<p>La actual tensión geopolítica ha elevado la incertidumbre y reducido la eficacia de las carteras de inversión tradicionales. Asimismo, ha evidenciado la <strong>necesidad de una diversificación estructural con visión a largo plazo</strong>.</p>
La actual coyuntura internacional demanda estrategias a largo plazo y carteras cada vez más diversificadas, con un peso creciente de la denominada inversión alternativa o los activos que se rigen bajo criterios de sostenibilidad.
La actual tensión geopolítica ha elevado la incertidumbre y reducido la eficacia de las carteras de inversión tradicionales. Asimismo, ha evidenciado la necesidad de una diversificación estructural con visión a largo plazo.
En un escenario marcado por la volatilidad, combinar activos cotizados y alternativos en un horizonte prolongado es «una ventaja frente a estrategias reactivas o puramente indexadas», dice José Manuel España, director de Banca Privada y Gestión de Activos de NTT Data.
La actual situación internacional atraganta a los mercados, que no llevan bien la imposibilidad de cuantificar los efectos que tiene sobre la economía y las empresas el aumento del precio de la energía.
«Esto reduce el crecimiento, tira de la inflación y lleva a conjeturar sobre las futuras actuaciones de gobiernos y bancos centrales», explica Miguel Ángel García, director de Inversiones en la firma de asesoramiento Diaphanum. Todo lo anterior aumenta la volatilidad en los mercados y tiene un evidente impacto en la reducción de la rentabilidad de las carteras de inversión, «con lo que las más agresivas pueden entrar en pérdidas pese al buen comienzo del año», advierte García.
Momentos así, donde la incertidumbre influye en la toma de decisiones y los activos financieros incorporan una prima de riesgo geopolítico adicional, son descritos con la expresión fase de niebla de guerra. Desde Julius Baer apuntan que la escalada de tensiones en Oriente Próximo está generando un shock regional con impacto en energía, divisas, renta fija y variable.
«Los mercados han entrado en la fase de niebla de guerra, con informaciones incompletas, narrativas que cambian rápido y decisiones de inversión que se basan más en probabilidades que en certezas«, sostienen fuentes de esta entidad de origen suizo.
En el actual escenario, el petróleo es un buen termómetro geopolítico. «Esperamos un repunte intenso y temporal, pues el mercado dispone de amortiguadores de oferta y almacenamiento que reducen el riesgo de una crisis energética prolongada», advierten desde Julius Baer.
Así, este banco suizo apuesta por estrategias que combinan la diversificación, la calidad de los activos y un enfoque a largo plazo. En cuanto al mercado de divisas, desde Julius Baer apuntan que el dólar estadounidense y el franco suizo ven reforzado su papel como activos refugio y las divisas vinculadas a materias primas, caso del dólar canadiense o la corona noruega, se benefician de la subida del crudo.
En renta fija, los bonos del Tesoro estadounidense desempeñan un papel relevante como cobertura frente a shocks geopolíticos. «Los picos en el precio del petróleo suelen terminar generando compras defensivas de bonos, más que temores inflacionistas persistentes«, indican desde el banco suizo.
En cuanto a la renta variable, señalan que los conflictos geopolíticos en Oriente Próximo suelen provocar correcciones rápidas seguidas de fases de estabilización. Por eso, consideran que la disciplina al seleccionar los valores cobra más importancia que nunca y añaden que, en estos momentos, las compañías con balances sólidos, poder de fijación de precios y flujos de caja resilientes suelen ofrecer una protección relativa ante episodios de volatilidad.
Aun así, «las tendencias estructurales vigentes antes del inicio de la guerra con Irán no han cambiado y la economía estaba lista para acelerarse en todas las regiones durante el segundo trimestre«, recuerdan desde Juluis Baer.
En este entorno, las ganancias corporativas parecen sólidas, pero las grandes inversiones en inteligencia artificial son una de las grandes incógnitas: «Los inversores estaban alejándose de negocios intangibles para virar hacia otros más tangibles, lo que favorece a mercados no estadounidenses», sostienen desde el banco suizo.
Los mejores activos para diversificar, más allá de las monedas del G7, son metales preciosos, acciones, el franco suizo y el dólar de Singapur, junto a monedas de mercados emergentes, a las que se accede mejor a través de la deuda de dichas zonas denominada en divisas locales.
Pese a todo, en Julius Baer también recuerdan que las turbulencias permiten «aprovechar trenes perdidos, reequilibrar y rotar carteras desde activos estadounidenses hacia los activos antes enumerados».
Desde la gestora Invesco también ponen de relieve la preocupación de los inversores por el impacto de la guerra en el suministro energético y, en consecuencia, en la inflación global.
Los mercados han reaccionado «con más preocupación por el riesgo inflacionista que por un deterioro inmediato del crecimiento«, matizan.
Por todo ello, esta firma apuesta por combinar distintas clases de activos, como renta variable global, crédito privado, renta fija de calidad y activos reales como materias primas o metales preciosos, para amortiguar la volatilidad asociada a shocks geopolíticos y energéticos.
