Ni los doce, ni los 16. Para Laura Cuesta Cano, profesora universitaria especializada en estrategia digital, no es posible establecer una edad cerrada que sirva para todos los niños. Porque incluso dentro de una misma familia, señala, «cada hijo desarrolla la responsabilidad, el autocontrol y la autonomía a un ritmo diferente. Es más importante valorar la madurez que está demostrando el menor en su vida cotidiana».Para ver en qué lugar se encuentran los menores, esta experta plantea a los padres hacerse preguntas muy sencillas: «’¿cómo es su hijo en el día a día?’ ‘¿Hace sólo sus deberes?’ ‘¿Ayuda en casa?’ ‘¿Recoge su habitación?’ ‘¿Pone el lavaplatos?’ Esas pequeñas situaciones cotidianas son una prueba de la autonomía de tu hijo». Si, por el contrario, aclara, «ese tipo de responsabilidades familiares suponen una lucha, introducir además la tecnología puede convertirse en un problema añadido. Cuanto más retrasemos la entrada de otro choque y de otro bloqueo y de otra pelea, muchísimo mejor».Para ayudar a las familias en ese proceso, Laura Cuesta Cano, docente y experta en bienestar digital, ha desarrollado junto a SPC, una marca española de tecnología para las familias, el primer Compromiso Digital Familiar por Edades : una guía para familias con recomendaciones sobre cómo acompañar en cada etapa.La guía plantea consejos según la edad del menor… ¿qué marca realmente el momento adecuado?La capacidad de responsabilidad y autocontrol que tenga el menor. No es lo mismo un niño que demuestra autonomía y madurez que otro al que todavía cuesta mucho asumir las responsabilidades más básicas. Además, la tecnología tiene una capacidad de enganche que hace que no pueda plantearse como una herramienta más. Por eso, antes de entregar un dispositivo, hay que preguntarse si el menor está preparado para gestionar aquello que va a tener entre manos.Sin embargo, muchas familias sienten que necesitan que sus hijos tengan un móvil para poder localizarlos.Ahí está, precisamente, una de las razones por las que el primer móvil está llegando cada vez antes. No siempre responde a una necesidad del menor, sino a una necesidad de la familia: poder contactar con él, saber dónde está o comprobar que ha llegado al colegio. Según recuerda, el último informe de UNICEF situaba en 10,8 años la edad media de acceso al móvil. Pero considero importante distinguir entre la necesidad de comunicación y la necesidad de tener un smartphone. Un niño de 10, 11 o incluso 12 años no necesita necesariamente un dispositivo propio. Si la familia necesita poder llamarle porque va solo al colegio, utiliza una ruta escolar o existe una circunstancia de conciliación que lo hace necesario, hay alternativas, como los llamados teléfonos ‘tontos’ que permiten únicamente llamadas y mensajes, sin acceso a internet.Al final, la tecnología está ahí, ¿qué ocurre cuando empiezan a necesitar relacionarse digitalmente con sus pares?Llega un momento, especialmente en la preadolescencia, en el que aparece una necesidad real de socializar y comunicarse con los iguales. Los niños empiezan a organizar trabajos del colegio, actividades deportivas o planes con sus amigos a través de canales digitales. Pero eso tampoco significa necesariamente que tengan que disponer de un smartphone propio. Se puede facilitar ese ecosistema desde dispositivos familiares, de manera supervisada. En mi caso, por ejemplo, uno de mis hijos utilizaba un móvil antiguo de la familia que estaba protegido y permanecía en casa. Lo utilizaba para determinadas cuestiones relacionadas con el colegio y después volvía a dejarlo en el salón. Hay opciones para darles la posibilidad de conectar y de hablar y de socializar sin que eso implique que tengan que tener un smartphone.De acuerdo, pero llegará un momento en el que sí quieran tener su propio dispositivo.Claro. Y tampoco considero que haya que plantearlo como una cuestión de blanco o negro. Cada familia tiene sus circunstancias. Puede llegar un momento en el que se decida que el adolescente tenga su propio móvil, pero eso no significa que automáticamente tenga acceso a todas las redes sociales, juegos online, servicios de mensajería o plataformas disponibles. La entrada en la tecnología debe ser progresiva y acompañada . El hecho de tener un smartphone no debería significar que todas las puertas estén abiertas de par en par desde el primer día.