Los incendios también se combaten desde el espacio

Hay imágenes que estos días nos cuesta olvidar. El humo cubriendo el cielo, las llamas avanzando entre los montes, las carreteras cortadas, los pueblos evacuados y miles de personas pendientes de la evolución de un incendio que no entiende de fronteras administrativas. Lo que hemos vivido en el incendio de Orés (Aragón) y en la sierra de la Mierla en Guadalajara, y lo estamos viviendo en los de Castellón y en los de Madrid, Ávila, Toledo, una catástrofe de una magnitud extraordinaria, hasta el punto de que el Gobierno ha declarado la emergencia de interés nacional en estas tres provincias.

 Hay imágenes que estos días nos cuesta olvidar. El humo cubriendo el cielo, las llamas avanzando entre los montes, las carreteras cortadas, los pueblos evacuados y miles de pers  

Hay imágenes que estos días nos cuesta olvidar. El humo cubriendo el cielo, las llamas avanzando entre los montes, las carreteras cortadas, los pueblos evacuados y miles de personas pendientes de la evolución de un incendio que no entiende de fronteras administrativas. Lo que hemos vivido en el incendio de Orés (Aragón) y en la sierra de la Mierla en Guadalajara, y lo estamos viviendo en los de Castellón y en los de Madrid, Ávila, Toledo, una catástrofe de una magnitud extraordinaria, hasta el punto de que el Gobierno ha declarado la emergencia de interés nacional en estas tres provincias.

Ante esta situación, en primer lugar, reconocer a quienes están en primera línea: bomberos forestales, UME, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, servicios de emergencias, voluntarios y todos los profesionales que trabajan sobre el terreno están demostrando, una vez más, su profesionalidad, su valentía y su dedicación, y que la protección de las personas debe ser siempre la prioridad.

Pero también debemos preguntarnos qué podemos hacer mejor para anticiparnos al fuego, para detectarlo antes y para proporcionar a quienes lo combaten la información más precisa posible. Y aquí los satélites tienen un papel decisivo.

Durante estos días hemos visto imágenes tomadas desde el espacio de los incendios de Madrid y Ávila. Los satélites permiten observar la extensión de los fuegos, seguir la evolución de los perímetros y frentes activos y analizar cómo se transforma el territorio desde otra perspectiva. Los sistemas europeos de observación, como Copernicus o la Open Constellation impulsada por Open Cosmos, ya están proporcionando información esencial para comprender mejor y de manera más rápida la dimensión de esta emergencia.

Pero el verdadero salto tecnológico consiste en ir mucho más allá de tomar imágenes desde cientos de kms de distancia. Los satélites pueden convertirse en una auténtica red de inteligencia sobre nuestro territorio. Pueden ayudarnos a conocer con antelación el estado de vigor de la vegetación, identificar zonas especialmente vulnerables, analizar la humedad del suelo, detectar cambios en el terreno y combinar esa información con datos meteorológicos, topográficos y ambientales. Todo ello permite construir mapas de riesgo cada vez más precisos y orientar mejor las tareas de prevención y vigilancia activa.

Porque un incendio no empieza cuando vemos las llamas. El incendio comienza a gestarse mucho antes, cuando confluyen unas determinadas condiciones de temperatura, viento, humedad, cantidad de biomasa vegetal o combustible presente y la orografía del terreno. Cuanto antes seamos capaces de identificar esas condiciones de peligrosidad, mayores serán nuestras posibilidades de anticiparnos.

Y cuando aparece el fuego, el factor crítico es todavía más evidente: el tiempo. Una diferencia de minutos puede cambiar por completo la evolución de un incendio. Detectar un foco incipiente, localizarlo con precisión, conocer la dirección de propagación y transmitir esa información rápidamente a los equipos de emergencia puede marcar la diferencia entre una intervención temprana y un incendio de grandes dimensiones.

La nueva generación de constelaciones de observación de la Tierra está precisamente orientada a reducir ese tiempo. En Open Cosmos estamos desarrollando una infraestructura capaz de proporcionar inteligencia accionable desde el espacio en plazos de hasta 30 minutos, combinando observación multiespectral e hiperespectral, procesamiento a bordo del satélite mediante inteligencia artificial y la descarga rápida gracias a las comunicaciones entre satélites.

Esto cambia radicalmente la utilidad de los satélites. Ya no hablamos únicamente de imágenes que alguien analizará horas después. Hablamos de sistemas capaces de detectar, procesar, interpretar y transmitir información para apoyar decisiones mientras una emergencia está ocurriendo.

Y esa información puede ser extraordinariamente valiosa para quienes están sobre el terreno: identificar nuevos focos, determinar el perímetro real del incendio, seguir su avance, localizar puntos calientes, conocer las zonas afectadas por el humo o ayudar a identificar posibles rutas de acceso, evacuación y áreas de riesgo. Algunas de estas capacidades ya se están desarrollando mediante inteligencia artificial embarcada en satélites.

La tecnología, por supuesto, no sustituye a las personas. Ningún satélite apaga un incendio. Ningún algoritmo puede reemplazar la experiencia de un bombero forestal o la capacidad operativa de la UME. Pero sí puede proporcionarles algo fundamental: mejor información para tomar mejores decisiones y hacerlo antes.

También debemos mirar más allá de la emergencia. Después del incendio, los satélites permiten evaluar con precisión la superficie afectada, analizar la severidad o daños que ha causado el incendio sobre la masa forestal, cultivos e infraestructuras y contribuir al seguimiento de la recuperación del territorio. La misma tecnología que nos ayuda a combatir el fuego puede ayudarnos a reconstruir y también a prevenir.

Los incendios que estamos sufriendo nos recuerdan que la emergencia climática y la protección civil son también cuestiones de tecnología, datos e infraestructuras. España necesita seguir reforzando sus medios humanos y materiales de prevención y extinción, pero también debe aprovechar plenamente una capacidad estratégica que ya tenemos sobre nuestras cabezas.

El espacio no es algo lejano. Está aquí, trabajando para nosotros. La próxima generación de satélites debe servir para que nuestros servicios de emergencia dispongan de información más rápida, más precisa y más útil. Para que podamos pasar de reaccionar ante el fuego a anticiparnos a él.

Porque cuando hablamos de incendios forestales, mirar desde el espacio no significa alejarnos del problema. Significa estar mucho más cerca de la solución.

Rafael Jordà Siquier es CEO y Fundador de Open Cosmos

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