El rap también tuvo sus años de plomo. «There used to be a time when you could just say a rhyme and wouldn’t have to worry about one of your people dyin’». Así lo cantaba Eminem en la canción Like Toy Soldiers en 2004: «había un tiempo en que podías rimar sin tener que preocuparte de que uno de los tuyos muriera». La calle encontró un escaparate y la exposición se hizo combate. Más de la mitad de los raperos fallecidos han muerto asesinados.
El Bronx vio nacer el rap en los 70. Una cultura urbana que combinaba el arte con la reivindicación social. Era una competición verbal, un juego de ritmos, un espacio para presumir cuando lo demás era gris. Pronto la temática viró. Comenzaron a expresarse el odio, el miedo y las miserias. Se canalizaban la violencia, la frustración, las drogas y las pandillas. Esas horas en la calle servían para pensar y rimar. Pura creatividad. Pero llegaron el dinero y la rivalidad.
A partir de los 80 el rap empezó a elevarse como industria de gran impacto comercial. Grupos como Run-D.M.C. o Public Enemy convirtieron lo residual en mainstream. El género se dividió en dos polos: la costa oeste (Los Ángeles) y la este (Nueva York). Dio inicio la famosa guerra costera en plena consolidación del gangsta rap bajo el impulso de la MTV. Y las discográficas se aprovecharon del tirón.
La Costa Oeste era del sello Death Row Records y la de Nueva York la dominaba Bad Boy Records. Se iba formando el caldo de cultivo de un escenario de tragedias. Como si sus letras cobraran vida y se cobraran vidas. Muchas canciones se nutrieron de reproches, venganza y amenazas. Los problemas de la calle encontraron un altavoz y el trapicheo tomó otra dirección. La rivalidad ahora tenía precio, marca, escaparate. Futuro. En ocasiones, el éxito parecía cuestión de vida o muerte. Y una muerte marcó un punto de inflexión.
Todo cambió en noviembre de 1994. A Tupac lo dispararon cinco veces en el Quad Recording Studios de Nueva York. Sobrevivió. Pero desconfió de quien hasta entonces había sido su amigo: Biggie, The Notorious B.I.G. Tupac lo había apoyado en sus primeros pasos, pero creyó que estaba implicado en el ataque. La casualidad —o no— quiso que Tupac firmara con Death Row Records y Biggie con Bad Boy Records. Así que su rivalidad retumbó tanto en lo privado como en lo público, hasta representar el símbolo de la guerra entre costas.
Unos meses después del tiroteo, Biggie sacó la canción Who Shot Ya, «quién te disparó». Aunque el rapero dijera que la había escrito con antelación, muchos la interpretaron como una provocación hacia Tupac. Este no tardó en responder y lanzó el dardo de vuelta a través de su Hit ’Em Up, donde suelta que tuvo relaciones con su esposa, ataca al sello rival e insulta a Biggie sin piedad. Y una vez más la casualidad —o no— quiso que llegara otro tiroteo. Esta vez mortal.
El 7 de septiembre de 1996 Tupac salía de ver un combate de Mike Tyson en Las Vegas. Algo ocurrió en el vestíbulo del hotel que acabó en una pelea con un miembro de una pandilla. Horas después, Tupac fue abatido a tiros. Sentado en el asiento del copiloto, alguien abrió fuego desde un coche blanco al pararse en un semáforo. Murió en el hospital tras una semana ingresado. Tenía 25 años. Y como el azar funciona así, apenas seis meses más tarde murió de la misma manera precisamente el que fuera amigo, rival y sospechoso: The Notorious B.I.G.
En ese momento, Biggie estaba en Los Ángeles promocionando su último álbum. El título —otra vez el azar— era Life After Death, «vida después de la muerte». La noche del 9 de marzo de 1997 Biggie volvía en coche después de una fiesta. Un vehículo oscuro se aprovechó del semáforo para sacar de la ventanilla un arma. Cuatro disparos. Murió pocas horas después, a los 24 años. La sospecha de una represalia entre bandas ya no hacía falta escribirla en más letras.
Durante varios años se formularon diversas hipótesis. Muchos pensaron que el crimen era una venganza por la muerte de Tupac. Otros apuntaron a la corrupción policial o a otras bandas rivales. Hoy en día el crimen de Biggie sigue sin haberse resuelto. Pero el asesinato de Tupac está muy cerca de cerrarse. En 2023, Duane Keefe D fue arrestado y acusado de su asesinato. Era miembro de los pandilleros del Southside Compton Crips, de quienes ya habían sospechado. Formaban parte de aquella pelea en el hotel. El juicio está previsto para verano de este 2026. El crimen de Tupac podría esclarecerse al cumplirse justo 30 años de su muerte.
En 2003 Eminem sacó Bully. Sus rimas dicen: «Lo que más me molesta ahora del hip-hop es que estamos tan cerca de volver al punto donde lo dejamos con Big y Pac. Acabamos de perder a Jam Master Jay, a Big L lo mataron a tiros; además perdimos a Bugs, Slayed Son y Freaky Ta». Los de Big y Pac han sido los asesinatos más mediáticos. Pero medio centenar de raperos han muerto asesinados en las últimas décadas. El rap se convirtió en industria, pero la violencia siguió siendo real. La calle apagó su voz. La música la hizo inmortal.
