<p>Cuando <strong>Los Morancos</strong> acuden como invitados a <i><strong>El Hormiguero</strong></i>, y ya van 20 veces, el equipo del programa, <strong>Pablo Motos</strong>, hasta <strong>Jorge Salvador</strong>, se preparan para todo lo que pueda ocurrir. Con los hermanos <strong>Cadaval</strong> es difícil saber cómo empieza el programa, qué va a pasar y cómo van a terminar. No lo ocultan. De hecho, anoche, ellos mismos confesaron que cuando van a <i><strong>El Hormiguero</strong></i>, van con la intención de darlo todo. ¡Y vaya si lo dan!</p>
No es raro que cada vez que Los Morancos van a El Hormiguero (ya son invitados Infinity) a Pablo Motos se le descontrole por completo el programa. Hacía tiempo que los hermanos Cadaval no venían arransando; pues anoche arrasaron
Cuando Los Morancos acuden como invitados a El Hormiguero, y ya van 20 veces, el equipo del programa, Pablo Motos, hasta Jorge Salvador, se preparan para todo lo que pueda ocurrir. Con los hermanos Cadaval es difícil saber cómo empieza el programa, qué va a pasar y cómo van a terminar. No lo ocultan. De hecho, anoche, ellos mismos confesaron que cuando van a El Hormiguero, van con la intención de darlo todo. ¡Y vaya si lo dan!
Parapetados en el humor del que siempre han hecho gala y en que su intención nunca es hacer daño, sino que la gente disfrute y «se le olviden las penas», Jorge y César Cadaval disfrutan del privilegio de poder decir y hacer lo que quieran en El Hormiguero. Hay pocos invitados que hagan y deshagan como ellos hacen y deshacen en El Hormiguero. Probablemente, solo tres: ellos y Miguel Ángel Revilla.
Cierto que es imposible no quererles y no reírse con ellos. Pablo Motos, por ejemplo, al que le gusta entre cero y nada las improvisaciones durante el programa, como ha contado muchas veces Jorge Salvador, es solo con ellos cuando se le olvida que está en directo, que está en El Hormiguero, que hay que seguir una escaleta y que el programa no se puede convertir en un circo de tres pistas. Pues con Los Morancos se le olvida.
Hacía tiempo que los hermanos Cadaval no la liaban tanto en El Hormiguero. En sus últimas visitas la mesura se apoderó de ellos y, aunque es imposible desunir a Los Morancos del humor y al humor de Los Morancos, lo cierto es que habían conseguido controlarse. Hasta anoche. Anoche regresaron a El HormigueroLos Morancos de «con nosotros va a ser imposible que se haga un programa normal». Y avisaron desde el principio.
Entraron, saludaron, se sentaron y cuando Pablo Motos todavía no había conseguido hacer ni el saludo inicial, César Cadaval ya la estaba liando, escupiendo sobre la mesa un trago del agua que le habían servido: «Os he dicho que coñac no quiero». Fue un gesto de un segundo, pero ya todo empezó desparramándose. César Cadaval siguió haciendo la fuentecilla; Jorge, echándole la bronca; Pablo Motos, advirtiéndoles que Jorge Salvador se iba a cabrear porque habían mojado el mobiliario; Jorge Salvador, entrando en el juego; Jorge Cadaval, tirándose a por su homólogo; de fondo, sonaba «Jorge Salvador, Jorge Salvador es un gran tipo con gran ilusión…»; Pablo Motos, intentando que se sentasen y se callasen —»quitadle el micrófono a este señor (Salvador)»—. Recordemos: la entrevista no había comenzado todavía.
Y consiguieron sentarse y que se sentaran para, al menos, hacer la promoción que habían venido a hacer de su nuevo espectáculo Bota Antonia en el Teatro Capitol Gran Vía de Madrid a partir del 20 de febrero, donde el mítico personaje de Antonia —sí, la del «¡Antoniaaaaaaaa!»— crea un nuevo partido político denominado SC, Sentido Común, que nace del enfado de la protagonista con los gobernantes actuales. «Todo empieza cuando a la Antonia le deniegan una paga y decide montar su propio partido político y acaba siendo presidenta y hasta se reúne con el cara Cheeto de Trump«, explicó Jorge Cadaval. Empezaba bien la cosa. Si es que con ellos es imposible no partirse la caja.
«Hemos ido a jugarnos la vida y estamos encantados», continuó César Cadaval. «Hacemos muchos personajes que no habíamos hecho nunca. Yo hago a Trump, a María Jesús Moreno, a Milei… Jorge hace a Putin, a Pedro Sánchez…». Promoción hecha, ahora llegaba el descontrol.
