Gomorra’.
Un análisis con el que coincide el periodista Vito De Palma, que apunta que el pescado siempre se pudre por la cabeza en alusión a la responsabilidad de los propietarios de los clubes, que han perdido la conexión sentimental que tenían viejos magnates como Agnelli y Berlusconi con sus equipos. Italia tendrá que partir de cero para recuperar su prestigio y vencer los demonios familiares tras una década y media en la que la ‘squadra azurra’ ha caído a unos niveles impensables cuando sus clubes eran temidos e imitados en Europa.
RSS de noticias de deportes

