Las espirales son particulares e hipnóticas. Está en la disposición de las semillas de un girasol, en las galaxias, en los remolinos del agua, en las conchas marinas y hasta en la estructura microscópica del ADN. La naturaleza parece dibujarla una y otra vez, como si obedeciera a una ley secreta de crecimiento y repetición, y eso al ser humano le fascina.
Mientras que para algunos representa la armonía matemática, para otros supone vértigo, obsesión y la pérdida de control. Científicos y matemáticos dedicaron siglos a estudiarla convencidos de que escondía un patrón fundamental del universo. Artistas y escritores, por su parte, la asociaron a lo hipnótico y lo sobrenatural. Pero esos dos aspectos encuentran el súmmum en Uzumaki, el manga de terror creado por Junji Ito.
En esta obra, la espiral deja de ser una simple figura geométrica para convertirse en una fuerza infecciosa que consume una ciudad entera y deforma la mente de sus habitantes… Y a algunos su propio cuerpo. Lo perturbador de esta trama en blanco y negro no es solo su horror visual, sino la sensación de que aquello que describe no es del todo imposible. Después de todo, la obsesión por las espirales también ha existido en el mundo real. Igual no a niveles tan enfermizos y retorcidos, pero merecen la pena recordarlas.
Una espiral de miedo entintada
Uzumaki, originalmente publicada entre 1998 y 1999 en la revista Big Comic Spirits, es una de las obras más influyentes del manga de terror moderno. Su título significa literalmente «espiral» en japonés, y toda la historia gira alrededor de esa figura.
La trama sigue a dos adolescentes que viven en la ficticia ciudad costera de Kurôzu-cho, un lugar aparentemente tranquilo que comienza a sufrir fenómenos inexplicables relacionados con patrones espirales.
La maldición se manifiesta primero de manera casi absurda. Junji Ito maneja la cotidianidad muy fácil para luego meter sus ideas enfermizas. Un hombre se obsesiona con coleccionar objetos en forma de espiral; otra persona desarrolla remolinos en el cuerpo; el humo, el viento y hasta los caracoles empiezan a adoptar formas helicoidales. Pero el relato escala rápidamente hacia un horror corporal extremo y surrealista. Las espirales deforman cuerpos humanos, alteran el espacio y destruyen la lógica misma del pueblo. Lo cotidiano se vuelve monstruoso y la lógica decae a una espiral de locura
La obra consolidó a Junji Ito como uno de los grandes autores del terror contemporáneo gracias a una combinación de horror físico detallista, atmósfera opresiva y agobiante y obsesiones conceptuales. Uzumaki fue especialmente celebrada porque transforma una figura universal y aparentemente inocente en una fuente inagotable de ansiedad.
Con el tiempo, la serie se convirtió en un fenómeno de culto internacional. Ha inspirado adaptaciones cinematográficas, videojuegos y una esperada versión animada producida por Adult Swim… Que dejó bastante que desear.
Aún así, las espirales y su peso en la vida real también han dejado anécdotas curiosas, especialmente en la historia de la ciencia.
Bernoulli, Fibonacci y Junji Ito
Mucho antes de que Junji Ito imaginara una ciudad consumida por espirales, algunos científicos y matemáticos ya contemplaban esa forma con una mezcla de fascinación intelectual y asombro casi místico. La diferencia es que ellos no la veían como una maldición, sino como una posible clave para entender el un posible orden en el universo.
El naturalista escocés D’Arcy Wentworth Thompson dedicó buena parte de su monumental obra On Growth and Form (1917) a explicar cómo las matemáticas modelan las formas de los seres vivos. Para Thompson, la naturaleza no creaba estructuras arbitrarias sino que obedecía principios físicos y geométricos, es decir, que el caos que la obra de Junji Ito plasma no sigue la tendencía de Wentworth. Las espirales eran una evidencia de ello. Las conchas crecían siguiendo leyes matemáticas precisas; las plantas distribuían hojas y semillas mediante patrones helicoidales eficientes e incluso los remolinos atmosféricos parecían replicar la misma lógica.
La conexión entre espirales y vida también aparece en la famosa secuencia de Leonardo Fibonacci. Aunque nunca estudió directamente las espirales como símbolo, la sucesión numérica que popularizó terminó asociándose a la llamada espiral áurea, usada frecuentemente para describir patrones de crecimiento natural. Durante siglos, artistas, arquitectos y científicos interpretaron esa relación como una señal de armonía universal y creo que todo el mundo ha escuchado en algún momento de su vida la expresión «la proporción áurea».
Aunque uno de los casos más célebres fue el del matemático suizo Jakob Bernoulli. A finales del siglo XVII quedó cautivado por la llamada espiral logarítmica, una curva que posee una propiedad extraordinaria: mantiene siempre la misma forma aunque aumente de tamaño. Es decir, puede crecer infinitamente sin dejar de ser idéntica a sí misma. Tal es la devoción que sintió por ella que Bernoulli la bautizó como spira mirabilis, la «espiral maravillosa». Aunque, como en Uzumaki, tuvo su pequeña «maldición».
La obsesión de Bernoulli fue tan intensa que pidió que esa espiral apareciera grabada en su tumba junto a la frase latina Eadem mutata resurgo («Aunque cambiada, resurjo igual») junto con la espiral logarítmica… Pero no pudo ser. No por la frase, sino porque en vez de plasmar una espiral logarítmica, se grabó una espiral de Arquímedes. Y no, no se debe a una maldición del más allá, sino a un error humano. El cantero que se encargó de preparar la lápida de Bernoulli grabó en ella una espiral porque para él «todas las espirales eran iguales».
Lo interesante es que Bernoulli no estaba fascinado solo por una cuestión estética. La espiral logarítmica aparece constantemente en la naturaleza como en las conchas del nautilus, en los huracanes, en los cuernos de ciertos animales y en algunas galaxias. Una belleza que puede llegar a dar hasta miedo, sentimiento que usó Ito para su obra.
Las espirales llevan siglos obsesionando a la humanidad precisamente porque aparecen allí donde miramos. Al alzar la vista en el cielo, al sumergirnos en el mar, en los organismos vivos y en nuestras propias construcciones mentales. Bernoulli veía en ellas una promesa de eternidad matemática y Junji Ito vio una pesadilla muy tétrica. Ambos, sin embargo, compartían la misma certeza: hay algo profundamente hipnótico en una curva que nunca termina. Una espiral de belleza para unos, y de locura para otros.
Un manga de terror y el científico Bernouilli comparten la misma admiración/obsesión por espirales… Con diferentes resultados.
Las espirales son particulares e hipnóticas. Está en la disposición de las semillas de un girasol, en las galaxias, en los remolinos del agua, en las conchas marinas y hasta en la estructura microscópica del ADN. La naturaleza parece dibujarla una y otra vez, como si obedeciera a una ley secreta de crecimiento y repetición, y eso al ser humano le fascina.
Mientras que para algunos representa la armonía matemática, para otros supone vértigo, obsesión y la pérdida de control. Científicos y matemáticos dedicaron siglos a estudiarla convencidos de que escondía un patrón fundamental del universo. Artistas y escritores, por su parte, la asociaron a lo hipnótico y lo sobrenatural. Pero esos dos aspectos encuentran el súmmum en Uzumaki, el manga de terror creado por Junji Ito.