Fue Pablo Motos, que conoce muy bien qué botón tocar de Los Morancos para activar ese descontrol, el que pidió a Jorge Cadaval que le contase cómo es un viaje suyo. La intención era que el público averiguase si tienen sentido del humor porque, según la teoría de Pablo Motos, una forma de saber si alguien tiene sentido del humor es que te cuenten un viaje. Y se arrancó Jorge Cadaval, al que no hace falta tocarle demasiado las palmas para que monte su tablao flamenco.
No es la historia en sí, es cómo Los Morancos lo cuentan: «Me llevaban por un río en una balsa, haciendo rafting hasta el hotel por la selva. Cuando llegamos al bungalow del hotel, llovía muchísimo, lo cerramos todo y yo veía una luz muy grande, encendimos y era un insecto gigante fluorescente con garras. No teníamos insecticida y lo echamos fuera como pudimos. Nos metemos en la cama y noto algo por la pierna, encendemos y era otro igual. Ya me pasé toda la noche sin pegar ojo. Luego en recepción me dijeron que esos insectos no hacían nada». Con leerlo no vale, hay que escucharle.
Y fue, sin comerlo ni beberlo, como suele pasar con Los Morancos, cuando una sencilla pregunta de Pablo Motos provocó lo que puso en un brete al presentador. Porque, insisto, con Los Morancos uno nunca sabe cómo puede terminar la cosa. La conversación con Pablo Motos derivó en el paso del tiempo que todos sufrimos. Algo inocente para cualquiera, menos para Los Morancos.
Pablo Motos arrancó señalando cómo César «ya no es el gordito de Los Morancos» tras haber perdido muchísimo peso. Mientras que Jorge Cadaval abrió el melón de las operaciones de cirugía estética bromeando sobre la edad y la papada: «Esto se cae con la edad. Ahora estoy viendo un doctor que hay en China, que deja las caras que parecía la niña de Avatar«, comentó entre risas.
La cosa se podía haber quedado ahí, pero no. De repente, entraba en escena César Cadaval señalando algunas operaciones y algunos destrozos: «Hay gente que se pasa con la cirugía. Hay niveles, mira tú cómo han dejado a Jorge Javier Vázquez«. ¡Boom! Se abrió la veda.
«Ya sé que es de la otra cadena, pero hay que verlo, ¿tú has visto cómo han dejado a Jorge Javier? ¿Has visto cómo tiene el labio?», insistió. «No mucho», respondió Pablo Motos, que ya se había dado cuenta de que Los Morancos se estaban metiendo en un jardín del que luego el que no puede salir es él. «Como para abrir botellines de cerveza. Mira que Jorge estaba bien, porque yo le adoro, pero, chiquillo, ¿dónde se ha metido?», remató, o parecía que iba a rematar Jorge Cadaval.
Pero con Los Morancos es imposible saber cuándo algo termina. Los chistes les salen solos, casi sin pensarlos, efectivamente, muchas veces sin pensarlo. «Esto de aquí no es la nuez, es el ombligo», continuó César en tono de broma, momento en el que Pablo Motos quiso pararlo. «Dejarlo ya, por favor. Dejad de meteros con Jorge Javier«, pidió el presentador. Fue entonces cuando Los Morancos parecía que pasaban a otra página: «Sabes que te queremos, Jorge, estamos de cachondeo». Y aquí se podría haber quedado la cosa… si no fuera «por el traje» que le acababan de hacer al presentador de Telecinco.
«Todavía no he dicho lo peor», soltó de repente César Cadaval, después de que su hermano le recriminase, también en tono de broma, que dejase ya a Jorge Javier Vázquez. Pero César Cadaval había encontrado un filón: «Que guiña un ojo y se le abre el culo». «¡Verás mañana el lío!», advirtió Jorge Cadaval, mientras Pablo Motos lanzaba la advertencia que a él le sacaba de la ecuación: «Jorge, a ellos, a mí no me metas».
A ver, sí, Los Morancos son así; a ver, Jorge Javier Vázquez no se lo va a tomar a mal ni nadie va a liarle nada a Pablo Motos; a ver, que el humor, y más el humor de Los Morancos, es esto, es poder saltar de vez en cuando lo políticamente correcto para dejarnos llevar un poquito. Es, como cerró el momento Jorge Cadaval, «lo que siempre decimos nosotros: que lo más importante del mundo es tener sentido del humor. Si no sabes reírte de ti mismo, es que no tienes sentido del humor en absoluto». Sí, reírse de uno mismo, sí, pero del físico de otros… A ver, que no hace falta.
Efectivamente, reírse de uno mismo, porque Los Morancos son los primeros que se ríen de ellos y después de los demás. Lo demostraron anoche haciendo de todo y dejándose hacer de todo en El Hormiguero. Que descontrolaron El Hormiguero, a Pablo Motos y hasta a Jorge Salvador, sí, pero es que si no, no serían Los Morancos.
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