«Los controles parentales son últiles, pero tienen limitaciones» Laura Cuesta Cano¿Qué significa exactamente ese acceso progresivo?Que sean los padres quienes vayan abriendo posibilidades a medida que el menor demuestra que está preparado. Puede comenzar utilizando el dispositivo para llamadas y mensajes; después incorporar otras funciones, como la cámara, y más adelante determinadas aplicaciones. En este sentido, considero interesante el concepto de dispositivo evolutivo , porque permite que físicamente el adolescente tenga un smartphone, pero que las posibilidades de uso se vayan ampliando progresivamente según vayamos viendo o comprobando su madurez, responsabilidad y autocontrol.¿No es suficiente con instalar un control parental?No. Los controles parentales son útiles, pero tienen limitaciones. Permiten establecer horarios, bloquear determinadas aplicaciones o páginas, pero no siempre impiden que el menor acceda a determinados contenidos por otras vías. Por ejemplo, se puede bloquear una aplicación concreta, pero el menor puede intentar acceder a determinados contenidos a través de un buscador. Por eso puede resultar más eficaz un sistema en el que la familia pueda ir abriendo las distintas posibilidades de forma progresiva.Usted propone un acuerdo familiar digital. Es decir, para todos en casa.Es fundamental, porque el acuerdo afecta a toda la familia . Las normas tienen que existir y, además, deben ser pactadas y consensuadas entre padres e hijos. No se trata simplemente de imponerlas, porque cuando las normas se perciben como un castigo aumenta el riesgo de que los menores intenten saltárselas o escondan lo que hacen. El objetivo es que entiendan que los límites no están puestos para castigarlos, sino para protegerlos y educarlos . ¿Por qué es tan importante que las normas sean también para los padres?Porque los adultos somos sus principales referentes. No podemos pedir a nuestros hijos que desconecten mientras nosotros estamos permanentemente pendientes del teléfono desde que nos levantamos y sea lo primero que vemos al despertarnos y lo último antes de dormir. Los espacios familiares deberían ser, directamente, espacios sin pantallas: las comidas y cenas, los momentos de conversación o el tiempo compartido deberían ser cuidados al extremo. MÁS INFORMACIÓN noticia No «Las familias deben pasar del control al acompañamiento, no podemos tener hijos hipervigilados» noticia No Herramientas y recursos al alcance de todos para la seguridad de tus hijos en Internet noticia No El consejo de la jefa de psiquiatría del Niño Jesús: «Nunca dejes de hablarte con tu hijo adolescente» noticia Si ‘Apps’ que desafían al instinto maternal y dan el control a madres primerizas¿Qué le diría a unos padres que están a punto de entregar a su hijo su primer smartphone?Insistiría en esta idea: Que no piensen que entregar un móvil significa abrir automáticamente todas las puertas de internet. Como digo, el acceso tiene que ser progresivo, acompañado y adaptado a la madurez del menor. Los padres deben decidir qué aplicaciones puede utilizar, qué contactos puede tener, cuánto tiempo y en qué espacios puede utilizarlo. Y, sobre todo, deben sentarse con sus hijos para establecer unas normas y unos límites consensuados . Ni los doce, ni los 16. Para Laura Cuesta Cano, profesora universitaria especializada en estrategia digital, no es posible establecer una edad cerrada que sirva para todos los niños. Porque incluso dentro de una misma familia, señala, «cada hijo desarrolla la responsabilidad, el autocontrol y la autonomía a un ritmo diferente. Es más importante valorar la madurez que está demostrando el menor en su vida cotidiana».Para ver en qué lugar se encuentran los menores, esta experta plantea a los padres hacerse preguntas muy sencillas: «’¿cómo es su hijo en el día a día?’ ‘¿Hace sólo sus deberes?’ ‘¿Ayuda en casa?’ ‘¿Recoge su habitación?’ ‘¿Pone el lavaplatos?’ Esas pequeñas situaciones cotidianas son una prueba de la autonomía de tu hijo». Si, por el contrario, aclara, «ese tipo de responsabilidades familiares suponen una lucha, introducir además la tecnología puede convertirse en un problema añadido. Cuanto más retrasemos la entrada de otro choque y de otro bloqueo y de otra pelea, muchísimo mejor».Para ayudar a las familias en ese proceso, Laura Cuesta Cano, docente y experta en bienestar digital, ha desarrollado junto a SPC, una marca española de tecnología para las familias, el primer Compromiso Digital Familiar por Edades : una guía para familias con recomendaciones sobre cómo acompañar en cada etapa.La guía plantea consejos según la edad del menor… ¿qué marca realmente el momento adecuado?La capacidad de