Por supuesto, también consideran clave el horizonte temporal, pues las tensiones geopolíticas provocan movimientos bruscos en un primer momento, pero su efecto en las tendencias a más largo plazo ha sido históricamente limitado. Asimismo, en Invesco abogan por mantener cierta exposición a sectores que suelen comportarse mejor en fases de tensión geopolítica, como energía y algunas materias primas.
CARTERAS PERFILADAS. Para Carlos Ayesa, director de Banca Patrimonial de Bankinter, los inversores buscan refugio en carteras bien perfiladas y gestionadas con disciplina: «Combinar renta fija de calidad y activos de renta variable adaptados al perfil de riesgo del cliente son claves para nosotros». Y añade que, ante la pérdida de parte del atractivo de la deuda soberana como activo refugio, la inversión alternativa (private equity y estrategias descorrelacionadas) «aporta rentabilidad adicional y reduce la volatilidad en tiempos inciertos«.
En opinión de Diego Abaitua, director de Banca Privada de Renta 4, la volatilidad eleva el interés por los activos relacionados con la economía real, pues los inversores buscan «descorrelación, rentabilidades atractivas y cobertura frente a la devaluación del dinero fiduciario«.
Por eso, Renta 4 prioriza la diversificación, la gestión activa y la preservación de liquidez, sin olvidar que las inversiones periódicas facilitan el momento de entrada y ayudan a capitalizar los beneficios acumulados: «Perder las mejores jornadas del mercado puede afectar a las rentabilidades a largo plazo».
Durante años, las carteras de inversión se construyeron casi exclusivamente con Bolsa y bonos. Pero ese equilibrio está cambiando. Los llamados activos alternativos (capital privado, deuda directa a empresas, infraestructuras o inmobiliario no cotizado) han ido ganando terreno y ya representan más del 9% de las carteras en España, frente al 5% que suponían en 2020, según los datos del sector.
El atractivo de estos activos responde a una lógica sencilla: al no cotizar en Bolsa, su valoración no fluctúa a diario. David Martín y Christian Rouquerol, corresponsables de Tikehau Capital en Iberia, coinciden: «Cuando se busca rentabilidad a corto plazo en los mercados públicos se asume volatilidad, mientras que en los mercados privados las rentabilidades se persiguen en el medio y largo plazo«.
Dentro de los activos alternativos, las transiciones energética y tecnológica europeas son especialmente atractivas. «Todo lo relacionado con el despliegue a gran escala de infraestructuras sostenibles representa una gran oportunidad», indican. No se trata sólo de parques solares, sino de todo el ecosistema: «Centros de datos eficientes, software de optimización energética o empresas que diseñan las redes del futuro».
Otra tendencia clara es el auge de las coinversiones. Según señalan ambos expertos, los family offices (grandes patrimonios familiares) «cada vez incorporan más coinversiones en sus estrategias«, entrando directamente en operaciones concretas junto al gestor. Esto aumenta la rentabilidad potencial, pero concentra el riesgo porque dependen de unos pocos activos concretos.
En el caso del inversor minorista, la puerta de entrada son los Eltif (fondos europeos a largo plazo, por sus siglas en inglés), accesibles desde 10.000 euros. En Tikehau Capital distinguen entre los cerrados tradicionales y los evergreen, que ofrecen ventanas periódicas de reembolso. Son «un punto intermedio» entre la liquidez total y el fondo cerrado, aunque mantener esa flexibilidad tiene un coste, ya que suelen incluir un límite de reembolso anual del 5%, lo que puede reducir la rentabilidad final.
Melanie Lange, directora de Federated Hermes para Iberia, confirma que los activos alternativos siguen cumpliendo su función de diversificación. «Estrategias basadas en flujos de ingresos estables, como la deuda privada o la financiación especializada (trade finance) mantienen un perfil de volatilidad bajo, incluso en periodos de tensión». También las coinversiones en private equity de empresas medianas ofrecen, dice, «una alta visibilidad de retornos y bajo nivel de correlación». Pero no todos los segmentos evolucionan igual. Según la experta, los más expuestos son los activos con elevada dependencia del apalancamiento, infraestructuras con valoraciones altas y el inmobiliario tradicional (oficinas y retail).
Incluso con riesgos, el interés por los activos alternativos sigue aumentando. Según Preqin (principal fuente de datos del sector, adquirida por BlackRock), la inversión global alcanzará los 27.000 millones de euros en 2030. En definitiva, el ahorro en Europa se está desplazando y la inversión alternativa ya es clave en ese cambio.
Entender mejor las inversiones y facilitar la toma de decisiones. Este es el papel que hoy desempeña la inteligencia artificial en la gestión patrimonial, por su capacidad para procesar grandes cantidades de información. Pero, ¿es tan simple lo que puede hacer por los gestores de banca y las entidades de inversión?
«La inteligencia artificial ya forma parte fundamental de la infraestructura de muchas entidades financieras», afirma Andrea Carreras-Candi, directora de la Asociación Española de Asesores y Planificadores Financieros, EFPA España. Esta tecnología realiza análisis masivos de datos financieros y macroeconómicos, detecta patrones del mercado, optimiza carteras de inversión y segmenta clientes. La velocidad a la que lo hace y que pueda avisar cuando una cartera empieza a asumir más riesgo del previsto o cambia el comportamiento de determinados activos es, según José Carlos Lledó, gerente de Ciberseguridad en CBNK, «uno de sus mayores beneficios».
