Las fotos de este verano que pueden perseguir a tus hijos toda la vida

Llega el verano y, con él, los álbumes de playa, los chapuzones en la piscina, los helados con la cara manchada y las primeras aventuras en un campamento . Son recuerdos que muchas familias quieren conservar y compartir. El problema es que, en la era de las redes sociales, esos recuerdos ya no siempre se quedan en casa. Acaban en Instagram, Facebook, WhatsApp o cualquier otra plataforma, contribuyendo a construir una identidad digital que pertenece a un niño que todavía no tiene edad para decidir sobre ella.La contradicción es evidente. Según la encuesta Sharenting: Privacidad infantil y convivencia familiar en la era digital, elaborada por Kaspersky, el 86,7% de los padres españoles reconoce estar preocupado porque las fotografías de sus hijos puedan acabar en manos de terceros. Sin embargo, el 47% admite que publica imágenes de sus hijos menores en internet y más de la mitad (55,5%) lo hace mostrando claramente su rostro. La época estival multiplica este fenómeno. No es casualidad. Según datos de Finetwork, el tráfico de datos móviles en España aumentó hasta un 30% durante el verano de 2025 respecto al resto del año, reflejo de una mayor actividad digital y, por tanto, también de un mayor intercambio de fotografías familiares.«El verano reúne muchos de los momentos que más nos apetece compartir: vacaciones en familia, viajes, primeras experiencias o juegos al aire libre», explica Vanessa González, directora de Comunicación de Kaspersky Iberia. «Hay más ocasiones para hacer fotografías y también más impulso por enseñarlas. El reto está en no dejar que la emoción del momento nos haga olvidar que cada imagen que compartimos sobre un menor deja una huella y requiere valorar previamente qué estamos haciendo público», señala. Paradójicamente, la principal razón por la que los padres comparten estas imágenes poco tiene que ver con las redes sociales. El 48,5% asegura que lo hace simplemente para compartir momentos con familiares y amigos, mientras que un 32,1% busca conservar recuerdos de etapas importantes de la infancia. Sin embargo, esa buena intención no elimina los riesgos . Uno de los datos más llamativos del estudio es que el 65,3% de toda la exposición digital de los menores se produce durante la primera infancia. Es decir, cuando todavía no tienen capacidad para entender qué significa aparecer en internet ni para expresar si quieren hacerlo.«La huella digital de un menor empieza mucho antes de que tenga conciencia de lo que es internet», recuerda González. «Cada fotografía publicada contribuye a crear una identidad digital sobre la que todavía no tiene capacidad de elección. El debate no está solo en la privacidad actual, sino también en permitir que los niños puedan construir su propia identidad digital cuando tengan la madurez suficiente para decidir qué quieren compartir sobre ellos mismos». No se trata únicamente de las redes sociales abiertas. Muchas familias consideran que enviar fotografías por WhatsApp es completamente seguro, pero los especialistas advierten de que esa percepción puede resultar engañosa.«Compartir imágenes por WhatsApp suele ser más seguro que hacerlo en una red social abierta, pero no significa que sea completamente seguro» Vanessa González«Compartir imágenes por WhatsApp suele ser más seguro que hacerlo en una red social abierta, pero no significa que sea completamente seguro», explica la experta. «Un reenvío, una captura de pantalla o un dispositivo comprometido pueden hacer que una fotografía termine llegando a personas para las que nunca estuvo destinada». Además, insiste en que la verdadera pregunta no debería ser qué aplicación utilizamos, sino si realmente es necesario compartir esa imagen.Los riesgos tampoco son siempre tan evidentes como imaginamos. Una fotografía aparentemente inocente puede revelar mucha más información de la que pensamos: el colegio al que asiste el menor, las actividades extraescolares que realiza, los lugares que frecuenta o incluso pistas sobre el nivel económico de la familia. A ello se suman los metadatos que algunas imágenes conservan, como la fecha, la hora o la ubicación exacta donde fueron tomadas. Cuando los hijos crecen… y descubren internetLa preocupación no termina en la infancia. ¿Qué ocurre cuando esos niños llegan a la adolescencia y descubren que buena parte de su vida está documentada en internet sin haber dado nunca su consentimiento? Para González, las consecuencias pueden ir desde la incomodidad hasta la pérdida de confianza en los propios padres. De hecho, el estudio revela que un 40% de quienes han compartido fotografías de