En esta obra, la espiral deja de ser una simple figura geométrica para convertirse en una fuerza infecciosa que consume una ciudad entera y deforma la mente de sus habitantes… Y a algunos su propio cuerpo. Lo perturbador de esta trama en blanco y negro no es solo su horror visual, sino la sensación de que aquello que describe no es del todo imposible. Después de todo, la obsesión por las espirales también ha existido en el mundo real.Igual no a niveles tan enfermizos y retorcidos, pero merecen la pena recordarlas.
Una espiral de miedo entintada
Uzumaki, originalmente publicada entre 1998 y 1999 en la revista Big Comic Spirits, es una de las obras más influyentes del manga de terror moderno. Su título significa literalmente «espiral» en japonés, y toda la historia gira alrededor de esa figura.
La trama sigue a dos adolescentes que viven en la ficticia ciudad costera de Kurôzu-cho, un lugar aparentemente tranquilo que comienza a sufrir fenómenos inexplicables relacionados con patrones espirales.
La maldición se manifiesta primero de manera casi absurda. Junji Ito maneja la cotidianidad muy fácil para luego meter sus ideas enfermizas. Un hombre se obsesiona con coleccionar objetos en forma de espiral; otra persona desarrolla remolinos en el cuerpo; el humo, el viento y hasta los caracoles empiezan a adoptar formas helicoidales. Pero el relato escala rápidamente hacia un horror corporal extremo y surrealista. Las espirales deforman cuerpos humanos, alteran el espacio y destruyen la lógica misma del pueblo. Lo cotidiano se vuelve monstruoso y la lógica decae a una espiral de locura

