
Cuidar el suelo para que broten los alimentos, las fibras para la ropa o los ingredientes para los medicamentos y combatir las sequías, los incendios, las olas de calor y las danas son algunos de los objetivos que se tratarán en Ulán Bator durante la 17ª Conferencia de las Partes (COP) de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD, por sus siglas en inglés). Acelerar la restauración de las tierras es la premisa de trabajo para los más de 25.000 participantes de 196 países y la UE que se congregan hasta el 28 de agosto en la capital de Mongolia. Según la ONU, el 40% de la superficie terrestre ya está degradada y se necesitará producir un 50% más de alimentos de aquí a 2050 para abastecer a la población. Además, calcula que el 75% de la tierra se ha vuelto más seca en las últimas tres décadas en comparación con las tres anteriores, y que las sequías han aumentado un 29% desde el año 2000.
La urgencia por restaurar las tierras centra la cumbre de la ONU contra la desertificación que se celebra en Mongolia, con el desafío de tener que producir un 50% más de alimentos de aquí a 2050
Cuidar el suelo para que broten los alimentos, las fibras para la ropa o los ingredientes para los medicamentos y combatir las sequías, los incendios, las olas de calor y las danas son algunos de los objetivos que se tratarán en Ulán Bator durante la 17ª Conferencia de las Partes (COP) de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD, por sus siglas en inglés). Acelerar la restauración de las tierras es la premisa de trabajo para los más de 25.000 participantes de 196 países y la UE que se congregan hasta el 28 de agosto en la capital de Mongolia. Según la ONU, el 40% de la superficie terrestre ya está degradada y se necesitará producir un 50% más de alimentos de aquí a 2050 para abastecer a la población. Además, calcula que el 75% de la tierra se ha vuelto más seca en las últimas tres décadas en comparación con las tres anteriores, y que las sequías han aumentado un 29% desde el año 2000.
“Este verano vemos en diferentes partes del mundo, incluyendo Europa, cómo la sequía ha interrumpido el transporte fluvial, ha afectado a la producción de energía, ha reducido el rendimiento agrícola y ha provocado incendios forestales con pérdida de vidas. Historias similares se repiten en distintas partes del planeta y jamás imaginamos que llegarían a este punto”, declaró la secretaria ejecutiva de la UNCCD, Yasmine Fouad, en la primera reunión de la cumbre el lunes.
De esta conferencia se espera que se implanten mecanismos de inversión y se desbloqueen importantes partidas financieras, públicas y privadas, para restaurar las tierras, además de un gran acuerdo contra la sequía que quedó pospuesto para esta edición en la COP16, celebrada en Riad en 2024. En la cita se consensuó que se necesitaba una acción “urgente”, pero los diálogos se atascaron al establecer medidas que fueran jurídicamente vinculantes y de obligado cumplimiento, lo que requiere un fuerte compromiso económico de los países. Se estima que la degradación de la tierra y la sequía cuestan a la economía mundial casi 780 mil millones de euros al año.
Mongolia, un país de esencia nómada que se mueve al ritmo del brío de los pastos, coge el testigo de acelerar de la forma más efectiva posible la restauración de los suelos en esta edición dedicada a los pastores y los pastizales. Estos ecosistemas, que ocupan un 54% de la superficie terrestre y almacenan hasta el 30% del carbono mundial, ya acumulan una degradación del 50% de sus suelos. “El mayor cambio que esperamos es un paso de las palabras a la acción. Incrementemos la inversión en la restauración de tierras y llevemos la cooperación entre gobiernos, instituciones financieras internacionales y el sector privado a un nuevo nivel”, avanzó el primer ministro mongol, Nyam-Osor Uchral, en la primera reunión.
