La obsesión americana

Confía el presidente Pedro Sánchez en que Donald Trump le movilice el voto de izquierdas. El secretario general de los socialistas sabe que entre su electorado existe, al igual que en el resto de la izquierda europea, una gran «obsesión antiamericana», como dejó claro en un libro Jean-François Revel.

Esta «obsesión» no solo campa en la izquierda. La extrema derecha es refractaria a un país que quitó el liderazgo mundial a Europa, a la vez que extendió el globalismo y el capitalismo. Marine Le Pen, por ejemplo, reivindica mejor que nadie este antiamericanismo de derechas defendiendo una versión extrema de la doctrina gaullista: «Make France and the State great again«.

Sánchez y los socialistas se sienten mucho más cómodos en este escenario del «No a la guerra», que viene a ser un no al imperialismo de EEUU, aunque sea de boquilla. Saben que esto descoloca al PP. Feijóo tiene que manejarse entre la vocación europeísta y atlántica que defienden los populares, sin dejar de lado que entre sus votantes hay una pulsión clara hacia los estadounidenses por su defensa del liberalismo político y económico y por enfrentarse al «eje del mal».

Aquí, de nuevo, es donde Vox, para felicidad de Moncloa, puede incordiar a Génova. A diferencia de la extrema derecha tradicional, contraria a todo lo que sonase a EEUU, el partido de Santiago Abascal ve en Trump el espejo donde mirarse por haberse enfrentado al pensamiento dominante de la izquierda y haber sobrepasado con creces los límites de lo políticamente correcto.

En el fondo y en la forma es más fácil hacer política en contra o a favor de algo. Sánchez es el hombre que se «enfrenta» a Trump; Abascal defiende que la política del mandatario estadounidense es mejor que la meliflua política internacional europeísta que sigue el PP. La cuestión de fondo es si esto tendrá repercusiones en unas futuras elecciones.

 En el fondo y en la forma es más fácil hacer política en contra o a favor de algo.  

Confía el presidente Pedro Sánchez en que Donald Trump le movilice el voto de izquierdas. El secretario general de los socialistas sabe que entre su electorado existe, al igual que en el resto de la izquierda europea, una gran «obsesión antiamericana», como dejó claro en un libro Jean-François Revel.

Esta «obsesión» no solo campa en la izquierda. La extrema derecha es refractaria a un país que quitó el liderazgo mundial a Europa, a la vez que extendió el globalismo y el capitalismo. Marine Le Pen, por ejemplo, reivindica mejor que nadie este antiamericanismo de derechas defendiendo una versión extrema de la doctrina gaullista: «Make France and the State great again«.

Sánchez y los socialistas se sienten mucho más cómodos en este escenario del «No a la guerra», que viene a ser un no al imperialismo de EEUU, aunque sea de boquilla. Saben que esto descoloca al PP. Feijóo tiene que manejarse entre la vocación europeísta y atlántica que defienden los populares, sin dejar de lado que entre sus votantes hay una pulsión clara hacia los estadounidenses por su defensa del liberalismo político y económico y por enfrentarse al «eje del mal».

Aquí, de nuevo, es donde Vox, para felicidad de Moncloa, puede incordiar a Génova. A diferencia de la extrema derecha tradicional, contraria a todo lo que sonase a EEUU, el partido de Santiago Abascal ve en Trump el espejo donde mirarse por haberse enfrentado al pensamiento dominante de la izquierda y haber sobrepasado con creces los límites de lo políticamente correcto.

En el fondo y en la forma es más fácil hacer política en contra o a favor de algo. Sánchez es el hombre que se «enfrenta» a Trump; Abascal defiende que la política del mandatario estadounidense es mejor que la meliflua política internacional europeísta que sigue el PP. La cuestión de fondo es si esto tendrá repercusiones en unas futuras elecciones.

 20MINUTOS.ES – Internacional

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