En septiembre de 1996 el rapero Tupac fue abatido a tiros. Unos meses después, el 9 de marzo de 1997, su rival The Notorious B.I.G. también murió tras ser disparado.
El rap también tuvo sus años de plomo. «There used to be a time when you could just say a rhyme and wouldn’t have to worry about one of your people dyin’». Así lo cantaba Eminem en la canción Like Toy Soldiers en 2004: «había un tiempo en que podías rimar sin tener que preocuparte de que uno de los tuyos muriera». La calle encontró un escaparate y la exposición se hizo combate. Más de la mitad de los raperos fallecidos han muerto asesinados.
El Bronx vio nacer el rap en los 70. Una cultura urbana que combinaba el arte con la reivindicación social. Era una competición verbal, un juego de ritmos, un espacio para presumir cuando lo demás era gris. Pronto la temática viró. Comenzaron a expresarse el odio, el miedo y las miserias. Se canalizaban la violencia, la frustración, las drogas y las pandillas. Esas horas en la calle servían para pensar y rimar. Pura creatividad. Pero llegaron el dinero y la rivalidad.
A partir de los 80 el rap empezó a elevarse como industria de gran impacto comercial. Grupos como Run-D.M.C. o Public Enemy convirtieron lo residual en mainstream. El género se dividió en dos polos: la costa oeste (Los Ángeles) y la este (Nueva York). Dio inicio la famosa guerra costera en plena consolidación del gangsta rap bajo el impulso de la MTV. Y las discográficas se aprovecharon del tirón.
La Costa Oeste era del sello Death Row Records y la de Nueva York la dominaba Bad Boy Records. Se iba formando el caldo de cultivo de un escenario de tragedias. Como si sus letras cobraran vida y se cobraran vidas. Muchas canciones se nutrieron de reproches, venganza y amenazas. Los problemas de la calle encontraron un altavoz y el trapicheo tomó otra dirección. La rivalidad ahora tenía precio, marca, escaparate. Futuro. En ocasiones, el éxito parecía cuestión de vida o muerte. Y una muerte marcó un punto de inflexión.
Todo cambió en noviembre de 1994. A Tupac lo dispararon cinco veces en el Quad Recording Studios de Nueva York. Sobrevivió. Pero desconfió de quien hasta entonces había sido su amigo: Biggie, The Notorious B.I.G. Tupac lo había apoyado en sus primeros pasos, pero creyó que estaba implicado en el ataque. La casualidad —o no— quiso que Tupac firmara con Death Row Records y Biggie con Bad Boy Records. Así que su rivalidad retumbó tanto en lo privado como en lo público, hasta representar el símbolo de la guerra entre costas.
Unos meses después del tiroteo, Biggie sacó la canción Who Shot Ya, «quién te disparó». Aunque el rapero dijera que la había escrito con antelación, muchos la interpretaron como una provocación hacia Tupac. Este no tardó en responder y lanzó el dardo de vuelta a través de su Hit ’Em Up, donde suelta que tuvo relaciones con su esposa, ataca al sello rival e insulta a Biggie sin piedad. Y una vez más la casualidad —o no— quiso que llegara otro tiroteo. Esta vez mortal.
El 7 de septiembre de 1996 Tupac salía de ver un combate de Mike Tyson en Las Vegas. Algo ocurrió en el vestíbulo del hotel que acabó en una pelea con un miembro de una pandilla. Horas después, Tupac fue abatido a tiros. Sentado en el asiento del copiloto, alguien abrió fuego desde un coche blanco al pararse en un semáforo. Murió en el hospital tras una semana ingresado. Tenía 25 años. Y como el azar funciona así, apenas seis meses más tarde murió de la misma manera precisamente el que fuera amigo, rival y sospechoso: The Notorious B.I.G.
En ese momento, Biggie estaba en Los Ángeles promocionando su último álbum. El título —otra vez el azar— era Life After Death, «vida después de la muerte». La noche del 9 de marzo de 1997 Biggie volvía en coche después de una fiesta. Un vehículo oscuro se aprovechó del semáforo para sacar de la ventanilla un arma. Cuatro disparos. Murió pocas horas después, a los 24 años. La sospecha de una represalia entre bandas ya no hacía falta escribirla en más letras.
Durante varios años se formularon diversas hipótesis. Muchos pensaron que el crimen era una venganza por la muerte de Tupac. Otros apuntaron a la corrupción policial o a otras bandas rivales. Hoy en día el crimen de Biggie sigue sin haberse resuelto. Pero el asesinato de Tupac está muy cerca de cerrarse. En 2023, Duane Keefe D fue arrestado y acusado de su asesinato. Era miembro de los pandilleros del Southside Compton Crips, de quienes ya habían sospechado. Formaban parte de aquella pelea en el hotel. El juicio está previsto para verano de este 2026. El crimen de Tupac podría esclarecerse al cumplirse justo 30 años de su muerte.
En 2003 Eminem sacó Bully. Sus rimas dicen: «Lo que más me molesta ahora del hip-hop es que estamos tan cerca de volver al punto donde lo dejamos con Big y Pac. Acabamos de perder a Jam Master Jay, a Big L lo mataron a tiros; además perdimos a Bugs, Slayed Son y Freaky Ta». Los de Big y Pac han sido los asesinatos más mediáticos. Pero medio centenar de raperos han muerto asesinados en las últimas décadas. El rap se convirtió en industria, pero la violencia siguió siendo real. La calle apagó su voz. La música la hizo inmortal.
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