La presencia del sector privado en esta edición, como en la COP16 de Riad, es relevante. Los empresarios empiezan a ver que sus negocios pierden rentabilidad por el menor rendimiento de las tierras, y en la cumbre de 2024 ya sugirieron la redacción de normas que regulen su uso y manejo para aplicarlas al unísono. “El sector privado debe formar parte de la solución porque la seguridad alimentaria, los materiales de construcción, la minería y la industria de la moda dependen todos de la tierra. Y las empresas que no aplican buenas prácticas contribuyen a su degradación. Por eso, el logro importante no es solo la cantidad de dinero, sino el comienzo de un cambio de actitud de la comunidad empresarial”, dijo el viceministro de Medio Ambiente de Arabia Saudí, Osama Faqeeha, el lunes en una rueda de prensa en Ulán Bator.
Décadas de sobreexplotación
Durante décadas, la tierra se ha sobreexplotado y degradado con pesticidas, contaminantes, residuos o su mal manejo, y con el tiempo ha ido perdiendo fertilidad, rendimiento y resistencia, lo que debilita su composición y provoca a su vez más sequías, incendios e inundaciones, todo acentuado por el cambio climático. Estas dinámicas conllevan problemas para la producción de alimentos, ropa, tecnología o medicamentos, pero también pérdidas de vidas, enfermedades, y destrucción masiva de puestos de trabajo, infraestructuras y biodiversidad. Su incremento provoca movimientos migratorios del campo a la ciudad o entre regiones, bloqueos de sistemas de transporte de personas o mercancías e interrupciones de energía. Además de conflictos geopolíticos.
La cumbre ministerial de Medio Ambiente del G7, celebrada en París en abril, reconoció formalmente que la desertificación, la degradación de tierras y la sequía son retos globales sistémicos y multiplicadores de riesgos para la seguridad. Según los datos recogidos por la UNCCD, en las últimas seis décadas, más del 40% de los conflictos intraestatales han estado vinculados a disputas por los recursos naturales, en particular la tierra y el agua. El escenario llama a esa urgencia consensuada y a aplicar cuanto antes la investigación y la evidencia de métodos respetuosos con el medio ambiente, como la agricultura regenerativa o las intervenciones con cobertura vegetal.
Este enero, el mundo entró en la era de la bancarrota hídrica global, según la ONU. Un informe del think tank del agua de la organización advirtió de que su mal uso es una amenaza mundial. España tiene un papel destacado en este ámbito tras crear en 2022 junto a Senegal la Alianza Internacional para la Resiliencia a la Sequía (IDRA) durante la COP27 del clima en Egipto. Esta iniciativa prosigue con el lanzamiento oficial en esta cumbre de la segunda fase del Observatorio Internacional de Resiliencia a la Sequía, que tiene como protagonista la difusión del primer índice de resiliencia a la sequía (DRI, por sus siglas en inglés), que proporciona información mesurable para ayudar a los gobiernos a gestionar los riesgos y prevenir impactos con medidas de alerta temprana u otros métodos. En este sentido, la cumbre acogerá también la apertura del DRIF, el primer fondo catalítico (con mayor riesgo) que usará dinero público para atraer inversiones privadas para resiliencia a la sequía y que espera movilizar hasta 345 millones de euros.
Las negociaciones se prevén complejas. La presencia de delegaciones de países como Estados Unidos y otros gobiernos con mandatarios que obvian el colapso que los humanos provocan al medio ambiente esboza un escenario de difícil diálogo. De momento, EE UU ha excluido de la agenda oficial de trabajo que se incluyan los puntos de la perspectiva de género, la participación de la sociedad civil y la inclusión de las sinergias entre las tierras, la biodiversidad y el cambio climático. Como un vaticinio de lo que podía ir ocurriendo, Fouad ya hizo un llamamiento a la unidad en la primera reunión. “En un momento en que el multilateralismo está siendo puesto a prueba, la COP17 es una oportunidad para demostrar que los países pueden trabajar juntos para brindar soluciones prácticas que mejoren la vida de las personas”. El lema de esta cumbre es: “Restaurando tierra, restaurando esperanza”.
La cobertura de la COP17 es posible gracias a una de las seis Becas para Reporterismo que ha conseguido EL PAÍS concedidas por la UNCCD.
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