La NBA es especialista en dar segundas oportunidades. Incluso un auténtico torbellino como Ja Morant , consumido por las lesiones, la violencia y las armas de fuego , mantiene su estatus de estrella en la mejor liga de baloncesto del mundo. Por eso sorprendió que el pasado lunes los Chicago Bulls anunciasen el despido fulminante de Jaden Ivey , prometedor escolta de solo 24 años y que había llegado a la franquicia de Illinois desde los Detroit Pistons el pasado febrero. Unos comentarios públicos contra la comunidad LGTBI, el detonante: «El mundo se levanta para el mes del Orgullo. La NBA también lo hace. ‘Ven y celebra con nosotros la injusticia’, es lo que nos dicen. Lo proclaman en los carteles. Lo proclaman por las calles. Injusticia», escribió el jugador. Ya desatada la tormenta, su equipo se movió con rapidez y rompió su vinculación alegando «conducta perjudicial», aunque Ivey devolvió la pelota al tejado de los Bulls . «¿Cómo voy a ser perjudicial para el equipo si no he estado con él? Me estoy recuperando de una lesión», aseguró, ausente de las pistas el de Indiana desde el 12 de febrero por unos problemas de rodilla. De hecho, solo pudo disputar cuatro partidos para un equipo que no ha dudado en darle la espalda aunque afirmó estar pasando por una depresión debido a las lesiones. Pero sus polémicas palabras parecen haber pesado más a la hora de sentenciarlo. Su despido ni mucho menos apaciguó la llama, y el jugador siguió cavando su tumba en las redes sociales y apelando a la fe como vía para su resurrección personal. «La NBA lo era todo para mí. No conocía a Dios. Cuando llegué, era un mujeriego, adicto a la pornografía y me emborrachaba (…). Mi esposa ha estado ignorando todos mis mensajes… Toda mi familia me ha traicionado, me llama loco», explicó en sus redes sociales ya como agente libre. Incluso se atrevió a atacar a Stephen Curry , uno de los mejores jugadores de la liga, cuatro veces campeón con los Golden State Warriors. «Ahí es donde muchos no conocen al verdadero Jesús. Por eso está Stephen Curry y todos creen que es cristiano. Creen que es cristiano por Filipenses 4:13, pero yo no creo que lo sea. No conoce a Jesús, y rezo para que llegue a la verdad. Que él y su familia se salven en el nombre de Jesús. Porque todo eso no importará. En el Día del Juicio Final, todos esos anillos que tiene, todos los anillos que tiene LeBron , todos los anillos que tiene Michael Jordan , no importarán». Incluso, según los medios de su país, preguntaba a los periodistas si habían mantenido relaciones sexuales antes del matrimonio. La sociedad estadounidense, una vez más, se ha dividido por el caso Ivey. Por una parte, los sectores más creyentes, casi fundamentalistas, opinan que el jugador solo ha expresado su fe, mientras que por la otra, las corrientes más progresistas, muy presentes e influyentes en la NBA, han aplaudido el veto al atleta. Los jugadores, mientras, mantienen el silencio. Algunos como el pívot de los Mavericks, Daniel Gafford , saltó a rueda de prensa con una camiseta en la que se podía leer ‘La fe no es para débiles’, aunque declinó pronunciarse sobre lo ocurrido. «No puedo profundizar en eso, con todo lo que está pasando con el caso Ivey». En cualquier caso, la sentencia a Ivey abre un nuevo precedente en la NBA. Hasta la fecha, solo Jontay Porter había recibido un rechazo unánime, sancionado de por vida el ala pívot después de amañar partidos bajando intencionadamente sus propias estadísticas. Poco después se unió a él Terry Rozier , implicado en un caso de apuestas ilegales organizadas por la mafia italiana . Sin embargo, nunca un posicionamiento político o una opinión habían desembocado en un despido y en un veto, pues Ivey tiene muy pocas papeletas para volver a jugar en la competición estadounidense. La