responsabilidad y autocontrol que tenga el menor. No es lo mismo un niño que demuestra autonomía y madurez que otro al que todavía cuesta mucho asumir las responsabilidades más básicas. Además, la tecnología tiene una capacidad de enganche que hace que no pueda plantearse como una herramienta más. Por eso, antes de entregar un dispositivo, hay que preguntarse si el menor está preparado para gestionar aquello que va a tener entre manos.Sin embargo, muchas familias sienten que necesitan que sus hijos tengan un móvil para poder localizarlos.Ahí está, precisamente, una de las razones por las que el primer móvil está llegando cada vez antes. No siempre responde a una necesidad del menor, sino a una necesidad de la familia: poder contactar con él, saber dónde está o comprobar que ha llegado al colegio. Según recuerda, el último informe de UNICEF situaba en 10,8 años la edad media de acceso al móvil. Pero considero importante distinguir entre la necesidad de comunicación y la necesidad de tener un smartphone. Un niño de 10, 11 o incluso 12 años no necesita necesariamente un dispositivo propio. Si la familia necesita poder llamarle porque va solo al colegio, utiliza una ruta escolar o existe una circunstancia de conciliación que lo hace necesario, hay alternativas, como los llamados teléfonos ‘tontos’ que permiten únicamente llamadas y mensajes, sin acceso a internet.Al final, la tecnología está ahí, ¿qué ocurre cuando empiezan a necesitar relacionarse digitalmente con sus pares?Llega un momento, especialmente en la preadolescencia, en el que aparece una necesidad real de socializar y comunicarse con los iguales. Los niños empiezan a organizar trabajos del colegio, actividades deportivas o planes con sus amigos a través de canales digitales. Pero eso tampoco significa necesariamente que tengan que disponer de un smartphone propio. Se puede facilitar ese ecosistema desde dispositivos familiares, de manera supervisada. En mi caso, por ejemplo, uno de mis hijos utilizaba un móvil antiguo de la familia que estaba protegido y permanecía en casa. Lo utilizaba para determinadas cuestiones relacionadas con el colegio y después volvía a dejarlo en el salón. Hay opciones para darles la posibilidad de conectar y de hablar y de socializar sin que eso implique que tengan que tener un smartphone.De acuerdo, pero llegará un momento en el que sí quieran tener su propio dispositivo.Claro. Y tampoco considero que haya que plantearlo como una cuestión de blanco o negro. Cada familia tiene sus circunstancias. Puede llegar un momento en el que se decida que el adolescente tenga su propio móvil, pero eso no significa que automáticamente tenga acceso a todas las redes sociales, juegos online, servicios de mensajería o plataformas disponibles. La entrada en la tecnología debe ser progresiva y acompañada . El hecho de tener un smartphone no debería significar que todas las puertas estén abiertas de par en par desde el primer día.«Los controles parentales son últiles, pero tienen limitaciones» Laura Cuesta Cano¿Qué significa exactamente ese acceso progresivo?Que sean los padres quienes vayan abriendo posibilidades a medida que el menor demuestra que está preparado. Puede comenzar utilizando el dispositivo para llamadas y mensajes; después incorporar otras funciones, como la cámara, y más adelante determinadas aplicaciones. En este sentido, considero interesante el concepto de dispositivo evolutivo , porque permite que físicamente el adolescente tenga un smartphone, pero que las posibilidades de uso se vayan ampliando progresivamente según vayamos viendo o comprobando su madurez, responsabilidad y autocontrol.¿No es suficiente con instalar un control parental?No. Los controles parentales son útiles, pero tienen limitaciones. Permiten establecer horarios, bloquear determinadas aplicaciones o páginas, pero no siempre impiden que el menor acceda a determinados contenidos por otras vías. Por ejemplo, se puede bloquear una aplicación concreta, pero el menor puede intentar acceder a determinados contenidos a través de un buscador. Por eso puede resultar más eficaz un sistema en el que la familia pueda ir abriendo las distintas posibilidades de forma progresiva.Usted propone un acuerdo familiar digital. Es decir, para todos en casa.Es fundamental, porque el acuerdo afecta a toda la familia . Las normas tienen que existir y, además, deben ser pactadas y consensuadas entre padres e hijos. No se trata simplemente de imponerlas, porque cuando las normas se perciben como un castigo aumenta el riesgo de