Las grandes gestoras emplean desde hace años el machine learning y modelos cuantitativos. Ahora, la inteligencia artificial está en un fase de adopción progresiva y muchas entidades la utilizan para analizar grandes volúmenes de datos, mejorar la gestión del riesgo o apoyar la toma de decisiones de inversión.
Pero la gran novedad ha sido la incorporación de la inteligencia artificial generativa para analizar información no estructurada (noticias, informes o resultados) y mejorar la interacción con clientes y asesores. Permite pasar de modelos de carteras estándar a otros adaptados al cliente. Permite, según Lledó, «tener una visión más completa del patrimonio de una persona, integrando activos diferentes como inmuebles, participaciones en empresas o inversiones alternativas, y no sólo los que cotizan en Bolsa».
También puede incluir «más factores para personalizar la propuesta de inversión a un cliente, en función de su perfil de riesgo y horizonte temporal, sus ingresos, liquidez y patrimonio total, la fiscalidad personal y sus objetivos financieros o situación personal y familiar», añade Carreras-Candi. Al integrar toda esa información y cruzarla con datos de mercado, se construyen carteras mucho más adaptadas a cada cliente. La hiperpersonalización de la que es capaz la inteligencia artificial va, como destaca Lledó, un pasó más allá de la segmentación de los clientes: «Los algoritmos pueden tener en cuenta objetivos muy concretos, como planificar la jubilación, financiar estudios futuros o comprar una vivienda en un determinado plazo».
Esta tecnología aporta muchas ventajas a la gestión patrimonial: automatizar procesos, rebalancear carteras, generar recomendaciones… Además de identificar tendencias, también puede reducir costes operativos y hacer más eficientes los procesos. Eso sí, «no existe ninguna garantía de que por sí sola genere mejores resultados de inversión de forma sistemática», advierten desde CBNK. Y por supuesto, la inteligencia artificial en ningún caso sustituye al criterio de los profesionales financieros, tal como concluye Carreras-Candi: «No puede decidir sola».
Un tipo de inversión que destina fondos a actividades con un impacto positivo en la sociedad pero que además genera rentabilidad. Esta es la visión generalizada (con alguna excepción) que tiene el sector financiero hoy en día sobre los activos sostenibles. Lo que antes era considerado un esfuerzo necesario para cumplir con ciertas exigencias éticas es ahora un pilar importante en el negocio. Y si hay un sitio en el que se ha interiorizado este mensaje, ese es España.
Solo observando los principales resultados del último informe anual del Observatorio Español de la Financiación Sostenible (Ofiso), se aprecia este cambio de tendencia en el sector bancario nacional: la financiación sostenible en 2025 se situó en los 76.968 millones de euros, lo que representó un crecimiento del 17%. Además, el 57% de los préstamos y créditos fueron destinados a respaldar proyectos de impacto positivo a nivel ambiental o social, movilizando 43.991 millones, lo que supuso un incremento anual del 21%.
Jaime Silos, director de desarrollo de una entidad especializada en la integridad de los aspectos sociales, ambientales y de buen gobierno (ESG) en la estrategia y gestión de empresas como Forética, reafirma que «la banca española ha visto la oportunidad de negocio en torno a la sostenibilidad», algo que, continúa, se «muestra tanto en la participación de las entidades en la colocación y diseño de instrumentos de financiación sostenible como en el volumen de activos gestionados con atributos ESG».
Silos va incluso un paso más allá y cree que, a nivel global, España «es un gran impulsor de finanzas sostenibles». Un aspecto que, argumenta, hay que tener en cuenta, ya que tiene un grado de adopción «anormalmente alto» pese a «su menor desarrollo en el mercado de capitales» frente a otros países. Para refrendar esta teoría se apoya en las estadísticas de London Stock Exchange Group (LSEG), uno de los proveedores más importantes de datos financieros especializados, que indica que España es el segundo país después de Francia en volumen de préstamos verdes en Europa, Oriente Medio y África.
Pese a este giro global hacia la sostenibilidad, hay una importante potencia económica que ha preferido seguir el camino opuesto en los últimos años: Estados Unidos. «La criminalización de la gestión ESG, primero por algunos estados republicanos y después a nivel nacional tras la vuelta de Trump, ha convertido la sostenibilidad en un riesgo legal para las gestoras», explica Silos. «Suman 12 trimestres de contracción en sus fondos».
El rumbo que ha tomado la administración norteamericana influye en las operaciones que se realizan dentro del país. Pero las gestoras que operan a nivel internacional no pueden vivir al margen de lo que pasa en el resto del mundo. Federated Hermes, por ejemplo, señala que la transición climática es una de las tendencias dominantes en el panorama global. Como expone Leon Kamhi, director de responsabilidad de la entidad, «la maduración de las renovables sostendrá los beneficios». Por eso, insiste, «los inversores juegan un rol esencial en la aceleración de todo este proceso».
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