NBA es especialista en dar segundas oportunidades. Incluso un auténtico torbellino como Ja Morant , consumido por las lesiones, la violencia y las armas de fuego , mantiene su estatus de estrella en la mejor liga de baloncesto del mundo. Por eso sorprendió que el pasado lunes los Chicago Bulls anunciasen el despido fulminante de Jaden Ivey , prometedor escolta de solo 24 años y que había llegado a la franquicia de Illinois desde los Detroit Pistons el pasado febrero. Unos comentarios públicos contra la comunidad LGTBI, el detonante: «El mundo se levanta para el mes del Orgullo. La NBA también lo hace. ‘Ven y celebra con nosotros la injusticia’, es lo que nos dicen. Lo proclaman en los carteles. Lo proclaman por las calles. Injusticia», escribió el jugador. Ya desatada la tormenta, su equipo se movió con rapidez y rompió su vinculación alegando «conducta perjudicial», aunque Ivey devolvió la pelota al tejado de los Bulls . «¿Cómo voy a ser perjudicial para el equipo si no he estado con él? Me estoy recuperando de una lesión», aseguró, ausente de las pistas el de Indiana desde el 12 de febrero por unos problemas de rodilla. De hecho, solo pudo disputar cuatro partidos para un equipo que no ha dudado en darle la espalda aunque afirmó estar pasando por una depresión debido a las lesiones. Pero sus polémicas palabras parecen haber pesado más a la hora de sentenciarlo. Su despido ni mucho menos apaciguó la llama, y el jugador siguió cavando su tumba en las redes sociales y apelando a la fe como vía para su resurrección personal. «La NBA lo era todo para mí. No conocía a Dios. Cuando llegué, era un mujeriego, adicto a la pornografía y me emborrachaba (…). Mi esposa ha estado ignorando todos mis mensajes… Toda mi familia me ha traicionado, me llama loco», explicó en sus redes sociales ya como agente libre. Incluso se atrevió a atacar a Stephen Curry , uno de los mejores jugadores de la liga, cuatro veces campeón con los Golden State Warriors. «Ahí es donde muchos no conocen al verdadero Jesús. Por eso está Stephen Curry y todos creen que es cristiano. Creen que es cristiano por Filipenses 4:13, pero yo no creo que lo sea. No conoce a Jesús, y rezo para que llegue a la verdad. Que él y su familia se salven en el nombre de Jesús. Porque todo eso no importará. En el Día del Juicio Final, todos esos anillos que tiene, todos los anillos que tiene LeBron , todos los anillos que tiene Michael Jordan , no importarán». Incluso, según los medios de su país, preguntaba a los periodistas si habían mantenido relaciones sexuales antes del matrimonio. La sociedad estadounidense, una vez más, se ha dividido por el caso Ivey. Por una parte, los sectores más creyentes, casi fundamentalistas, opinan que el jugador solo ha expresado su fe, mientras que por la otra, las corrientes más progresistas, muy presentes e influyentes en la NBA, han aplaudido el veto al atleta. Los jugadores, mientras, mantienen el silencio. Algunos como el pívot de los Mavericks, Daniel Gafford , saltó a rueda de prensa con una camiseta en la que se podía leer ‘La fe no es para débiles’, aunque declinó pronunciarse sobre lo ocurrido. «No puedo profundizar en eso, con todo lo que está pasando con el caso Ivey». En cualquier caso, la sentencia a Ivey abre un nuevo precedente en la NBA. Hasta la fecha, solo Jontay Porter había recibido un rechazo unánime, sancionado de por vida el ala pívot después de amañar partidos bajando intencionadamente sus propias estadísticas. Poco después se unió a él Terry Rozier , implicado en un caso de apuestas ilegales organizadas por la mafia italiana . Sin embargo, nunca un posicionamiento político o una opinión habían desembocado en un despido y en un veto, pues Ivey tiene muy pocas papeletas para volver a jugar en la competición estadounidense.