que los menores intenten saltárselas o escondan lo que hacen. El objetivo es que entiendan que los límites no están puestos para castigarlos, sino para protegerlos y educarlos . ¿Por qué es tan importante que las normas sean también para los padres?Porque los adultos somos sus principales referentes. No podemos pedir a nuestros hijos que desconecten mientras nosotros estamos permanentemente pendientes del teléfono desde que nos levantamos y sea lo primero que vemos al despertarnos y lo último antes de dormir. Los espacios familiares deberían ser, directamente, espacios sin pantallas: las comidas y cenas, los momentos de conversación o el tiempo compartido deberían ser cuidados al extremo. MÁS INFORMACIÓN noticia No «Las familias deben pasar del control al acompañamiento, no podemos tener hijos hipervigilados» noticia No Herramientas y recursos al alcance de todos para la seguridad de tus hijos en Internet noticia No El consejo de la jefa de psiquiatría del Niño Jesús: «Nunca dejes de hablarte con tu hijo adolescente» noticia Si ‘Apps’ que desafían al instinto maternal y dan el control a madres primerizas¿Qué le diría a unos padres que están a punto de entregar a su hijo su primer smartphone?Insistiría en esta idea: Que no piensen que entregar un móvil significa abrir automáticamente todas las puertas de internet. Como digo, el acceso tiene que ser progresivo, acompañado y adaptado a la madurez del menor. Los padres deben decidir qué aplicaciones puede utilizar, qué contactos puede tener, cuánto tiempo y en qué espacios puede utilizarlo. Y, sobre todo, deben sentarse con sus hijos para establecer unas normas y unos límites consensuados .
Ni los doce, ni los 16. Para Laura Cuesta Cano, profesora universitaria especializada en estrategia digital, no es posible establecer una edad cerrada que sirva para todos los niños. Porque incluso dentro de una misma familia, señala, «cada hijo desarrolla la responsabilidad, el autocontrol y … la autonomía a un ritmo diferente. Es más importante valorar la madurez que está demostrando el menor en su vida cotidiana».
Para ver en qué lugar se encuentran los menores, esta experta plantea a los padres hacerse preguntas muy sencillas: «’¿cómo es su hijo en el día a día?’ ‘¿Hace sólo sus deberes?’ ‘¿Ayuda en casa?’ ‘¿Recoge su habitación?’ ‘¿Pone el lavaplatos?’ Esas pequeñas situaciones cotidianas son una prueba de la autonomía de tu hijo». Si, por el contrario, aclara, «ese tipo de responsabilidades familiares suponen una lucha, introducir además la tecnología puede convertirse en un problema añadido. Cuanto más retrasemos la entrada de otro choque y de otro bloqueo y de otra pelea, muchísimo mejor».
Para ayudar a las familias en ese proceso, Laura Cuesta Cano, docente y experta en bienestar digital, ha desarrollado junto a SPC el primer Compromiso Digital Familiar por Edades: una guía para familias con recomendaciones sobre cómo acompañar en cada etapa.
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La guía plantea consejos según la edad del menor… ¿qué marca realmente el momento adecuado?
La capacidad de responsabilidad y autocontrol que tenga el menor. No es lo mismo un niño que demuestra autonomía y madurez que otro al que todavía cuesta mucho asumir las responsabilidades más básicas. Además, la tecnología tiene una capacidad de enganche que hace que no pueda plantearse como una herramienta más. Por eso, antes de entregar un dispositivo, hay que preguntarse si el menor está preparado para gestionar aquello que va a tener entre manos.
Sin embargo, muchas familias sienten que necesitan que sus hijos tengan un móvil para poder localizarlos.
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Ahí está, precisamente, una de las razones por las que el primer móvil está llegando cada vez antes. No siempre responde a una necesidad del menor, sino a una necesidad de la familia: poder contactar con él, saber dónde está o comprobar que ha llegado al colegio. Según recuerda, el último informe de UNICEF situaba en 10,8 años la edad media de acceso al móvil. Pero considero importante distinguir entre la necesidad de comunicación y la necesidad de tener un smartphone. Un niño de 10, 11 o incluso 12 años no necesita necesariamente un dispositivo propio. Si la familia necesita poder llamarle porque va solo al colegio, utiliza una ruta escolar o existe una circunstancia de conciliación que lo hace necesario, hay alternativas, como los llamados teléfonos ‘tontos’ que permiten únicamente llamadas y mensajes, sin acceso a internet.