La obra consolidó a Junji Ito como uno de los grandes autores del terror contemporáneo gracias a una combinación de horror físico detallista, atmósfera opresiva y agobiante y obsesiones conceptuales. Uzumaki fue especialmente celebrada porque transforma una figura universal y aparentemente inocente en una fuente inagotable de ansiedad.
Con el tiempo, la serie se convirtió en un fenómeno de culto internacional. Ha inspirado adaptaciones cinematográficas, videojuegos y una esperada versión animada producida por Adult Swim… Que dejó bastante que desear.
Aún así, las espirales y su peso en la vida real también han dejado anécdotas curiosas, especialmente en la historia de la ciencia.
Bernoulli, Fibonacci y Junji Ito
Mucho antes de que Junji Ito imaginara una ciudad consumida por espirales, algunos científicos y matemáticos ya contemplaban esa forma con una mezcla de fascinación intelectual y asombro casi místico. La diferencia es que ellos no la veían como una maldición, sino como una posible clave para entender el un posible orden en el universo.
El naturalista escocés D’Arcy Wentworth Thompson dedicó buena parte de su monumental obra On Growth and Form (1917) a explicar cómo las matemáticas modelan las formas de los seres vivos. Para Thompson, la naturaleza no creaba estructuras arbitrarias sino que obedecía principios físicos y geométricos, es decir, que el caos que la obra de Junji Ito plasma no sigue la tendencía de Wentworth. Las espirales eran una evidencia de ello. Las conchas crecían siguiendo leyes matemáticas precisas; las plantas distribuían hojas y semillas mediante patrones helicoidales eficientes e incluso los remolinos atmosféricos parecían replicar la misma lógica.
La conexión entre espirales y vida también aparece en la famosa secuencia de Leonardo Fibonacci. Aunque nunca estudió directamente las espirales como símbolo, la sucesión numérica que popularizó terminó asociándose a la llamada espiral áurea, usada frecuentemente para describir patrones de crecimiento natural. Durante siglos, artistas, arquitectos y científicos interpretaron esa relación como una señal de armonía universal y creo que todo el mundo ha escuchado en algún momento de su vida la expresión «la proporción áurea».

Aunque uno de los casos más célebres fue el del matemático suizo Jakob Bernoulli. A finales del siglo XVII quedó cautivado por la llamada espiral logarítmica, una curva que posee una propiedad extraordinaria: mantiene siempre la misma forma aunque aumente de tamaño. Es decir, puede crecer infinitamente sin dejar de ser idéntica a sí misma. Tal es la devoción que sintió por ella que Bernoulli la bautizó como spira mirabilis, la «espiral maravillosa». Aunque, como en Uzumaki, tuvo su pequeña «maldición».

La obsesión de Bernoulli fue tan intensa que pidió que esa espiral apareciera grabada en su tumba junto a la frase latina Eadem mutata resurgo («Aunque cambiada, resurjo igual») junto con la espiral logarítmica… Pero no pudo ser. No por la frase, sino porque en vez de plasmar una espiral logarítmica, se grabó una espiral de Arquímedes. Y no, no se debe a una maldición del más allá, sino a un error humano. El cantero que se encargó de preparar la lápida de Bernoulli grabó en ella una espiral porque para él «todas las espirales eran iguales».

Lo interesante es que Bernoulli no estaba fascinado solo por una cuestión estética. La espiral logarítmica aparece constantemente en la naturaleza como en las conchas del nautilus, en los huracanes, en los cuernos de ciertos animales y en algunas galaxias. Una belleza que puede llegar a dar hasta miedo, sentimiento que usó Ito para su obra.
Las espirales llevan siglos obsesionando a la humanidad precisamente porque aparecen allí donde miramos. Al alzar la vista en el cielo, al sumergirnos en el mar, en los organismos vivos y en nuestras propias construcciones mentales. Bernoulli veía en ellas una promesa de eternidad matemática y Junji Ito vio una pesadilla muy tétrica. Ambos, sin embargo, compartían la misma certeza: hay algo profundamente hipnótico en una curva que nunca termina. Una espiral de belleza para unos, y de locura para otros.
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