La NBA es especialista en dar segundas oportunidades. Incluso auténticos torbellinos como Ja Morant, consumido por las lesiones, la violencia y las armas de fuego, mantiene su estatus de estrella en la mejor liga de baloncesto del mundo. Por eso sorprendió que, el … pasado lunes, los Chicago Bulls anunciasen el despido fulminante de Jaden Ivey, prometedor escolta de solo 24 años y que había llegado a la franquicia de Illinois desde los Detroit Pistons el pasado febrero. Unos comentarios públicos contra la comunidad LGTBI, el detonante: «El mundo se levanta para el mes del Orgullo. La NBA también lo hace. ‘Ven y celebra con nosotros la injusticia’, es lo que nos dicen. Lo proclaman en los carteles. Lo proclaman por las calles. Injusticia», escribió el jugador.
Ya desatada la tormenta, su equipo se movió con rapidez y rompió su vinculación alegando «conducta perjuducial», aunque Ivey devolvió la pelota al tejado de los Bulls. «¿Cómo voy a ser perjudicial para el equipo si no he estado con él? Me estoy recuperando de una lesión», aseguró, ausente de las pistas el de Indiana desde el 12 de febrero por unos problemas de rodilla. De hecho, solo pudo disputar cuatro partidos para un equipo que no ha dudado en darle la espalda aunque afirmó estar pasando por una depresión debido a las lesiones. Pero sus polémicas palabras parecen haber pesado más a la hora de sentenciarlo.
Su despido ni mucho menos apaciguó la llama, y el jugador siguió cavando su tumba en las redes sociales y apelando a la fe como vía para su resurrección personal. «La NBA lo era todo para mí. No conocía a Dios. Cuando llegué, era un mujeriego, adicto a la pornografía y me emborrachaba (…). Mi esposa ha estado ignorando todos mis mensajes… Toda mi familia me ha traicionado, me llama loco», explicó en sus redes sociales ya como agente libre. Incluso se atrevió a atacar a Stephen Curry, uno de los mejores jugadores de la liga, cuatro veces campeón con los Golden State Warriors.
«Ahí es donde muchos no conocen al verdadero Jesús. Por eso está Stephen Curry y todos creen que es cristiano. Creen que es cristiano por Filipenses 4:13, pero yo no creo que lo sea. No conoce a Jesús, y rezo para que llegue a la verdad. Que él y su familia se salven en el nombre de Jesús. Porque todo eso no importará. En el Día del Juicio Final, todos esos anillos que tiene, todos los anillos que tiene LeBron, todos los anillos que tiene Michael Jordan, no importarán«. Incluso, según los medios de su país, preguntaba a los periodistas si habían mantenido relaciones sexuales antes del matrimonio.
La sociedad estadounidense, una vez más, se ha dividido por el caso Ivey. Por una parte, los sectores más creyentes, casi fundamentalistas, opinan que el jugador solo ha expresado su fe, mientras que por la otra, las corrientes más progresistas, muy presentes e influyentes en la NBA, han aplaudido el veto al atleta. Los jugadores, mientras, mantienen el silencio. Algunos como el pívot de los Mavericks, Daniel Gafford, saltó a rueda de prensa con una camiseta en la que se podía leer ‘La fe no es para débiles’, aunque declinó pronunciarse sobre lo ocurrido. «No puedo profundizar en eso, con todo lo que está pasando con el caso Ivey».
En cualquier caso, la sentencia a Ivey abre un nuevo precedente en la NBA. Hasta la fecha, solo Jontay Porter había recibido un rechazo unánime, sancionado de por vida el ala pívot después de amañar partidos bajando intencionadamente sus propias estadísticas. Poco después se unió a él Terry Rozier, implicado en un caso de apuesta ilegales organizado por la mafia italiana. Sin embargo, nunca un posicionamiento político o una opinión habían desembocado en un despido y en un veto, pues Ivey tiene muy pocas papeletas para volver a jugar en la competición estadounidense.
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