sus hijos reconoce que, si estos se lo reprocharan en el futuro, se replantearía todo lo que ha publicado, mientras que otro 42,5% eliminaría al menos parte de esas imágenes. Desde el punto de vista legal también existen implicaciones. Sergio Maldonado, abogado y CEO de TodoLaw, recuerda que en España, a partir de los 14 años, los menores ya pueden prestar consentimiento para el tratamiento de sus datos personales y ejercer derechos como el derecho al olvido sobre determinadas publicaciones. Aunque antes de esa edad la decisión corresponde a los progenitores , los expertos recomiendan involucrar a los niños en cuanto tengan capacidad para comprender qué supone publicar una imagen en internet. No solo por respeto a su intimidad, sino porque también es una forma de educarlos en privacidad digital.Precisamente, una de las preguntas más útiles antes de publicar cualquier fotografía consiste en darle la vuelta a la situación. «¿Me sentiría cómodo si esta imagen dejara de estar bajo mi control?». Si la respuesta es negativa, probablemente tampoco debería compartirse. Los especialistas también aconsejan evitar imágenes en bañador, fotografías donde aparezcan uniformes escolares, documentos identificativos, ubicaciones habituales o escenas que puedan resultar embarazosas dentro de unos años. Aunque el perfil sea privado, una vez publicada una imagen deja de estar completamente bajo el control de quien la comparte. MÁS INFORMACIÓN noticia Si El lado oscuro de publicar contenido sobre tus hijos en internet noticia No Del paritorio a manos de un pedófilo: este es el recorrido que puede tener la foto de tu bebé noticia No El sencillo consejo de una psicóloga para reconectar con tu adolescente: «Nunca lo olvidemos» noticia No «Los padres usan el móvil más que los hijos. Todos somos menores en el uso de pantallas»Para quienes deseen seguir compartiendo recuerdos familiares, las recomendaciones pasan por configurar los perfiles con el máximo nivel de privacidad, utilizar álbumes privados o grupos muy reducidos de personas de confianza , ocultar el rostro del menor cuando sea posible y evitar publicar información sobre rutinas, horarios o planes. Porque la mejor fotografía del verano no siempre es la que consigue más «me gusta». A veces, la decisión más responsable consiste simplemente en guardarla en el álbum familiar. Como resume Vanessa González, «compartir recuerdos no tiene por qué significar renunciar a proteger la intimidad de los menores. Lo primero es pensar antes de publicar». Llega el verano y, con él, los álbumes de playa, los chapuzones en la piscina, los helados con la cara manchada y las primeras aventuras en un campamento . Son recuerdos que muchas familias quieren conservar y compartir. El problema es que, en la era de las redes sociales, esos recuerdos ya no siempre se quedan en casa. Acaban en Instagram, Facebook, WhatsApp o cualquier otra plataforma, contribuyendo a construir una identidad digital que pertenece a un niño que todavía no tiene edad para decidir sobre ella.La contradicción es evidente. Según la encuesta Sharenting: Privacidad infantil y convivencia familiar en la era digital, elaborada por Kaspersky, el 86,7% de los padres españoles reconoce estar preocupado porque las fotografías de sus hijos puedan acabar en manos de terceros. Sin embargo, el 47% admite que publica imágenes de sus hijos menores en internet y más de la mitad (55,5%) lo hace mostrando claramente su rostro. La época estival multiplica este fenómeno. No es casualidad. Según datos de Finetwork, el tráfico de datos móviles en España aumentó hasta un 30% durante el verano de 2025 respecto al resto del año, reflejo de una mayor actividad digital y, por tanto, también de un mayor intercambio de fotografías familiares.«El verano reúne muchos de los momentos que más nos apetece compartir: vacaciones en familia, viajes, primeras experiencias o juegos al aire libre», explica Vanessa González, directora de Comunicación de Kaspersky Iberia. «Hay más ocasiones para hacer fotografías y también más impulso por enseñarlas. El reto está en no dejar que la emoción del momento nos haga olvidar que cada imagen que compartimos sobre un menor deja una huella y requiere valorar previamente qué estamos haciendo público», señala. Paradójicamente, la principal razón por la que los padres comparten estas imágenes poco tiene que ver con las redes sociales. El 48,5% asegura que lo hace simplemente para compartir momentos con familiares y amigos, mientras que un 32,1% busca conservar recuerdos de etapas importantes de la infancia. Sin embargo, esa buena intención no elimina los riesgos . Uno de los datos más llamativos del estudio es que el 65,3% de toda la exposición digital de los menores se produce durante la primera infancia. Es decir, cuando todavía no tienen capacidad para entender qué significa aparecer en internet ni para expresar si quieren hacerlo.