Al final, la tecnología está ahí, ¿qué ocurre cuando empiezan a necesitar relacionarse digitalmente con sus pares?
Llega un momento, especialmente en la preadolescencia, en el que aparece una necesidad real de socializar y comunicarse con los iguales. Los niños empiezan a organizar trabajos del colegio, actividades deportivas o planes con sus amigos a través de canales digitales. Pero eso tampoco significa necesariamente que tengan que disponer de un smartphone propio. Se puede facilitar ese ecosistema desde dispositivos familiares, de manera supervisada. En mi caso, por ejemplo, uno de mis hijos utilizaba un móvil antiguo de la familia que estaba protegido y permanecía en casa. Lo utilizaba para determinadas cuestiones relacionadas con el colegio y después volvía a dejarlo en el salón. Hay opciones para darles la posibilidad de conectar y de hablar y de socializar sin que eso implique que tengan que tener un smartphone.
De acuerdo, pero llegará un momento en el que sí quieran tener su propio dispositivo.
Claro. Y tampoco considero que haya que plantearlo como una cuestión de blanco o negro. Cada familia tiene sus circunstancias. Puede llegar un momento en el que se decida que el adolescente tenga su propio móvil, pero eso no significa que automáticamente tenga acceso a todas las redes sociales, juegos online, servicios de mensajería o plataformas disponibles. La entrada en la tecnología debe ser progresiva y acompañada. El hecho de tener un smartphone no debería significar que todas las puertas estén abiertas de par en par desde el primer día.
«Los controles parentales son últiles, pero tienen limitaciones»
Laura Cuesta Cano
¿Qué significa exactamente ese acceso progresivo?
Que sean los padres quienes vayan abriendo posibilidades a medida que el menor demuestra que está preparado. Puede comenzar utilizando el dispositivo para llamadas y mensajes; después incorporar otras funciones, como la cámara, y más adelante determinadas aplicaciones. En este sentido, considero interesante el concepto de dispositivo evolutivo, porque permite que físicamente el adolescente tenga un smartphone, pero que las posibilidades de uso se vayan ampliando progresivamente según vayamos viendo o comprobando su madurez, responsabilidad y autocontrol.
¿No es suficiente con instalar un control parental?
No. Los controles parentales son útiles, pero tienen limitaciones. Permiten establecer horarios, bloquear determinadas aplicaciones o páginas, pero no siempre impiden que el menor acceda a determinados contenidos por otras vías. Por ejemplo, se puede bloquear una aplicación concreta, pero el menor puede intentar acceder a determinados contenidos a través de un buscador. Por eso puede resultar más eficaz un sistema en el que la familia pueda ir abriendo las distintas posibilidades de forma progresiva.
Usted propone un acuerdo familiar digital. Es decir, para todos en casa.
Es fundamental, porque el acuerdo afecta a toda la familia. Las normas tienen que existir y, además, deben ser pactadas y consensuadas entre padres e hijos. No se trata simplemente de imponerlas, porque cuando las normas se perciben como un castigo aumenta el riesgo de que los menores intenten saltárselas o escondan lo que hacen. El objetivo es que entiendan que los límites no están puestos para castigarlos, sino para protegerlos y educarlos.
¿Por qué es tan importante que las normas sean también para los padres?
Porque los adultos somos sus principales referentes. No podemos pedir a nuestros hijos que desconecten mientras nosotros estamos permanentemente pendientes del teléfono desde que nos levantamos y sea lo primero que vemos al despertarnos y lo último antes de dormir. Los espacios familiares deberían ser, directamente, espacios sin pantallas: las comidas y cenas, los momentos de conversación o el tiempo compartido deberían ser cuidados al extremo.
¿Qué le diría a unos padres que están a punto de entregar a su hijo su primer smartphone?
Insistiría en esta idea: Que no piensen que entregar un móvil significa abrir automáticamente todas las puertas de internet. Como digo, el acceso tiene que ser progresivo, acompañado y adaptado a la madurez del menor. Los padres deben decidir qué aplicaciones puede utilizar, qué contactos puede tener, cuánto tiempo y en qué espacios puede utilizarlo. Y, sobre todo, deben sentarse con sus hijos para establecer unas normas y unos límites consensuados.
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