«La huella digital de un menor empieza mucho antes de que tenga conciencia de lo que es internet», recuerda González. «Cada fotografía publicada contribuye a crear una identidad digital sobre la que todavía no tiene capacidad de elección. El debate no está solo en la privacidad actual, sino también en permitir que los niños puedan construir su propia identidad digital cuando tengan la madurez suficiente para decidir qué quieren compartir sobre ellos mismos». No se trata únicamente de las redes sociales abiertas. Muchas familias consideran que enviar fotografías por WhatsApp es completamente seguro, pero los especialistas advierten de que esa percepción puede resultar engañosa.«Compartir imágenes por WhatsApp suele ser más seguro que hacerlo en una red social abierta, pero no significa que sea completamente seguro» Vanessa González«Compartir imágenes por WhatsApp suele ser más seguro que hacerlo en una red social abierta, pero no significa que sea completamente seguro», explica la experta. «Un reenvío, una captura de pantalla o un dispositivo comprometido pueden hacer que una fotografía termine llegando a personas para las que nunca estuvo destinada». Además, insiste en que la verdadera pregunta no debería ser qué aplicación utilizamos, sino si realmente es necesario compartir esa imagen.Los riesgos tampoco son siempre tan evidentes como imaginamos. Una fotografía aparentemente inocente puede revelar mucha más información de la que pensamos: el colegio al que asiste el menor, las actividades extraescolares que realiza, los lugares que frecuenta o incluso pistas sobre el nivel económico de la familia. A ello se suman los metadatos que algunas imágenes conservan, como la fecha, la hora o la ubicación exacta donde fueron tomadas. Cuando los hijos crecen… y descubren internetLa preocupación no termina en la infancia. ¿Qué ocurre cuando esos niños llegan a la adolescencia y descubren que buena parte de su vida está documentada en internet sin haber dado nunca su consentimiento? Para González, las consecuencias pueden ir desde la incomodidad hasta la pérdida de confianza en los propios padres. De hecho, el estudio revela que un 40% de quienes han compartido fotografías de sus hijos reconoce que, si estos se lo reprocharan en el futuro, se replantearía todo lo que ha publicado, mientras que otro 42,5% eliminaría al menos parte de esas imágenes. Desde el punto de vista legal también existen implicaciones. Sergio Maldonado, abogado y CEO de TodoLaw, recuerda que en España, a partir de los 14 años, los menores ya pueden prestar consentimiento para el tratamiento de sus datos personales y ejercer derechos como el derecho al olvido sobre determinadas publicaciones. Aunque antes de esa edad la decisión corresponde a los progenitores , los expertos recomiendan involucrar a los niños en cuanto tengan capacidad para comprender qué supone publicar una imagen en internet. No solo por respeto a su intimidad, sino porque también es una forma de educarlos en privacidad digital.Precisamente, una de las preguntas más útiles antes de publicar cualquier fotografía consiste en darle la vuelta a la situación. «¿Me sentiría cómodo si esta imagen dejara de estar bajo mi control?». Si la respuesta es negativa, probablemente tampoco debería compartirse. Los especialistas también aconsejan evitar imágenes en bañador, fotografías donde aparezcan uniformes escolares, documentos identificativos, ubicaciones habituales o escenas que puedan resultar embarazosas dentro de unos años. Aunque el perfil sea privado, una vez publicada una imagen deja de estar completamente bajo el control de quien la comparte. 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Como resume Vanessa González, «compartir recuerdos no tiene por qué significar renunciar a proteger la intimidad de los menores. Lo primero es pensar antes de publicar».  

Llega el verano y, con él, los álbumes de playa, los chapuzones en la piscina, los helados con la cara manchada y las primeras aventuras en un campamento. Son recuerdos que muchas familias quieren conservar y compartir. El problema es que, en la … era de las redes sociales, esos recuerdos ya no siempre se quedan en casa. Acaban en Instagram, Facebook, WhatsApp o cualquier otra plataforma, contribuyendo a construir una identidad digital que pertenece a un niño que todavía no tiene edad para decidir sobre ella.

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